ENCUENTROS CON LA SOLEDAD

La soledad engulle esperanzas, aplasta certezas, escupe temores. Pero también te revela secretos, te susurra sabiduría —que no hallarás en el tumulto. Silencia ruidos fútiles, y te presenta panoramas distintos a los que estás acostumbrado a apreciar. Te ayuda a pensar por ti mismo, aplacando las opiniones repetitivas de los sabiondos de turno. Te empuja a ir contra lo establecido, lo que destroza la creatividad, lo que mata los sueños. Te introduce a otros de sus simpatizantes: gente con la que puedes hablar, a veces, incluso, sin mediar palabra alguna. Porque los que se encariñan con esta clase de soledad, salen edificados de sus encuentros con ella. La soledad, amigo, se presenta ante ti como un espejo iluminado en el que puedes vislumbrar detalles acerca de ti mismo en los que no habías reparado antes. Aprendes a conocerte en soledad. Aprendes a callar. Aprendes a escuchar. Talvez nos hagan falta más encuentros con la soledad para descubrir, por fin, quiénes somos; y hacia dónde vamos.

—Lihem Ben Sayel

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UN VIAJE HERMOSO

 

La vida es un viaje hermoso, cargado de experiencias inimaginables. Un sendero a alguna parte entre los sueños, las desilusiones y las delicadas sombras de un pasado que nos persigue al ritmo de un corredor de resistencia. Encontramos cartas de nuestra infancia, imágenes de letras en nuestro corazón, tatuadas en verso, prosa o historias fascinantes y envolventes, que nos arrancan una sonrisa inesperada, e incluso, a veces, una lágrima de añoranza y melancolía. La poesía está en nuestros labios, como un beso perpetuo pero encadenado a un dolor profundo, porque, esta vez, el ser amado se ha marchado antes de tiempo. Las emociones se disparan a raudales, y escogen diversos caminos de agua hacia rumbos inciertos. Y, luego, tomamos decisiones. Buscamos la paz, sin un límite, sin una restricción, sin una sentencia prohibitiva que divida nuestros sentidos entre lo que queremos, y entre lo que nos dicen que debemos querer. Un espacio vacío entre consciencia y peldaño, entre juego y rotundidad, entre cristales rotos y amargura, entre la luna y el té de manzana, entre el libro y la piedrecilla dorada. Y podríamos hablar durante horas [e incluso eternidades] acerca de las veces que se escondió el sol, y creíamos que no amanecería, pero de pronto sus rayos se deslizaron por el alféizar de nuestra ventana, y el llanto se tornó en una carcajada burlesca y reprensiva, porque sentíamos que nada ni nadie tenía el derecho a hacernos sentir como si el mundo se hubiese acabado. Y bailábamos hasta el amanecer, como poseídos por una sed de vida plausible y audaz, y se nos quitaban las ganas de morir ahogados en las penas y en las azules desdichas. El olor de tu pensamiento impregna el invierno de un aroma distinto, mientras esperas que el bus [o el taxi] pare a tu primera llamada. Tú, en esa ciudad tan grande. Yo, sintiéndome invisible frente a mis propios anhelos. Donde quiera que busques, puede que encuentres un papel amarillento, ya roto en las esquinas, que contengan mis líneas, escritas con mi puño y letra.

Y la nostalgia se reirá de nosotros, porque el tiempo ha pasado.

Tan rápido.

Pero seguiré aquí, de alguna forma tangible o abstracta, según se preste la ocasión. Y volveremos a caminar frente a la playa, charlando y dejando vagar los sentimientos de una ingenuidad que ahora es memoria.

Porque, amigo, la vida es un viaje hermoso, y al final del mismo, nos encontraremos, algún día.

—Lihem Ben Sayel.

