PERSONAL, CONFESIONES :o

¿Jhumpa o Helen?

Tengo un momento para mí; para rebuscar palabras perdidas que, en el día a día, se esconden. Estoy embarcada en una excepcional aventura. ¿Es lícito empezar a sentir nostalgia, cuando no estoy nada más que en el principio…? 

Mi hija [mi pequeña Noa, de casi un mes] acaba de soltar una carcajada, mientras duerme. Me pregunto si ha visto el rostro de Dios sonreírle. Isaac, mi grandullón —a punto de cumplir los dos años—, ya duerme desde hace rato. El amor de mi vida, mi mejor amigo, mi esposo, está con mis hermanos pasando un buen tiempo. 

Y en este momento de quietud —en el que divago entre coger el nuevo libro de Jhumpa Lahiri que he comprado, o ver a Helen Mirren en “The Queen”—, no puedo hacer otra cosa que estar agradecida por todo lo hermoso que tengo. No, no tengo nada más que decir. No tengo otra idea más grande que plasmar. Es bueno para mí tener mis tiempos de lectura, aunque soy madre de dos bebés. [Por cierto, cuán raro me parece esto: a principios de 2016 éramos solo mi esposo y yo. A principios de 2019, ya somos 4…]. Ayer escuché a William Lane Craig hablando acerca del “Fracaso en la vida de un cristiano”, ¡brillante! Me sentí muy edificada mientras le oía. Al mismo tiempo, comencé también la lectura de su libro “Fe razonable”. Me inspira muchísimo, he de admitir.

No tengo vida social desde que nació mi hija, ni mucho tiempo para escribir —la creatividad requiere de tiempo para asegurar unos mínimos estándares de excelencia o, al menos, de decencia—. Pero volveré a escribir con mayor fluidez a medida que goce de más tiempo. Estoy a solo dos kilos de volver a estar en el peso que tenía antes de mi segundo embarazo. Para mí eso es importante: reconozco que una de mis metas era no estar con sobrepeso después de ser madre. No ser de esas mujeres que se descuidan con la maternidad. Me alegra haberlo conseguido. Aún así, aspiro a bajar un par de kilos más, solo por practicar la disciplina del dominio propio [los dulces me pierden].

Es fascinante que mi esposo y yo tengamos tiempo para ver películas por la noche, cuando los niños ya se han dormido. Me encanta compartir cosas con él, ya sea fútbol, UFC o películas. Hoy me llevó a comer a uno de mis restaurantes favoritos. La mejor parte fue cuando me dijo, mirándome a los ojos: mi amor, qué guapa estás. Sí, no puedo negar que soy una mujer presumida y vanidosa. Me encanta [risas]. Voy a comprarme unos pantalones rotos. Nunca he tenido unos. No ha sido precisamente mi estilo. Pero… quiero ser una mamá “guay”. Y me compraré unos tenis Adidas que me encandilaron. [Adidas es mi marca deportiva]. Ah, y chaquetas de cuero… rojas, negras. Y unas buenas gafas de sol. Mi cabello está creciendo a un ritmo genial. Así que eso también me entusiasma. Debo comprarme también mi labial rojo. Ah, y un par de tacones. Bueno, por hoy terminamos aquí.

Me he decidido por Jhumpa.

—Lihem ben Sayel.

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CONFESIONES :o, MATERNIDAD, PROSA

Cosas que se guardan en el corazón.

Antes, creía que las palabras podían explicarlo todo, sin importar la intensidad de la experiencia. Ahora, entiendo que existirán momentos tan profundos en nuestra historia, que las palabras no podrán abarcar la plenitud de ellos. Comprendo, hoy más que nunca, cuando la Escritura reseña que María, la madre de Jesús, “guardaba todas estas cosas en su corazón.”

—Lihem Ben Sayel.

