CONFESIONES :o

La roca vuelve a caer.

Es mejor escribir en silencio, cuando la taza de té aún está llena. Aguardas, despacio, a que un pequeño desliz en tu memoria te recuerde algún sentimiento al amparo de la nostalgia. Es mejor escribir cuando nadie te lee, y tu corazón arde en desgracia. Ellos piensan que lo entienden, que son capaces de desglosar tus palabras y desentrañar tus líneas. Creen —con cierta indulgencia— que te hacen un favor si te leen.

Eso es ridículo.

¿Quién, en su sano juicio, contemplaría en la mano de alguien un corazón sangrante…? ¿Quién metería la mano en las entrañas de un moribundo?

Es mejor escribir cuando no hay nada que perder, cuando lo que sientes está vivo y es real. Cuando no tienes que responder a las preguntas de nadie, sino simplemente desbaratar tus propios conceptos de la vida perfecta.

Sí, desbaratarlo todo.

Empujar al vacío la sequedad de la hipocresía y la vanidad de esas palabras que están llenas de segundas intenciones maliciosas. Es mejor escribir cuando la sangre hierve y cuando no estás del todo consciente de cuál será tu próximo paso.

Es mejor escribirlo todo y no guardarse nada… bueno, talvez es sabio guardarse un poco, sólo un poco, porque las aves de rapiña no merecen ser alimentadas gratuitamente.

Es mejor romper la hoja en blanco —en lugar de corregir sólo la palabra mal escrita. Es mejor hacer añicos el espejo y devorar el libro. Así, todo en grandes proporciones, en grandes tempestades. Voltear la habitación —el corazón— intentando averiguar cuándo fue la última vez que te atreviste a soñar sin miedo.

Pero la vida a veces se traduce en algo simple y sagrado, como un rayo de luz que se cuela por la ventana o una gota de agua que se desliza en tus sienes. A veces resulta cruel, como Heracles intentando vencer al león de Nemea, o Sísifo teniendo que regresar a la base de la montaña para volver a empujar la enorme roca.

Sísifo.

Talvez así me siento: como cuando estás a punto de llegar a la cima, pero la roca vuelve a caer.

—Lihem ben Sayel.

CONFESIONES :o

Los libros como válvula de escape.

«Me siento cómoda entre libros, entre las voces de seres contemporáneos o de otros tiempos. Personas que han vertido sobre papel su esencia creativa, su propia visión de la vida, sus angustias, o incluso el mundo que les hubiera gustado vivir. Me siento cómoda, porque es un viaje emocional junto a gente que talvez nunca llegarás a ver, pero que sin embargo, de una forma u otra, ya conoces.»

—Lihem ben Sayel🌙📚

CONFESIONES :o

Las palabras que no volverán.

Las palabras que no decimos [que no escribimos] se exilian a ninguna parte; se esconden en lo recóndito, en la lejanía de los atardeceres y en la brevedad del rocío que empapa las rosas por la mañana. Las palabras que decidimos negar a otros —y a nosotros mismos—, finalmente se desvanecen, como el fuego de una pequeña cerilla, como una hoja que cae despacio de su árbol, al que no volverá jamás.

—Lihem ben Sayel🌙

CONFESIONES :o

X Aniversario de Bodas



Son las 04:28 am, pero no quiero que termine el fin de semana sin rememorar que he cumplido 10 años de matrimonio con el amor de mi vida.

Mientras más observo y leo las vidas de otras personas, más agradezco tener a mi lado al hombre que tengo. Él no es perfecto, —al igual que yo. Y nuestra imperfección se funde en un fuego intenso cuya llama tiene cuatro letras: amor.
Estoy feliz de haber encontrado el amor, y de haberlo hallado en los brazos de mi mejor amigo, —porque lo sigue siendo.

