A los que buscan. A los hambrientos. A los que están muriendo.

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[…y al encontrar una perla de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía y la compró.]


A ti, que estás buscando a Dios con todo tu corazón. Que piensas que mientras más te acercas, Él parece alejarse. No. Él no está lejos. Él está más cerca de lo que podrás imaginar. A ti, que clamas de rodillas por tu casa, esperando la lluvia del cielo sobre el terreno árido de los corazones, no desmayes. No te rindas. La victoria se está gestando. Dios está de tu parte. A ti, que llamas a las puertas del cielo una y otra vez. A ti, que intentas levantarte en las madrugadas, y el sueño te vence. Inténtalo esta madrugada otra vez… A ti, que eres madre y esposa, y piensas ¿de dónde sacaré el tiempo para buscarle…? No desistas. ¡Siempre hay un momento donde puedes encontrarte con tu amado! A ti, que eres el sacerdote de tu hogar, y que buscas día y noche el sustento de tu casa, Dios conoce tu corazón. Y ha escuchado tu súplica. Si trabajas para Él, recuerda, que Él es buen pagador. A ti, que sigues hambriento de más de su presencia, no te sacies con las migajas, porque Dios tiene una casa llena de pan para ti. A ti, que estás muriendo a ti mismo, y que parece que nunca es suficiente. Es cierto. Nunca estaremos demasiado muertos. Tendremos que morir a algo “cada día”. Y mientras más mueras, más te parecerás a Él. Mientras más te vacíes de ti mismo, más te llenarás de Él. A ti, que anhelas los tiempos de Pentecostés. Que quieres formar parte de esa ola de fuego que Dios prometió para esta época. A ti, que crees en los milagros. Que notas cómo arde tu corazón cuando sabes que Jesús te llamó para sanar enfermos, resucitar muertos, limpiar leprosos, echar fuera demonios… ¡no dejes que ese anhelo perezca! Ora por el próximo enfermo que veas. Reprende a los espíritus inmundos. El poder que opera en ti es mayor. Sólo cree. A ti, que amas Su palabra, y te deleitas en ella día y noche. Busca su revelación y aplícala a tu vida. Compártela. Permanece en Él y en su palabra; sólo así llevarás fruto abundante al Padre. A ti, que anhelas más de Dios. A los que se han vuelto como niños para acceder a lo incomparable de su Reino. A los que han rechazado ser “sabios” para reconocer que necesitan empezar de cero, a fin de conocer realmente a Dios. A los que buscan. A los hambrientos. A los que están muriendo. No desfallezcas… ¡no ahora! ¡No cuando has llegado hasta aquí! Créeme, aún no hemos visto “nada”… Lo que nos depara es aún mayor. Sus profundidades son inescrutables. No te quedes a mitad de camino. No pienses que “ya está”. No. No. No. Hay más, hay mucho, mucho más… Y lo más glorioso es que Dios nos lo quiere dar. Por favor, no te rindas. Tampoco dejes que yo me rinda. Sigamos buscando. Sigamos más profundo. No somos sólo “unos cuántos”. ¡Es un ejército lo que Dios está levantando! Y todo (bueno o malo) forma parte de nuestra preparación. Todo es útil para nuestro entrenamiento. Vamos, sigamos… ¡Hasta que llegue el AVIVAMIENTO!

Lihem Ben Sayel.


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No olvides darme tu opinión, así intercambiaremos impresiones y experiencias. Puedes escribirme también , si lo deseas, a mi email:

amira.lihembensayel@gmail.com

(Perdónenme que no conteste rápido,  con el bebé es un poco complicado. Pero siempre leo vuestros comentarios, que me edifican enormemente.)

Dios te bendiga.

 

Dios nos llama a la insistencia.

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[…y al encontrar una perla de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía y la compró.]


Estamos llegando al final de esta serie. Y, como muchas veces ocurre, lo complicado no suele ser comenzar algo, sino mantenernos en ello.

Una amiga mía me dijo la semana pasada que Dios es quien nos visita, pero somos nosotros quienes debemos habitar en su presencia. ¡Nunca al revés! Guardaré esta verdad para siempre en mi corazón.

