CONFESIONES :o, MUY PERSONAL, REFLEXIONES

“Nuestro nombre escrito en la pared” [Parte II]

Fui creciendo en mi vida cristiana a pesar de múltiples obstáculos. Siendo honesta, hubiera sido más fácil para mí dejar de seguir a Jesús, y hasta parece que habría tenido las excusas perfectas para hacerlo. Sin embargo, me sentí tal como Jesús dijo a sus discípulos: “ustedes no me eligieron así, sino que yo los elegía ustedes”. Me sentí así, escogida, elegida, predestinada. Me sentí rescatada de todo lo que me rodeaba, que bien podría haberme matado en múltiples maneras. Y, en efecto, las circunstancias que viví no me mataron. Pero me hirieron de muerte. Me costaría años y años sobre años poder recuperarme de un alma completamente quebrada y subyugada al miedo y la intimidación. En fin, de muchas sensaciones que prefiero no recordar. Es pasado.

En todo ese proceso de mi nueva pasión [Jesús], cuando hubiese preferido morir, y me sentía la persona más sola sobre la faz de la tierra, sentía la presencia de Espíritu Santo. ¡Wow! ¡Realmente no estaba sola! Ahí, junto con las lágrimas y las preguntas, junto con el dolor y las heridas, estaba Él. Él era ese abrazo. Ese amigo que lloraba conmigo. Ese que entendía mi dolor, y me pedía permiso para poder sanarlo.

Nuestra relación —como ocurre con nuestras relaciones con las personas, cuando pasamos juntas por terribles situaciones— se tornó más y más profunda. Había un halo de intimidad que me acompañaba siempre. Sin embargo, en algún momento perdimos la conexión. Y supongo que ocurrió cuando creía que, por estar en otra posición —de victoria— ya no le necesitaba tanto como antes.

Hacía cosas para Él, pero no necesariamente tenía una relación profunda con Él. Sin embargo, la anhelaba con todo mi corazón. Si me conoces un poco, sabrás que siempre he estado apasionada por Dios. DE eso no hay duda.

Pero… el hacer cosas para Él, en algún punto de mi vida, sustituyó al ESTAR con Él. El resultado de eso es que, por más que lo intentara, parecía que al dar un paso hacia delante daba dos hacia atrás. Mi relación no era constante, por lo tanto, tampoco podía ser muy profunda.

A finales de 2015, me desesperé. Me desesperé DE VERDAD. Y le dije: da igual lo que tenga hacer o dejar de hacer, ¡voy a tenerte! ¡Voy a perseguir tu corazón tan profundo como tenga que perseguirlo! Fue tan grande mi determinación, que, al entrar a 2016, mi vida giraba en torno a esto: PERSEGUIR EL CORAZÓN de Dios. Y, por ende, tener una relación más profunda con Espíritu Santo. CONOCERLE DE VERDAD. Porque en realidad ¡no lo conocía lo suficiente!

Estamos en 2019, y solo puedo decir que cada año, desde que tomé aquella determinación en 2015, ha sido mejor y mejor y mejor. De hecho, este año está siendo sencillamente perfecto. No solo celebro el nacimiento [en enero] de mi segunda hija, sino que, además, muchísimas de las cosas que me impedían seguir más profundo en mi relación con Espíritu Santo, desaparecieron. Estoy rodeada de profetas. Los tengo como amigos íntimos. Y con relación a ello, hoy me di cuenta que siempre he tenido amigos íntimos que son profetas. Este año, Dios ha confirmado muchas cosas en mi corazón por boca de sus profetas. ¡Y me prepararé en torno a ello!

No estoy donde quisiera estar aún, pero vaya si te digo que estoy en el camino correcto. Perseguir a Dios es lo que hago todo el día. Buscar su rostro es mi estilo de vida. Todo en mi vida gira en torno a ello. T O D O.

Cuando haya llegado al cumplimiento de mi destino, y vea muchas más cosas de las que jamás imaginé, y me pregunte: “pero, ¿cómo llegué hasta aquí…?”, leeré estas entradas, y lo recordaré: JUST BEING HERE, AT YOUR FEET. JUST BEING HERE, ON MY KNEES.

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MUY PERSONAL, PROSA, REFLEXIONES

A mi pequeña, N. Sahar.