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10 cosas sobre mí [y una más]

Me fascina la historia de Hadassa (la reina Ester). Deberías leerla Canallathor, te gustaría. Está en la Biblia, con el mismo nombre. De eso va este video 😉

 


Estoy casada desde hace 7 años con mi mejor amigo, un hombre maravillosamente imperfecto que me comprende, me anima y me cuida muchísimo. Tengo un hermoso bebé de 9 meses. Soy una eterna adolescente. Descubrí la fuente de la juventud y sólo les dejé un poquito 😀 Soy despistada y nada práctica. Se me da fatal aparcar, aunque tenga un campo de fútbol. Puedo ser muy. muy payasa en privado.


En mi vida, voy a contracorriente. Para mí no existen las imposiciones. Me gusta elegir, sobre todo en cuestiones en las que los demás lo dan todo por sentado. Por ejemplo, elegí llegar virgen al matrimonio con 25 años. Sí, virgen. 😉 Elegí ser abstemia, no fumar, ni nada por el estilo. Elijo, también, pagar al mal con el bien. Elijo amar, perdonar y servir a las personas. Elijo no expresarme con un vocabulario soez. Elijo la pureza en un mundo mayormente corrompido por la perversidad. Elijo la paz.


Como algunos ya sabrán, creo en Dios. Me encanta la persona de Jesús. Por ende, amo leer la Biblia, sobre todo los evangelios, donde procuro conocer más de su increíble personalidad y cómo trataba a las personas, y la forma en que manejaba las situaciones más adversas. Es mi héroe. Procuro imitarle, aunque fallo en demasiados intentos. No me avergüenzo de mi fe, ni de los principios que promulgo: amor, bondad, humildad, honestidad, integridad, pureza, dominio propio, etcétera.


Soy polifacética. Toco la batería (con tacones, cabe recalcar), bailo hip-hop y varios estilos contemporáneos (he hecho varias coreografías). También, dados mis orígenes palestinos, tengo en las venas el ritmo de la darbuka, y desde niña hago la danza del vientre. Se me da bien cantar (me dicen), pero me aburre demasiado. Escribo poesía desde mis recuerdos más tempranos. Siempre estoy escribiendo todo tipo de cosas. Pero soy poeta, sin duda. Aunque amo la prosa, también. Me gustan los deportes, sobre todo fútbol y baloncesto. Me encanta practicar boxeo. Hice el acceso al Ejército, pero no llegué a entrar. Sería un buen general en el campo de batalla.


Soy una amante de la belleza, la elegancia y la sofisticación en todo: en el caminar, en el escribir, en el hablar. No me gusta lo explícito. Prefiero lo sutil, como los velos de las mujeres de oriente, que invitan a imaginar su rostro. Amo la delicadeza, el tacto, la prudencia, y admiro mucho la inteligencia y la sabiduría. Hay una gran diferencia entre ambas, y suelo distinguirla.


No tolero la manipulación. Ni las dobleces. No soy pendenciera, más bien, analítica en exceso. Y eso me permite evaluar personas y situaciones, y tomar certeras decisiones en cuanto a ellas. Muchas veces me equivoco en mis juicios, y sufro mucho con la deslealtad y la indiscreción [cuando he vertido en alguien mi confianza, que para mí es sagrada]. Soy muy reservada con mi intimidad. Tímida, se podría decir. Me encanta sonreír, dar abrazos y escribir cartas.


Amo la música. Pero mentiría si digo que amo todos los estilos musicales. Me deleito en la música clásica, porque a veces las palabras estropean lo etéreo de mis sentimientos. Por ejemplo, detesto ese incordio, el reggaeton [he tenido que mirar en Google para ver bien cómo se escribe]. Me encanta la ópera y las bandas sonoras. Algunos pensarán mal de mí por esto, pero, comprendan, soy músico, y el reggaeton usa una base electrónica repetitiva en lugar de la batería. Tengo mis razones. [Por no hablar de sus maravillosas letras. El modo irónico es evidente.]


