[Cuántas cosas habrían cambiado.]

Bien afirma Dios que
los cobardes
no podrán heredar su reino.
Pues peor veneno no hay
para el espíritu—,
que una voluntad sometida al miedo.
Tantas cartas sin enviar,
escritas desde un abismo inabarcable.
Y esos poemas con tinta de sangre,
porque duele más cuando nadie los lee.
Una palabra no dicha a tiempo,
en ese momento,
cuando algo aún podía cambiar.
Ese café oportuno, sincero;
esa noche de lluvia,
ese paseo frente al mar.
¡Cuántas cosas habrían cambiado,
de no ser por el miedo a quedar expuesto!
Un corazón desnudo es, sin duda,
el mayor de los peligros,
pero las aventuras más hermosas
surgen de aquellos riesgos;
cuando el amor vence al miedo,
cuando la esperanza anula las angustias,
cuando el orgullo se desvanece
frente a una mirada tierna.
Cuando un abrazo derrite la ira,
y se construyen puentes en la soledad.
Cuando la verdad somete a la mentira,
cuando la dulzura obliga perdonar.
Cuántas cosas habrían cambiado.
Cuántas penurias se habrían deshecho.
Cuántas alegrías hubieran perdurado.
Cuántas almas.
Cuántos tiempos.

 

Lihem Ben Sayel.

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Cosas personales, Sept. 2016 (II parte)

Hoy, mientras iba conduciendo al anochecer, observé la enorme luna, blanca, perfectamente redonda, brillando en todo su esplendor. ¡Qué hermosura, qué regalo del cielo! Les aseguro que habría deseado detenerme en un lugar, por allí, para simplemente observarla, con “Clare de lune” de fondo, cómo no. Ay, esos deseos que uno tiene, y a veces deja escapar.

Ustedes no lo saben, pero este año me determiné a dejar a un lado los libros seculares, y me he dedicado a leer títulos de temática espiritual. Tengo que decir que estoy disfrutando muchísimo. Este tipo de literatura me ha impulsado en este año a niveles que yo ignoraba, o que conocía pero que me costaba muchísimo acceder, ya fuese por indisciplina o los propios obstáculos de mi ser interior.

He leído libros realmente maravillosos, hechos de un material eterno. Libros que he releído al instante de terminarlos, y libros que, sin duda, volveré a releer. Todo esto en un año trepidante, lleno de emociones y de vivencias que me han marcado para siempre. Un año que fácilmente recordaré como EL MEJOR DE MI VIDA. Y eso, como siempre digo, que aún queda año por delante…

Ese  “veto” que me levanté a mí misma este año, me ha servido de mucho. Digamos que el trato fue “no leer”, aunque eso no me impediría adquirir literatura, sobre todo la de temática documental o autobiográfica. Por ejemplo, hay un par de títulos que quiero adquirir:

  • “Los muchachos de zinc”, S. Alexievich. (Temática de Afganistán, un país por el que tengo gran interés).
  • “Ante todo, no hagas daño”, H. Marsh. (Me recordó a mi adolescencia, cuando quería ser neurocirujana).
  • “Corazón pródigo”, C. D’Clario. (Una mujer inteligente y transparente tocando temas del alma).
  • “Volar en círculos”, J. Le Carré. (Me interesa; autobiográfico).
  • “La guerra no tiene rostro de mujer”, S. Alexievich. (La autora dice que este libro la dejó tocada.)

Obviamente, esto es una añadidura a mis listas de libros, la de libros seculares y libros de temática espiritual.

Una amiga me regaló el libro “Búscame donde nacen los dragos”. Recibir libros como obsequio sigue produciéndome un enorme placer, tanto como obsequiarlos. Aunque ahora soy más bien “recomendadora oficial”. Jaja… también está bien así.

El próximo año, no sé qué libro empezaré leyendo. Pero sin duda continuaré mi hábito (ya creado y suficienteme sustentado) de leer literatura espiritual. Capote no tiene nada que hacer frente a E.M. Bounds o Ravenhill, o Tozer. Y mira que durante mucho tiempo pensaba lo contrario… Qué equivocada estaba.

