SERIE: CARTAS PERDIDAS (I)

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En honor a esas decenas de cartas que he escrito y que jamás han llegado a su destino, ya sea por cobardía o por sensatez…

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#1

Hola, cómo estás… quería tomarme este tiempo para decirte un par de cosas. Sí, ya sé que han pasado muchos años, y que quizá sea demasiado tarde, pero no podía pasar una noche más con esta sensación tan profunda ahogándome. 

Simplemente quería pedirte perdón:

Perdón por no haber comprendido tu amor por mí.

Perdón por haberte hecho sentir culpable más de una vez.

Perdón por haberte “castigado” con mi indiferencia en represalia al daño que nos hicimos en el pasado.

Perdón por no haberte demostrado con mis abrazos que ya el pasado estaba olvidado, que sólo nos quedaba seguir adelante sin más remordimientos.

Perdón por haber dejado pasar demasiado tiempo, demasiados silencios, demasiados momentos que sé que ya no volverán.

Por eso te escribo esto, porque quizá de algún modo u otro aún no sea demasiado tarde para mirarnos a los ojos, tomarnos de las manos y darnos ese abrazo que tanto he deseado, sobre todo en los minutos más oscuros de mi vida, cuando en silencio gritaba tu nombre para que vinieras a socorrerme, porque sabía que sólo tu presencia me ayudaría a sentirme protegida una vez más.

¿Tú qué crees, podríamos lograrlo…?

Sí, seguramente dirías que sí, y me apretarías contra tu pecho haciéndome sentir lo mucho que has esperado esta carta, este momento en tu vida.

Pero nunca he tenido tu valentía para decir las cosas tan de frente, ya sabes, las emociones no son mi fuerte, y llorar ante alguien sigue siendo para mí una especie de estigma de fragilidad. No sé por qué me vuelvo tan loca con esto, si de todas formas he aprendido a asimilar mi fragilidad, pero ya ves… hay cosas que siguen sin cambiar.

Ahora sé que todo podría ser distinto, todo podría ser tan bueno si yo te entregase esta carta y si rompiese a llorar de todas formas sin importarme demasiado desnudar mi alma.

Pero esta carta no llegará a su destino, una vez más.

Y así, seguiremos tan cerca pero tan lejos…

Nunca me ha gustado mi exceso de complejidad.

YOM HA’ATZMAUT 64 (ISRAEL)

Empiezo por felicitar a mi amado Israel por sus 64 años de independencia (y de existencia reciente). Aquí les contaré un aspecto de mi vida que muchos no conocen. ¡Bien! 🙂

Es fascinante el mundo de los judíos: tanta historia, tantas tragedias y tanta gloria que envuelven su particular forma de vida. Aún recuerdo como si fuera ayer los días en los que mi ascendencia palestina y la marea informativa plagada de noticias antisemitas me convirtieron en una más de aquella gran cantidad de personas que mostraban su acérrima intolerancia hacia el pueblo israelí.

Desde los 15 años aproximadamente hasta los 18 (creo recordar) viví encolerizada por un odio que no era lógico (¿acaso en algún momento puede ser el odio algo que entienda la razón?); no conocía a ningún judío, pero sentía rabia hacia ellos; ninguno me había hecho nada directamente, pero por primera vez en mi vida entré en tres días de depresión cuando me enteré de la muerte de Yasir Arafat, ¿a quién eché la culpa?, a Ariel Sharon, que no permitió que Arafat tuviese atención médica a la enfermedad que padecía. Entonces, luego de todo esto, luego de sentirme una palestina acusada por la “gran maldad de los judíos” me detuve y reflexioné. Estaba equivocada. El espíritu antisemita me había contagiado. Sin duda, el problema mío era algo generacional (reitero mi ascendencia palestina).  Veía a los palestinos como los “débiles” y a los judíos como los “abusadores”. Pero ¿hasta qué punto era esto verdad y no conformaba una manipulación de la información y de la realidad?