Soy una mujer de este siglo, pero con el alma en otras épocas. Todavía creo en el honor, por ejemplo. No sigo las modas. Nadie me dice cómo he de vestirme. Eso de vestir como todo el mundo, no va conmigo. Marco mi estilo y mis pautas. Me gusta ser exótica. Tengo el alma exótica.


Tengo una mezcla que amo: soy de origen ecuatoriano, palestino e italiano. Y, además, profeso un gran amor por la cultura judía, por Israel. Una gran contradicción en mi vida, tomando en cuenta que mi abuelo peleó contra Israel en la guerra, allá en el 1947. Pero, como ya he dicho, prefiero la paz a la guerra.


Soy una bibliófila empedernida. Mi sueño es tener una enorme biblioteca personal en mi casa. La estoy construyendo poco a poco. Así que no duden que el regalo perfecto para mí siempre será un buen libro. Ojo, nada comercial. Nada que salga anunciado en todas las librerías. Esos libros no suelen gustarme.


Transgresora de lo impuesto, escribo la número 11. Soy amante de la luna, y mi pieza más representativa es Moonlight, de Debussy. Hablo un poco de árabe. Mis mejores amigas suelen sobrepasarme mucho en edad. Me aburro un poco con las de mi misma edad. Soy romántica, apasionada y a veces visceral. Una mujer del desierto.


Siempre vuestra,

Lihem Ben Sayel…

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*Gracias a Canallathor por hacerme partícipe de esta dinámica.

CAPÍTULO 5 •HBUCDL• EL JURAMENTO

• Me gusta ambientar las entradas con música. Para disfrutarlo mejor, reproduce la canción. • ···HISTORIAS BAJO UN CLARO DE LUNA··· 5 ··· EL JURAMENTO ··· Theron Evoryan-Grienne era un nombre muy evocador para un guerrero; demasiado romántico y señorial para alguien que habría manchado su espada con sangre en batallas que, yo qué sabré, […]

a través de CAPÍTULO 5 ·HBUCDL· EL JURAMENTO — Historias bajo un claro de luna

«HASTA QUE EL TIEMPO DEJE DE EXISTIR»

Tantas personas en el mundo, tanto por hacer… Y estar a tu lado sigue siendo mi acción favorita del día. Me llenas, porque sólo tú tienes todo lo que yo necesito. Me comprendes como nadie más en este mundo tiene facultad para hacerlo. Cuando pienso que es el fin de mi vida, de la historia que se creó para mí, tú añades un espacio, y continúas con un renglón nuevo. No tienes memoria de mi maldad, a pesar de que en más de una vez te he traicionado. Pero me aferro a ti, aún a sabiendas que no soy la persona perfecta que me gustaría ser para ti, a fin de que no halles en mí motivo alguno para quejarte. De todos modos, sé que no esperas una persona perfecta, sino un corazón imperfecto que tenga la suficiente humildad para reconocer que no puede solo, que te necesita, tanto en los buenos como en los malos momentos. Los hilos de nuestra aventura ya llevan entretejiéndose muchos años, pero cada día descubro algo nuevo de ti, que no conocía, o  que se había quedado en el olvido. Jamás me prometiste que no habría tristeza. Jamás me dijiste que no habría lágrimas. Jamás me mentiste al respecto. Y a pesar del dolor, yo nunca he contemplado un camino fuera de ti, porque tu amor me tiene atada con cuerdas delicadas y amables. Mi sueño sería charlar contigo, distendidamente, sabiendo que jamás te avergonzaste de mí, ni de mi forma de ser. Más bien te deleitabas, viendo cómo me esforzaba en vivir como aquel ser único que habías recreado en tus pensamientos, con sus altos y bajos. A veces pienso que me pides cosas difíciles, porque son cosas que me harían ir más allá del concepto de amor condicional que puebla mi mente. En ocasiones lo logro; otras muchas, no. Pero lo sigo intentando, porque eres la única persona a quien realmente quiero imitar, y seguir. Estás más allá de todo concepto preconcebido, de todo dogma y teología. Eres un ser completo, complejo, y aún así, cercano. Poderoso. Soberano. Quisiera abrazarte hasta que el tiempo dejara de existir. Sentir tu aroma y el perfume de tu ropa. Sentir que, al abrazarte, mis enemigos sabrían que me protegerás de todo intento por destruirme. Tú me haces mejor persona. Me animas a dejar de mirarme a mí misma y mis problemas. Me animas a mirar más allá de los campos de trigo, donde está la verdadera necesidad de este mundo: el amor. Y me dices “ve, y dales de lo que yo te he dado”. Tu sonrisa me hace creer que, aunque encuentre resistencia y rechazo, estaré haciendo lo correcto, lo que esperas de mí, que de alguna forma no saldré perdiendo, aunque ellos me quieran hacer pensar que sí. Y me alejo de ti, corriendo, como un niño que sabe que al volver obtendrá la más dulce de las recompensas. Y mi gran consuelo, es saber que un día volveré a verte. Entonces, todas estas cosas, no serán más que recuerdos de una era lejana, donde estaba separada de ti.

