Certeza

Sé muy poco de la vida, pero el día a día no me abruma. Tengo el corazón dividido entre pasado y futuro, mientras mi presente abarca un tiempo de abismo de silencio. Elaboro mis propias hazañas, aunque no siempre con tintes de épica. Mi naturaleza me arrastra, agresiva, hacia un lugar al cual no quiero volver. Mis secretos consisten en anhelos profundos que no han visto aún la luz. Creo, de hecho, que por eso les llaman secretos. En medio de las tormentas —nunca escasas, nunca previsibles—, una certeza se clava en mi alma, como un puñal de marfil: tu amor por mí. Y yo surcaría los bravos océanos de la desesperanza solo por alcanzarte con la yema de mis dedos, estirando al máximo mis posibilidades, mis torpes habilidades, mi pasión. Porque te has convertido en todo, más allá de todo; y por encima de lo razonable, lucharé por ti.

—Lihem Ben Sayel
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[RESUCITARÁ]

Eres como un ramillete
de canciones secas
desgastadas
de lo mucho que se han entonado
en los parajes distantes
de recuerdos absurdos,
fugaces;
letales.
Nube arrancada del cielo con
silencios que rompen ocasos.
Nada resurge. Nadie respira.
Contémplalo todo una vez más.
Y en medio de la muerte
habrá poesía extinta.
En lo oscuro, la luz,
resucitará.

 

—Lihem Ben Sayel

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[PLUMA Y ESPADA]

Él está sufriendo, escondido en una especie de pozo, donde la luz ligeramente llega. Se conforma con el soplo liviano, —de una brisa— que recorre caminos antiguos, intransitables. Compuestos sólo de pura memoria. Sus manos se agitan hasta el infinito, mientras en su interior, se le consumen las fuerzas. Le gustaría arroparse con la calidez de un beso, pero eligió estar lejos de las sensaciones que exijan cualquier tipo de intercambio de emociones. Repasa con cuidado —con sumo cuidado— los cuadernos de su vida: sus logros, su legado. Ni siquiera esboza una sonrisa, porque las fuerzas, hoy, le están fallando. Pero su corazón se ha acelerado elegantemente, haciendo que un temblor extraño le recorra el cuerpo. Dice que no tiene miedo, que sólo aguarda a un final feliz. Pero él es un caballero revestido de una armadura resplandeciente: es honor. Y no se arrodillará ni aún ante la muerte. Él sabe que hoy he levantado una plegaria. Quizás la desprecia. Sin embargo, ha sido una plegaria intensa y pura. Solo espero que surta efecto, y que el cielo deje caer de sí, sobre él, esas gotas de vida que le devolverían los sueños de antaño. La soledad se ha vuelto su refugio, y el silencio sirve de fiel atalaya en su exilio particular. Pero él también sabe que estoy allí, detrás del velo, donde los pensamientos se unen con los sentimientos. Él se está muriendo, y me lo dice así… Como si a mí no me importara. Como si fuese a dejarlo morir. Pero en mi locura gritaré aún más alto, hasta que mis palabras rompan su silencio, y le exijan, con delicado tacto, volver hacia mí la mirada. “¿Acaso es así como quieres que termine? ¿Era así como lo habías imaginado…?” Toma papel y lápiz. Pluma y espada. Y haz lo que te dicte el corazón.

—Lihem Ben Sayel…

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[SIN GRIETAS]

¿Es posible una vida sin secretos…? ¿Es posible una vida clara, transparente, como el agua cristalina del más puro de los arroyos de las altas montañas? ¿Es posible un sueño fugaz, donde no haya que esconderse? Donde la brisa repase nuestra alma y la atraviese de verdades. Integridad. Un suspiro no se parece a otro. Mi vida transcurre entre decisiones y decisiones, entre la lucha encarnizada de mis deseos. Mas, mi espíritu, anhela el bien. La bondad de un silbo apacible, que apacigüe una maldad ya por todos conocida. Hay quienes aman el desorden y el caos. Yo también estuve allí, pero no fue allí donde encontré el amor. Cuando Él me halló, mis ojos eran como cristales, frágiles de tanto dolor. Hoy, el dolor es diferente. Simplemente no lo inunda todo. ¿Es posible una vida sin grietas, donde la pureza sea un emblema más allá de lo que dictan estas corrientes de pensamiento tan absurdas, negadas y réprobas?
[Yo ya he estado allí.]
Prefiero las cuerdas de amor. La esclavitud voluntaria, que me liberta. El beso único que me ata a la vida. El susurro de una voz que no me quiera retener en lúgubres prisiones . La paz.
Y soy mujer de guerra… pero mis batallas ya son otras. La oscuridad no me domina, porque hay una Luz poderosa que me posee. Ese es Él, en toda su gloria y esplendor. Y no necesito nada más. Ni mis espacios vacíos podrían llenarse con otra sustancia menos noble. Porque todo, en comparación al Amor, es menos noble.
¿Es posible una vida más allá de las muertes a las que nos invitan a diario? Mi respuesta es sí.
Y así, soy feliz.
Lihem Ben Sayel…