Entiendo que cada uno tiene una opinión distinta con respecto a este conflicto, pero aún así, sea como fuere, el odio llama al odio y la violencia a la violencia. Nunca el odio será justificado, ni la violencia tendrá la razón. Es por eso que no hay “buenos” y “malos”; sino que cada uno es responsable de sus propios actos. Nunca fue bueno generalizar…

Pedí perdón a Dios por este pecado, y desde allí, fue otra cosa. Me convertí en una amante de Israel, de su pueblo, su cultura y su fe. Una atípica  representante. He tenido varios amagos de ir a la tierra que me llama, a la tierra donde me siento ligada; pero espero que algún día (no muy lejano) se convierta en un sueño realizado.

 

Bien, y aquí va mi foto favorita:

Este es el momento mismo en el cual David Ben Gurión

presidió el nacimiento de Israel, un 14 de Mayo de 1948

 

Para que se cumpliera lo dicho por el profeta Isaías: 

¿Quién oyó cosa semejante? ¿quién vio tal cosa?

¿Concebirá la tierra en undía? ¿Nacerá una nación de una vez?

 Pues en cuanto Sion estuvo de parto, dio a luz sus hijos.

Isaías 66:8

 

¡Shalom Alechem Ysrael!

CUANDO LA CIENCIA DICE “NO”… DIOS DICE “SÍ”

"CUANDO LA CIENCIA DICE NO... DIOS DICE SI"
(Testimonio anónimo en primera persona)
Tema:
Intervenciones milagrosas de Dios
 

“Después de varios años de feliz matrimonio y cuando mi reloj biológico me pedía el ser madre, decidimos con mi esposo que era el momento de dejar de ser una pareja, para emprender un nuevo camino como familia.  Pero las cosas no salieron según lo planeado; los meses pasaban, y con ellos venia la desilusión y la preocupación al no concebir vida en mi, por ello, buscamos ayuda médica.”    

“Al cabo del tiempo, los diferentes estudios a los que me ví sometida, dieron un diagnóstico: una trompa totalmente obstruída y la otra semi, razón por la cual era imposible que me quedase embarazada de forma natural. Los médicos programaron una operación para desobstruir las trompas, asegurándome que con esto no se solucionaría el problema, ya que también sería necesario someterme a un tratamiento de fertilidad. Así pues,  con fecha para la inminente operación, realicé el duro proceso de pruebas pre-operatorias.”

“La última prueba era una ecografía; y en plena prueba, la ginecóloga que me atendía me pidió que regresase en una semana, ya que no estaba segura, pero veía un pequeño “apéndice” (vaya manera de llamar a un bebe, ¿No crees?)… Calificativos aparte, a la semana siguiente regresé para que me repitieran la prueba, y después de varias verificaciones resultó que el pequeño “apéndice” era mi pequeña princesa creciendo dentro de mí.”

“Dios obró milagrosamente y donde la ciencia decía que no, El dijo SI. El médico no se explicaba cómo pude quedar embarazada en mis circunstancias, pero yo sé que para Dios no hay nada imposible. Él me sano completamente y al poco tiempo de disfrutar de la maravilla de ser madre, volví a quedar embarazada por segunda vez.”

“Dios siempre nos da más de lo que podemos imaginar.  ¡El es capaz de crear vida en la misma infertilidad!”

 

“Yo soy el Señor, Dios de toda la humanidad.

¿Hay algo imposible para mí?”

Jeremías 32:27

 

Lihem Ben Sayel,
The Princess Of The Lord… 

 

¿POR QUÉ A MÍ?

 
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¿POR QUÉ A MÍ?
(Testimonio anónimo en primera persona)
Tema:
La repulsión de los abusos y cómo Dios nos ayuda a superarlos

“Al principio no lo entendía. Creía que podía confiar en mi familia. Pero poco a poco, por las circunstancias, me di cuenta de que no siempre la familia era un refugio de amor, mucho menos de protección y confianza. Un miembro de la familia abusaba sexualmente de mí. Lo peor fue que cuando aún siendo yo una niña, eso salió a la luz. Sentía vergüenza. Todo el tiempo. Era una sensación continua de ser la letra escarlata de la familia, de ser la desechada, la que hizo algo muy, muy malo.”