Veo la fuerza en tus ojos. Tu rostro se ilumina cuando sonríes. Me muestras tus tiernas encías, pero a la vez, eres capaz de revelarme en tu sonrisa la pureza de tu alma. Claro, es que hace solo seis meses nacías. Pero llevabas ya nueve meses con vida. Y viste el rostro de Dios. Quisiera ser como tú: estar en ese grado de inocencia y confianza, en la que todo lo demás es paja y heno. Solo me miras, y confías. Confías en que te cuidaré. Confías en que —por mucho que peses— yo no te dejaré caer. Confías en que te alimentaré siempre que lo necesites. Confías en que procuraré que el mal no te toque. De hecho, confías en que yo sea tu conductora del bien. ¿El mal? ¿Qué es el mal? Para ti, tal cosa, ni siquiera existe. Confías en que te amo. Y esa confianza, lo cambia todo. Tengo muchísimas preguntas. Tu mirada, me las responde todas. Solo yo sé lo mucho que te gusta estar en mi regazo. Solo yo sé que no importan las horas sin dormir, o que deje de hacer otras cosas por atenderte —cosas que antes me eran de suma importancia—. Solo yo sé, que, por encima del esfuerzo, está la recompensa de tu sonrisa, de tu mirada, de tu desesperación por volver a mis brazos cuando sientes que nos hemos separado unos segundos. Solo yo sé, que todo mi esfuerzo no pagará el premio del vínculo tan hermoso y fuerte que se está formando entre nosotras. Solo yo sé cuánto te deseaba. Solo Él sabía cuán feliz me haría enviándote a mi lado. Entre todas las cosas que tu nombre significa, mi favorita es “delicia”, porque ciertamente viniste para deleitarnos. «Ella será lo que tú habrías sido sin todas aquellas heridas», fue lo que escuché hoy, talvez desde el cielo. Y mi corazón sonrió. Porque serás tú misma, pero a la vez, me veré reflejada en ti. ¿Acaso no es eso maravilloso…? Sí. Es todo un milagro.

—Lihem Ben Sayel.

Te amo, mi pequeña.

CONFESIONES :o, MUY PERSONAL, REFLEXIONES

Desenmascarando a los falsos amigos y amigas. (Sorry, but no encontré un título más diplomático).

Existen personas a tu lado, a quienes les cuesta celebrar tus aciertos. ¿Envidia, o celos ocultos? No lo sé. Lo que sí sé, es que, un verdadero amigo o amiga, siempre se alegrará por tu prosperidad en todas las áreas. Es más, deseará tu éxito de todo corazón, tanto como lo desearía para sí mismo. Si no existe este componente, la tal “amistad“ es un mero “postureo”. Por eso, no uso la palabra “amigo/a” a la ligera.

🙂

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MDUP II: “El anillo de los siete Espíritus de YHWH y del pacto con Menahem”

MEMORIAS DE UNA PRINCESA
[SEGUNDA PARTE]

«El anillo de los siete espíritus de YHWH  y de mi pacto con Menahem»

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En esta nueva etapa, en este nuevo tiempo, finalizando tres años de una dura travesía, llena de incertidumbres y desasosiego, un tiempo de sinuosas cuestiones y dudas sembradas en lo profundo de mi corazón, Menahem me ha recordado un anillo que dormía plácidamente olvidado en un pequeño cofre. Es un gran anillo conformado, a su vez, por siete aros, unidos por una delgada placa en la cual va tallado mi nombre. Al verlo, instantáneamente, recordé la Escritura del profeta Isaías:

«Y reposará sobre él el Espíritu de YHWH; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de YHWH.»

‭‭—Isaías‬ ‭11:2‬ ‭

En ese momento, comprendí que Menahem me guiaba a llevar este anillo en la mano izquierda, ya que en la derecha llevo el anillo de mis pactos con YHWH, cuyo nombre está tatuado en el interior de tal anillo.

Mi nuevo anillo de los siete tratados, representará la plenitud de Menahem, los siete espíritus del Dios viviente, sobre mí: Espíritu de YHWH, espíritu de sabiduría e inteligencia, de consejo y poder, de conocimiento y temor de YHWH. Será la representación física de mi pacto y mi relación con Menahem.

Ahora, solo me falta la estrella, que me identificará como ciudadana del Reino de los Cielos, la cual debe proceder exclusivamente de Yerushalayim.

