UN VIAJE HERMOSO

 

La vida es un viaje hermoso, cargado de experiencias inimaginables. Un sendero a alguna parte entre los sueños, las desilusiones y las delicadas sombras de un pasado que nos persigue al ritmo de un corredor de resistencia. Encontramos cartas de nuestra infancia, imágenes de letras en nuestro corazón, tatuadas en verso, prosa o historias fascinantes y envolventes, que nos arrancan una sonrisa inesperada, e incluso, a veces, una lágrima de añoranza y melancolía. La poesía está en nuestros labios, como un beso perpetuo pero encadenado a un dolor profundo, porque, esta vez, el ser amado se ha marchado antes de tiempo. Las emociones se disparan a raudales, y escogen diversos caminos de agua hacia rumbos inciertos. Y, luego, tomamos decisiones. Buscamos la paz, sin un límite, sin una restricción, sin una sentencia prohibitiva que divida nuestros sentidos entre lo que queremos, y entre lo que nos dicen que debemos querer. Un espacio vacío entre consciencia y peldaño, entre juego y rotundidad, entre cristales rotos y amargura, entre la luna y el té de manzana, entre el libro y la piedrecilla dorada. Y podríamos hablar durante horas [e incluso eternidades] acerca de las veces que se escondió el sol, y creíamos que no amanecería, pero de pronto sus rayos se deslizaron por el alféizar de nuestra ventana, y el llanto se tornó en una carcajada burlesca y reprensiva, porque sentíamos que nada ni nadie tenía el derecho a hacernos sentir como si el mundo se hubiese acabado. Y bailábamos hasta el amanecer, como poseídos por una sed de vida plausible y audaz, y se nos quitaban las ganas de morir ahogados en las penas y en las azules desdichas. El olor de tu pensamiento impregna el invierno de un aroma distinto, mientras esperas que el bus [o el taxi] pare a tu primera llamada. Tú, en esa ciudad tan grande. Yo, sintiéndome invisible frente a mis propios anhelos. Donde quiera que busques, puede que encuentres un papel amarillento, ya roto en las esquinas, que contengan mis líneas, escritas con mi puño y letra.

Y la nostalgia se reirá de nosotros, porque el tiempo ha pasado.

Tan rápido.

Pero seguiré aquí, de alguna forma tangible o abstracta, según se preste la ocasión. Y volveremos a caminar frente a la playa, charlando y dejando vagar los sentimientos de una ingenuidad que ahora es memoria.

Porque, amigo, la vida es un viaje hermoso, y al final del mismo, nos encontraremos, algún día.

—Lihem Ben Sayel.

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A ÉL [شغف الصحراء]

c242f58a2dafa112dd8d5a1fcc4ef6fa--arabian-eyes-arabian-beautyEn la sombra rasgada de tu memoria me detengo, a orillas de ti, esperando tu risa en las esquinas de mi consciencia: el despertar sigiloso de nuestra historia. Se reanudan entre algodones los asuntos que dejamos a medias, entre ellos, un café a medio beber. Nos miramos —como se miran los enamorados las primeras veces—, desconcertados entre lo que observan y lo que esperan encontrar. Tú deslizas tus palabras de terciopelo, y a mí me parece que alguna especie de encantamiento me rodea. No te miento, mírame: me gustas. Observo los rasgos finos de tu rostro. Tus labios, tus ojos, tus pestañas. Tus brazos de acero. Tu pecho de hormigón. Y de pronto, sólo quiero sentirte plenamente, más allá de la noche, donde se oscurecen los caminos, como en el desierto, donde no existen las huellas a causa del viento. Como los guijarros, que se pulen entre ellos siendo suaves al tacto. Como el tiempo, que pasa, y ni juramentos ni ingenios lo detienen. No tengo dueño, y mi corazón no es presa de amo alguno. Pero escogería mil veces vivir en la prisión de nuestro amor: una pasión que se enciende. Una llama que arde.
—Lihem Ben Sayel.

DONDE NO EXISTA EL MIEDO

En otra barca nos encontraremos, amor. Talvez, lejos del ruido insípido de las opiniones que nunca pedimos; talvez, cerca de cálidas aguas que nos abracen, más allá de la luna. Viajaremos en el tiempo, como los poemas de Gilgamesh. Y al final de todo, existirá el beso apropiado, la caricia temida, el susurro fugaz de nuestro eterno deseo. Y ¿quién sabe? Quizás en otros sueños, volvamos a estar juntos; allí, donde no exista el miedo.

—Lihem Ben Sayel

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RÉVOLUTION

Recorro en mil pedazos 

los silencios de tu risa,

la débil y díscola hazaña

de tus labios fragmentados.

Un tesoro que se esconde,

un recuerdo enlatado, que

resurge de un pasado

estancado en el horizonte.