“Pero mi pregunta era, ¿qué había hecho yo? Me trataban como la culpable, cuando yo solo era una víctima. Pero así crecí. Y me convertí en mujer. Crecí sintiéndome una culpable. Y cuando me enfrenté a situaciones parecidas de otros abusos, de violencia y vejaciones, sentía siempre que la única culpable era yo. Crecí con un fuerte sentimiento de culpabilidad aún en las situaciones en las que la víctima era yo.”

“Nunca actué de forma inmoral con los hombres, pues mi familia era de una fuerte tradición católica y yo tenía que dar la talla en la reputación familiar. Sin embargo, me vi envuelta en otros pecados sexuales ocultos. Estaba contaminada todo el tiempo. Mi mente estaba sucia. Y empecé a sentirme sucia yo también. Indigna de todo. No soportaba que me tocaran ni que me abrazaran. Todo me recordaba a los abusos. Desarrollé además una fuerte repulsión hacia los hombres y el sexo.”

“Años más tarde, tuve un encuentro con Jesús. Fue algo espectacular. Aún recuerdo la sensación de paz que me envolvió: volví a nacer. Pero al contrario de lo que creía, mis problemas no desaparecieron, sino que aumentaron. Yo no podía resolver el tema de mis pecados ocultos, porque sentía demasiada vergüenza de contar mi experiencia de abusos sexuales, maltrato físico y psicológico. Y eso me frustraba profundamente.  Además, si mi propia familia no me creyó y no me protegió, ¿por qué lo harían desconocidos en una Iglesia?”

“Sufrí mucho, durante tanto tiempo. Sufrí en silencio. Solo Dios sabe por cada cosa que pasé, ya que existen cosas que todavía hoy no me atrevo a contar. Sin embargo, permanecía en medio de la tempestad con Jesús. No era capaz de soltarme de Él. Era todo lo que tenía.”

“Así que la buena noticia, es que después de un proceso de restauración con Jesús en mi corazón, hoy por hoy, he podido perdonarme a mí misma, a mi familia y a las demás personas que sin saberlo formaron parte de este diabólico plan para destruirme. También he podido santificarme y ser libre de las ataduras de inmoralidad sexual. Ahora, yo ayudo a otras personas que pasaron por lo mismo.”

“A veces me pregunto, ¿y si no hubiese tenido un encuentro personal con Jesús? Y me imagino lo peor. Pero Él, en su misericordia me rescató. Usó a personas capacitadas y llenas de amor en la Iglesia para ayudarme. Y ahora soy libre, libre, libre de verdad. Le sirvo con todas mis fuerzas, y además, ya estoy preparada para vivir mi vida al lado del hombre que Él tiene para mí (cosa que era impensable antes).”

“No importa cuán terrible, vergonzosa o humillante haya sido tu experiencia: JESÚS PUEDE AYUDARTE. Solo su amor podrá sanarte, y solo su poder podrá liberarte.”

“Puse en el Señor toda mi esperanza;

él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor. 

Me sacó de la fosa de la muerte,

del lodo y del pantano;

puso mis pies sobre una roca,

y me plantó en terreno firme.”

Rey David, Salmos 40:1-2

 

Lihem Ben Sayel,
The Princess Of The Lord… 

 

UN JUEGO PELIGROSO

"UN JUEGO PELIGROSO"
(Testimonio anónimo en primera persona)

“Era pequeño. Tendría unos 7 años. Estaba con mi padre en una noche de las suyas. Él había quedado con sus amigos… para pincharse. Estábamos en un piso  Uno de ellos era policía y llevaba su arma. Yo jugaba con una pequeña niña que era hija de uno de ellos y estaba conmigo en el salón mientras mi padre y sus “amigos” estaban en una habitación drogándose.”

“De pronto, en medio del juego, veo un objeto sobre el televisor: era el arma del policía. Ignorando el peligro, cogí la pistola y apunté a la niña en la cabeza con toda la inocencia de un niño. Estábamos jugando. Pero en ese momento me doy cuenta de que la pistola pesaba mucho. Y entonces supe que no era de juguete.”