Lihem Ben Sayel,

The princess of the Lord…🌹

CONFESIONES :o, MDUP2, MUY PERSONAL, VIVENCIAS DE UNA ESCRITORA

Acerca de “Memorias de una princesa”

Resulta que, con los años, me he vuelto aún más recelosa de mi intimidad. Y ya que, de alguna forma casi sobrenatural, he retomado esta especie de historia, he tomado también la decisión de no publicar vía Facebook este contenido, sino únicamente por otros medios más personales. No quiero pasar por lo que ya pasé en aquella primera parte escrita hace muchos años, en la que la gente examinaba minuciosamente lo que yo escribía, y lo comparaba con aspectos de mi vida, paralelamente. Es evidente que esta historia es un reflejo de mis estados de ánimo, percepciones, luchas y victorias diarias, pero en ningún caso se puede interpretar de manera literal. También sé que no es de lectura fácil, por muchos motivos: primero, porque a muchas personas no les gusta leer este tipo de historias; segundo, porque no sé qué ritmo tendré, a veces escribiré seguido, a veces pasarán varios días entre una y otra publicación, y eso lo hace complicado. De todos modos, como cuando empecé a escribirla en 2007, esta historia es para mí más que para nadie, como todo en este blog, donde hablo de mi fe en Dios, de mi código de valores y principios, de mis frustraciones y cuestiones, y donde no estoy dispuesta a prostituir lo que pienso y creo por obtener más feedbacks. Me mantendré, en todo caso, siempre fiel a mi estilo personal, y a mi prosa, porque en esta etapa de mi vida, quiero ser acompañada por mi escritura. Dicho esto, no espero comentarios de alabanza, pero sí espero respeto a algo que para mí tiene suma importancia, aunque pueda carecer de muchas otras cosas. Y sí, Lihem Ben Sayel, además de ser mi seudónimo con el que firmo mis escritos, es, también, mi álter ego desde 2007. Y lo será por siempre.

Lihem Ben Sayel,

The princess of the Lord…🌹

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MDUP II PARTE. Capítulo dos: «La noticia»

«MEMORIAS DE UNA PRINCESA»

[SEGUNDA PARTE]

Capítulo dos:

«La noticia»

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Lihem recorrió los metros que separaban su carruaje de Sod Bayith, la tienda donde se encontraría secretamente con Menahem. Miró hacia atrás, y asintió; la carroza se alejó varios metros más. Su vestido arrastró con él las pequeñas ramas que yacían en el suelo cubierto por aquella noche estrellada. Levantó la mirada, y disfrutó una vez más de esa luna que desprendía una tenue y delicada luz, esa luz que siempre la había acompañado en buenos y malos momentos, desde su niñez, hasta ahora, su madurez como mujer. Se aseguró de llevar consigo la carta dirigida a Tarios, su amigo, quien también estaba bajo la instrucción de Menahem. Se la entregaría a su Consejero, quien, a su vez, la haría llegar al Príncipe de las tierras del Este.

Mientras caminaba, Lihem pudo percibir un aroma particular que conoce tanto como a sí misma: era el perfume de Menahem, una mezcla entre mirra, canela, cálamo, casia y aceite de oliva. Él ya estaba allí, esperándola. Y ella solo tuvo que entrar para comprobar la presencia de su fiel Consejero. Lihem sonreía. Sin embargo, cuando entró, Menahem presentaba un aspecto acongojado, y, además, sostenía en su mano un pergamino que, aparentemente, acababa de releer.

Lihem demudó su rostro.

—Menahem, qué… ¿qué ha pasado?

Ella caminó lentamente hasta aproximarse a Menahem, quien le extendió el pergamino. Lihem lo tomó con temor, mirando con inquietud el rostro triste de Menahem.

—Le han apresado, Lihem.

—No, ¡no! ¡Tarios! ¿Cómo es posible…?

Lihem soltó el pergamino llevándose las manos a la boca, intentando, estérilmente, contener un sollozo. Las lágrimas sencillamente comenzaron a fluir por sus mejillas. Menahem la abrazó, queriendo tranquilizarla.

—Debes desahogar tus emociones, o éstas no te dejaran pensar con claridad.

Lihem se apartó de Menahem.

—¿Por qué estás aquí conmigo? ¿Por qué no estás con él? Si alguien puede sacarle de ahí, ¡ese eres tú!, —replicó ella, angustiada.

—No, Lihem. No me has entendido, Tarios mismo se entregó a Krêttos.

Lihem empezó a negar con la cabeza, completamente incrédula de lo que oía de los labios de Menahem.

