Dulce diciembre.

No tenía previsto escribir este post. Y tampoco es que tenga nada nuevo para contar. Pero,aaeaaqaaaaaaaas4aaaajdgzztk5mjy0ltiwytetndk0zc05zdi5lwm5zdzkzgy3ota5yg como a muchísimas personas alrededor del planeta, este mes me produce emociones muy profundas, especiales. Trae recuerdos a mi memoria. Añoranza. Este año, diciembre será más hermoso de lo normal, porque es el primero que pasaré junto a mi bebé. Claro, él aún está a gusto en su pequeño nido acuoso, pero él ya está aquí, con nosotros. Diciembre también es un mes peligroso, porque… ¡tantas galletitas y tantas cosas ricas, y yo cuidándome! Eso es, quizás, lo único injusto de este mes.
Por lo demás, disfrutaré cada día del mejor año de mi vida, hasta ahora. Estaré pendiente. Atenta. Sé que Dios me seguirá sorprendiendo. Fíjate, que hasta echaré de menos este año. Me ha marcado mucho. Pero, como dijo cierto amigo bíblico: «me extiendo hacia lo que está adelante».
6943446-tea-sweets-drink-pastry-ribbonEn el anterior post, ya les confesé que ahora sí que me noto más sensible. Vaya, no me quejo. Prefiero estar sensible, antes que irascible. La próxima semana iré a ver (al fin) el Ballet ruso. Invitación de mano de una gran amiga. Cómo decir que no.
Y, para terminar, hoy estuve reflexionando un poco acerca del comportamiento de los seres humanos y de lo cambiantes que somos. Cómo puede cambiar algo de un día para otro. Es por eso que uno debe amar, desprenderse, dar, ser generoso, ser íntegro y honesto… No importa cómo te hayan tratado los demás. No importa si nos han rechazado, si nos han apartado o nos han hecho daño. Los de buen corazón, no deben cambiar porque otros hayan fallado. Si no, ¿dónde terminaremos? El amor cubre multitud de faltas. El bien vence al mal, de una u otra forma. Muchas veces, por los desplantes de la gente, he sido tentada a retraerme y a vivir sólo mi vida. Pero ese no es el camino. No es lo que Jesús me enseña. Él lo dio todo.
Discúlpenme si a partir de ahora escribo más entradas de lo que usualmente suelo escribir, pero, ya me entienden, necesitaré expresarme un poco más este mes. Descargar emociones. Compartir sensaciones.
Gracias a todos por vuestros comentarios, por vuestro cariño, y por todos los buenos deseos para mí y el pequeñín que tantas ganas tengo de sostener en mis brazos.
—Lihem Ben Sayel…

 

Cosas personales, Nov. 2016.

5182x3456-623353Noviembre es un mes hermoso. Y no quisiera que acabase este mes sin escribir algo por aquí. Sigo muy feliz con mi embarazo, y ya pronto cumpliré los 7 meses. Lo cual significa que falta cada vez menos para ver a nuestro pequeñín (¡a quien ya le pudimos ver el rostro gracias a las nuevas tecnologías!). 
Digamos también que ya me he despedido oficialmente de mis actividades. He delegado las que podía delegar. Y en verdad esto me da paz, porque ahora tengo sólo dos meses por delante (que se van muy rápido) para organizar mis asuntos alrededor del niño.
Gracias a Dios, todo va marchando bien. Y, muy al contrario de lo que se pueda pensar, tengo ganas de pasar por el parto. Creo que es una vivencia única, y lo que más me entusiasma es saber que ahí podré sostener a mi bebé por primera vez. Sueño día y noche con ese instante.
Sin duda, lo más hermoso que he experimentado en el embarazo, son esos momentos cuando interactúo con mi bebé. Cuando noto que está despierto, le hago una especie de “redoble” en la barriguita, y él responde una y otra vez a ese estímulo. A veces, ni siquiera hace falta que le haga el redoble: simplemente le digo “bebé”, y él da su patadita, respondiendo a mi voz.
¿Que si voy a echar de menos tenerlo siempre conmigo? Claro que sí. Pero el desafío no está en tener una vida contigo para siempre, sino en prepararlo para que pueda vivir por sí mismo lejos de ti, con los valores y principios que le has inculcado, lleno de amor y de hermosos recuerdos que le acompañarán para siempre.