Tengo que dormir. Los niños se levantarán pronto y el día de familia comenzará sin detenerse hasta quién sabe qué horas. Pero sólo quería contarles lo afortunada y bendecida que me siento: amo y soy amada. Qué satisfacción…

«Veremos la gloria de Dios, juntos»

PROSA

Gymnopédies: No. 1, lent et douloureux



Existen temporadas aciagas, momentos en los que el corazón se vuelve de cristal, días en los que no me apetece ni escribir, ni leer, ni quiero hablar con nadie, ni quiero ver a nadie, sólo mantenerme abrazada a mis piernas a la luz de la luna, —con Marte, Saturno y Júpiter como honorables testigos— contemplando, a lo lejos, un mundo desconocido en el cual quisiera perderme; lo importante me parece efímero, y, de pronto, estar en silencio conmigo misma se vuelve una prioridad innegociable, porque el silencio es un buen aliado cuando las palabras sobran —o duelen—, y retumban una y otra vez como martillos en tu cabeza, mientras el monstruo de la crueldad sigue persiguiéndote muy de cerca, intentando terminar lo que empezó cuando tú aún no distinguías la luz de la oscuridad, y mira si insiste… insiste en arruinarlo todo, en quebrarte despacio —nunca de una vez— porque encuentra placer en la agonía, en la respiración que se entrecorta, en las lágrimas que caen como sangre, en la mirada que se apaga y en la sonrisa que se borra de un plumazo; es una bestia que disfruta pisoteando la flor más bella del jardín, y se jacta de distorsionar la música más dulce, y de convertir la caricia en cicatriz; pero yo me siento ahí fuera, y recojo mis piernas, y miro hacia arriba, y sueño con llegar allí, donde el mal no me toca, donde la tristeza se evapora, donde mi propia iniquidad se esfuma y soy alguien radiante que no conoce otra cosa sino lo bueno y lo puro, y lo digno y lo noble, y mi sonrisa vuelve a ser de niña, y mi mirada vuelve a estar viva, y mi corazón se convierte en oro indestructible, en acero invencible, y mis pies, en roca firme, vuelven a caminar hacia adelante sin temor a que el suelo se deshaga y me vea al borde de un abismo de preguntas que jamás obtendrán respuesta, y de incertidumbres que jamás se volverán certezas. 

Y todo en un día. O en una temporada. O en una vida.

PROSA

La petición.

Me encontrarás junto al río, después de caminar a través de la tierra húmeda. Entre los árboles que se muestran, y los ocultos. Por encima de las ramas que crujen, y los pájaros que jamás silencian su canto. Me encontrarás allí, talvez, escribiendo un diario, o quizás con un libro a cuestas. Con la mirada perdida mientras mis pies se mojan. El cabello danzando al viento, —porque jamás he sabido dominarlo. Y cuando me veas, no menciones mi nombre. Ni me toques el hombro. Ni suspires muy fuerte. Déjame allí, con mi diario, o con mi libro. Con mis pensamientos muy lejos, muy lejos… Con el sonido del agua corriendo, como quien persigue un sueño que se le escapa. Con la melodía del campo, de la brisa, bajo el tenue calor de un nuevo sol.

—Lihem ben Sayel.

CARTAS, CARTAS PARA AMITH, by Najma Adarah, PROSA, REFLEXIONES

Cartas para Amith (1) «Alguien que vale la pena»

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‹Alguien que vale la pena›

 

Un joven Rabí dijo una vez que “nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos.” Ese mismo Rabí estuvo dispuesto a dar —y, finalmente dio— su vida por sus amigos; y también por aquellos quienes no le consideraban amigo, aún. Esta ha sido mi mayor enseñanza en cuanto a la amistad.

Siempre he estado intrigada en cuanto a la amistad. Siempre he pensado que es algo recíproco, que debe constar de dos partes poniendo su voluntad para que algo funcione. Si lo pienso con mi orgullo, mi alto sentido de la dignidad y mi lógica interpersonales, supongo que sí, que es cierto.