Bien. Hay un llamamiento. Y, cómo no, el excelso y supremo liderazgo de Dios nos ofrece también un premio. Y créanme, no es cualquier premio. No se obtiene mediante obras, ni por nuestros logros ministeriales (por lo muy visibles que seamos, o talentos, o dones, etc…). No. Este premio sólo se obtiene mediante la fe apasionada, el quebrantamiento continuo, un espíritu contrito y humillado. Y la insistencia.

Dios nos llama a la insistencia. Lo vemos por todas partes en las Escrituras.

Por ejemplo, en la parábola de la viuda y del juez injusto en Lucas 8:1 :

Cierto día, Jesús les contó una historia a sus discípulos para mostrarles que siempre debían orar y nunca darse por vencidos. (NTV)
Jesús les contó a sus discípulos una parábola para mostrarles que debían orar siempre, sin desanimarse. (NVI)
¡Atención aquí! Jesús relacionó el “orar siempre” con nuestro estado de ánimo. Una de las cosas que más nos estorban de mantenernos habitando en la presencia de Dios, son nuestras emociones. Si estamos tristes, o desanimados porque no vemos lo que queremos, solemos tirar la toalla y dejar de orar… (Recuerda que cuando me refiero a “orar”, no sólo me refiero a realizar peticiones específicas; de hecho, eso es lo último en la lista. Me refiero al simple hecho de “estar con Jesús”, de buscarle, de adorarle, de estar hambrientos de su presencia, de querer conocerle, etc…)

También lo vemos en Gálatas 6:9 :
Así que no nos cansemos de hacer el bien. A su debido tiempo, cosecharemos numerosas bendiciones si no nos damos por vencidos. (NTV)
Normalmente relacionamos este versículo con buenas obras, servicio, etc… Y está bien. Pero no creo que podemos limitar la palabra de Dios sólo a lo que nos parece. ¿Qué bien más glorioso existe que anhelar con fervor estar en su presencia, con el ánimo de conocerle más, impregnarnos de Él, para ser más como Él? No podemos impactar a nadie si no somos más como Jesús. Y para ser como Él, debemos estar con Él e impregnarnos de su presencia.

La Real Academia Española define “permanecer” de esta manera:

1. intr. Mantenerse sin mutación en un mismo lugar, estado o calidad.

  • En un mismo lugar: en su presencia.
  • En un mismo estado: buscando, buscando, buscando.
  • En una misma calidad: con TODO nuestro corazón.

Sin motivo de discusión, Dios quiere que permanezcamos con Él y en Él. No tengamos duda alguna de que, si permanecemos, si habitamos, si nos quedamos, Él nos visitará, y le podremos conocer más profunda e íntimamente. ¡No desmayemos! ¡No nos cansemos de buscar! ¡No dejemos de tocar (e incluso aporrear) las puertas del cielo con insistencia! Porque el que pide, recibe. El que busca, halla. Al que llama, se le abrirá. (Mateo 7:8)

Filipenses 3:12… No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí.

Jesús nos alcanzó para que tuviésemos libre acceso a su presencia. El pecado nos había apartado. Habíamos sido destituidos de su gloria. Pero Él nos restituyó a ella con su muerte, rasgando el velo que nos separaba del Padre.

Filipenses 3:14… sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús. (NVI)

Sigamos avanzando en nuestra búsqueda de Dios, sin desmayar, sin desanimarnos, sin darnos por vencidos. Porque, finalmente, obtendremos ese galardón: volver a los tiempos de Adán…

Oremos: “Señor, heme aquí. Anhelo volver a los tiempos de Adán. Caminar contigo. Conocerte más. Rindo mis emociones a ti, para que nada me impida seguir buscándote con la insistencia que Tú mereces.”

Canción:

No olvides darme tu opinión, así intercambiaremos impresiones y experiencias. Puedes escribirme también , si lo deseas, a mi email:

amira.lihembensayel@gmail.com

(Perdónenme que no conteste rápido,  con el bebé es un poco complicado. Pero siempre leo vuestros comentarios, que me edifican enormemente.)

Dios te bendiga.

 

—Lihem Ben Sayel.

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El incomparable valor de conocer a Cristo.

