PROSA

Carta 9: el [profundo] cambio repentino.

A veces uno está muy quieto, muy solemne; tan en paz, que pareciera que está cerca la muerte. Pareciera que nada tiene demasiada importancia como para romper la armonía. O si nada fuese tan relevante como para llegar al punto de querer marcar distancias y esquivar besos, o aún peor, miradas. [¿Está cerca la muerte?].

A veces, uno está embriagado por algún tipo de sensación de satisfacción y cumplimiento, muy a pesar de que no se hayan alcanzado aún las metas. Piensas que, a fin de cuentas, no era tan importante llegar, como disfrutar de los días que te estaban llevando hacia allí. El camino. El recorrido. Todo eso.

A veces te preguntas quién eres, pero no porque lo hayas olvidado, sino simplemente porque eres alguien nuevo, y no sabes exactamente cómo fue que ocurrió, cómo fue que se desataron las cadenas y soltaste las alas, sin temor, sin complejos, para volar hacia un nuevo horizonte lleno de aventuras por vivir.

No quiero saber si es real, porque sé que lo es. Tampoco quiero indagar mucho —no vaya a ser que se termine el encantamiento. Así que solo daré las gracias, porque este cambio, sea lo que sea a lo que se deba, no solo me hace más feliz a mí, sino que también alcanza a lo que más amo. Y a lo que no tanto.

—Lihem Ben Sayel.

PROSA

Carta 8: Las arenas del tiempo.

Como antídoto del desaliento me abracé a tu esperanza: el infalible ancla que me ayudaba a fondear en las aguas profundas de la quietud. Reconocí en tus palabras el ungüento que, aplicado con delicadeza y precisión, surtía efectos poderosos en mi alma; en mi corazón. Quién diría que las tazas rotas y los poemas tachados se convertirían en tesoro muy preciado del baúl secreto de mis memorias. Quién diría que el olor de tu perfume sería mi puerto seguro, mi lugar de paz. Y es que cuando te abrazo, el mundo se detiene, y la llaga ya no duele. El grito se transforma en susurro, y la obligación en placer. Ahora, nos toca ser fuertes, como el soldado que, cuando arrecia la batalla, recobra el valor viendo en el horizonte el rostro de algún ser amado, para no olvidar que es por algo mayor que sí mismo por lo que lucha. Y ese algo, cómo no, permanece atado al amor. Para siempre. Hasta que dure la noche y el día. Hasta que se disuelvan las arenas del tiempo en las manos de los astros que componen el universo; nuestra historia, y la de todos.

—Lihem Ben Sayel.

 

CONFESIONES :o

Carta 7: Claire de lune.

Ya he empezado a escribir este texto varias veces. Y lo he eliminado esas tantas veces, también. Estoy cansada —son las 2 de la madrugada pasadas— y no tengo paciencia alguna para crear prosa. Así que iré al grano, y sin ninguna retórica, diré lo que pretendía decir:

Tenía 16 años. Estaba en mi habitación, y escuché las cuatro canciones de muestra del reproductor de mi ordenador. Había algo de Beethoven, y dos piezas de Debussy. La otra no la recuerdo. Entre las dos piezas de Debussy estaban “Arabesque” (demasiado feliz para mí, como suelo decir), y “Claire de lune”. Esta última sí que era un completo dibujo de cada fibra de mi corazón, aún de los misterios más profundos e indecibles de mi alma. [Toma retórica].

A lo que voy: que me cautivó por completo. Y, hasta el día de hoy, después de toda la música que conozco y que amo, ninguna [repito: ninguna] me descifra como lo hace Claire de lune.

Esta canción es mía. Y no se la presto a nadie.

Esta canción es mía.

Y aunque a los millennials les suene de “Twilight” y a los más viejitos de “Ocean’s Eleven”, a mí me suena de esa habitación, en soledad, con mi ordenador, imaginándome (mientras escuchaba la canción en repeat) que iban dos caminantes con paraguas abiertos, andando por alguna calle mojada y poco concurrida de París.

Ya está.

PROSA

Carta 6: Noche estrellada en el silencio de la madrugada.

Pareciera que estás solo, en medio del caos que resultan ser los sentimientos cuando los mezclas con ilusiones rotas. Pareciera que, por más que grites, nadie puede escucharte. Estás demasiado lejos, has caído muy bajo; y el corazón, hecho pedazos, clama por libertad. Por un respiro sobrenatural que te permita apoyar las manos en las rodillas, antes de continuar hacia donde quiera que vayas. Pareciera que ves espaldas donde quisieras ver rostros. Pareciera que ningún esfuerzo ha valido la pena, que sigues igual: sigues siendo tú. Y, por algún motivo errante e insospechado, eso no es nada bueno. Pero abres la ventana y miras hacia el cielo, a la noche plagada de estrellas, que tiritan como saludándote, como extendiendo sus manos para abrazarte. Ese abrazo eres Tú, mi Amado Eterno. Ese universo ahí fuera eres Tú. El respiro que buscaba. Entonces, la calidez de tu luz me devuelve la esperanza. Me devuelve la vida; y me dibuja una sonrisa.

—LihemBenSayel.

