CORAZÓN, NO ESTÉS MÁS TRISTE

20349611163_fd335b5b18_kCamino distraída hacia un destino incierto, hacia donde me lleve el viento; hacia donde me lleve el Amor. No puedo decir que conozco todos los senderos, pero admito que, si pudiera, recorrería cada uno de ellos. La sombra de las nubes me hace palidecer. Parece todo sombrío, parece todo tan frío… La soledad no es bienvenida cuando hay hambre en el corazón. Las fuentes de un alma viva sólo se cierran frente al temor. Temor a volar. Temor a entregar. Temor a abrir el interior; a exponernos al dolor. Porque duele cuando nos hieren. Y cuando nos hieren, sólo queremos olvidar. Pretendemos ser fuertes, cuando en verdad, sólo buscamos un hombro sobre el cual llorar. Camino, y sigo caminando… a pesar de que hay piedras que me hacen tropezar. Pero aún si tropiezo, comprenderé que no estoy sola. Así ha sido siempre. Y así, siempre será… Corazón, no estés más triste. Siempre habrá decepciones, pero también, felicidad. Y la felicidad profunda lo sana todo, porque cuando viene de lo profundo, ha sido gestada en la irrevocable paz.
—Lihem Ben Sayel.

BAJO LA LUZ DE UNA LUNA AMARILLA

Me conmueve mirarte sentado,
bajo la luz de una luna amarilla,
sosteniendo mi lánguida mano;
mi corazón, dejando de latir.
Mil recuerdos inundan nuestro espacio
albergando memorias antiguas,
cartas, versos, canciones, poesías…
un universo diseñado para los dos.
Si tus besos se tradujeran en palabras,
me dirían que siempre me has querido.
Y, si hablaran también tus lágrimas,
susurrarían un débil adiós.

 

—Lihem Ben Sayel.

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ESE ERES TÚ

Un camino allanado en el mar; luna llena que fabrica suspiros. Ese eres tú, amado mío: un rosal sin espinos, mi luz. Un poema escrito con besos. Fiel caricia al caer la tarde. Ese eres tú, amado mío: laberinto del cual no quiero salir. Pétalo azul, como el cielo que cubre. Mañana eterna que difumina mis sombras. Ese eres tú, amado mío: tierna sonrisa que repara el dolor. Hierba fresca en medio de la nada. Oasis perpetuo, río que fluye. Ese eres tú, amado mío: amor que rescata, caballero que no huye. Quiera Dios que hasta el fin de mis días, se propague lo nuestro, a pesar de los quebrantos. Y aquí estaré yo, amándote tanto, que hasta las estrellas tendrán celos de los dos.
—Lihem Ben Sayel.

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TE TRAIGO POEMAS

Amor. Amor intenso. Amor que me abre camino en las mañanas, dibujando a mi paso cálidas nubes de terciopelo. Amor. Amor de mi alma. Tu caricia es delicia temprana. Tus ausencias son eterno desazón. Amor. Te traigo poemas. Por si olvidas que mi corazón es tuyo; por si recuerdas en demasía cuánto te fallé. Amor, ¿y si nos tomamos de la mano…? ¿Y si dejamos atrás las condenas? Seremos, al fin, agentes libres del ayer.
—Lihem Ben Sayel.

 

 

CRECE

ws_Footprints_2560x1600Crece, amor mío. Crece. Aunque, creciendo, mi corazón sepa que estás un paso cada vez más lejos de mí. Crece. Alegría de mis días. Pues disfrutándote así, cada día, me dolerá menos verte partir.
—Lihem Ben Sayel

Al compás de varias noches 

Ningún espejo roto

refleja —eficaz— una imagen. 

Palabras. 

Oídos sordos,

a las mentiras que vienen y van.

Tú y yo,

y un par de otras cosas.

Los silencios que la voz esconde, 

son doctrinas sin dueño, ni pose;

dulces misterios por revelar.

Me acogeré al refugio de lo cierto,  

mientras no llueva en el país de las maravillas.

Nos amaremos.

Y al compás de varias noches, 

nos habremos bailado la vida.
—Lihem Ben Sayel.

Quiéreme.

Quiéreme cuando el sol se esconda,
y no haya más estrellas centelleantes que admirar.
Quiéreme cuando se posen las sombras,
—esas que pueden mi mente sesgar.
Quiéreme mientras yo pueda mirarte;
y quiéreme aún más,
cuando me cueste escucharte.
Quiéreme, con el pasar de los días,
que van perdiendo su encanto,
y van ganando en lamentos.
Quiéreme, hasta el fin de los tiempos:
hasta que la luz de mis sueños
ya no me haga volar.
Quiéreme debajo de las olas
que me arrastran y sofocan;
hasta el fondo mismo del mar.
Quiéreme en mitad de zozobras,
entre penas y glorias,
contra toda crueldad.
Quiéreme con los ojos abiertos.
Y, por favor, no los cierres…
Sólo mantente despierto.

—Lihem ben Sayel.

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Serene couple hugging on truck at beach

 

 

EXISTENCIA.

La vida es tierna, como un brote de hierba;
y frágil, como la niebla,
—que surge de la nada, y así mismo, a la nada se va—.
Y, entre verso y verso,
¿cuál vida vivimos?
¿La que hiere, la que besa;
o la que ama hasta morir?
No alcanzaré todos mis ideales.
No bordearé los umbrales de la excelencia.
Pero, sin duda, en detrimento de todos mis males,
lucharé por los motivos de mi existencia.
Lihem Ben Sayel.

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Quién sabe.

Desvarío.
Y me pregunto: de ser yo la hoja de un árbol, ¿preferiría ser verde, y permanecer en un mismo lugar, conformándome con los leves contoneos y vaivenes de mi existencia, que, por muy fuerte que el viento sople, no podrían llevarme más lejos? ¿O preferiría quizás ser arrancada del árbol de la vida, para, al fin —y no sin el doloroso proceso de la muerte— ser transportada de aquí allá, viajando por el mundo, que me espera, que me llama…?

Lihem ben Sayel.

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«Hijo mío, ha sido un honor…»

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Hijo mío, ha sido un honor tenerte en mi vientre: sentir tus movimientos, percibir tu compañía a cada instante de mi vida, desde el día en que supe que habitabas mi cuerpo. Hijo mío, sigue siendo un honor contener tu cuerpecito dentro de mí. Saberme bendecida y privilegiada con el inigualable don de la vida, el milagro más grande que, de seguro, experimentaré. Ha sido un honor ser el vehículo por el cual, un ser único e irrepetible, llegará a este mundo para ser inmortal. Tú nos has traído un gozo indescriptible. Has sido la risa celestial que resuena en nuestras almas. Eres la promesa de Dios encarnada en el cuerpecito de un varón. Y aún así, sé que no eres mío, que no me perteneces. Que te enseñaré a volar, pero que no te retendré para siempre en mi nido. Por eso, hijo mío, te repito que ha sido un honor. Y seguirá siendo un honor traerte al mundo, sostenerte en brazos, criarte y enseñarte a edificar los puentes que yo rompí; desafiarte a construir más alto de lo que lo hice yo; animarte a escalar las cimas que yo no alcancé a escalar, y ayudarte a romper las barreras que no logré atravesar. Sí. Me quedaré detrás de ti, por si te sientes tentado a retroceder. Y te volveré a empujar hacia la vida, hacia el propósito con el cual has sido enviado por Dios. Sé que existes, y que vienes desde más allá del cielo azul. Es un honor ser tu madre. Ahora sólo falta que veas la luz…

39 semanas… ❤

זה כבר כבוד, יצחק

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