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[…y al encontrar una perla de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía y la compró.]


Este ya es el tercer intento para publicar este post. Tenía muchas ideas ya escritas, pero en mi interior no estaba tranquila publicándolas. Para ser honestos, siento que debe ser corto.

Sólo he sido dirigida a que nos hagamos esta pregunta:

¿QUÉ NOS ESTORBA DE BUSCAR MÁS A DIOS? (¿el cansancio, el trabajo, la pereza, el conformismo, la indiferencia, el pecado…?)

Y talvez, hay espacio para otras dos, y te aseguro que te confrontarán:

¿ES, REALMENTE, DIOS LO PRIMERO EN NUESTRA VIDA? (Si la respuesta es “sí”, ¿por qué en el día a día no le ofrecemos “ese” tiempo primero y mejor? ¿Porque anteponemos todo, aún el servicio, a nuestra búsqueda de Dios?

¿REALMENTE AMAMOS A DIOS? (¿No se supone que ansiamos desesperadamente “conocer”  a quien amamos?

Durante demasiado tiempo, nos hemos acostumbrado a sentirnos “satisfechos” con las migajas… ¿Vivimos un cristianismo de “migajas” cuando Jesús dijo que el pan era para nosotros, los hijos?

Le buscamos cuando tenemos problemas. [Migajas]. Le buscamos antes de predicar. [Migajas]. Le buscamos porque queremos que manifieste sus prodigios en algún asunto concreto. [Migajas]. Porque queremos sanidad, liberación, provisión. [Migajas] ¡Ya todo eso ya ha sido consumado!

Sé que hay gente tan desesperada como yo de conocer más a Dios. De ir más profundo en esta hermosa relación. Les dejo con dos cosas: varias versiones de Filipenses 3:8 y capturas de pantalla de una conversación que sostuve hace dos semanas. Por favor, tómate el tiempo para meditar en esto. Algo glorioso está pasando. Dios nos está atrayendo con sus cuerdas de amor. Dejémonos atraer.


Filipenses 3:8

Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo,
Aún más, a nada le concedo valor si lo comparo con el bien supremo de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por causa de Cristo lo he perdido todo, y todo lo considero basura a cambio de ganarlo a él
Y ciertamente, aun aprecio todas las cosas como pérdida por el eminente conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, para ganar a Cristo,
Es más, todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo
Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por El lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo,
Así es, todo lo demás no vale nada cuando se le compara con el infinito valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a él, he desechado todo lo demás y lo considero basura a fin de ganar a Cristo
Es más, todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo
Todo eso lo he dejado a un lado, y lo considero basura, con tal de llegar a conocer bien a Cristo, pues no hay mejor conocimiento. Y quiero que Dios me acepte, no por haber obedecido la ley, sino por confiar en Cristo, pues así es como Dios quiere aceptarnos.

Después de leer y releer este versículo, poderosa declaración de Pablo, ¿qué es lo que tienes que echar a la basura? Recuerda que nada tiene valor, si lo pones al lado del INCOMPARABLE VALOR DE CONOCER A CRISTO… Yo eché a la basura la literatura, algo a lo que daba gran lugar en mi vida y mi corazón (y que me ocupaba mucho tiempo), y también deseché horas de sueño y tiempo de ocio.

¡NO NOS CONFORMEMOS CON LAS MIGAJAS! ¡DIOS QUIERE DARNOS TODO, ABSOLUTAMENTE TODO DE ÉL! ¡TOMEMOS EL TIEMPO NECESARIO PARA CONOCERLO MÁS Y MEJOR!


Ahora les dejo con esta conversación que sostuve con un amigo, y gran hombre de Dios:
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No olvides darme tu opinión, así intercambiaremos impresiones y experiencias. Puedes escribirme también , si lo deseas, a mi email:

amira.lihembensayel@gmail.com

(Perdónenme que no conteste rápido,  con el bebé es un poco complicado. Pero siempre leo vuestros comentarios, que me edifican enormemente.)

Dios te bendiga.