CURIOSIDADES…

  • Nuestros amigos en la iglesia le apodan “Fueguito”, porque el bebé está on fire.
  • Según las imágenes en 4D, se parece a mí. Yo tengo dudas. Su padre no.
  • Aún estamos pensando el nombre. De todas formas, no queremos decirlo hasta el parto. A ver si lo logramos jeje…
  • Por su comportamiento en mi vientre, creo que tiene una personalidad marcada, pero es amable (no me incomodan sus movimientos), y creo que en términos generales será tranquilo y noble.
  • A punto de cumplir los 7 meses, no tengo una de esas “enormes” barrigas, algo que agradezco. Todos me dicen que a partir de ahora es cuando crece más.
  • Seguiré en la piscina de embarazadas. Y mi mente ahora está en preparar mi casa a fondo, en comer bien y hacer ejercicio.
  • No ha sido un embarazo de antojos, ni de achaques. Achaques cero.
  • El embarazo me ha dado más energía y vitalidad, al contrario de lo que suele ocurrir.
  • Definiría mi embarazo como un “estado permanente de profunda felicidad”.
  • Siempre me había imaginado que tendría a ciertas personas cerca de mí en este momento de mi vida, pero no es como imaginé; Dios me puso a otras personas cerca.
  • Ahora sí que estoy más sensible jaja… Algo que no me pasó en los meses anteriores.
  • No voy a poner fotos de mi bebé en las redes sociales. Sólo si está con nosotros. Pero de él solo no. Hay muchas advertencias al respecto por parte de la Policía y demás organismos.

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Imagen de las 28 semanas.
Lihem ben Sayel…❤

El silencio en su presencia.

Nuestra vida es frenética: vivimos con la frustrante sensación de que nos falta tiempo. Creo que sabes de qué hablo. Una vida sin prisas, hoy en día, se traduce en una vida de lujo (algo que sólo unos pocos afortunados pueden permitirse); o, en último caso, en una vida infructífera. Así que, ¿cuándo hay tiempo para cerrar los ojos, recostar la cabeza, y simplemente callar —con total tranquilidad—?

Si existe un lugar perfecto para guardar silencio, esa es la presencia de Dios. Creo que el rey David no se equivocaba en darnos este amable consejo: «Quédate quieto en la presencia del Señory espera con paciencia a que él actúe.» 

Conozco a mucha gente a la que se le haría prácticamente imposible quedarse quietos: «hay mucho que hacer, debo hacer algo, si estoy quieto no produzco, me desespero, tengo que hablar, tengo que decir algo, me resulta incómodo el silencio…».

Sí. El Silencio nos resulta incómodo cuando estamos con un desconocido en un ascensor —de esos pequeñitos, que te obligan a estar a menos de un metro de distancia—, o también cuando estamos en un viaje largo junto a alguien que no conocemos de nada.

Pero no es así con Dios. Porque, ¿verdad que es distinto cuando estamos con nuestra pareja, o nuestro mejor amigo…? En estos casos, el silencio forma parte de nuestra comunicación relacional.

Si estamos acostumbrados a pasar tiempo con Él, si le conocemos, nos daremos cuenta que esos silencios dicen mucho, en realidad. Son silencios de consuelo, de “ya está, aquí puedes descansar, aquí nadie te exigirá nada…”. Son silencios que provocan paz. Porque estamos con Aquel que nos conoce mejor que nadie, y con quien nuestras barreras protectoras pueden caer sin temor a ser dañados. Pues sabemos que Él nos ama.

El mundo se detiene. El tiempo deja de correr. Y casi hasta podemos imaginarnos sentados junto a Él, recostando nuestra cabeza en su pecho, como pudo hacer Juan, el Amado. Tranquilos. Confiados. En reposo. Porque, a su debido tiempo, sea lo que sea que necesitemos, Él actuará a nuestro favor.

—Lihem Ben Sayel.
Guarda silencio ante el Señor,
    y espera en él con paciencia;
Rey David, Salmos 37:7a

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Mensajes del corazón [#2 Meditaciones y conclusiones.]

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#2 Meditaciones y conclusiones.

—Carácter. (Escrito el 23 de octubre, 2016)

En las personas, no admiro los dones espirituales que poseen. Esos son regalos, obsequios de Dios. Tampoco admiro los talentos, porque esos son habilidades que se pueden desarrollar (con distintas finalidades e intenciones). Pero lo que sí admiro, es el carácter. Porque eso no se recibe en una oración, ni se consigue yendo a un Súper Congreso, ni se obtiene de un día para otro. Tampoco es directamente proporcional al “cargo de liderazgo” que poseas, ni a un título eclesiástico. El carácter se trabaja día a día, decidiendo morir al ego (eso que tantas cosas estropea en el Reino de Dios). Se consigue decidiendo ser mansos y humildes de corazón, como Jesús. A esas, son las personas a las que admiro secretamente, porque me recuerdan a Jesús. Trabajemos más por tener el carácter de Cristo. Y hagamos menos por “hacernos notar.”

—Morir. (Escrito el 11 de agosto, 2016)

Cuando vas madurando, te das cuenta de que ya no necesitas explicarte tanto, ni demostrar permanentemente algo. Agradarás a unos más que a otros. Lo asumes. No te importa. Aceptas las críticas tanto como los elogios, ya que los puedes mantener a ambos al mismo nivel. Y esto es algo que me fascina de Jesús: que tuvo claro desde el principio que “gloria de hombres” no recibiría, porque ésta es, muchas veces, un mero espejismo que pronto se desvanece. Y eso se llama “estar muerto al yo”. Porque te determinas a que haya sólo una pasión que mueva tu vida, y entonces lo demás se hace fácilmente desechable. Y la paz que sientes dentro, sobrepasa todo entendimiento.
«Así es, todo lo demás no vale nada cuando se le compara con el infinito valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a él, he desechado todo lo demás y lo considero basura a fin de ganar a Cristo» (Filipenses 3:8)

