CONFESIONES :o

¿POR QUÉ USO UN PSEUDÓNIMO PARA ESCRIBIR?

 

Existen varios motivos por los cuales yo lo hago. El primero, es la evasión. Te evades de tu realidad y puedes escribir al margen de las etiquetas con las que personas o las circunstancias vividas te han ido catalogando. Puedes ser “tú”, pero de una forma mucho más libre. Mucho más.

Segundo, para una persona introvertida, como lo soy yo, un pseudónimo también es una especie de escondite: te mantienes a salvo, porque no firmas con tu nombre, sino con una especie de alter ego que no te juzga, y que, aunque se expone al juicio, sale bien parado, porque te hace de escudo. «¿Es realidad o es ficción…»? Funciona un poco como la pólvora, haciendo uso del despiste, permitiéndote otros movimientos al margen de las miradas.

Además, me parece extraordinariamente artístico, original y creativo buscar otro nombre, en mi caso, con un significado especial, para poder firmar tus escritos. No es que no me guste mi verdadero nombre, pero siempre he pensado que “Nejath” refleja una parte de mí, de quién soy, pero no mi totalidad.

“Nejath” es fuerza, es una mirada que no revela sus secretos y un andar seguro. Es, también, una fortaleza muchas veces impenetrable, una muralla firme que no vacila. Un escudo y, por qué no decirlo: una coraza. La “palestina justiciera” como bien me bautizó mi amiga alemana. Qué distante puedo llegar a ser…

“Lihem ben Sayel”, en cambio, es frágil, transparente, sensible y tierna. Es esa parte de mí que está justo detrás de la coraza: viva, apasionada por la vida, por la amistad. Es crédula y confiada, y pediría mil veces perdón si eso haría que alguien importante volviese a su vida. A veces, demasiado ingenua, piensa que la gente conserva su pureza, y le cuesta creer cuánto alguien puede llegar a cambiar, hasta el punto de ser irreconocible

Es la más fácil de herir y a quien le cuesta más recuperarse, cómo no. Puede estar llorando durante años por personas a las que echa de menos. Puede seguir dedicándoles pensamientos y escritos, simplemente porque sí. Y, realmente, creo que si no fuera por la coraza que debe usar, sufriría mucho más de lo recomendable. Y también cometería sendas estupideces en nombre de sus francas emociones. Lihem, en todo caso, es mi propio corazón, abierto.

Por eso, para personas como yo, talvez con una excesiva dosis de melancolía, de creatividad y de sensibilidad, el mundo ahí fuera se nos hace demasiado duro de vivir, y por eso necesitamos otro camino paralelo, algo que mitigue lo doloroso que es cuando te enfrentas a aquello que no puedes controlar. En la escritura simplemente tachamos lo que no nos gusta. Pero en la vida real…

Y por eso un pseudónimo. Por eso escribir. Por eso todo “esto”. Porque algunos de nosotros estamos realmente expuestos y nos cuesta recuperarnos después de grandes pérdidas o grandes daños, y necesitamos la terapia con la que Dios nos bendijo para seguir adelante. Para algunos, su terapia será hablar. Para otros, será lanzarse de un paracaídas… Whatever. Pero otros, nos escondemos detrás de alguien más fuerte para protegernos, y jugamos al gato y al ratón, esperando no ser atrapados jamás. Y mientras tanto, escribimos, a veces para reír, y otras tantas para llorar.

—LihemBenSayel…😉✍🏻📜📚🌙🕯🌹

yom-kippur

CONFESIONES :o, PERSONAL, VIVENCIAS

Cosas personales, junio 2020: “Poniéndome al día”

Creo, muy seriamente, que he perdido mi facultad de escribir sin retórica sobre mi vida, sobre mi día a día. Lo he intentado innumerables veces, pero siempre ocurre lo mismo: escribo, borro, escribo, borro… apago el ordenador. ¿Puede ser posible que una persona llegue a ser presa de su misma prosa, poesía o narrativa y se vea incapaz de salir de ella? No lo sé. Si alguien me lo puede explicar, lo agradezco.