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MDUP2

MDUP II: “Perdida”

MEMORIAS DE UNA PRINCESA
[SEGUNDA PARTE]

«Perdida»

El mundo gira alrededor de mí. El malestar es exagerado. No sé exactamente dónde estoy, ni tampoco, a ciencia cierta, hacia dónde debo ir. Ojalá hubiese una mano amiga que me llevara más allá de lo que ven mis ojos, y me mostrara, con una sonrisa de calma en el rostro, que finalmente llegaré. Allí. Dondequiera que sea ese lugar. Así, al menos, me sentiría un poco más segura. Un poco menos fuera de sitio. Supongo que es normal sentirse así, al menos después de que el suelo bajo mis pies desapareciera por completo, y no encontrara nada firme en lo cual pudiese afianzarme. Excepto Él. Su mirada. Sus palabras, resonando como eco en medio de la tempestad más abrumadora y ensordecedora. Tempestad que, a la vez, me ha enseñado a confiar más en Él. Aún así, me siento perdida. ¿Cómo es posible experimentar esta sensación de exilio? Fácil. Porque el lugar al que pertenezco no es terrenal. Aquí, no soy más que un caminante pasajero.

Lihem Ben Sayel,

The princess of the Lord…

🌹

 

CONFESIONES :o, MUY PERSONAL

Gracias.

Algunos lo intentan; pero otros, simplemente lo consiguen. Y de esta manera, quiero agradecer a ciertas personas que, de una u otra forma, han estado presentes en esta última y determinante temporada de mi vida, y han llegado a mi corazón genuinamente. Talvez su participación haya sido puntual, pero ha marcado la diferencia. No deja de maravillarme —y hasta corro el peligro de parecer repetitiva— la cantidad de cambios que he experimentado en estos últimos años. Algunas personas que habían sido importantes en mi vida, ahora ya no forman parte de la misma. Son más un recuerdo que otra cosa. En cambio otras, sin yo siquiera imaginarlo, irrumpieron con una fuerza imposible de obviar. Gracias. Mil gracias. Porque sea cual sea mi destino, ustedes han formado parte —aunque sea con un mensaje en el momento oportuno, o un abrazo sanador, o una palabra del cielo, o con ánimos sinceros— de uno de los viajes más relevantes del proceso que es la vida.

Gracias Ana.

Gracias Amarilis.

Gracias Dámaris.

Gracias Avgustina.

Gracias Desireé.

Gracias Nana.

Gracias José.

Ustedes, en algún momento de mi historia, se convirtieron en maná del cielo.

PROSA, REFLEXIONES

Carta 5: verdaderamente libres.

¿En qué consiste realmente ser libre…? Lo estoy aprendiendo aún. Con el tiempo, he desarrollado una terrible aversión por las certezas vacías, por las confesiones inocuas. La verdad nunca deja indiferente a nadie. La verdad, al igual que la libertad, siempre lo trastoca todo. Es capaz de hacer daño, mas no por placer, sino por la necesidad imperiosa de exponer los engaños, aunque duela. La verdad puede ser un jarro de agua fría, o una puñalada certera, si quieres. Pero jamás será un veneno sutil, o una serpiente que se escabulle en las sombras. Sin embargo, la ignorancia es un mal amo, uno que pretende subyugarte hasta lo más hondo, asegurándose de que nunca veas la luz. La auténtica luz. Desde luego, bajo la ignorancia, es posible que contentes a todos, puesto que la ignorancia es esclavitud, y los esclavos carecen de voluntad: su vida es agradar a otros. Pero si posees la verdad, —o, mejor dicho, si la Verdad te posee a ti—, se dispararán las probabilidades de trastornar el mundo. De cambiarlo todo a tu paso. Y de que no te cambien a ti. Este, amigos, es el poder de la verdad, de la cual fluye la libertad.

—Lihem Ben Sayel.

« y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.» 

—Jesús de Nazareth. 

PROSA

Carta 4: La noche perfecta.

Es de madrugada. Y yo despierta, escribiendo, cómo no. Pero es que hace muchísimo que no vivía una noche como esta, donde la luna está llena, y se asoma por mi ventana, con prepotencia y melancolía. Estoy en una casa enorme, preciosa, la casa de los abuelos, donde toda la familia se reúne.  Está llena de espejos, y yo pienso que, definitivamente, podría ser muy feliz aquí, —sí, entre otras cosas, por los espejos. Esta noche es perfecta: yo, muy lejos de la rutina, bañada por la luz de la luna; de fondo, los grillos, algún ladrido. Y a lo lejos, un bosque frondoso, con inimaginables tonalidades de verde, por el que atraviesa un río helado. Qué bella es Noia. Qué bella es Galicia. 

—Lihem Ben Sayel.

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PROSA

Carta 3: Fire and scars.

No cierres la puerta, —no la cierres, aún. Antes de que entres por completo en mi vida, déjame explicarte —sin llantos, sin voz— que estoy hecha de fuego y cicatrices. Y allí,  donde encuentres fuerza, es porque primero hubo una herida. 

—Lihem Ben Sayel.

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PROSA

Carta 2

Caminando a oscuras por la casa, me tropecé con las maletas, aún sin deshacer. La nevera —que emitía su ya característico e inquietante ronroneo—, me recordaba que la vida continúa, aunque tú ya no estés aquí. Me froté las manos, ya sabes, por el frío. Sigo conservando la incomprensible costumbre de no ponerme la bata cuando salgo de la cama, aunque estemos en pleno invierno. Uno repite los patrones que le hacen sentir seguro, y a mí, en concreto, jamás me ha gustado taparme los hombros. Fue entonces cuando supe, casi instantáneamente, que podría acostumbrarme a cualquier cosa, menos, cómo no, a que me llamen viuda.

—Lihem Ben Sayel.