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ENCUENTROS CON LA SOLEDAD

La soledad engulle esperanzas, aplasta certezas, escupe temores. Pero también te revela secretos, te susurra sabiduría —que no hallarás en el tumulto. Silencia ruidos fútiles, y te presenta panoramas distintos a los que estás acostumbrado a apreciar. Te ayuda a pensar por ti mismo, aplacando las opiniones repetitivas de los sabiondos de turno. Te empuja a ir contra lo establecido, lo que destroza la creatividad, lo que mata los sueños. Te introduce a otros de sus simpatizantes: gente con la que puedes hablar, a veces, incluso, sin mediar palabra alguna. Porque los que se encariñan con esta clase de soledad, salen edificados de sus encuentros con ella. La soledad, amigo, se presenta ante ti como un espejo iluminado en el que puedes vislumbrar detalles acerca de ti mismo en los que no habías reparado antes. Aprendes a conocerte en soledad. Aprendes a callar. Aprendes a escuchar. Talvez nos hagan falta más encuentros con la soledad para descubrir, por fin, quiénes somos; y hacia dónde vamos.

—Lihem Ben Sayel

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UN VIAJE HERMOSO

 

La vida es un viaje hermoso, cargado de experiencias inimaginables. Un sendero a alguna parte entre los sueños, las desilusiones y las delicadas sombras de un pasado que nos persigue al ritmo de un corredor de resistencia. Encontramos cartas de nuestra infancia, imágenes de letras en nuestro corazón, tatuadas en verso, prosa o historias fascinantes y envolventes, que nos arrancan una sonrisa inesperada, e incluso, a veces, una lágrima de añoranza y melancolía. La poesía está en nuestros labios, como un beso perpetuo pero encadenado a un dolor profundo, porque, esta vez, el ser amado se ha marchado antes de tiempo. Las emociones se disparan a raudales, y escogen diversos caminos de agua hacia rumbos inciertos. Y, luego, tomamos decisiones. Buscamos la paz, sin un límite, sin una restricción, sin una sentencia prohibitiva que divida nuestros sentidos entre lo que queremos, y entre lo que nos dicen que debemos querer. Un espacio vacío entre consciencia y peldaño, entre juego y rotundidad, entre cristales rotos y amargura, entre la luna y el té de manzana, entre el libro y la piedrecilla dorada. Y podríamos hablar durante horas [e incluso eternidades] acerca de las veces que se escondió el sol, y creíamos que no amanecería, pero de pronto sus rayos se deslizaron por el alféizar de nuestra ventana, y el llanto se tornó en una carcajada burlesca y reprensiva, porque sentíamos que nada ni nadie tenía el derecho a hacernos sentir como si el mundo se hubiese acabado. Y bailábamos hasta el amanecer, como poseídos por una sed de vida plausible y audaz, y se nos quitaban las ganas de morir ahogados en las penas y en las azules desdichas. El olor de tu pensamiento impregna el invierno de un aroma distinto, mientras esperas que el bus [o el taxi] pare a tu primera llamada. Tú, en esa ciudad tan grande. Yo, sintiéndome invisible frente a mis propios anhelos. Donde quiera que busques, puede que encuentres un papel amarillento, ya roto en las esquinas, que contengan mis líneas, escritas con mi puño y letra.

Y la nostalgia se reirá de nosotros, porque el tiempo ha pasado.

Tan rápido.

Pero seguiré aquí, de alguna forma tangible o abstracta, según se preste la ocasión. Y volveremos a caminar frente a la playa, charlando y dejando vagar los sentimientos de una ingenuidad que ahora es memoria.

Porque, amigo, la vida es un viaje hermoso, y al final del mismo, nos encontraremos, algún día.

—Lihem Ben Sayel.

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10 cosas sobre mí [y una más]

Me fascina la historia de Hadassa (la reina Ester). Deberías leerla Canallathor, te gustaría. Está en la Biblia, con el mismo nombre. De eso va este video 😉

 


Estoy casada desde hace 7 años con mi mejor amigo, un hombre maravillosamente imperfecto que me comprende, me anima y me cuida muchísimo. Tengo un hermoso bebé de 9 meses. Soy una eterna adolescente. Descubrí la fuente de la juventud y sólo les dejé un poquito 😀 Soy despistada y nada práctica. Se me da fatal aparcar, aunque tenga un campo de fútbol. Puedo ser muy. muy payasa en privado.