Este mes cumpliré 35 años, aunque en mi mente, no sé por qué, ya los tengo. Los números pares no son de mi total agrado. Me parecen débiles, mientras que los números impares me transmiten una fuerza descomunal. Creo que llevo todos mis 34 años pensando que tengo 35. Me gusta ese número. Aunque cuando pienso que solo quedan otros cinco para llegar a 40… ¡40! ¿Esto va en serio? ¡Si ayer tenía 23! Ok, tranquilos… muy al contrario de lo que pueda parecerles, no tengo ningún problema en cumplir años. De hecho, lo disfruto muchísimo, como una niña. Aunque ya no los puedo celebrar como antes, talvez [al menos solo de momento, eso lo tengo claro…]. Con hijos, algunas cosas se vuelven más sobrias, porque, si por mí fuera, reunía a mi banda de chicas y montaba una fiesta árabe de las mías de antaño y ahí sí que se celebraba por todo lo alto mi año más de vida, al ritmo de la darbuka y de la guapísima Nancy Ajram, y con mucho cous-cous de cordero para todo el barrio, y el tintineo de las moneditas incrustadas en los paños de danza árabe colocados en las caderas. Qué recuerdos, muy buenos, sí.

Ahora todo mi mundo se maneja introspectivamente, sobre todo en las madrugadas. Me he vuelto más pragmática, también. Aunque supongo que ese es uno de los efectos secundarios de ser mamá. Yo, la anti-práctica, la que es capaz de perder el autobús por no correr en la calle, la que da mil vueltas para luego darse cuenta de que el sitio estaba solo a dos pasos, la que prefiere aparcar a un kilómetro porque tiene más sitio en lugar de aparcar en un espacio reducido. Yo, la que pide mil recetas de cocina a familiares y amigas pero sabe perfectamente que no hará ninguna de ellas. Yo, la que prefiere quedarse en casa leyendo o escribiendo o escuchando música de Debussy [o de quien sea, clásica, claro] con tal de no tener que pasar por el tortuoso oficio de la conversación.

Ah, ¿no les había dicho lo mucho que me cuesta hablar? No es un tópico, créanme. Me cuesta de verdad. Soy malísima para la conversación de tú a tú. Ya amaba a Eva Green desde que la vi haciendo de la Princesa Sybilla en la maravillosa película “El Reino de los Cielos”, pero la amé muchísimo más cuando leí en una entrevista que ella confesaba que era tan tímida, que no iba a las fiestas para no tener que hablar de tú a tú con la gente. ¡Me sentí tan comprendida! Sé que quienes me conocen talvez jamás dirían eso de mí, pero la verdad es que con el tiempo uno va adquiriendo ciertos mecanismos de supervivencia social para no quedar como un ermitaño o asocial.

Con los años, eso se ha acentuado más, ya que por el estilo de vida que llevo ahora no tengo [prácticamente] vida social. Lo de “prácticamente” ha sido para no quedar tan mal, porque la verdad es que mi vida social es nula. Siendo sincera, mi vida social es el WhatsApp, el cual no soporto tampoco. No me malinterpreten, no es que no me guste hablar con la gente, lo que pasa es que el sistema de “te escribí ahora, lo leíste y debes responderme ahora” se me hace realmente pesado. Yo no puedo seguir ese ritmo, me es imposible. De hecho hoy, cierta persona se puso un poco pesada con ese tema, y no les digo la conclusión. Venga, sí se las digo: no le pienso a volver a escribir en la vida. Alguien que quiere mi amistad, debe comprender mi estilo de vida, mis prioridades y ocupaciones. Por eso valoro a las amigas que tengo ahora mismo: porque me comprenden de verdad, lo noto. Y eso para mí, en la amistad es lo más importante, ya que como amiga soy realmente atípica, rozando ser una especie de anti-amiga.

¿Qué culpa tengo yo de ser una persona introvertida? ¿Qué culpa tengo yo de disfrutar el petit-comité? ¿Qué culpa tengo yo de valorar el silencio, los momentos reflexivos y la introspección saludable? ¿Qué culpa tengo yo de amar los libros, la escritura y la música? No quiero decir que tengas que ser introvertido para disfrutar de estas cosas, pero la gran verdad es que estas son prácticas que se suelen llevar a cabo en la soledad.