“Cuando voy caminando hacia la habitación donde estaban mi padre y los demás, se quedan estupefactos al ver que llevaba el arma. Aterrorizados, me decían: “¡no te muevas! ¡quédate tranquilo, no hagas nada!” Y me la quitaron de la mano. La pistola estaba cargada y no tenía ni siquiera el seguro puesto. Podría haberse disparado mientras jugaba con aquella niña. Pero ahora entiendo que Dios nos guardó.”

“Muchas son, Señor mi Dios, las maravillas que tú has hecho.

No es posible enumerar tus bondades en favor nuestro.

 Si quisiera anunciarlas y proclamarlas, serían más de lo que puedo contar.”

Rey David, libro de Salmos 40:5 

Lihem Ben Sayel,

The Princess Of The Lord…

mI DuLcE TeStImOnIoOo… =P

 

Mis amados elegantes y culturizados amigos:

(Esto solo lo cuento a mis bloggers, no a los Faceboockianos….. 🙂 )

Estoy muy feliz, porque hace tiempo yo estaba orando por un PC.  Bueno, venga, solo porque son ustedes les voy a contar cómo destrocé mi último pc. Era un portátil. Útil y sencillo. Pero créanme, muy útil.

Cierta tarde (una de esas tardes en las que me quedo sola en casa por la tarde y no tengo la supervisión adulta y sensata de mi esposo jaja) pues resulta que quise introducir una tarjeta de memoria de un antiguo móvil en el desafortunado pc. Y efectivamente, la introduje.

El problema era que luego no quería salir jaja….

Entonces, lo que hice fue coger el pc y batirlo efusiva pero inocentemente como si de un cóctel se tratara. Pero la tarjeta seguía sin salir. Entonces como toda buena mujer que alguna vez ha usado su pinza de cejas para cualquier cosa al estilo McGyver, acudí fielmente a mi famoso neceser de maquillaje y tomé una de mis pinzas (sí, tengo varias).

Intenté sacar la bendita tarjeta, esta vez ya con un poco menos de paciencia que antes. Pero tampoco obtuve resultados. Mi querido amigo Einstein dijo alguna vez que si quieres obtener resultados diferentes, pues que no hagas siempre lo mismo. Y yo sabiamente decidí recurrir a algo más contundente. La cocina. Un cuchillo. (¿Asusto, verdad?)

Introduje aquel cuchillo con menos tacto que un carnicero (a esas alturas ya no tenía paciencia, y mucho menos sensatez y sentido común). Pero estaba contenta…. ¡logré que saliera la tarjeta de memoria! jajajaja… 😀

Pero claro, al encender el pc (con la ingenua esperanza de que mi manera de proceder poco didáctica no haya causado un efecto rebote) me di cuenta de que la pantalla recitaba algo como ind2083fn m93nr82 rj293ndkq kd092’rjw rj’39rn ERROR

Rayos…. sí. Había acabado con el regalo de mi cuñada a mi esposo en escasos 15 minutos de histeria femenina. Pero bueno….. ¡qué se le va a hacer!  Lo mejor fue que cuando tomo el valor de llamar a mi Habib para contarle lo ocurrido (anticipándome con unas dulces palabras de: cariño, he hecho algo muy malo, ¿me perdonas?) él lo único que me dice es: Por favor, dime que no se trata de mi polo Lacoste. A lo que yo sonrientemente y aliviadísima respondí: ¡¡ No mi amor !!  ¡¡ Es el pc !! (bueno, tampoco le causó mucha gracia, pero…)

En todo ese tiempo tuve que dejar aparcadas mis novelas. Así que ahora podré retomarlas. Bueno, esta es la historia. Please, no lo divulguen, no me siento muy orgullosa de mi pc-cicidad 😀

Actualización:  que me regalan el PC xD !!!! 😀

Besos y me voy….

Shalom aléchem 😀

INMIGRANTE

 

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(pongo los dos videos por petición del público,

y pues, cada uno escuche la que más le guste…)

 

Ya me huele a Navidad. Los adornos, las luces en las casas, los turrones y los regalos que se empiezan a preparar. Algo se mueve en el ambiente siempre, en esta época. Algo especial. Pero esto es diferente a los recuerdos de mi niñez y de mi adolescencia. Me estoy sintiendo extraña. Casi una invasora.