—Búsqueda. (Escrito el 4 de junio, 2016)

… Y así llegó el día en el que me cansé de buscar a Dios intensamente sólo en momentos “puntuales” (predicaciones, retiros, dificultades, etc…) Y me pregunté: ¿qué pasaría si empiezo a buscarle cada día con todo mi corazón, como si cada día estuviera desesperada por su presencia? ¿Qué pasaría si sustituyo todo aquello que no me edifica (aunque lo ame) por aquello que me acerca más a Dios? ¿Qué pasaría si renuncio a mis planes y adopto el propósito de Dios en su totalidad? ¿Qué pasaría si en lugar de éxito y reconocimiento, busco impregnarme del carácter de Cristo? Resultado: ¡la mejor época de mi vida cristiana! Te invito a probar.

—Éxito. (Escrito el 30 de mayo, 2016)

Si haces algo “en el nombre de Dios”, hazlo por amor, no por sobresalir. En tus relaciones con los demás, no sólo se trata de “enseñarles” tu punto de vista; ante todo se trata de saber escuchar. ¿Realizar grandes obras, o procurar el carácter de Jesús? Siempre podrás hacer obras sin tener Su carácter. Pero alguien con el carácter de Jesús, obrará conforme al Espíritu. ¿Éxito? Éxito es saber que hiciste la perfecta voluntad de Dios. Que moriste a ti mismo, y a tus deseos egoístas. Y viviste para amar, servir y perdonar como Jesús.

—Lihem Ben Sayel.

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Mensajes del corazón [#1 Madrugadas.]


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#1 Madrugadas.

Esta es una canción que amo mucho.

Me despierto en las madrugadas. A veces porque tengo hambre (!!!). Otras, por los movimientos de mi bebé; entonces, salgo de la habitación y voy a jugar con él. Pero mis momentos favoritos en estas madrugadas (que ya anuncian una nueva etapa para mí), son mis conversaciones con Dios.

Hablamos de todo, créeme. Río con Él, y, muy a menudo, también lloro, experimentando así aquello tan hermoso y profundo a lo que llamamos “quebrantamiento”.

Las cosas espirituales, pueden ser entendidas sólo por aquellos que caminan en el Espíritu. De otra forma, son tan difíciles de explicar y comprender, como cuando mi hermano menor me habla de Física, y pretende que comparta su entusiasmo por una fórmula que no sé ni para qué sirve. (Saludos Tito).

Ahora, estoy enfocada en un hermoso consejo de Jesús:

…«y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;»
‭‭S. Mateo‬ ‭11:29‬ 

Esto me habla de carácter. De la esencia del ser. Estoy fascinada con esta escritura, y ocupa mi mente y mi corazón ahora mismo. Admiro a Jesús en toda su plenitud, y mi deseo mayor e insustituible, es ser como Él.

—Lihem Ben Sayel.

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[Necesitamos más tiempo.]

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LETTER #4

Siento tu fuerza dentro de mí. Pienso,

¿acaso ya quieres salir?

Pero no es tu momento, aún.

Necesitamos más tiempo; tú,

para desarrollarte.

Yo, para no extrañarte.

Para seguir sintiéndote, e intentando adivinar,

si esta vez fue con la manito, o con el pie.

Preguntándome si quieres jugar,

si quieres correr hacia la vida delante de ti.

“Ojalá esto no acabara nunca”,

confieso que esa es mi egoísta petición.

Porque nunca te tendré tan cerca como ahora.

Pero mereces vivir, tal como lo he hecho yo,

cada etapa, cada momento, cada cielo azul.

El sol se levantará para ti, y la luna te arrullará.

Y mi voz será tu caricia más segura.

Por ahora, yo esperaré para escuchar la tuya.

—Lihem Ben Sayel.

22 semanas.

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¿A qué me recuerda el otoño?

¿A qué me recuerda el otoño…?

A la melancolía. Y a la belleza de saber disfrutarla.

A las añoranzas. [Los recuerdos me inundan.]

Cambian de color las hojas de los árboles.

Cambia la música que escuchamos con el alma.

Nos vienen memorias a la mente, de otros tiempos, de otras gentes,

que habitaron antes nuestro corazón.

Y ¿quién sabe? Talvez aún les tengamos reservado un lugar,

por si vuelven. Por si quieren regresar.

¿A qué me recuerda el otoño?

Al Amor, que fluye; y fluye desde fuentes que no se agotan nunca.

A los paseos bajo un clima, al fin, apropiado para mi ser.

Esa brisa. Esa sensación de frío.

Esas gotas que emiten livianas melodías al caer.

¿A qué me recuerda el otoño?

A las galletas y al té.

A las montañas, que sé que están ahí,

pero densas nubes grises las cubren.

[Porque el misterio también es hermoso.]

Me recuerda a los poemas que amo,

y me inspira a escribir nuevos versos profundos.

¿A qué me recuerda el otoño?

A que la vida es un regalo,

un regalo digno de disfrutar…

—Lihem Ben Sayel

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