Sin embargo, estaba quedándome en la superficie de lo que es la “verdadera amistad” [ese concepto que, en muchas ocasiones, descalifiqué, y al cual llegué a quitarle todo tipo de credibilidad.] Porque si bien es cierto que lo “ideal” sería que ambas partes pusieran su mejor voluntad para que la relación funcionase, si uno de ellos dejara de hacerlo, de ninguna manera esto querría decir  que la otra persona deba verse obligada a hacer lo mismo.

Y es aquí donde entra ese amor que va más allá de la razón y la lógica, ese amor sincero, puro, honesto y sacrificado —aunque en ningún caso libre de imperfecciones— del cual hablaba aquel Rabí. De hecho, un discípulo suyo, escribió una carta aduciendo —en cuanto al amor— que éste es capaz de aguantarlo, creerlo, soportarlo y esperarlo todo. Que no es orgulloso ni egoísta, ni busca sólo su propio bienestar. Bueno, esa es la amistad. Porque no se puede ser amigo de verdad si no se ama de verdad.

Es bonito llegar a un punto en la vida en el que puedes decir que, al fin, sabes lo que es la verdadera amistad. Sabes lo que es poner tu vida por alguien. Y no, no necesariamente quiere decir “morir” por alguien. O al menos no en el sentido que la mayoría imaginamos. A veces, el amor por un amigo, te exigirá morir a ti mismo, a tus ideas, a tu orgullo, a tu vanidad, a tu lógica, a tus temores, a tus preguntas. Y simplemente lo harás, porque sabes que es de verdad. Dará igual lo que piense el otro. Dará igual, incluso, si no “valiese la pena”, si fuese un desperdicio de “amor”; una ofrenda excesiva y extravagante que “podría haberse usado para otra cosa”, —como dijeron de aquella mujer que rompió su frasco de alabastro a los pies de aquel mismo Rabí.

Dará igual, porque tú lo sabes. Y has estado dispuesto a pagar el precio. Y lo seguirás pagando sin recibir nada a cambio. Simplemente porque en algún día, de algún año, hiciste una promesa, y aunque has fallado a muchas otras, esa no la fallarás. Porque en la vida, a veces, tendremos oportunidades —pocas, pero determinantes— de poder amar  a nuestros amigos de la misma manera que aquel Rabí estuvo dispuesto a amar: poniendo nuestra vida, simplemente porque creemos que esa persona lo vale.

Firmado:

Najma Hadarah.

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CONFESIONES :o, PROSA

MI PEOR ENEMIGO

Mi corazón es un conflicto constante; un campo de batalla fulgurante, cuyos cadáveres, a veces, no da tiempo a retirar. Mi corazón es tensión intermitente entre lo bueno y lo malo; entre la luz y la oscuridad. En ocasiones, me veo a mí misma alejarme de la orilla, y adentrarme en sus mordientes profundidades, para darme cuenta —demasiado tarde, ya— de que no debería estar allí. Otras veces, me siento atraída a recorrer sendas que ya conozco, y donde me conocen, —más que bien. Y no, tampoco debería estar allí. ¡Qué difícil es huir de las trampas maliciosas! Qué complicado me resulta ir contra mi propio corazón. Tengo sólo una salida, sólo una. Y si no me aferro a ella, volveré a estar atrapada en una alta torre de dimensiones considerables. O sumida en un pozo. Y no quiero ser quien fui. Sólo deseo que la ardiente luz del sol me ilumine en las tinieblas de mi impredecible naturaleza, y que me ayude a escapar de mi peor enemigo, que, indudablemente, soy yo.

—Lihem ben Sayel…

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CONFESIONES :o

Cosas personales: “Escribir una novela”

 El placer de releer.

