PROSA

MEMORIA

imagesTodos estaremos anclados en la memoria de alguien, incluso de aquellos a quienes hayamos ya olvidado. Nuestros nombres serán en alguna ocasión susurrados, aunque sea solo en el pensamiento más pequeño, —el más secreto. Alguien nos piensa, aunque no quiera admitirlo. Alguien quisiera decirnos algo, pero no se atreverá —ya sea por recelo, dolor o cobardía. Y así, se paseará nuestra memoria en un sinfín de universos desconocidos, y de pueblos lejanos del recuerdo, donde las piedras serán inertes testigos de que alguien nos piensa, —aún—, pero jamás se atreverá a decirlo.

—Lihem ben Sayel.

[Yo también pienso en personas que fueron muy importantes para mí, pero no me atreveré a decirlo, ya sea por recelo, dolor… o cobardía.]

LETTERS TO MY BELOVED, PROSA

LOVE LETTER [2]: “Detrás del velo”

Un corazón libre. Libre. Una mente que se expande de aquí hasta los confines del universo que tanto admiro, que tanto amo. Un invierno que se acaba y una primavera que comienza. Un desierto que se vuelve oasis: la cuna de en quién me he convertido hoy por hoy. Una mariposa a quien no pudieron cortarle las alas, así que vuelo hacia un propósito sin misterios, porque tu presencia gloriosa alumbra el camino en el aire de mi destino. Un silencio que me hizo fuerte. Un abrazo que me derrumbó. Los poemas de la noche y las canciones de la madrugada, —nuestras canciones, nuestros poemas. Caminar contigo no fue mi elección: tú ya me habías escogido desde antes de que mis ojos experimentaran la luz del sol. Tus latidos me pertenecen: por eso los busco con afán desbordante. Fui ideada en el centro de tu corazón: por eso quiero volver allí desesperadamente. Ya no soy ciega, pues he logrado ver allá donde ni el tiempo existía. Detrás del velo se escondía mi tesoro. Y ahí, detrás del velo, es donde he puesto mi corazón.

—Lihem ben Sayel…

Lihem Ben Sayel

LOVE LETTER [1]: “Todo lo que tengo eres Tú”

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Carta de amor de Lihem ben Sayel a su amado Rey Yeshua:

1

Todo lo que tengo es mi intimidad con el Rey. Mi vida gira en torno a ello, como la tierra gira alrededor del incandescente sol. Mis suspiros exhalan el deseo más profundo e intenso que puede habitar dentro de mi pequeño ser: el de contemplar su belleza, el de conocerle más. Sus aromas —los delicados aromas que desprende su presencia— son el elixir inconfundible por el cual mis sensaciones se dejan llevar.

No puedo estar sin Él. No quiero estar sin Él. Un beso suyo cura mil heridas. Un abrazo suyo recompone los pedazos de cualquier corazón roto. Una palabra suya bastará para sanarme, para elevarme por encima de mis propios pensamientos. Él conoce mi mala costumbre de volver a recorrer senderos de dolor, y me susurra “no te quiero allí”. Y entonces salgo de esos senderos y me embarco en un nuevo viaje donde Él es el guía, donde su paz es el destino y el amor baña cada paisaje como gotas de rocío.

Todo lo que tengo es mi intimidad. Es el sello de mi identidad: Él, solo Él. Pues el fruto más dulce que mi paladar ha degustado es el sabor de su nombre en mi boca. Me aferré a Ti, oh Amado, como se aferran las raíces al suelo en medio de la cruel tormenta. Eres el poema hecho una versión infinita de versos constantes y rebosantes de vida que fluye, como ríos caudalosos, en los que solo puedo ser arrastrada por sus fuertes corrientes.

Sí, lo diré una y otra vez: todo lo que tengo, eres Tú.

—Lihem ben Sayel, the princess of the Lord.

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LETTERS TO MY BELOVED, PROSA

Atada a tu Nombre.