BAJO LA LUZ DE UNA LUNA AMARILLA

Me conmueve mirarte sentado,
bajo la luz de una luna amarilla,
sosteniendo mi lánguida mano;
mi corazón, dejando de latir.
Mil recuerdos inundan nuestro espacio
albergando memorias antiguas,
cartas, versos, canciones, poesías…
un universo diseñado para los dos.
Si tus besos se tradujeran en palabras,
me dirían que siempre me has querido.
Y, si hablaran también tus lágrimas,
susurrarían un débil adiós.

 

—Lihem Ben Sayel.

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ESE ERES TÚ

Un camino allanado en el mar; luna llena que fabrica suspiros. Ese eres tú, amado mío: un rosal sin espinos, mi luz. Un poema escrito con besos. Fiel caricia al caer la tarde. Ese eres tú, amado mío: laberinto del cual no quiero salir. Pétalo azul, como el cielo que cubre. Mañana eterna que difumina mis sombras. Ese eres tú, amado mío: tierna sonrisa que repara el dolor. Hierba fresca en medio de la nada. Oasis perpetuo, río que fluye. Ese eres tú, amado mío: amor que rescata, caballero que no huye. Quiera Dios que hasta el fin de mis días, se propague lo nuestro, a pesar de los quebrantos. Y aquí estaré yo, amándote tanto, que hasta las estrellas tendrán celos de los dos.
—Lihem Ben Sayel.

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TE TRAIGO POEMAS

Amor. Amor intenso. Amor que me abre camino en las mañanas, dibujando a mi paso cálidas nubes de terciopelo. Amor. Amor de mi alma. Tu caricia es delicia temprana. Tus ausencias son eterno desazón. Amor. Te traigo poemas. Por si olvidas que mi corazón es tuyo; por si recuerdas en demasía cuánto te fallé. Amor, ¿y si nos tomamos de la mano…? ¿Y si dejamos atrás las condenas? Seremos, al fin, agentes libres del ayer.
—Lihem Ben Sayel.

 

 

CRECE

ws_Footprints_2560x1600Crece, amor mío. Crece. Aunque, creciendo, mi corazón sepa que estás un paso cada vez más lejos de mí. Crece. Alegría de mis días. Pues disfrutándote así, cada día, me dolerá menos verte partir.
—Lihem Ben Sayel

Al compás de varias noches 

Ningún espejo roto

refleja —eficaz— una imagen. 

Palabras. 

Oídos sordos,

a las mentiras que vienen y van.

Tú y yo,

y un par de otras cosas.

Los silencios que la voz esconde, 

son doctrinas sin dueño, ni pose;

dulces misterios por revelar.

Me acogeré al refugio de lo cierto,  

mientras no llueva en el país de las maravillas.

Nos amaremos.

Y al compás de varias noches, 

nos habremos bailado la vida.
—Lihem Ben Sayel.

Quiéreme.

Quiéreme cuando el sol se esconda,
y no haya más estrellas centelleantes que admirar.
Quiéreme cuando se posen las sombras,
—esas que pueden mi mente sesgar.
Quiéreme mientras yo pueda mirarte;
y quiéreme aún más,
cuando me cueste escucharte.
Quiéreme, con el pasar de los días,
que van perdiendo su encanto,
y van ganando en lamentos.
Quiéreme, hasta el fin de los tiempos:
hasta que la luz de mis sueños
ya no me haga volar.
Quiéreme debajo de las olas
que me arrastran y sofocan;
hasta el fondo mismo del mar.
Quiéreme en mitad de zozobras,
entre penas y glorias,
contra toda crueldad.
Quiéreme con los ojos abiertos.
Y, por favor, no los cierres…
Sólo mantente despierto.

—Lihem ben Sayel.

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Serene couple hugging on truck at beach

 

 

EXISTENCIA.

La vida es tierna, como un brote de hierba;
y frágil, como la niebla,
—que surge de la nada, y así mismo, a la nada se va—.
Y, entre verso y verso,
¿cuál vida vivimos?
¿La que hiere, la que besa;
o la que ama hasta morir?
No alcanzaré todos mis ideales.
No bordearé los umbrales de la excelencia.
Pero, sin duda, en detrimento de todos mis males,
lucharé por los motivos de mi existencia.
Lihem Ben Sayel.

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