En mi vida, voy a contracorriente. Para mí no existen las imposiciones. Me gusta elegir, sobre todo en cuestiones en las que los demás lo dan todo por sentado. Por ejemplo, elegí llegar virgen al matrimonio con 25 años. Sí, virgen. 😉 Elegí ser abstemia, no fumar, ni nada por el estilo. Elijo, también, pagar al mal con el bien. Elijo amar, perdonar y servir a las personas. Elijo no expresarme con un vocabulario soez. Elijo la pureza en un mundo mayormente corrompido por la perversidad. Elijo la paz.


Como algunos ya sabrán, creo en Dios. Me encanta la persona de Jesús. Por ende, amo leer la Biblia, sobre todo los evangelios, donde procuro conocer más de su increíble personalidad y cómo trataba a las personas, y la forma en que manejaba las situaciones más adversas. Es mi héroe. Procuro imitarle, aunque fallo en demasiados intentos. No me avergüenzo de mi fe, ni de los principios que promulgo: amor, bondad, humildad, honestidad, integridad, pureza, dominio propio, etcétera.


Soy polifacética. Toco la batería (con tacones, cabe recalcar), bailo hip-hop y varios estilos contemporáneos (he hecho varias coreografías). También, dados mis orígenes palestinos, tengo en las venas el ritmo de la darbuka, y desde niña hago la danza del vientre. Se me da bien cantar (me dicen), pero me aburre demasiado. Escribo poesía desde mis recuerdos más tempranos. Siempre estoy escribiendo todo tipo de cosas. Pero soy poeta, sin duda. Aunque amo la prosa, también. Me gustan los deportes, sobre todo fútbol y baloncesto. Me encanta practicar boxeo. Hice el acceso al Ejército, pero no llegué a entrar. Sería un buen general en el campo de batalla.


Soy una amante de la belleza, la elegancia y la sofisticación en todo: en el caminar, en el escribir, en el hablar. No me gusta lo explícito. Prefiero lo sutil, como los velos de las mujeres de oriente, que invitan a imaginar su rostro. Amo la delicadeza, el tacto, la prudencia, y admiro mucho la inteligencia y la sabiduría. Hay una gran diferencia entre ambas, y suelo distinguirla.


No tolero la manipulación. Ni las dobleces. No soy pendenciera, más bien, analítica en exceso. Y eso me permite evaluar personas y situaciones, y tomar certeras decisiones en cuanto a ellas. Muchas veces me equivoco en mis juicios, y sufro mucho con la deslealtad y la indiscreción [cuando he vertido en alguien mi confianza, que para mí es sagrada]. Soy muy reservada con mi intimidad. Tímida, se podría decir. Me encanta sonreír, dar abrazos y escribir cartas.


Amo la música. Pero mentiría si digo que amo todos los estilos musicales. Me deleito en la música clásica, porque a veces las palabras estropean lo etéreo de mis sentimientos. Por ejemplo, detesto ese incordio, el reggaeton [he tenido que mirar en Google para ver bien cómo se escribe]. Me encanta la ópera y las bandas sonoras. Algunos pensarán mal de mí por esto, pero, comprendan, soy músico, y el reggaeton usa una base electrónica repetitiva en lugar de la batería. Tengo mis razones. [Por no hablar de sus maravillosas letras. El modo irónico es evidente.]


Soy una mujer de este siglo, pero con el alma en otras épocas. Todavía creo en el honor, por ejemplo. No sigo las modas. Nadie me dice cómo he de vestirme. Eso de vestir como todo el mundo, no va conmigo. Marco mi estilo y mis pautas. Me gusta ser exótica. Tengo el alma exótica.


Tengo una mezcla que amo: soy de origen ecuatoriano, palestino e italiano. Y, además, profeso un gran amor por la cultura judía, por Israel. Una gran contradicción en mi vida, tomando en cuenta que mi abuelo peleó contra Israel en la guerra, allá en el 1947. Pero, como ya he dicho, prefiero la paz a la guerra.


Soy una bibliófila empedernida. Mi sueño es tener una enorme biblioteca personal en mi casa. La estoy construyendo poco a poco. Así que no duden que el regalo perfecto para mí siempre será un buen libro. Ojo, nada comercial. Nada que salga anunciado en todas las librerías. Esos libros no suelen gustarme.


Transgresora de lo impuesto, escribo la número 11. Soy amante de la luna, y mi pieza más representativa es Moonlight, de Debussy. Hablo un poco de árabe. Mis mejores amigas suelen sobrepasarme mucho en edad. Me aburro un poco con las de mi misma edad. Soy romántica, apasionada y a veces visceral. Una mujer del desierto.