Había olvidado lo que era tener un buen libro entre manos. No me malinterpreten: en los últimos cinco años he leído muchísimos libros, más que nunca en toda mi vida, pero ninguno de ficción. Ni novelas, ni cuentos, ni poesía… Ayer, sentí un impulso imposible de obviar. El único problema era que no tenía claro si romper esta “racha” con mi novela favorita (“Mil soles espléndidos”, de Khaled Hosseini), o con mi escritora favorita, Jhumpa Lahiri, y su “Intérprete del dolor”.

Finalmente, y no sin antes consultarlo con algunos allegados, me decanté por leer algo que me estremeciera. Y, sin duda, cualquier historia narrada al estilo oriental —en este caso, una historia afgana— contiene todos los ingredientes necesarios para lograr tal efecto. Soy amante ferviente de Afganistán y de las historias provenientes de allí. Al igual que disfruto muchísimo con las historias de familias bengalíes que me cuenta Jhumpa. Es un mundo totalmente lejano, ajeno, y, sin embargo, ellos me lo acercan a las palmas de las manos con tal solemnidad y encanto, que es imposible resistirse.


Misión: escribir una novela.

Hace unos días me vi, al fin, la película “Mujercitas” (2019). Obviamente, la película se introdujo en lo profundo de mis entrañas con un poder implacable. De todas las maravillosas escenas de la película, hay una en particular que me llevó a las lágrimas —y, créanme, no lloro fácilmente…—; me refiero a la escena final, precisamente cuando, con aire triunfalista, Jo March está presenciando cómo elaboran sus libros, y le dan la primera copia a ella. Por supuesto, ella se aferra a su libro como una madre a un hijo recién dado a luz. La emoción en su rostro es impecable. No dice una sola palabra con sus labios, pero lo dice todo con su expresión de satisfacción y de orgullo tras tanto batallar.

Honestamente, no me considero una “buena” escritora. Tengo tantas carencias al respecto, que podría escribir un libro sólo citándolas. Sin embargo, Dios puso en mí ese deseo, ese ímpetu de escribir. Lo puso Él, sí. Para algo, entonces, debe servir. Tengo mis reservas en lo que se refiere a “publicar”, primero, porque no sé si realmente creo que pudiese escribir algo que valiese la pena publicar. Y, segundo, porque mi idea de escribir es muy clásica, o sea, que no es mi intención sumergirme en ese mundo editorial tan depravado donde el escritor parece ser la pieza menos importante del juego. Al igual que Jo, sería incapaz de ceder mis derechos, y dejar que algo que yo escribí perteneciera a otra persona que no fuera yo.

En fin, que quiero escribir una novela. En realidad ya tengo una escrita, pero esa será de uso doméstico, para que la lean mis hijos (¡ojalá!) o alguien de mi entorno que quiera leerla. Aunque lo tengo un poco difícil, puesto que no estoy rodeada precisamente de amantes de la lectura (jaja…). También tengo varios relatos (¿o son cuentos..? No lo tengo muy claro, la verdad). Y, por supuesto, si hay algo que abunda en mis libretas, cuadernos y demás, es la poesía. Tengo un Blog exclusivamente dedicado a ello, aunque no muy actualizado por el factor tiempo.

Quiero escribir una novela. Aunque sea mínimamente buena. El otro día leí que “X” periodista de fútbol escribió un libro hablando de cómo había sido su experiencia tras pasar el COVID-19. No recuerdo ni la portada, ni el título (sin duda, porque son perfectamente olvidables). Lo que sí recuerdo es que pensé para mí misma (y para Twitter): caray, ahora cualquiera puede publicar un libro y con cualquier contenido.

Entonces, ¿por qué no intentarlo yo? No lo veo como un proyecto a mediano plazo, sino más bien a largo plazo, pero quiero producir, quiero escribir y quiero tener proyectos grandes y pequeños que pueda abrazar algún día, así como Jo March abrazó el suyo al final de la película.

The End.

—Lihem ben Sayel.

CONFESIONES :o, VIVENCIAS

Cosas personales: [Mi ilusionante normalidad], julio 2020.