—Lihem Ben Sayel…

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INSTANTES

 

No viviré más vidas que una.

[Los tropiezos. El amor desenfadado. Las tazas de café. Voces.]

Tampoco tendré más tiempo que el presente.

[Arrepentimiento. Bondad. Calidez. Afecto.]

No estoy segura de haber aprovechado todo mi tiempo.

[Apatía. Desconcierto. Culpa. Ignorancia.]

Pero, vaya que he vivido…

[Libros. Poesía. Música. Baile. Cuadernos en blanco. Cartas.]

[Soledad. Temor. Daño. Renuncia.]

[Besos. Lágrimas. Plegarias.]

[Guerra. Paz.]

[Abrazos.]

[Silencios…]

Sólo entiendo que la eternidad es un campo en donde brotarán las semillas que hayamos sembrado. Porque no viviré más vidas que una. Porque no tendré otro instante como este.

 

—Lihem Ben Sayel…
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Otro instante como este…

 

 

Cosas personales [Noviembre, 2017]

Empiezo este reporte con una amable confesión: esta época del año es mi favorita, y la que más me entusiasma, sin duda. Sencillamente, logra envolverme con el clímax de la nostalgia; los pensamientos del final del año siempre se tiñen de introspección, y es fascinante.

Y haciendo gala de ese ejercicio introspectivo que inunda los últimos dos meses del año, escribo esta entrada, no con una sensación de triunfo absolutista, pero tampoco de derrota. Y continuando con las confesiones, debo decir que, una de las etiquetas con las que podría catalogar este año, es la de caótico. Desde el mes de febrero, una secuencia de circunstancias han marcado mi vida. Me han hecho distinta.

Y no, no es para nada negativo. De hecho, creo que he subido un peldaño en madurez como mujer (sea lo que sea que eso signifique), y, además, me he hallado más a mí misma en medio de la turba constante que son mis pensamientos y emociones, muy inclinadas a la nostalgia propia de los poetas y artistas.

Hablando con un gran amigo mío escritor,  me dijo que no estaba escribiendo mucho por el simple hecho de que “estaba feliz”. Talvez a algunos de ustedes les suene exageradamente pesimista. No obstante, yo lo comprendí en seguida. [Qué maravilla ser comprendidos en la profundidad de nuestra aparente locura y caos.]