Tu nombre es aceite derramado; aceite que sana, liberta y provee. Tu santo nombre, oh Jesús, son todos los suspiros de aquellos que te aman y te glorifican por ser quien eres, y no solo te buscan por lo que puedas ofrecer. La profundidad de tu nombre nadie la conoce, excepto Tú. Y no existe forma de soltarme de la fuerza de tu Nombre, de ese temblor que provoca en mi corazón cuando te invoco en los rincones tras la puerta. Jesús. Mi Jesús. Lo que daría por estar siempre aferrada a Ti. Por no soltarme ni un segundo. Por dejar que tu Espíritu devore mi carne y así ser una contigo más allá de estas crueles reglas naturales que nos separan. Jesús, Jesús… Siento la explosión de un volcán en mi pecho cuando en nuestros momentos más íntimos Tú pones tu mano sobre mi cabeza. No me puedo sostener en pie… no puedo. Mi rostro besa el suelo, mis lágrimas bañan la tierra. El tiempo no es más que un juego, porque tu eternidad entra en escena. Mi voluntad es doblegada. Mis quejas desaparecen. Mis inquietudes se esfuman ante la sola presencia de tu divinidad. Mi llanto incontrolable se convierte en el único diálogo que soy capaz de producir con mis labios, que destilan tu nombre, que suplican por más. Tu sagrado, pero no menos cercano nombre. Jesús, Jesús… Estoy atada a Ti. Atada a tu nombre. Atada por tu amor. Y por la belleza de saber que eres real, y que mis días a tu lado jamás tendrán un final.

—A lovesick disciple of Jesus.

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PROSA

Saber perder.

 

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Saber perder. Entender —o al menos intentarlo— que cuando tú llores, habrá quien ría. Cuando tú quieras perderte, habrá quien se haya encontrado. Cuando tú te estrelles contra el suelo, habrá quien esté volando. Saber perder, al fin y al cabo, porque en algún momento,  tú también fuiste el vencedor.

—LihemBenSayel.

PROSA

La vida en el desierto.

La vida en el desierto no es fácil, no. Según dicen, durante el día, el sol es un castigo que te debilita hasta desear no haber nacido. Por la noche, sin embargo, el viento sopla con violencia y tú, sin tener ningún refugio ni posibilidad de resguardo, te sientes expuesto ante un frío que te congela hasta el alma. No obstante, parece ser que la soledad del desierto es lo peor: el corazón se te rompe, pero nadie lo oye, pues nadie está cerca. Los sueños se vuelven alucinaciones vacías: corres hacia ellos con alguna esperanza ínfima de poder alcanzarlos pero entonces, cuando parecían estar tan cerca, ellos simplemente desaparecen. Y es ahí cuando te das cuenta de que lo más insufrible de un desierto no es el calor infernal, ni el cruel frío nocturno, sino la esperanza rota —una y otra vez—, la ilusión etérea; la inocencia doblegada. El silencio auto impuesto; porque callar, a veces, es la única forma de seguir sobreviviendo. Aunque nada puede ahogar tus profundos lamentos bajo la luna sin luz.

—LihemBenSayel🌙
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CONFESIONES :o, PROSA, RELATO CORTO

Que nunca te corten las alas.

Érase una vez una pequeña mariposa que volaba libremente por los más bellos jardines. Cierto día, un cuidador de mariposas la vio y la llevó a su jardín. Una vez allí, la pequeña mariposa fue creciendo, y mientras más crecía, más hermosas y coloridas eran sus alas.
Fue tanto así, que el cuidador decidió encerrarla en un bote de cristal para retenerla. “No vaya a ser que se dé cuenta de su hermosura, y decida marcharse”, pensó. Sin embargo, la mariposa —que ya no era tan pequeña— no se sentía feliz.

Ella sabía que su destino no se limitaba a estar encerrada en un bote de cristal, sino volar por todos los hermosos jardines, disfrutando de la fragancia de las flores y su dulce néctar. Pero pasó mucho tiempo, y la mariposa, que al principio volaba y se chocaba contra el cristal una y otra vez en un inútil esfuerzo por salir, se acostumbró a estar allí, encerrada, dentro de aquellos muros de vidrio. Y resignada, se posó en el fondo del cristal, y permaneció inmóvil, mientras se consumía de tristeza.

Mucho tiempo después, la mariposa escuchó una voz que la despertó de su profundo sueño. Esa voz provenía del viento.
La voz le preguntó: “¿qué haces ahí encerrada?”. La mariposa, desconfiada y un tanto confusa, respondió: “mi cuidador me encerró aquí, así que supongo que este debe ser mi destino.”
“¡Claro que no es tu destino! ¡Tú deberías estar volando en plena libertad!”, le dijo la voz.
“¿Volar? Ya ni siquiera recuerdo lo que es eso… Además, ¿acaso sabes tú más que mi cuidador? ¿Por qué piensas que estoy destinada a volar…?”, preguntó la hermosa mariposa, un tanto inquieta.
” Lo sé, porque Yo te creé”, le respondió la Voz. Y en ese momento, un viento recio sopló vida a la mariposa, y esta se volvió grande, tan grande, que rompió el bote de cristal, y echó a volar libremente…
“Ahora vé, y haz lo mismo con las otras mariposas que están encerradas, —le dijo la Voz. Sopla vida sobre ellas e incítalas a volar. Si te preguntan a dónde ir, diles que me sigan en el viento, y yo las dirigiré a hermosos jardines.”
Y así, la bella mariposa cumplió su destino… Y ayudó a otras a cumplir el suyo.