Siempre vuestra,

Lihem Ben Sayel…

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*Gracias a Canallathor por hacerme partícipe de esta dinámica.

CAPÍTULO 5 •HBUCDL• EL JURAMENTO

• Me gusta ambientar las entradas con música. Para disfrutarlo mejor, reproduce la canción. • ···HISTORIAS BAJO UN CLARO DE LUNA··· 5 ··· EL JURAMENTO ··· Theron Evoryan-Grienne era un nombre muy evocador para un guerrero; demasiado romántico y señorial para alguien que habría manchado su espada con sangre en batallas que, yo qué sabré, […]

a través de CAPÍTULO 5 ·HBUCDL· EL JURAMENTO — Historias bajo un claro de luna

«HASTA QUE EL TIEMPO DEJE DE EXISTIR»

Tantas personas en el mundo, tanto por hacer… Y estar a tu lado sigue siendo mi acción favorita del día. Me llenas, porque sólo tú tienes todo lo que yo necesito. Me comprendes como nadie más en este mundo tiene facultad para hacerlo. Cuando pienso que es el fin de mi vida, de la historia que se creó para mí, tú añades un espacio, y continúas con un renglón nuevo. No tienes memoria de mi maldad, a pesar de que en más de una vez te he traicionado. Pero me aferro a ti, aún a sabiendas que no soy la persona perfecta que me gustaría ser para ti, a fin de que no halles en mí motivo alguno para quejarte. De todos modos, sé que no esperas una persona perfecta, sino un corazón imperfecto que tenga la suficiente humildad para reconocer que no puede solo, que te necesita, tanto en los buenos como en los malos momentos. Los hilos de nuestra aventura ya llevan entretejiéndose muchos años, pero cada día descubro algo nuevo de ti, que no conocía, o  que se había quedado en el olvido. Jamás me prometiste que no habría tristeza. Jamás me dijiste que no habría lágrimas. Jamás me mentiste al respecto. Y a pesar del dolor, yo nunca he contemplado un camino fuera de ti, porque tu amor me tiene atada con cuerdas delicadas y amables. Mi sueño sería charlar contigo, distendidamente, sabiendo que jamás te avergonzaste de mí, ni de mi forma de ser. Más bien te deleitabas, viendo cómo me esforzaba en vivir como aquel ser único que habías recreado en tus pensamientos, con sus altos y bajos. A veces pienso que me pides cosas difíciles, porque son cosas que me harían ir más allá del concepto de amor condicional que puebla mi mente. En ocasiones lo logro; otras muchas, no. Pero lo sigo intentando, porque eres la única persona a quien realmente quiero imitar, y seguir. Estás más allá de todo concepto preconcebido, de todo dogma y teología. Eres un ser completo, complejo, y aún así, cercano. Poderoso. Soberano. Quisiera abrazarte hasta que el tiempo dejara de existir. Sentir tu aroma y el perfume de tu ropa. Sentir que, al abrazarte, mis enemigos sabrían que me protegerás de todo intento por destruirme. Tú me haces mejor persona. Me animas a dejar de mirarme a mí misma y mis problemas. Me animas a mirar más allá de los campos de trigo, donde está la verdadera necesidad de este mundo: el amor. Y me dices “ve, y dales de lo que yo te he dado”. Tu sonrisa me hace creer que, aunque encuentre resistencia y rechazo, estaré haciendo lo correcto, lo que esperas de mí, que de alguna forma no saldré perdiendo, aunque ellos me quieran hacer pensar que sí. Y me alejo de ti, corriendo, como un niño que sabe que al volver obtendrá la más dulce de las recompensas. Y mi gran consuelo, es saber que un día volveré a verte. Entonces, todas estas cosas, no serán más que recuerdos de una era lejana, donde estaba separada de ti.

—Lihem Ben Sayel…

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INSTANTES

 

No viviré más vidas que una.

[Los tropiezos. El amor desenfadado. Las tazas de café. Voces.]

Tampoco tendré más tiempo que el presente.

[Arrepentimiento. Bondad. Calidez. Afecto.]

No estoy segura de haber aprovechado todo mi tiempo.

[Apatía. Desconcierto. Culpa. Ignorancia.]

Pero, vaya que he vivido…

[Libros. Poesía. Música. Baile. Cuadernos en blanco. Cartas.]

[Soledad. Temor. Daño. Renuncia.]

[Besos. Lágrimas. Plegarias.]

[Guerra. Paz.]

[Abrazos.]

[Silencios…]

Sólo entiendo que la eternidad es un campo en donde brotarán las semillas que hayamos sembrado. Porque no viviré más vidas que una. Porque no tendré otro instante como este.

 

—Lihem Ben Sayel…
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Otro instante como este…