Esta entrada será simple, sencilla. Pero es que estoy contenta conmigo misma. Me gusta mucho cuando, a pesar del paso de los años y a pesar de los cambios drásticos  en mi vida  —como la doble maternidad— sigo conservando cosas, rutinas, hábitos que son importantes para mí.

CARTAS:

Por ejemplo, en el último mes he escrito alrededor de 6 o 7 de mis cartas “especiales”, y aún tengo unas cuántas  más por hacer. Escribir cartas es una de las cosas que más me definen, desde que tengo uso de memoria. Claro que los tiempos han cambiado, y obviamente existen nuevas fórmulas de comunicación, pero me alegra tanto no haber perdido eso que tengo de las cartas. También me encanta recibirlas, claro, pero lástima que cada vez quedamos menos que las escriben.

FITNESS GIRL:

Por otra parte, también les cuento que he empezado a hacer ejercicio y a cuidarme estrictamente con la alimentación. Y pfff… ¡esto me hace sentir tan bien conmigo misma! Para mí, mi aspecto físico es importante. Cuando me cuido físicamente me siento que realmente estoy manteniendo un equilibrio entre mi espíritu, mi alma y mi cuerpo. [Bueno, la verdad es menos “espiritual”: simplemente me gusta verme y sentirme guapa.] Y como todas las cosas que tengo que hacer “para mí”, me toca hacerlo en la madrugada. Pero vaya si vale la pena…

LIBROS:

También me siento feliz de poder estar nadando entre mis libros. Soy una lectora simultánea: leo varios libros a la vez. Ahora mismo estoy leyendo tres o cuatro libros. Durante el día, voy tomando uno u otro y voy avanzando en la lectura. Sí, soy esa clase de lectora que no puede ser “fiel” sólo a un libro. Necesito más, y más, y más… Estoy a la espera de un muevo libro. Y ya tengo en mente cuál será el que compre el siguiente mes. Esto, tampoco lo puedo evitar.

BUSCAR A DIOS:

Los que ya me conocen desde hace un tiempo, saben lo importante que es Dios para mí, y que mi lugar preferido es su presencia, estar con Él, hablarle y escucharle. Y esto también lo estoy haciendo cada día, y amo hacerlo. De verdad. No hay nada mejor para mí. Todo lo demás puede esperar. Pero esto… ♥️

VIDEOS:

Como ya saben, hace unos meses empecé con un proyecto en mi canal de YouTube y demás redes sociales, en las que abordo temas de índole espiritual para mejorar la calidad de vida, literalmente. Con esto también estoy muy entusiasmada. Ahora mismo estoy en tiempo de preparación para una nueva serie de vídeos que saldrá en un par de semanas. Me resisto a entrar en el sistema de las RRSS, porque no quiero “habitar” allí, ni que sea allí donde encuentre mi alimento. Sólo aparezco por allí cuando tengo algo que ya se ha producido en mí y necesito compartirlo, y me ahorra, además, muchísimo tiempo. Lo aprovecho para todas estas cosas relevantes que he citado antes.


Bien, y para terminar esta entrada, sólo quiero rematar con algunos mensajes.

1. Bartomeu y Setién, ¡váyanse ya!🤨😠😡

2. Si quieres que te escriba una carta, dímelo y lo hago. Me hace muchísima ilusión escribir cartas.☺️✍🏻📜

3. En verano me toca usar el cabello ondulado. 🥵

4. Un par de días atrás tuve una de mis crisis existenciales y fue maravillosa.🙃😂

5. No estoy muy activa en las RRSS ahora mismo porque necesito estar conectada en mi corazón con Dios, leer, meditar, y eso requiere todo el tiempo y la concentración posibles. Pero me pueden escribir para lo que necesiten. En un par de semanas, cuando tenga lista la nueva Serie Devocional, nos volvemos a ver por las redes.

Siempre vuestra,

Lihem Ben Sayel…