[LAS INCONGRUENCIAS DE WORDPRESS]

En estos días, escuché a un amigo quejarse de que nadie leía lo que escribía. Estaba muy frustrado, porque -según él-, la gente no tiene ningún sincero interés por la lectura. Mientras me lo comentaba, yo no podía dejar de hacerle una pregunta mental: ¿cuándo fue la última vez que tú leíste un libro, o algo de otra persona…?
Los humanos tenemos muchas rarezas, entre ellas, el exigir a otros lo que nosotros no hacemos. ¿Por qué? Bueno… creo que es porque pensamos que lo que nosotros hacemos es mejor que lo que hicieron, por ejemplo, otros escritores. “Lo nuestro” sí que merece ser leído. Vaya… jeje, a veces se nos sube el ego a las nubes, ¿no creen? xD
Yo soy seguida por más de mil personas. Y sigo también a muchísimas. ¿De verdad creen que esas más de mil personas leen todo lo que escribo? ¡Claro que no! Y yo, ¿leo TODO lo que esas mil personas escriben? ¡No! ¡Me es imposible! 😦
Como la mayoría de ustedes, tengo una vida: familia, trabajo, actividades… Y, aunque este Blog forma parte importante de mí hace ya muchos años, no puedo vivir en torno a él. Soy consciente de que no todas las personas que le dan un like a mis entradas, necesariamente las han leído. Pero ¿y qué? No pasa nada. Eso no altera ni la calidad de lo que he escrito, ni mi satisfacción al haberlo publicado. Yo también muestro mi apoyo a muchos bloggers únicamente dando un like a sus entradas, aún reconociendo que, en muchas ocasiones, no he podido leerlas.
Creo que uno no puede estallar contra los demás o considerarse infravalorado por el simple hecho de no recibir tantos likes, comentarios o visitas. Creo que a todos nos gusta que los demás lean lo que escribimos. Pero de ello no puede depender nuestra iniciativa de escribir públicamente. A menos de que escribas únicamente con ese fin. Si ese es tu único fin (ser leído a toda costa), pues creo que, primero, alterarás tu contenido esencial por uno que sea más bien comercial (que no tiene nada de malo, pero por ejemplo, no es mi estilo). Y segundo, creo que te frustrarás enardecidamente al ver que tus “asombrosos escritos” no tienen la repercusión que crees que merecen.
Yo agradezco a todos mi compañeros bloggers que me dan un like, o comentan mis entradas. Agradezco a los que me leen. Y también sé que hay quien lee y no deja huella. Pero lo que no voy a hacer, es quejarme de que los demás “no me leen”, cuando soy consciente de que yo tampoco puedo leerlo todo (¡que ojalá pudiera…!) No creo que eso sea relevante, siempre y cuando yo me sienta feliz escribiendo aquí. 🙂
Creo que todos los bloggers hacemos lo que podemos, según nuestro tiempo e intereses. Yo no vivo para mi Blog. Me divierto mucho aquí, lo disfruto, y casi que lo necesito. Pero no puedo vivir para este sitio. Así que, perdónenme si no dedico suficiente tiempo a la blogsfera, pero, repito, esta no es mi prioridad. 🙂
Si alguien viene y me visita, es más que bienvenido. Y digo más: no necesito que me den like por dármelos, ni que me comenten por comentar, ¡aunque obviamente que siempre a –casi– todos esto nos hace mucha ilusión! 😀 Sin embargo, tampoco me molesta que lo hagan. Este es un espacio público para que cada quien lo disfrute a su manera. No hay ninguna regla ni exigencia. Y si, además de escribir -y ser leída-, puedo encontrarme con personas maravillosas que de otro modo me habría sido imposible conocer, pues, para mí, ya ha valido la pena…
Un fuerte abrazo a todos. ¡Y seguimos adelante amigos!

-Lihem ben Sayel…

[MIL RAZONES]

[El siguiente escrito, es de temática personal. También, les dedico esta hermosa canción, que amo desde hace mucho.]

Escribir. Se ha dicho -y se continuará diciendo- mucho acerca de esta forma de expresión. En algunas ocasiones he vertido mi opinión públicamente, mientras otras, simplemente he decidido abstraerme de ese aluvión, y sencillamente me he dedicado a hacer lo que hago desde niña: sí, escribir. No me considero un prodigio en el tema, ni siquiera -al contrario de lo que sostienen algunos buenos amigos- considero que lo que hago sea digno de “publicar”,  (he ahí otro dilema ligado a la escritura, del cual sí tengo una opinión formada, y que me evita caer en las garras del “escribir para gustar”, en otras palabras, literatura comercial para entretener.) Sé que, dentro de las personas que estén leyendo esto en este instante, habrá quien me comprenda.  Escribir por escribir. Porque es de vida o muerte. Porque escribes, o mueres por envenenamiento de un sinnúmero de emociones que se agolpan en tu interior, las cuales, por distintos motivos, no te ves capaz de comunicar o expresar oralmente con la misma sincera fluidez.