También me gusta la amistad, pero no cualquier persona puede ser amigo o amiga. Yo admito que soy mala amiga, porque no soy la típica persona que intima al momento, y que te cuenta su vida y te hace partícipe de sus pensamientos y sucesos terribles o buenos. Me cuesta un universo. Pero me gusta disfrutar de las cosas que tengamos en común, y también disfruto escuchando a las personas. Creo que ese es un punto fuerte. Me gusta escuchar. Ojo, no he dicho hablar por teléfono, he dicho escuchar [o leer, que también se vale.] Porque, efectivamente señores, tampoco me gusta hablar por teléfono. Aunque ahora, no es tanto que no me guste, sino que es prácticamente imposible disponer de ese tiempo sin los gritos de ¡mamáaaa! de mis hijos de fondo.

Al final, creo que me gusta ser una mujer misteriosa. Me gusta que siempre quede algo por revelar. No sé, me parece más interesante.

Gracias al cielo por este pequeño rincón, que me acompaña ya desde 2007. Esto es mucho mejor que muchas otras cosas que están sobrevaloradas. Aunque he hecho la tarea: he ido a tomar café estas dos últimas semanas con dos grandes amigas. Así que no se preocupen, no estoy en camino de convertirme en una especie de monja ermitaña de convento europeo medieval. Es solo que a veces, no es tan fácil.

Ahora se acerca el cumpleaños de otra gran, gran amiga, y espero poder celebrarlo. Seguramente celebre el mío en compañía de un par de amigas, las más íntimas, y así seré muy feliz.

Qué lindo es ser aceptados como somos, aún con nuestras rarezas. Pero lo más importante siempre vendrá a ser aceptarnos a nosotros mismos, y darnos valor, aunque no seamos como los demás esperan que seamos. Aunque no vayamos con la corriente.

Au-revoir…

—Lihem, as usual.

apps.10626.14000697169355955.46e3090f-b2a3-4afa-ad0d-d63853efdc69.4c46783e-aacd-4af1-8fde-4ded9d0f468d

PROSA

MEMORIA

imagesTodos estaremos anclados en la memoria de alguien, incluso de aquellos a quienes hayamos ya olvidado. Nuestros nombres serán en alguna ocasión susurrados, aunque sea solo en el pensamiento más pequeño, —el más secreto. Alguien nos piensa, aunque no quiera admitirlo. Alguien quisiera decirnos algo, pero no se atreverá —ya sea por recelo, dolor o cobardía. Y así, se paseará nuestra memoria en un sinfín de universos desconocidos, y de pueblos lejanos del recuerdo, donde las piedras serán inertes testigos de que alguien nos piensa, —aún—, pero jamás se atreverá a decirlo.

—Lihem ben Sayel.

[Yo también pienso en personas que fueron muy importantes para mí, pero no me atreveré a decirlo, ya sea por recelo, dolor… o cobardía.]

LETTERS TO MY BELOVED, PROSA

LOVE LETTER [2]: “Detrás del velo”

Un corazón libre. Libre. Una mente que se expande de aquí hasta los confines del universo que tanto admiro, que tanto amo. Un invierno que se acaba y una primavera que comienza. Un desierto que se vuelve oasis: la cuna de en quién me he convertido hoy por hoy. Una mariposa a quien no pudieron cortarle las alas, así que vuelo hacia un propósito sin misterios, porque tu presencia gloriosa alumbra el camino en el aire de mi destino. Un silencio que me hizo fuerte. Un abrazo que me derrumbó. Los poemas de la noche y las canciones de la madrugada, —nuestras canciones, nuestros poemas. Caminar contigo no fue mi elección: tú ya me habías escogido desde antes de que mis ojos experimentaran la luz del sol. Tus latidos me pertenecen: por eso los busco con afán desbordante. Fui ideada en el centro de tu corazón: por eso quiero volver allí desesperadamente. Ya no soy ciega, pues he logrado ver allá donde ni el tiempo existía. Detrás del velo se escondía mi tesoro. Y ahí, detrás del velo, es donde he puesto mi corazón.

—Lihem ben Sayel…

LETTERS TO MY BELOVED, PROSA

Todo. Nada.