Voy caminando por las calles del pequeño pueblo  isleño donde hago todo, menos dormir. Me fundo entre el asfalto y los semáforos. Entre las tiendas y el sonido de las bocinas. Entre lo que soy y lo que fui.

Escucho a los orientales hablar y reír. También veo a una pareja de marroquíes tomando a su pequeño hijo de la mano. Un grupo de chicos está reunido en una esquina: son latinos. Y fijándome en ellos, casi tropiezo con una anciana pero afable pareja de ingleses que dicen “sorry” mientras me sonríen amablemente.

Y ahí estoy yo. En medio de toda esa mezcla de culturas. Y empieza a divagar mi mente…

“¿Dónde está mi grupo de amigos? La esquina que yo frecuentaba está muy lejos de aquí. Por allá, por la Cordillera de Los Andes. Donde se escucha la música de los indígenas y de los que aún tienen esperanza de ver días mejores. Porque yo nací en un país donde sueñan al compás del bombo, el charango, la quena y el siku.

Mi gente habla quechua también. Y dependiendo de su región visten distintos y coloridos ropajes, que en algunos lugares son vitoreados, y en otros marginados. Nací en un país donde el Cóndor pasa, soberbio y protector. Vigilante de sus tierras. Orgulloso de su origen. Nací en el país donde Darwin vislumbró el origen de las especies. 

Nací en un país hermoso, donde el río Amazonas forma parte de nuestra sangre, por las guerras que hemos tenido que librar. Donde las playas se contonean al ritmo de la luna; donde el sol sí se puede alcanzar. Comemos el Yahuarlocro, encebollado de pescado, cebiche de camarón, caldo de bolas de verde, tortillas de yuca, colada morada, fritada, guatita y demás.

Sí. Ese es el lugar donde yo nací. Donde las amistades tienen la fama de ser para siempre, donde  “amistad” es una palabra de mucho valor. Vaya donde vaya, siempre será el lugar donde Dios decidió ponerme. El bendito lugar donde nací: Ecuador.

Pero yo estoy muy lejos de allí. Y no he vuelto, tras tantos años… Y no lo olvido. Porque amo ese lugar. Aunque Dios en sus insondables planes me llevó por otras sendas, a cruzar un océano entre los conquistados y los conquistadores, entre lo nuevo y lo viejo, entre el pasado y el presente de mi vida.”

Pero no tan rápido… Sigo caminando por las calles del pequeño pueblo isleño. En verdad, ¿de dónde soy? Por mi nombre y mi apellido, unos me dirían mora. Por el acento… (¿y mi acento, de dónde es mi acento…?).  Otros, simplemente me dicen latina o sudamericana. O… […]

De todos modos, eso no importa tanto. Soy INMIGRANTE. No soy de aquí, pero ahora mismo tampoco soy de allá. Soy una de esas tantas y tantas personas que vinieron arrastradas por una fuerza mayor, mayor aún a mis sueños, deseos y anhelos. Aún mayor a mi voluntad. Abandoné. Dejé atrás. Tantas cosas dejé atrás. Sería necia si dijera que no las echo de menos.   

Pero ahora tampoco soy capaz de irme de aquí, de donde estoy. Amo igual este lugar. Me ha dado tanto… ¿Podría ir a mi país de origen y sentirme en casa? Yo creo que no. Al igual que tampoco me siento en casa aquí. Pero es que, pensándolo bien, da igual dónde haya nacido, dónde esté viviendo, o hacia dónde pueda llevarme luego el destino.

Pues tampoco soy de este mundo. Y sí, es por eso que no hay lugar en el mundo donde pueda sentirme realmente “en casa”. Estoy pasando por aquí, como el cóndor, pero mi hogar es el cielo.

Y algún día, volveré…

 

“Nosotros tenemos nuestra patria en el cielo.”

San Pablo, Carta a los Filipenses 3:20

 

 

 

 

 

 Nejath Lizett Hidalgo Mahmud