Un relato de LihemBenSayel.
✍️📜🕊️❤️

CONFESIONES :o, PROSA

LOVESONG [2]: El secreto de la noche.

He probado el sabor de tu paladar, más dulce que la miel, que destila las palabras de vida por las cuales yo subsisto. Me he internado en lo profundo de tus cámaras, para hallarte a solas, donde ningunos otros ojos puedan posarse sobre nuestros encuentros de intimidad y comunión ferviente.

Me has pedido, en sueños, que corra hacia ti, y mi devoción hacia ti se ha exacerbado. Yo dormía, pero mi corazón palpitaba con la fuerza de un huracán porque mi subconsciente escuchó tu voz, y yo corrí tras ella, aunque para ello tuve que abandonar la calidez de mi cama, la seguridad de mis aposentos. Y cuando fui en pos de ti —porque me llamabas, y me decías “ven conmigo, amiga mía”— me encontré con lo más cruel de la nocturnidad. Estaba sola, y tenía frío. Hombres malvados me rodearon y me despojaron de mi honra.

La única pureza que tenía para ofrecerte fue mancillada en la noche más oscura de mi vida. Ellos me golpearon porque a sus ojos yo no valía nada. El velo con el que cubría mi rostro y lo guardaba para ti me fue arrebatado. Fui herida y tuve miedo. Sus palabras fueron dardos que menoscabaron mi integridad. Sus golpes fueron actos de crueldad que subyugaron mi dignidad. Me sentía completamente indefensa y tan pequeña como un grano de arena en el desierto.

Pensé que no volvería a amar jamás. Pero el calor de tu voz me sedujo, y yo fui tras ella sin pensarlo. Porque, mi Amado, nada tiene más poder sobre mi corazón que el timbre de tu voz llamándome por mi nombre. ¡Soy como el débil metal atraído por el imán de tus palabras! Mi corazón es hielo que se derrite ante el fuego de tu mirada. Y cuando intenté resistirme, tu llamada se hizo aún más fuerte.

Cuando las doncellas de Jerusalén  me preguntaron <¿qué tiene de especial tu Amado que no puedes apartarte de Él ni aún en las frías madrugadas, ni aún a pesar de lo que has sufrido por ir tras su corazón?> Yo las mire, y sonreí —aún doliéndome mis recientes heridas—, y les dije: oh, doncellas, ustedes desconocen lo que mi Amado y yo hemos vivido en el secreto de la noche. He probado su fragancia de incienso, canela y mirra, y de todo tipo de especias aromáticas. ¡Eso no se olvida jamás!

Mi amado ha derramado sobre mí el aceite más puro, y ha hecho resplandecer mi rostro. Ha destilado su amor en forma de gotas de sangre solo para que yo pudiera sentirme otra vez amada, y a salvo. Sí, he sido herida. Sí, he sido golpeada. Sí, he sido mancillada por ir tras su corazón. Pero el recuerdo de la fragancia de su presencia lo ha impregnado todo en mí, aún mis temores y mis malas vivencias.

El sufrimiento que experimento cuando no estoy con Él, cuando no le siento cerca, es peor tormento que cualquier herida que me pudiese infringir el hombre. ¿Acaso no lo entendéis? ¿No habéis sentido algo así jamás…? Mi temor a perderle es mayor que mi temor a la violenta persecución de los que me odian.  Mi recompensa es ser bañada en el aceite fresco de su presencia, y oler tanto a Él, que mis aromas se escondan detrás del efecto omnipresente de su fragancia. Y ahí, mi gozo será completo. Ahí, mi corazón herido encontrará su tierno reposo, y los efectos reconfortantes de su perfecta sanidad.

Por eso, doncellas, amigas, dejen que continúe mi camino, dejen que siga las huellas de mi Amado, dejen que me adentre en las cámaras secretas de mi Rey, y dejen que Él y yo volvamos a recrear Edén, donde empezó todo, donde nuestro amor fue perfecto y sublime. Déjenme habitar en el secreto de la noche, porque ese es el lugar —el ambiente de eternidad— al cual pertenezco.