Bien, creo que ya es suficiente por hoy. Esta noche de luna llena merecía una entrada, aunque no fuera ni poética ni nada parecido.

Sin embargo les recuerdo que tengo un Blog de poesía, donde sólo escribo versos, y en raras ocasiones prosa poética: “Princesa del desierto“. Y también tengo un Blog donde suelo escribir cosas personales y triviales, sin nada de retórica: “El diario de Lihem Ben Sayel“.

¡Ah! También estoy muy contenta porque en esta semana, luego de muchos meses esperando, al fin recibí una carta de mi niñito de “El Salvador”, mi Mario Emanuel. Me hizo un dibujo  precioso que ya tengo expuesto en mi mural de la oficina donde trabajo.😀

Creo que ya es todo… Buenas noches.

P.D.: un saludo enorme a mi hermanito menor que hoy me confesó que siempre se lee mis posts. Te quiero Tito🙂

“Una estrella ilumina su pecho; y un anillo sella sus pactos.”

Siempre vuestra,

Lihem Ben Sayel.

Cosas personales, Sept. 2016 (I parte)

14124950_10153798866448062_6339423350014879969_oTodo es diferente. Incluso la rutina. Parece una incongruencia, pero en realidad no lo es. Después de mis vacaciones, (tiempo en el que me dediqué prácticamente a “no hacer nada”), las cosas siguen su curso con naturalidad, sí, pero ha habido cambios notables. Por ejemplo, desde que anuncié mi embarazo, ya no toco (oficialmente) la batería. Digo oficialmente porque en privado he tocado😀 Luego de 11 años ininterrumpidos tocando, este es un cambio que noto, aunque en realidad no lo echo de menos jaja… ¡Estoy disfrutando tanto mi embarazo! Disfruto el simple hecho de estar tranquila y no preocuparme por ensayos, horarios, etc… Eso sí, la semana pasada le compré a mi bebé “sus primeras baquetas”. Yo uso las VicFirth 5A, son mis favoritas. Las estrenamos él y yo, tocando en una preciosa batería acústica. Fue, como digo yo, su “bautismo de fuego”. Fue la segunda vez que le sentí moverse tanto jaja… Yo creo que le gustó😉 Estas baquetas serán las Intocables II (las primeras ya las rompí…) y se las grabaré con un pirógrafo con su nombre cuando conozcamos su sexo. ¡Me encantan estas cositas, desde ya tan nuestras!

Y bueno, hablando un poco de cosas del día a día, estoy muy feliz de que “al fin” me animé a hacer Baklawa (mi postre oriental favorito). Es laborioso y toma mucho tiempo, pero el resultado es exquisito. Me sentí realizada jaja… Ahora ya puedo ofrecer a mis comensales un menú árabe completo. Me imagino preparando este menú para mi esposo e hijos, y se me llena el corazón. Hay cosas que me gustaría que fueran traidición en mi familia, y esta es una de ellas.


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Esta foto que ven aquí, es una bandejita con dulces que me ha hecho una querida amiga marroquí, Maryam. Me la regala con motivo del embarazo. Son pequeños detalles que engrandecen a las personas y cultivan las relaciones. Los hace ella misma (y estos postres, si sabéis algo del tema, no son ni fáciles de hacer, ni baratos…). Shukran habibti Maryam🙂

Y las siguientes imágenes, son fotografías enviadas por mi querida amiga Gisela, que disfruta sus vacaciones en la Gran Manzana. Y el lugar es nada más y nada menos que… ¡la Biblioteca Pública de NY! Dijo que se acordó de mí, y que no pudo resistirse a enviarme fotos. El lugar es impresionante, qué les puedo decir. Disfrútenlo tanto como yo. En el Milenio, me recorreré todos estos sitios jeje… Gracias mi Gise.

Y con estas fotos me despido. Este mes es MUY importante para mí, porque si Dios quiere, podremos conocer AL FIN el sexo de nuestro bebé. Un abrazo a todos.

Siempre vuestra,
Lihem Ben Sayel.