Anoche, en la madrugada, nos encontramos tú y yo bajo el manto de estrellas; la noche. No había luna, solo las luces distractoras de las tímidas farolas. Nada, nada tenía la capacidad de opacar ese momento. Éramos tú y yo; y la nada; y el todo. Y mis pensamientos —revoloteando como las luciérnagas en un jardín olvidado. ¿Sigues ahí…? Lo sé, sé que sí. El que hizo todo esto es mi Amado, mi Creador, mi todo. Y te dije, una vez más, que me convertiría en nada para tener todo de ti. Te dije, una vez más, que pagaría cualquier precio —de sangre, de lágrimas o de alma— solo para tener tu corazón. Te dije que contaras conmigo para cuidar de aquello que más amas —y ahí recibí la señal de la estrella—. Ese fue tu “sí”. Y yo, impresionada una vez más por lo que hay entre tú y yo, sonrío, lloro. [Te amo.] Te lo dije ya, y te lo vuelvo a repetir: haré lo que sea [nada más me importa] por tener tu corazón. Todo tu corazón. Fuera de ti, nada deseo yo en la tierra.

—Lihem ben Sayel…

CONFESIONES :o, Lihem Ben Sayel

«Lihem y Yerushalayim»

Todos contamos con alguna particularidad en la historia de nuestras vidas. Creo que todos, sin excepciones, podríamos relatar algo que nos diferenciara del resto de los humanos, los que han nacido y los que están por nacer.

Mi intención aquí es la de expresar mi particularidad, talvez, la más llamativa. Si bien es cierto que nací en Ecuador, ya llevo en España los mismos años que viví en Ecuador. Es complicado sentir que perteneces a un solo lugar cuando ya llevas repartida el mismo tiempo en dos naciones, maravillosas, por cierto.

Sin embargo, -y que esto no suene a reniego- mi corazón, lo profundo de mi corazón, con quien realmente se identifica es con Oriente Medio. Para explicarles el por qué, primero tengo que empezar diciéndoles que mi abuelo materno -a quien amo con locura- es palestino. Cien por cien palestino. Mi amor y mi admiración hacia él y hacia lo que representa en mi vida es tan fuerte, que abracé una identidad palestina desde niña, sin sentirme inducida a ello. Simplemente, como dicen, la sangre llama a la sangre, y la tierra llama a sus hijos. En este sentido, siempre me he sentido una hija de Jerusalén. Digo “Jerusalén” y no Palestina, porque mi fascinación va en dirección hacia esa ciudad. Ciudad sagrada compartida por musulmanes, judíos y cristianos.

Curiosamente, yo soy nieta de un musulmán, pero soy cristiana, y estoy casada con un español (gallego) descendiente de judíos sefardíes. ¿No es esto una mezcla muy novelesca? No sé en qué me convierte esta mezcla. Pero esto es lo que soy. Por otro lado, y aunque no me siento orgullosa -para nada- de lo que voy a confesarles, tengo que admitir que durante un tiempo en mi vida, aborrecí a Israel. Fue, concretamente, en la época de la segunda Intifada con Yassir Arafat. Mi identidad palestina se acrecentó tanto, que me adueñé de un odio que no me pertenecía, y que, desde luego, no ayudaba a nadie. Solo empeoraba las cosas.

Luego renuncié a todo aquello y me propuse empezar un nuevo camino: el amor, la paz. A partir de allí, empezó algo así como un milagro: mi corazón empezó a latir con un amor profundo hacia Israel. Obviamente, ese amor hacia Israel no minimizó mi amor hacia Palestina, así como en ningún caso el amor a estas dos naciones representa un tipo de justificación a las barbaries que entre ellas puedan cometer.

¡Amo a Palestina y amo a Israel! Pero sobre todo, amo a Jerusalén. Esta ciudad histórica, maravillosa, donde sé que la justicia finalmente reinará, poniendo fin a tantas eras de guerra.

Y este 14 de mayo, cómo no, fue una fecha especial: 72 años del nacimiento de Israel como nación. Felicidades, Israel.

Shalom, Yerushalayim.

—Lihem ben Sayel, amira al-Yerushalayim. 

No puedo dejar de adjuntar estos vídeos, para el recuerdo:

Lihem Ben Sayel

LOVE LETTER [1]: “Todo lo que tengo eres Tú”

13230744_1787040038194083_1336110673_o

Carta de amor de Lihem ben Sayel a su amado Rey Yeshua:

1

Todo lo que tengo es mi intimidad con el Rey. Mi vida gira en torno a ello, como la tierra gira alrededor del incandescente sol. Mis suspiros exhalan el deseo más profundo e intenso que puede habitar dentro de mi pequeño ser: el de contemplar su belleza, el de conocerle más. Sus aromas —los delicados aromas que desprende su presencia— son el elixir inconfundible por el cual mis sensaciones se dejan llevar.