Y por eso creo que este Blog ha sido para mí un regalo. Después de muchos años (y de altos y bajos) lo sigo manteniendo al ritmo de mi vida, en ocasiones más llana, y en otras, tan dispareja y turbia. Pero mi vida, al fin y al cabo. Con este Blog, he superado el temor a que los demás sepan lo que estoy sintiendo. He superado la agonía que supone en algunos casos ser una persona demasiado reservada, pero que está deseosa de compartir sus emociones; desplomarse, como cualquier ser humano, reír o llorar, hablar o callar, pues admito que la esfera emocional interpersonal es un terreno para mí un poco peligroso, sencillamente porque me cuesta.

Aún así, gracias a Dios, puedo “jactarme” (si aquí equivale la palabra) de tener muy buenas relaciones con los demás. No soy una persona problemática, y soy bastante fácil de llevar, siempre y cuando no se quiera invadir mi espacio personal. Me gusta hacer que los demás se sientan cómodos a mi lado, aunque jamás comprometiendo mis convicciones. Quiero decir, no vivo para agradar a los demás. Pero me gusta ser el tipo de persona que los demás disfruten teniendo a su lado. Una vez, hace ya varios años, llegué a la conclusión de que mi vida aquí en la tierra estaba destinada a levantar a los demás. A ayudarles a cumplir su propósito, de alguna u otra forma. A sacarles del pozo. Y créanme si les digo que, aunque no es una tarea fácil, sí que es gratificante, porque te obliga a no pensar todo el tiempo en ti mismo y en tus circunstancias, sino que te abre el panorama a las necesidades de los demás.

Y he tenido que luchar contra el egoísmo, el ostracismo y la indiferencia que, como si fuese yo una superviviente en terreno hostil, había adoptado como armas para aferrarme a la vida. Pero muchas cosas han cambiado desde aquellos primeros años en los que comencé con este Blog. Yo he cambiado. Pero a la vez, sigo manteniendo mi esencia, mi poesía y mi melancolía. También mi fuerza y mi pasión. Sólo que los años ofrecen experiencia y sabiduría a quienes saben detenerse a observar, y a aprender de los propios errores.

Ahora me encuentro en una nueva etapa. Y aunque a veces no sea fácil transitar por ella, me deleito en las experiencias nuevas y en los desafíos que, una vez superados, me hacen saber vencedora. La vida es una escuela intensa, con pros y contras. Pero en ello radica su belleza.

Escribir. Me mantengo al margen de todo lo demás. Porque amigos han ido, mientras que otros han llegado. Relaciones se han desgastado, mientras otras nunca han llegado a cuajar. Pero la literatura ha sido mi mejor amiga en ese sentido: en el de poner el alma desnuda, sin miedo ni temor, por una vez, y simplemente decir lo que siento, lo que pienso, lo que desearía, lo que echo de menos, sin que nada más importe. Y si ello está impregnado de retórica, elegancia, estética y belleza, pues, ¿qué más se puede pedir…?

P.D.: Quiero expresar mi profundo agradecimiento a los MIL seguidores de este Blog. Gracias a los que me acompañan desde el principio, y a los que se han unido recientemente. Incluso  a los que me leen sin que yo lo sepa. A todos, porque de una forma u otra, hay algo que nos une: la vida convertida en letras. Y eso merece ser celebrado. ¡Gracias por darme mil razones para seguir escribiendo aquí!

Siempre vuestra,
Lihem Ben Sayel
The princess of the Lord…

Nota: los seguidores totales de este Blog son 1.123, pero me refería a que llegué a mil seguidores únicamente de usuarios WordPress (sin sumar los seguidores vía email).

[NÚMERO 7: ALEGATO FINAL.]