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CONFESIONES :o

De vuelta (o eso creo…)

Seré breve, —no tengo tiempo para más. Mi pequeña Noa ha nacido ya; y después de una semana intensa intentando buscar el preciado equilibrio, me gustaría hacerles saber que, pese a no haber escrito hace mucho tiempo, no he abandonado el Blog. Solo que, obviamente, mi tiempo ahora se ha reducido aún más de lo habitual. En alguna de mis escapadas nocturnas, o talvez en el silencio de la tarde, en momentos de siesta, seguiré plasmando mis pensamientos y palabras aquí, en este rincón que siempre me resguarda con tierna calidez.

Feliz año a todos… 🙂

Lihem Ben Sayel.

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MUY PERSONAL, PROSA, REFLEXIONES

PRECIPICIO

PrecipicioA veces, el suelo bajo nosotros se desmorona, y nos sentimos como al borde de un gran precipicio. Incluso, notamos bajo nuestros pies el vacío abrumador. No. No es una situación que Dios envía para destruirnos; o para disfrutar viéndonos caer, sin remedio, hacia una muerte segura. Es, sin lugar a dudas, la oportunidad perfecta para extender las alas, y volar hacia nuestro propio destino. Más allá de los límites; por encima de nuestros temores. Doy gracias por este tiempo. Me ha enseñado a volar…

—Lihem Ben Sayel.

 

REFLEXIONES

DECIDÍ PERDONAR.

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Decidí perdonar; no porque así remita el dolor. No porque de esa forma espere que las personas [o las circunstancias] cambien, o mejoren. Ni siquiera porque sea fácil. Decidí perdonar, porque no quiero convertirme en aquello que tanto daño me ha hecho. No quiero que el veneno de la maldad consuma mis ganas de vivir, mi sonrisa, mis ilusiones. Decidí perdonar, porque no quise permanecer más tiempo en el hoyo del rencor donde pretendieron enterrarme. Elegí florecer.

—Lihem Ben Sayel.

REFLEXIONES

UNA PEQUEÑA LLAMA

 

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Jamás permitas que la luz que hay en ti, permanezca encerrada dentro de un recipiente de decepciones, culpa y dolor. Brilla. Simplemente brilla. Para batir la oscuridad, solo es suficiente encender una pequeña llama.

—Lihem Ben Sayel.

PROSA

No te marches, amor mío

No había voces, pero tampoco silencios. Había únicamente una preciosa e inquietante calma antes de la tempestad. Esa calma tan difícil de describir, casi como los sueños, que cuando recobras plena consciencia, ya no recuerdas muy bien los detalles, y solo te quedas con sensaciones. No había lágrimas, ni mucho menos sonrisas. Los rostros eran lacónicos e inmutables, como una roca de peñasco, como un susurro anodino, como una copa de vino vacía, como una huella de zapato en medio de la nada. Más allá de todo, las manos se entrecruzaron, y se intercambiaron miradas. Las palabras siguieron siendo mudas. Las muecas, inexistentes, como el viento que se atrapa en un frasco, del cual no hay prueba alguna de su presencia. Ninguna imagen. Nada a lo que aferrarse, más allá del latido de sus corazones. Así, se fraguó una despedida eterna, que se fue desvaneciendo. Y mientras más se alejaban sus rostros, más pequeñas se volvían sus figuras, hasta el punto de no poder distinguirse. Se bifurcaron sus caminos, como tantos muchos otros. Y al final, un balbuceo inenarrable salió de una boca suplicante [algo así como un “no te marches, amor mío“]. Pero ya era demasiado tarde. El tren, ya se había ido.

—Lihem Ben Sayel.

