Treasure (II)

libro-y-flor«No sé si la amistad se busca. Más bien, pienso que se encuentra; así como quien camina divagando por el sendero de siempre, y de pronto halla, —escondida detrás de las frívolas miradas—, una florecilla junto al camino. La recoge, la admira, percibe su delicada fragancia; y desde entonces la lleva para siempre en medio de algún libro que ama.»

Lihem Ben Sayel.

Treasure (I)

«Y lo que más valoro de la amistad, sigue siendo esa sinceridad. La lealtad en los momentos oscuros. El perdón cuando se haGold-coins-treasure-stacks fallado. El abrazo que nadie nota que hace falta. Cumplir las promesas que se hicieron en los tiempos de bonanza. Pero aprendes, con el paso de los días, que la amistad es tan imperfecta como esquiva. Tan sublime como dolorosa; cuando llega el abandono y la indiferencia.»
Lihem Ben Sayel.

Mi única tristeza.

umbrella_grass_field_wind_bad_weather_60615_3840x2160Me dijiste que estarías siempre “para mí”. Me pregunto, entonces, ¿dónde estás ahora ¿Aquello era mentira? ¿Era sólo una broma? Y en estos momentos, cuando más te necesito, pareces menos que un recuerdo. Eres sólo una diluida sombra. Estoy llena de alegrías, desbordantes, inefables. Pero tú, eres mi única tristeza. Qué pena que siempre terminemos así, como si no existiéramos. Como si nunca nos hubiésemos conocido. Y mira que he madurado… Que ahora lo veo todo en perspectiva. Que tomo lo bueno, y desecho lo malo. Pero no me lo pones fácil. Porque gracias a ti, volví a creer en las amistades que duran “para siempre”. Sin embargo, esta [nueva] experiencia, me ha enseñado a no aferrarme tanto. Me dijiste, —me prometiste—, que estarías siempre para mí. Y mira que te había creído, como a nadie. Como a nadie.
—.

Bajo un claro de luna.

I

Piedra pequeña lanzada al río. Noche de estrellas. Corazón bañado en rocío. Nube que danza surcando los cielos. Florecilla delicada en un paraje de ensueño. Voz que susurra una buena noticia. Brazos que abrazan, diciendo “te quiero”. Lluvia ligera que acaricia los cuerpos. Rayos de sol que atraviesan los miedos. Olas que arrastran con ellas lo viejo. Manos que sujetan durante todo el trayecto. Puentes que unen corazones sinceros. Música del alba, poemas eternos. 

II

Princesa, que danzas bajo un claro de luna.

Que al abrigo de la noche te sientes segura.

Jamás olvides aquellas manos que te sanaron,

de tus heridas;

de tu pasado.

Sigue danzando, que la noche

aún no acaba.

La luna, brilla.

Las estrellas, pasan.

El frío reposa sobre tus mejillas rosadas.

Sigue danzando,

que la noche te abraza.

III

Si mi silencio te molesta, no me acalles con más silencio. Acércame a ti, como atrae el cazador a su presa. ¿No entendiste aún, que mi corazón se inquieta? Cierra las dudas. Abre tu consciencia. No encadenes nuestro destino a los errores del pasado. ¿Podemos empezar de nuevo? ¿Podremos vivir abrazados?

Lihem Ben Sayel.

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[Entrañable]

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LETTER #2

Es imposible que la sonrisa de mi rostro, y el brillo de mi semblante, no delaten mi profunda felicidad. ¿Quince semanas ya…? Wow… pues sí que pasa el tiempo. El otro día, sin más, sentí un ligero atisbo de tristeza sólo imaginándome que llegará el momento en el que tendrás que abandonar tu actual morada, para ocupar otro tipo de espacios. Parece ridículo, ¿verdad? Pero es que es tan hermoso todo esto que estoy sintiendo, que difícilmente encontraré en el resto de mis días sensación de felicidad más sublime, que el hecho de saber que [literalmente] hay vida creciendo dentro de mí.

Y no hay duda de que las cosas que más anhelamos, y que luego llegan —tras una larga espera—, son las que más valoramos. Se convierten en tesoros. Luchamos por ellas. Damos todo por ellas. Entregamos todo por ellas. Nos rendimos. Sucumbimos ante la grandeza de su belleza inigualable, que se dejó tocar por nuestras manos, por gracia y favor.

Bebé, saldrás de mis entrañas, pero siempre pertenecerás a ellas. Porque entrañable será para siempre mi pasión por ti. No puedo decirte “quédate”. Pero cuando, con el pasar de los años, te tranquilices sólo recostándote en mi regazo, sabré que en ese instante, la vida nos habrá dado la oportunidad de volver a ser uno, tú y yo, otra vez.

—Lihem Ben Sayel.

 

[Por un momento más.]

“Todas mis posesiones por un momento más de tiempo.”

—Isabel I (justo antes de morir)

(1533-1603)

 

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Un poema imperfecto.

Era un espejismo de las sombras. Un mal recuerdo de algún genio frustrado, varado junto al camino de las soledades. Era una rosa cortada del tallo de la grandeza, porque no había grandeza alguna en su existencia. Era el sueño iluso de un soñador olvidado, en la esquina de una calle desolada por el frío, y las hojas de otoño que decoraban débilmente el pavimento, bajo la noche sin luna. Era un secreto que no se compartiría jamás, por más ganas que tuviera. Era un poema imperfecto, arrugado y roto. Arrancado de un poemario cargado de tristezas y anhelos incumplidos, que ahora perecía en el fondo de una papelera. Era un canto desentonado, cuando el trovador aún lloraba por haber perdido aquello que tanto llegó a amar. Así era su corazón. Una pequeña florecilla marchita, que al amanecer, luchaba por sobrevivir bajo el sol inmisericorde. Pero que siempre, al atardecer, moría. Siempre moría.

—Lihem.