Cuando una persona escribe, lo hace por múltiples motivos. Antes, en tiempos pasados, escribía para lo que hiciera falta. En las tareas de poesía que nos enviaban en el instituto, le hacía las poesías -gratuitamente- a mis amigos, porque no me costaba nada. Escribía en las fechas especiales -cartas, postales-. Escribía para desahogar mi siempre reservado corazón. Escribía para producir un efecto. A medida que he ido creciendo, debo ser sincera: no tengo mucha gente a quien escribirle una carta, un poema, o un verso. No porque no tenga gente valiosa o digna de ello a mi alrededor. Pero posiblemente sea porque ahora, para mí, la escritura es como la esencia más pura de mi alma. Y en la madurez, sabes que dependes de esa esencia. No se puede -ni se debe- malgastar. No se debe derrochar, como si de un vino corriente -que se ofrece a cualquiera- se tratara. La escritura ha sido muchas cosas para mí. Pero, llegados a este punto, ahora, la escritura soy yo. Me es imposible escribir algo que no siento. O algo que redunde. O algo para quedar bien. Me es imposible escribir si no hay un sentimiento genuino empujando las paredes de mi corazón y de mis venas luchando desaforadamente por salir. Me es imposible dedicar versos a la gente simple, o amoldada a este insípido mundo, que cada vez más lo despersonaliza todo. Yo no formo parte de este sistema. Y ya puestos, ni siquiera me siento parte de este mundo. O al menos de esta época. Miro a mi alrededor, y no entiendo muy bien lo que ocurre. Prefiero mi mundo de libros, de música clásica y jazz, de poesía, de bosques, de flores, de sentimientos genuinos, sin fingimiento alguno. Me amenazo a mí misma con desaparecer: escribir en mis diarios y no dejar que nadie lea en mi alma. Pero a la vez, no puedo. Mi existencia es como un grito de auxilio: busco gente en este “mundo”, en esta “época”, que me diga: ¡sí, yo también me siento así, como tú! ¿Por qué vivir la intensidad de la vida en soledad, cuando la puedes compartir con otros seres semejantes a ti? Cada una de estas  7 entradas tiene un significado personal profundo y sincero para mí. Y créanme, que valoro esa sinceridad y esa pureza más que nada en la vida. Ni siquiera estoy segura de haber escrito todo esto para que lo lean, sino más bien para saber en qué punto exacto se encuentran mis sentimientos. Y sólo tengo una forma de saberlo, por muy obvio o absurdo que parezca. No todo me va bien, la verdad. Estoy frustrada por ciertas cosas que han ocurrido en los últimos dos años que me sobrevinieron de forma inesperada, y con lo que me está costando coexistir. Pero yo soy una guerrera. Poética, pero guerrera al fin y al cabo. Lo que importa es reconocer que estás en la guerra y que, pase lo que pase, no vas a formar parte del bando perdedor. Me asombra -en mis 30 años de existencia- la facilidad con la que la gente entra y sale de tu vida, como si nada. Eso, fíjate, aún me cuesta asimilarlo. Supongo que en los siguientes años lo comprenderé mejor, o sencillamente lo ignoraré. Incluso yo misma me he desligado -de forma natural, no intencional- de personas a las que aprecio. Pero eso a veces ocurre, sin siquiera pensarlo. De otras personas sí que me desligué intencionalmente. Pero esa es otra historia.

Bueno, ya está, lo dejamos aquí… Ya exprimí demasiado el corazón. 🙂 Me quedo tranquila y satisfecha.

Lihem ben Sayel.

[NÚMERO 5: PARTES DE UNA HISTORIA.]

<<Si pudiera reunir todas las partes de mi historia. Si pudiera convocar asamblea para diagnosticar  -en base a mi pasado- el porqué de mi presente. Si pudiera ser más benévola conmigo misma, y con mis errores. Si mi pensamiento acerca de mí misma no fuera tan gris, tan ácidamente férreo. Si pudiera conocer a la niña que fui, y decirle lo que hoy sé. Si pudiera prevenirla. Si mis consejos la hicieran fuerte. Si me la hubiese llevado lejos, muy lejos… Si su sonrisa dulce e inocente jamás se hubiera nublado. Si algunos de aquellos a quienes amé -y me amaron- aún estuvieran conmigo. Si no llorara tanto en el silencio de mis días. Si no escribiera poesía. Si fuera más simple. Si no fuera tan emocionalmente profunda. Si no le diera valor sentimental a todo. Si no quisiera ser desesperadamente amada, comprendida, aceptada. Sin todo esto, entonces, ¿quién sería yo?>>

Lihem ben Sayel

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[NÚMERO 1: COSTUMBRES ERRÁTICAS.]

<<¿Qué hacer frente a la soledad; frente a la desdicha de la incomprensión? Qué hacer frente a la errática costumbre de pensar que nunca somos lo suficientemente amados -no importa cuánto se nos ame. Y nunca logramos demasiado -no importa cuánto hayamos logrado. De todos los caminos que existen, yo escojo al silencio: pues el silencio es un gran aliado cuando las palabras amenazan con arrebatarnos la libertad.>>

-Lihem ben Sayel

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