No puedo estar sin Él. No quiero estar sin Él. Un beso suyo cura mil heridas. Un abrazo suyo recompone los pedazos de cualquier corazón roto. Una palabra suya bastará para sanarme, para elevarme por encima de mis propios pensamientos. Él conoce mi mala costumbre de volver a recorrer senderos de dolor, y me susurra “no te quiero allí”. Y entonces salgo de esos senderos y me embarco en un nuevo viaje donde Él es el guía, donde su paz es el destino y el amor baña cada paisaje como gotas de rocío.

Todo lo que tengo es mi intimidad. Es el sello de mi identidad: Él, solo Él. Pues el fruto más dulce que mi paladar ha degustado es el sabor de su nombre en mi boca. Me aferré a Ti, oh Amado, como se aferran las raíces al suelo en medio de la cruel tormenta. Eres el poema hecho una versión infinita de versos constantes y rebosantes de vida que fluye, como ríos caudalosos, en los que solo puedo ser arrastrada por sus fuertes corrientes.

Sí, lo diré una y otra vez: todo lo que tengo, eres Tú.

—Lihem ben Sayel, the princess of the Lord.

3A546A86-F802-424A-BEED-1324AEE56FAD

PERSONAL

¡Mi canal de Youtube!

¡Hola amigos! Les presento mi canal de Youtube. Aquí estaré subiendo videos míos hablando acerca de cosas profundas y otro tipo de reflexiones. Espero que puedan suscribirse: https://www.youtube.com/user/LihemBenSayel

¡Un fuerte abrazo!

Lihem Ben Sayel [Nejath L. Hidalgo]

LETTERS TO MY BELOVED, PROSA

Atada a tu Nombre.

Tu nombre es aceite derramado; aceite que sana, liberta y provee. Tu santo nombre, oh Jesús, son todos los suspiros de aquellos que te aman y te glorifican por ser quien eres, y no solo te buscan por lo que puedas ofrecer. La profundidad de tu nombre nadie la conoce, excepto Tú. Y no existe forma de soltarme de la fuerza de tu Nombre, de ese temblor que provoca en mi corazón cuando te invoco en los rincones tras la puerta. Jesús. Mi Jesús. Lo que daría por estar siempre aferrada a Ti. Por no soltarme ni un segundo. Por dejar que tu Espíritu devore mi carne y así ser una contigo más allá de estas crueles reglas naturales que nos separan. Jesús, Jesús… Siento la explosión de un volcán en mi pecho cuando en nuestros momentos más íntimos Tú pones tu mano sobre mi cabeza. No me puedo sostener en pie… no puedo. Mi rostro besa el suelo, mis lágrimas bañan la tierra. El tiempo no es más que un juego, porque tu eternidad entra en escena. Mi voluntad es doblegada. Mis quejas desaparecen. Mis inquietudes se esfuman ante la sola presencia de tu divinidad. Mi llanto incontrolable se convierte en el único diálogo que soy capaz de producir con mis labios, que destilan tu nombre, que suplican por más. Tu sagrado, pero no menos cercano nombre. Jesús, Jesús… Estoy atada a Ti. Atada a tu nombre. Atada por tu amor. Y por la belleza de saber que eres real, y que mis días a tu lado jamás tendrán un final.

—A lovesick disciple of Jesus.

photographer-sarah-swansons-image-of-girl-in-purple-dress-inside-room-with-sun-shining-through-window.jpg

PROSA

Saber perder.

 

women-model-blue-dress-lying-down-wallpaper-922b9a85c22ea912fdf608460166fd9b

Saber perder. Entender —o al menos intentarlo— que cuando tú llores, habrá quien ría. Cuando tú quieras perderte, habrá quien se haya encontrado. Cuando tú te estrelles contra el suelo, habrá quien esté volando. Saber perder, al fin y al cabo, porque en algún momento,  tú también fuiste el vencedor.

—LihemBenSayel.