Lihem ben Sayel…

[Inspired by “Song of songs”, chapter 5.]

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CONFESIONES :o, PROSA

LOVESONG [1]: Enferma de amor.

Ven a mí, Amado mío, ven a encontrarme en el huerto de tus delicias. Ven tras el incienso y tras la mirra; tras los poemas escondidos en las flores de los verdes campos. He prometido seguirte hasta el final, en medio de los secos desiertos, y en medio de los valles pacíficos. Te seguiré, oh mi Amado, por el camino de los ríos formados por el monte Hermón. Te seguiré más allá de las altas montañas, en las cuales me escondo para encontrarme contigo.

Ven a mí, Amado mío, porque he dejado todo atrás para encontrarme contigo. He vendido todo cuanto tenía, me he deshecho de mis ganancias. Todo por cuanto trabajé, lo he puesto a tus pies, pues no es nada si lo comparo con la sublime experiencia de contemplar la hermosura de tu rostro, contemplarte de cerca.

Deja que me recueste, oh mi Amado, en tu regazo. Mi sueño es estar tan cerca de ti, que pueda oír los latidos de tu corazón. Déjame jugar con los mechones de tu cabello, y sentir en mi frente tu beso, y en mis mejillas la calidez de tu aliento mientras me hablas de los secretos de tu corazón, de los pensamientos de tu mente.

Soy impaciente; aquiétame. Soy impulsiva; contágiame con tu mansedumbre. Que tu bondad infinita se funda en mi interior y consuma mi maldad. Que tu sonrisa borre todas las heridas que me endurecieron y me desviaron de la senda de tu justicia. Que  el ardiente deseo que siento por abrazarte y ser una contigo jamás desaparezca, ni se disimule, ni se difumine con el paso del tiempo. Haré del tiempo mi aliado, pero no pienso soltarte. Me he aferrado tanto a ti, que si intentaras desprenderte de mí, me llevarías contigo.

Esta pasión me consume, ¡me consume tanto…! Mis huesos arden, mi piel te extraña, mi corazón late con fuerza cuando pronuncio tu nombre. Mis ojos lloran cuando te alejas. Mis manos, inquietas, se desesperan por tocarte, por alcanzarte, por aferrarse a tus pies y seguir tus huellas más allá del reino visible. Más allá de lo que mis mortales ojos alcanzan a contemplar con su incrédula esperanza.

¿Qué sombras son éstas que me persiguen…? Son siluetas del pasado las que quieren separarnos. En el momento en que te vi, me abalancé sobre ti y ellas desaparecieron. Su poder dejó de ser inminente y se redujo a cenizas. Siempre estuviste allí. Me abrazaste, lo sé. Tu consuelo fue el bálsamo que me impulsó a seguir. Siempre estuviste allí.

Agita mi interior y remueve los escombros. Repara las ruinas y reconstruye los cimientos. No me compares, Amado mío, no me compares con tus otros amores. Ni dejes que yo me compare con ellos. Vivamos nuestra propia historia. Si la muerte nos unió, no nos separará nada, ni siquiera la vida.

Lihem ben Sayel…

[Inspired by “Song of songs”, chapter 4.] 

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PROSA

Carta 9: el [profundo] cambio repentino.

A veces uno está muy quieto, muy solemne; tan en paz, que pareciera que está cerca la muerte. Pareciera que nada tiene demasiada importancia como para romper la armonía. O si nada fuese tan relevante como para llegar al punto de querer marcar distancias y esquivar besos, o aún peor, miradas.

A veces, uno está embriagado por algún tipo de sensación de satisfacción y cumplimiento, muy a pesar de que no se hayan alcanzado aún las metas. Piensas que, a fin de cuentas, no era tan importante llegar, como disfrutar de los días que te estaban llevando hacia allí. El camino. El recorrido. Todo eso.

A veces te preguntas quién eres, pero no porque lo hayas olvidado, sino simplemente porque eres alguien nuevo, y no sabes exactamente cómo fue que ocurrió, cómo fue que se desataron las cadenas y soltaste las alas, sin temor, sin complejos, para volar hacia un nuevo horizonte lleno de aventuras por vivir.

No quiero saber si es real, porque sé que lo es. Tampoco quiero indagar mucho —no vaya a ser que se termine el encantamiento. Así que solo daré las gracias, porque este cambio, sea lo que sea a lo que se deba, no solo me hace más feliz a mí, sino que también alcanza a lo que más amo. Y a lo que no tanto.

—Lihem Ben Sayel.