MUY PERSONAL

LO NUESTRO

Nuestro amor trasciende las apariencias. Va más allá de ese enfermizo postureo que, en la sociedad actual, parece tener más peso y relevancia que la verdad. Nuestro amor no está frente a las cámaras. Ni se basa en los selfies, ni en las fotografías de los lugares que recorremos juntos. Para qué engañarnos. Lo nuestro es verdadero. Y cuando algo tiene como fundamento la verdad, no hay por qué demostrarlo constantemente. Más bien, lo que se intenta demostrar con periodicidad son las mentiras, lo falso, en un pobre intento de realzar el sabor de algo insípido. Lo real sencillamente fluye. Se siente. Se vive. Se experimenta. Y, finalmente, se atesora. Se convierte en ese recuerdo que nos arranca una sonrisa mientras vamos conduciendo, o justo antes de cerrar los ojos al dormir. Porque es real. Y nada más. Documentar lo real es absurdo. Exponerlo —a expensas del escrutinio de los demás, a quienes les importa poco o nada nuestra vida— es un craso error. Es como seguir una moda. Y nosotros odiamos las modas. Por eso, tú y yo, con la sabiduría y la experiencia que nos va dando cada año vivido el uno junto al otro, vivimos lo nuestro para nosotros. Lo disfrutamos o lo sufrimos juntos; los dos. Porque hay cosas que no requieren más testigos que los mismos involucrados. Y este es nuestro caso. Por eso, lo nuestro es verdadero, real, puro, honesto, certero. Fiel.

—Lihem Ben Sayel.

*A Habibi, en nuestros 8 años y una semana de matrimonio. Ana bahebak kateer.

CONFESIONES :o, MUY PERSONAL, PROSA

¿Por qué se acaban las cosas hermosas?

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Mi corazón se hace preguntas, en medio de las marcas que la luna le deja a la noche estrellada. Porque, cuando decimos que superamos algo, ¿a qué nos referimos, exactamente? ¿A que ese “algo” deja de dolernos, o deja de importarnos? No lo sé con exactitud. Qué bueno sería que algún sabio me concediera alguna respuesta, porque, a veces, mi corazón se confunde entre lo que debo soltar y lo que aún debo perseguir. Y a veces suelto. Otras persigo. Sin embargo, la pregunta que más cala en mi interior es: ¿por qué se acaban las cosas hermosas? ¿Quién las deja morir? ¿O es que acaso mueren ellas solas, porque, así como los árboles mudan sus hojas —dependiendo de la estación del año en la que estén—, las cosas en la vida también cambian de cuando en cuando? Y eso quizás se deba a que nos sea un recordatorio de lo pasajero que es todo aquí abajo, bajo el sol. Solo me queda aferrarme a una eternidad, en la que creo, y en la que se me promete que toda lágrima será enjugada, y que ya no habrá más sombras que oculten estos misterios ante mis ojos y ante las soledades de mi corazón. Allí, todo será paz. Todo será luz.

—Lihem Ben Sayel…

CONFESIONES :o, MUY PERSONAL, PROSA

ESTRIDENCIAS

pexels-photo-66100Nunca me han gustado los gritos [ese exceso de energía que se desborda en palabras y en aspavientos]. Pero aún existe algo que puede superar mi incomodidad hacia los gritos: el silencio. El silencio; no en su versión de calma y sosiego, sino más bien en su forma de temor, de comodidad, de indiferencia, o incluso de egoísta desprecio. Ese silencio cruel y altivo que se posiciona a favor de sus propios intereses cáusticos, dejando de lado el sentido de la vida, de la justicia, de la ética o la moral. No exagero si admito que me produce cierta angustia y asfixia, porque va contra mis más neurálgicos principios. Y, ¿qué hacer, entonces, cuando te ves engullida por las enormes fauces de una bestia insaciable de mentiras, engaños y tergiversaciones? Demasiados enredos para alguien que está en búsqueda de la Verdad. Débil. ¡Débiles! Vuestra fuerza radica en vuestro propio temor, y eso os da energía suficiente para huir tan lejos como os sea posible. No cuenten conmigo: no transitaré esa sinuosa senda. Prefiero las sendas antiguas. Las sendas de rectitud. Me incomodan los gritos, pero hay estridencias aún más molestas e intolerables: cobardía y egoísmo. Mala combinación.

—Lihem Ben Sayel.