Y cabalgo contra todo

pronóstico mal establecido,

pues de lugares donde había caído 

ya logré levantarme, entonces.

Y sin prisas ni temores, hoy

elijo la libertad. 

Porque de todas formas no me irá bien.

Porque de todas formas, no me va mal.

—Lihem Ben Sayel

CUESTIÓN DE TIEMPO

Sufro una pena constante
por haber perdido la vida.
Yo era tan bella, rozagante
como una amapola en flor.
Me miraban aquellos viajantes
admirados por tanta elegancia,
mi cabello, mis labios, mis danzas
eran cura para cualquier dolor.
Hasta que llegó la hora de todos
los que en esta vida nacimos,
donde la piel se agrieta y se arruga
el alma entera, y también el corazón.
¡Vieja, vieja! me gritan mozuelos
embriagados de años aún por vivir.
Jovencitas me miran con cierto desprecio
y piensan, vieja ¿cuándo vas a morir?
Cuestión de tiempo, ansiosos caminantes
para abandonar este tren que me atrapó
en rieles inciertos y amenazantes.
Cuestión de tiempo para decir adiós.

 

—Lihem Ben Sayel
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LA LEALTAD

¿Qué es la lealtad? ¿Una gran mentira de la emoción efervescente? ¿Un paseo por la memoria escrita tumblr_static_minimalistic_pen_moleskine_pencils_solitario_cuaderno_notebook_simple_desktop_1920x1200_wallpaper-290668de los antiguos? Un soplo en el rostro herido. Una palabra vacía. Un llanto minúsculo, escondido tras la sombra de una utopía. El sol que se cayó en el pozo, y que, al intentar rescatarlo, sólo se hundió más.
—Lihem Ben Sayel

Requiem por una rosa.

Llevaba un misterio en los labios,
algo así como
un beso frío y antiguo.
Una rosa.
Una espina clavada,
en su profundo e hipnótico
mar.
El cielo está de luto,
gritaron ellos,
pensando que su lacónica voz
habría de oírse.
Mas, a su pena y angustia
cedieron;
y el sol no volvió a salir,
jamás.
Invitó la tierra a engullirse
[despacio]
mil recuerdos de tinta ocre.
Y cerró la tumba sus puertas;
para siempre, sus atardeceres.
No bailaron las danzas de luna,
ni aplaudieron su enorme belleza.
Desapareció su sonrisa de luces.
Y aquel misterio,
con ella,
se fue.

 

—Lihem Ben Sayel.

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ABRAZO EL SILENCIO.

Abrazo el silencio, la voz que calla.

El paso lento de las palabras vivas;

el susurro de un huracán en llamas.

Contente, no sueñes, no digas nada.

Las olas se rompen en mi interior.

Pero él siempre está… como firme roca,

puro,

y me ilumina más allá de la oscuridad.

¿El secreto? Sigue siendo buscarle,

donde sea que él se haya escondido.

Y, al encontrarle, me salvaré de la desdicha;

y engendraré, a su vez,

el dulce fruto de la paz.

 

—Lihem Ben Sayel.

 

CORAZÓN, NO ESTÉS MÁS TRISTE

20349611163_fd335b5b18_kCamino distraída hacia un destino incierto, hacia donde me lleve el viento; hacia donde me lleve el Amor. No puedo decir que conozco todos los senderos, pero admito que, si pudiera, recorrería cada uno de ellos. La sombra de las nubes me hace palidecer. Parece todo sombrío, parece todo tan frío… La soledad no es bienvenida cuando hay hambre en el corazón. Las fuentes de un alma viva sólo se cierran frente al temor. Temor a volar. Temor a entregar. Temor a abrir el interior; a exponernos al dolor. Porque duele cuando nos hieren. Y cuando nos hieren, sólo queremos olvidar. Pretendemos ser fuertes, cuando en verdad, sólo buscamos un hombro sobre el cual llorar. Camino, y sigo caminando… a pesar de que hay piedras que me hacen tropezar. Pero aún si tropiezo, comprenderé que no estoy sola. Así ha sido siempre. Y así, siempre será… Corazón, no estés más triste. Siempre habrá decepciones, pero también, felicidad. Y la felicidad profunda lo sana todo, porque cuando viene de lo profundo, ha sido gestada en la irrevocable paz.
—Lihem Ben Sayel.

BAJO LA LUZ DE UNA LUNA AMARILLA

Me conmueve mirarte sentado,
bajo la luz de una luna amarilla,
sosteniendo mi lánguida mano;
mi corazón, dejando de latir.
Mil recuerdos inundan nuestro espacio
albergando memorias antiguas,
cartas, versos, canciones, poesías…
un universo diseñado para los dos.
Si tus besos se tradujeran en palabras,
me dirían que siempre me has querido.
Y, si hablaran también tus lágrimas,
susurrarían un débil adiós.

 

—Lihem Ben Sayel.

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