P.D.: he cambiado la dirección de mi Blog personal “Ania Amira Akhtar”, ahora es eldiariodelihembensayel.wordpress.com. Sigue siendo el mismo Blog, sólo que cambié la dirección.


Junto al arroyo.

Ayer, me senté a la orilla de un arroyo; y observé…

Vi una hoja de tono mostaza balancearse en un sinuoso vaivén, a medida que caía de un árbol de otoño. Me detuve, y la miré. Me recordó a cómo cambian las cosas. Cómo cambian las personas. Cómo aquello que un día fue verde, no sólo se desprende, sino que, irremediablemente, muere. Miré también un pajarito saltar de copa en copa, con la agilidad del viento. Me recordó que la vida pasa y a veces, nos arrolla cruelmente con una velocidad de vértigo. Y únicamente no habrá cabida para el arrepentimiento si nuestra vida ha sido llena del dulce néctar del amor. Miré también, sentada junto al arroyo, un pececillo dorado avanzando en pos de la corriente. Recordé cuán frágiles son nuestros pensamientos, y con qué rapidez podemos ser presa de las opiniones de las masas, olvidando nuestra identidad, aquello que nos hace únicos. Con qué facilidad nos arrastra la corriente, más allá, incluso, de nuestra voluntad interior. Y junto al arroyo, —recordando a aquellos que habían cambiado, recordando el paso de los años sobre mí, y recordando todas aquellas veces que hice lo que no quería, mi corazón lloró, y yo, lloré tras él.

Lihem Ben Sayel.

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Adiós, mi querido amigo, con quien podía hablar de literatura…

Fíjense, que no encuentro mejor expresión para describir lo que siento. Qué fastidio. No se imaginan el enorme bajón que me ha venido al conocer que hoy era el último chat digital de Carlos Boyero en “El País”. Precisamente ayer había pensado en hacerle una pregunta (ya que hace mucho que no lo hacía). Y cuando entro a la entrevista digital, afirman que era su último chat.

Qué ENORME fastidio. Y hasta unas pocas ganas de llorar. (Vale, muchas.) ¿Dónde se supone que volveré a contactarme con él? Les parecerá ridículo, pero a estas alturas era la única persona con la que podía sentir cierta afinidad (en algunos aspectos, obviamente). Las otras personas se han ido. Otra vez encerrada en mi propio laberinto.

Parece una tontería. Pero créanme, que a estas alturas de mi vida llena de “crisis de amistades que nunca cuajan del todo”, personas lejanas (pero a la vez cercanas) como Boyero, eran un hermoso ideal. Le deberé un par de cosas, entre ellas, que me haya presentado a Jhumpa Lahiri. La escritora más elegante y quirúrgica que conozco.

Adiós, mi querido amigo, con quien podía hablar de literatura… “Seguro que nos encontramos en el camino”.

P.d.: No es recomendable escribir de estas cosas mientras escuchas “Gymnopédie #3” de fondo. Te pones a llorar. (En caso de embarazo, el malestar se torna agudo).

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[Antes que oscurezca]

7431_Love-you-Mother-HD-beautiful-wallpaperQuiero escaparme contigo, a algún sitio, donde no hayan barreras —ni tiempo, ni espacio, ni giros inesperados de los que no podríamos librarnos. Correríamos libres, por algún campo dorado. Nadaríamos, quizás, hacia las profundidades de nuestros sueños. Quién sabe lo que haríamos. Qué más da. Pero quiero escaparme contigo, amor mío, allí, donde se acaban los límites. Allí, donde la gravedad no gobierna. Ni los errores se recuerdan. Porque tengo miedo de perderte. Y ese miedo es agonía. Por eso, quiero escapar contigo, allí, más allá; donde sea. Pero hoy. Antes de que descienda la noche, mi dulce amor. Antes de que nuestras voces se pierdan. Antes, amor mío,  que oscurezca.

Lihem ben Sayel.

[Hábitat]

Ahora habitas en mi cuerpo, pero un día dejará de ser así. Sin embargo, jamás dejarás de habitar en mi corazón…
—Lihem Ben Sayel.