[Luz]

«Jamás permitas que la oscuridad de otros 

apague la luz que hay dentro de ti…»

–Lihem Ben Sayel

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TÚ, SONRÍE.

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No todo saldrá siempre como tú quieres. A veces, tus expectativas no serán satisfechas. De vez en cuando, notarás que el dolor es intenso. La melancolía ganará terreno. [¿Será cierto aquello de que los tiempos pasados fueron mejores?] La gente cambia. Tú cambias. Todo cambia. 

Sin embargo…

El sol sale todos los días. Las estrellas iluminan las noches. Las flores silvestres siguen creciendo junto al camino. Los pajarillos no detienen su alegre canción. El arcoíris corona las nubes allá a lo lejos. Tu corazón aún late, como música de fondo. La brisa aún revuelve tus cabellos. La lluvia sigue cayendo, cayendo, cayendo…

La vida continúa. 

Así que, entonces, ¿qué más da…?
TÚ, SONRÍE.

🙂

DEDICADO A ESA AMIGA QUE ME AMA AÚN CONOCIENDO LAS PEORES VERSIONES DE MÍ

todos

“El amor cubrirá todas las faltas.”

-Rey Salomón

REIVINDIQUEMOS EL AMOR

(No dejes de ver este video, créeme, cambiará tu visión)

Hemos aprendido a caminar con la mirada clavada en nuestros teléfonos:

reaprendamos a clavar la mirada en la maravillosa gente que nos rodea.

Hemos aprendido a aislarnos con los auriculares oyendo la música que nos gusta:

compartamos la música que amamos con los demás.

Hemos aprendido a enviar imágenes con mensajes de cumpleaños, amor y amistad prediseñados:

tomémonos el tiempo de escribir una carta de nuestro puño y letra.

Hemos aprendido a marcar en una agenda todo con antelación:

programemos estar desprogramados y dedicarle tiempo a la aventura, a lo espontáneo, a sorprender.

Hemos aprendido a almacenar riquezas, logros y ambiciones en nuestro corazón:

empecemos a derrochar cariño, sonrisas, palabras amables y abrazos.

Hemos aprendido a mostrar el cariño (sincero o no) de forma virtual:

determinémonos a tocarnos, mirarnos, hablarnos, susurrarnos, acariciarnos, abrazarnos, a no mentirnos, a ser genuinos.

Hemos aprendido a vivir y hacer todo en torno a nuestro bienestar:

dejemos de alimentar el egoísmo y alimentemos los sueños, las relaciones, el espíritu y el alma.

Hemos aprendido a sustituir los sentimientos verdaderos por la desconfianza, el temor, la apatía, la indiferencia:

escojamos confiar, escojamos creer.

Hemos aprendido a aceptar las cosas tal como se nos presentan:

aceptemos que no existen límites si realmente hay algo por lo que creemos que vale la pena luchar.

Hemos aprendido a pasar al lado del que está quebrado, del que está herido y olvidado, sin siquiera inmutarnos frente a su sufrimiento:

detengámonos y miremos la necesidad del prójimo.

Hemos vivido hasta hoy como veloces inconscientes de lo hermoso que es ser humanos:

reivindiquemos el verdadero sentido de la vida, reivindiquemos el amor.

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lihembensayel

BELLEZA EN LA ADVERSIDAD

Abre los ojos, ábrelos bien.

Aún en medio de las adversidades es posible aprender.

Aprendemos, por ejemplo, a valorar lo importante; lo que es una siembra en la eternidad.

Aprendemos también a desechar todo aquello que no nos permite avanzar.

Aprendemos a identificar las bondades del cielo, y nace entonces en el corazón un deseo por compartirlas con los demás.

Aprendemos a morir al pasado turbio para volver a nacer llenos de esperanza, de alegría y de luz.

Aprendemos que si hemos caído, también podemos levantarnos y ser mejores que ayer.

Aprendemos que somos luz en la oscuridad de un mundo que necesita personas que piensen en los demás, y no tan solo en ellos mismos.

Aprendemos que nunca es tarde para tomar las decisiones correctas, aquellas que nos hacen sentir que no estamos llenos de egoísmo y vacíos de piedad.

Aprendemos que aunque haya gente que nos falle, eso jamás será excusa para dejar de confiar: siempre habrá alguien especial.

Aprendemos también que nosotros mismos hemos fallado a los demás… y también hemos necesitado una segunda oportunidad.

Abre los ojos; ábrelos bien… también podemos hallar tesoros en medio de la adversidad.

 

LIHEMBENSAYEL

ELLA SE LLAMA…

Ella se desliza con la suavidad de un viento en calma, que susurra en las conciencias. Pero también tiene la habilidad de la determinación, de la fuerza y de la virtud. Es capaz de hacerte sentir rey siendo tú un peón, o de convertirte en un despojo de miserias sin moral, cuando no la tienes. Porque no acepta comportamientos diluidos, ni se cuestiona, ni duda cuando sabe que debe actuar, cuando es su momento de aparecer, firme, convencida de lo que es correcto. Viste de blanco impoluto, y si te fijas en sus ojos, son cristalinos y no dan la impresión de ocultar nada. Cuando hablas con ella, siempre hallarás sinceridad. Se han visto pasar imitaciones burdas y desconsideradas de ella, que intentan imitar -sin resultado efectivo- su aguerrido valor. Pero finalmente siempre llegará el momento en que queden en nefasta evidencia -con la consecuente decepción. Sin embargo, aquellas imitaciones también han tenido el poder de engañar a quienes no la saben reconocer, o simplemente ignoran la suspicacia de algunos para fingir. Fingir. Que es precisamente lo que ella jamás hará. Ni retrocederá. Aún a costa de lo que sea. Porque la verdad es su estandarte, y lo lleva en alto. Sí, aún a costa del desprecio, o incluso la muerte. Justos han muerto por ella. Necios han vencido sin ella. Pero se ha establecido un dictamen: quienes la llevan como sello en sus frentes caminarán siempre con la cabeza erguida, con las manos limpias, con el espíritu libre y el corazón puro. Sin afrenta, sin repudio. Quienes la apartan de sus caminos, se hallarán -tarde o temprano- con la triste e inevitable sombra de su ausencia, y comerán de los frutos amargos de no tenerla. No te precipites a establecer prejuicios acerca de quién parece poseerla, y de quién la transgrede. No seas insensato. Ella jamás lo haría. Si dices ser su amigo, se notará en el momento justo, a veces sin testigos, a veces detrás del telón. Porque en la soledad es tal vez cuando más se nota su presencia, y frente al público es quizás donde es menos fácil reconocerla. No siempre te beneficiará en este mundo, pero sin duda te llevará al cielo. Porque ella es sublime, y es entera. Ella… se llama integridad.

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MOMENTUM

¿Por qué aferrarnos a vivir en una pecera…

si tenemos el océano?

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