—Eso no tiene ningún sentido… ¡Tarios jamás se rendiría! ¡Él sabe mejor que yo que este exilio es temporal, que tarde o temprano podremos volver a Noor y remover a Krêttos del trono que ha usurpado! Además, ¿qué ganaría con…?

De pronto, se hizo el silencio en Sod Bayith. Menahem la miró tiernamente, y suspiró.

—Claro, ganaría el trono…, —concluyó Lihem, mientras se sentaba en un sillón cercano.

—No pudo aguantar la presión de mantenerse en estas condiciones, —le explicó el Consejero—, y, además, le ofrecieron que, si se dejaba apresar voluntariamente, mostrando así que renunciaba a sus votos a YHWH, no solo podría gobernar junto con Krêttos, si no que lo heredaría cuando éste falleciese.

Lihem, anonadada, no podía comprender por qué Tarios, un noble discípulo de Menahem, al igual que muchos otros antecesores, había decidido dejar de luchar. Pero, perdida en esos pensamientos, Menahem la interrumpió.

—Lihem, eso no es todo. Nada de esto podrá ser factible, a no ser que él…

—Que él desvele mi ubicación.

Menahem asintió.

Luego de un breve silencio por parte de ambos, Lihem se incorporó.

—Pues bien, supongo que esto ya no servirá de nada, —concluyó Lihem, mientras rompía la carta que había escrito a Tarios.

—Sígueme, —le apuró Menahem—, tenemos un carruaje esperándonos en la parte de atrás. No hay tiempo  que perder. Es posible que Krêttos ya se esté dirigiendo hacia aquí con su comitiva para apresarte.

Lihem asintió, y siguió a Menahem. Y a su paso, su vestido dispersó los restos de aquella carta, que ahora no llegaría a ninguna parte.

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MDUP: SEGUNDA PARTE. Capítulo uno: «La profecía»

«MEMORIAS DE UNA PRINCESA»

[SEGUNDA PARTE]

Capítulo uno:

«La profecía»

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La luna asoma, tímidamente, por una esquina del horizonte estrellado. No recuerdo una noche así, desde hace mucho tiempo. Me encuentro completamente embelesada por esa belleza, tan difícil de ignorar. Sin embargo, aunque lo deseo, no puedo permanecer mucho más tiempo aquí, observando la luz palpitante de aquellas incontables lucecitas lejanas: tengo una cita con Menahem. Por lo visto, hay algo importante de lo que quiere hablarme, y no puede esperar. Así que, acompañada por el sonido de los grillos y la silueta de una luna creciente, recorreré la media distancia que me separa de mi lugar de reunión con Menahem, mi amado y fiel consejero desde hace tantos años, al que tú tan bien conoces, al igual que yo. Estoy de camino hacia el luminoso Sod bayith, la hermosa tienda, de toques púrpura e hilos de oro, orientada hacia Yerushalayim, en donde me encuentro siempre, secretamente, con Menahem. Me he detenido a mitad de camino con mi carruaje para escribirte esta carta; sencillamente no he podido evitarlo. La luna, las estrellas, todo me ha recordado a ti. Leäna, la compañera que Menahem me asignó para serme de gran ayuda, siempre se preocupa de que tenga mis pergaminos y mi tintero a mano. Como bien sabes, Sod bayith significa «lugar secreto» en la lengua de Menahem. Y allí, en ese pequeño rincón a las afueras del pueblo donde me escondo ahora, se han gestado mil y una conversaciones con mi Consejero, sobre todo, a raíz de los últimos acontecimientos, en los que mi vida ha transitado por correntosas situaciones, difíciles de explicar en una sola carta. Sé que no te gusta que te deje con la incógnita, sin embargo, por tu seguridad, prefiero no darte demasiada información, querido amigo. Prometo volver a escribir con más detalles. De momento, solo te adelanto que, talvez, antes de que recibas mi siguiente escrito, —y, repito, solo talvez—, no estemos tan lejos el uno del otro. Hay demasiado que tengo para decirte. Estos tres años lejos de ti no han sido nada fáciles. Pero Menahem ya nos había advertido de lo importante que era hacerlo de esta forma. Confío plenamente en que, tanto tú como yo, hemos madurado lo suficiente como para poder enfrentarnos al enorme desafío que representa regresar al Palacio Noor, y recuperar lo que aquel Dragón, —esta vez, representado por Krêttos, en carne y hueso—, ha usurpado de forma ilegítima, aún a sabiendas de la gran destrucción que esto acarrearía a todo el reino de mi Padre. No te preocupes por mí: sabes que nunca estoy sola. Menahem siempre está presente en mi vida, y yo, a su vez, estoy pendiente de cada instrucción que Él se asegura de hacerme llegar —de una u otra forma. Querido amigo, mi carta termina aquí, ya que el carruaje me deja a pocos metros de Sod Bayith. Metros que tengo que recorrer a pie en total soledad. Y debo darme prisa, ya que la hora de mi encuentro con Menahem se aproxima. ¡Él sigue siendo igual de puntual, como siempre! Y debo estar allí cuando él aparezca en la tienda. Te envío  todo mi afecto, como siempre. Debemos seguir fielmente las instrucciones de Menahem, como hasta ahora. El día de nuestra reaparición en Palacio Noor se acerca, y debemos estar a la altura de la situación. No permitiremos que Krêttos, manipulado por el espíritu del Dragón, destruya el reino de mi Padre. Como ya me ha dicho Menahem: «Todo lo que te ha pasado —tu encierro en la Torre, tu sanidad, tu tiempo escondida en el desierto—, te ha reconducido hasta aquí, para que seas la Vocera de YHWH. Solo mantente obediente, Lihem, y La Profecía se cumplirá.»