Algunas veces me he sentido cohibida en ser yo misma. Yo. La auténtica. La que tiene las emociones a flor de piel. La que es apasionada e intensa en lo que hace, dice y piensa. La que es sensible, y percibe la belleza de la vida,  del amor, del arte, de las cosas creadas y por crear por encima de los que me rodean. Esa. Esa que siente tener una locomotora en el pecho. Esa, impulsiva y salvaje, a veces. Esa que es capaz de permanecer inmóvil, de pie, aunque el mundo se le esté derrumbando encima. Esa que no se amilana. Esa que decide a quién seguir, a quién creer. Esa que cuestiona. Que no siente miedo [excepto por mi temor irracional a las alturas y a los murciélagos]. Esa a la que no le tiembla el pulso, ni desvía la mirada. Esa que es poesía y prosa, según la ocasión.

Así que decidí liberarme. [Quiero que esta frase esté aquí, solita, para que se vea y se entienda bien].

He comprendido algunas cosas más profundas acerca de mi fe. Acerca del Dios a quien amo y sirvo. He comprendido que a Él no lo puedes etiquetar en una idea, dogma, religión o filosofía. Que trasciende todo lo terrenal y humano. Y que, de esa misma forma, nos ha creado de una manera en la que, el único estado en el que nos sentimos cómodos, es siendo completamente libres. Libres de etiquetas y normas absurdas creadas por hombres para tener todo bajo control. 

Me está ayudando mucho un grupo de personas que encontré con mi misma fe, pero transgresores de la religiosidad; que hacen y dicen con enorme precisión muchas de las cosas que yo también pienso. Me alegra saber que hay personas como yo, sensibles al arte y la cultura, y apasionados por una fe verdadera.

No estoy hecha para obedecer un molde, para encajar. ¿Quién ha dicho que encajar es bueno…? Soy un espíritu libre, como dice una amada amiga. Siempre he tenido un toque desafiante bajo el velo introvertido de mi personalidad. Me gusta el misterio, y los secretos a descubrir.  Pero a mis 32 años, en vez de suponerme un problema, lo considero una enorme ventaja.

Amo a la gente, y quiero hacer el bien. Es mi meta en la vida: ser mejor persona para amar a las personas incondicionalmente. Y sólo Jesús me puede ayudar en esta tarea, porque Él lo logró.

Pero no me encasilles. No trates de hacer que encaje en un molde. Soy quien soy. Y si cambio, será para agradar al Dios en el que creo, no para que el sistema establecido se sienta cómodo conmigo. 

Por eso AMO  a la gente honesta. La gente honesta es humilde, porque es capaz de reconocer sus debilidades. Se hacen vulnerables al resto, y crecen en empatía, porque los demás pueden sentirse comprendidos y, por ende, aceptados.

Me siento desatada. Literalmente. Desatada de yugos mediocres y asustadizos. Y así como hiciere Sansón frente a los filisteos, en esta etapa de mi vida, derrumbo las columnas a las que me habían encadenado, para llegar a cumplir el propósito que está implícito en mí.

Qué maravilla es la LIBERTAD.

Nejath Lizett Hidalgo Mahmud (Lihem Ben Sayel)



 

 

 

 

 

A ÉL [شغف الصحراء]

c242f58a2dafa112dd8d5a1fcc4ef6fa--arabian-eyes-arabian-beautyEn la sombra rasgada de tu memoria me detengo, a orillas de ti, esperando tu risa en las esquinas de mi consciencia: el despertar sigiloso de nuestra historia. Se reanudan entre algodones los asuntos que dejamos a medias, entre ellos, un café a medio beber. Nos miramos —como se miran los enamorados las primeras veces—, desconcertados entre lo que observan y lo que esperan encontrar. Tú deslizas tus palabras de terciopelo, y a mí me parece que alguna especie de encantamiento me rodea. No te miento, mírame: me gustas. Observo los rasgos finos de tu rostro. Tus labios, tus ojos, tus pestañas. Tus brazos de acero. Tu pecho de hormigón. Y de pronto, sólo quiero sentirte plenamente, más allá de la noche, donde se oscurecen los caminos, como en el desierto, donde no existen las huellas a causa del viento. Como los guijarros, que se pulen entre ellos siendo suaves al tacto. Como el tiempo, que pasa, y ni juramentos ni ingenios lo detienen. No tengo dueño, y mi corazón no es presa de amo alguno. Pero escogería mil veces vivir en la prisión de nuestro amor: una pasión que se enciende. Una llama que arde.
—Lihem Ben Sayel.

CAOS

En lo profundo de mi caos, una pequeña y blanca luz lucha por entrar e iluminar los versos transgresores de mi alma velada. ¿Será que la dejo pasar? Las corrientes son fuertes, y me arrastran más allá de los límites que me había marcado la sensatez aprendida. Los diques de la sabiduría y la contención están por romperse: al parecer, se han desgastado con el paso del tiempo. Es posible que una sencilla mirada fuese capaz de detener el vendaval. Incluso, es posible que unas pocas palabras tuviesen el poder de encaminarlo todo, incluso mi memoria. Sin embargo, aquí estoy yo, inmóvil en medio de una especie de intersección bulliciosa, frenética y mecánica, donde la indiferencia hace mella en la opacidad —ya agravada— de mi entendimiento. Rehuyo de los razonamientos prescritos: existen cosas que no se pueden explicar. La lucha es constante y, yo, como soldado en la batalla que arrecia, empiezo a notar los signos de un agotamiento previsible. [¿Será que la dejo pasar?] Un sendero marcado. Un libro que habla acerca de la fe sencilla. Las hojas que crujen bajo mis pies confusos. Una certeza inamovible. Una taza de café que se quedó fría sobre la mesa. [Preguntas sin responder.] Una vehemencia. Una plegaria. Una decisión ya tomada. Un silencio agudo y mordaz.

[Es posible que unas pocas palabras tuviesen el poder de encaminarlo todo.]

—Lihem Ben Sayel.

 

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¿ERES FELIZ?

Te miro a los ojos y sostengo tus manos. Tienes miedo, porque sabes que no podrás mentirme, o en ese caso, lo sabré. ¿Eres feliz? te pregunto, buscando en tu alma una respuesta, que incluso tú mismo, pareces desconocer. Balbuceas; y rehuyes dando un paso hacia atrás, sin darte apenas cuenta. Pareces desconcertado, confuso. ¿Tan difícil es responder? Tus manos, ahora tensas, quieren desprenderse de las mías. Pero no las dejaré. Así que, para hacerles su estadía más cómoda, las acaricio con mis pulgares. Quizás así sepas que mi intención no es herirte, sino confrontarte con tu propia realidad. ¿Eres feliz? ¿Despiertas por las mañanas con una sonrisa en tu rostro, o el peso de los días ha carcomido tu esperanza? ¿Eres feliz? ¿Miras hacia el cielo azul, y simulas rozar las nubes con la yema de tus dedos, o la furia que llevas dentro te impide soñar con la luz del sol de espaldas? ¿Eres feliz? ¿Devuelves las sonrisas que encuentras a tu paso, nace en tu corazón un deseo espontáneo de bondad, o la maldad –que nos ha alcanzado a todos– ha recubierto las fibras de tu corazón, petrificándolas? ¿Eres feliz? ¿Te sumerges en los lagos, juegas con el tiempo, burlas a la amargura, le susurras al viento? ¿Cuentas las estrellas en el firmamento? ¿Tiendes la mano al necesitado, o tu indiferencia es ajena a los lamentos? ¿Gritarías que estás enamorado? ¿Abrazarías a alguien sin pensarlo?  ¿Tarareas la canción de la vida, rompes con carcajadas el silencio? ¿Tienes un hombro sobre el cual llorar, y un amigo con el cual reír? ¿Bailas al compás de las hojas de otoño? ¿O sólo fluyen quejas en tu caminar?

¿Eres feliz?  

Vuelvo a preguntar.
Quizás me respondas.
Quizás, ya está de más… 

 

–Lihem Ben Sayel.

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