Siempre tuya, tu fiel amiga, Lihem Ben Sayel, —la exiliada y escondida— Amira al-Yerushalayim.

Shalom, querido Turios, Príncipe de las tierras del Este.

CONFESIONES :o

Odio poner títulos a cosas que no tienen título.

Camino por un sendero, confiada, segura. Acaricio, con mi mano izquierda, las pequeñas flores de color rosa, de las cuales no conozco su nombre. Sin embargo, su aroma me acompañará para siempre, hasta el final de mis días, porque en innumerables ocasiones desprendí varias de ellas para acercármelas a la piel, y percibir su aroma más allá del olfato. Así, se quedaron en mi corazón. A veces cierro los ojos para imaginarme otras historias, otros finales [felices]. Pero cuando los abro, solo encuentro un recuerdo difuminado de lo que yo consideraba que sería la felicidad. En este sendero que transito, existen tramos donde la oscuridad se cierne de forma abrupta, y parece imponerme su autoridad escalofriante, intentando que yo recule y me desvíe por otros caminos. Pero de pronto, cuando parece que mi corazón está a punto de ser subyugado por un temor abominable, una luz [tierna, y sin embargo fuerte] irrumpe para liberarme de todo aquello que podría matarme por dentro. La vida me queda grande, a veces. Y suelo confundirme en el punto entre dar gracias por lo que tengo, y llorar por lo que he perdido. Creo que muchas veces no acierto. No quiero dejarme llevar por estas olas de incertidumbre. No quiero olvidar el aroma de esas flores. No quiero sentir el menosprecio del presente, ni aferrarme a un pasado que sé, no fue del todo bueno. Tampoco quiero desperdiciar mis días esperando que el futuro supere las expectativas de mi imaginación, y que, de pronto, un cielo resplandeciente repose siempre sobre mí. No soy ilusa, aunque muchas veces ingenua. Pero, entonces, ¿qué quiero? Quiero que el sufrimiento acabe. Que los corazones inocentes no sufran. Quiero vivir en un mundo nuevo donde no exista la maldad. Estoy harta de la maldad, que lo distorsiona todo. Quiero que el bien gane de una vez por todas, e imponga su orden. Y no, no me estoy quejando. Solo estoy soñando.

—Lihem.

CONFESIONES :o, MUY PERSONAL, VIVENCIAS

El último día.

Y aquel día, fue la última vez que entré por aquellas puertas, haciendo la habitual reverencia, y pronunciando la misma oración: «He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra.»

Octubre 2008 – Junio 2019

—Lihem Ben Sayel.

PROSA

PEREGRINOS

 

horizon-grass-deer-scotland-natureBuscamos siempre nuestro sitio, en lugares que jamás nos han pertenecido. Oteamos el horizonte, con la esperanza de hallar la silueta de alguna nueva tierra que nos aloje; un nuevo hogar. Pero nuestro hogar no está delante de nosotros; ni tampoco es el que dejamos atrás, —hace tanto tiempo. Si tan solo mirásemos hacia arriba… Si tan solo comprendiésemos que, nosotros, tampoco pertenecemos a este mundo.

—Lihem Ben Sayel.