CONFESIONES :o, Lihem Ben Sayel

«Lihem y Yerushalayim»

Todos contamos con alguna particularidad en la historia de nuestras vidas. Creo que todos, sin excepciones, podríamos relatar algo que nos diferenciara del resto de los humanos, los que han nacido y los que están por nacer.

Mi intención aquí es la de expresar mi particularidad, talvez, la más llamativa. Si bien es cierto que nací en Ecuador, ya llevo en España los mismos años que viví en Ecuador. Es complicado sentir que perteneces a un solo lugar cuando ya llevas repartida el mismo tiempo en dos naciones, maravillosas, por cierto.

Sin embargo, -y que esto no suene a reniego- mi corazón, lo profundo de mi corazón, con quien realmente se identifica es con Oriente Medio. Para explicarles el por qué, primero tengo que empezar diciéndoles que mi abuelo materno -a quien amo con locura- es palestino. Cien por cien palestino. Mi amor y mi admiración hacia él y hacia lo que representa en mi vida es tan fuerte, que abracé una identidad palestina desde niña, sin sentirme inducida a ello. Simplemente, como dicen, la sangre llama a la sangre, y la tierra llama a sus hijos. En este sentido, siempre me he sentido una hija de Jerusalén. Digo “Jerusalén” y no Palestina, porque mi fascinación va en dirección hacia esa ciudad. Ciudad sagrada compartida por musulmanes, judíos y cristianos.

Curiosamente, yo soy nieta de un musulmán, pero soy cristiana, y estoy casada con un español (gallego) descendiente de judíos sefardíes. ¿No es esto una mezcla muy novelesca? No sé en qué me convierte esta mezcla. Pero esto es lo que soy. Por otro lado, y aunque no me siento orgullosa -para nada- de lo que voy a confesarles, tengo que admitir que durante un tiempo en mi vida, aborrecí a Israel. Fue, concretamente, en la época de la segunda Intifada con Yassir Arafat. Mi identidad palestina se acrecentó tanto, que me adueñé de un odio que no me pertenecía, y que, desde luego, no ayudaba a nadie. Solo empeoraba las cosas.

Luego renuncié a todo aquello y me propuse empezar un nuevo camino: el amor, la paz. A partir de allí, empezó algo así como un milagro: mi corazón empezó a latir con un amor profundo hacia Israel. Obviamente, ese amor hacia Israel no minimizó mi amor hacia Palestina, así como en ningún caso el amor a estas dos naciones representa un tipo de justificación a las barbaries que entre ellas puedan cometer.

¡Amo a Palestina y amo a Israel! Pero sobre todo, amo a Jerusalén. Esta ciudad histórica, maravillosa, donde sé que la justicia finalmente reinará, poniendo fin a tantas eras de guerra.

Y este 14 de mayo, cómo no, fue una fecha especial: 72 años del nacimiento de Israel como nación. Felicidades, Israel.

Shalom, Yerushalayim.

—Lihem ben Sayel, amira al-Yerushalayim. 

No puedo dejar de adjuntar estos vídeos, para el recuerdo:

Lihem Ben Sayel

LOVE LETTER [1]: “Todo lo que tengo eres Tú”

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Carta de amor de Lihem ben Sayel a su amado Rey Yeshua:

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Todo lo que tengo es mi intimidad con el Rey. Mi vida gira en torno a ello, como la tierra gira alrededor del incandescente sol. Mis suspiros exhalan el deseo más profundo e intenso que puede habitar dentro de mi pequeño ser: el de contemplar su belleza, el de conocerle más. Sus aromas —los delicados aromas que desprende su presencia— son el elixir inconfundible por el cual mis sensaciones se dejan llevar.

No puedo estar sin Él. No quiero estar sin Él. Un beso suyo cura mil heridas. Un abrazo suyo recompone los pedazos de cualquier corazón roto. Una palabra suya bastará para sanarme, para elevarme por encima de mis propios pensamientos. Él conoce mi mala costumbre de volver a recorrer senderos de dolor, y me susurra “no te quiero allí”. Y entonces salgo de esos senderos y me embarco en un nuevo viaje donde Él es el guía, donde su paz es el destino y el amor baña cada paisaje como gotas de rocío.

Todo lo que tengo es mi intimidad. Es el sello de mi identidad: Él, solo Él. Pues el fruto más dulce que mi paladar ha degustado es el sabor de su nombre en mi boca. Me aferré a Ti, oh Amado, como se aferran las raíces al suelo en medio de la cruel tormenta. Eres el poema hecho una versión infinita de versos constantes y rebosantes de vida que fluye, como ríos caudalosos, en los que solo puedo ser arrastrada por sus fuertes corrientes.

Sí, lo diré una y otra vez: todo lo que tengo, eres Tú.

—Lihem ben Sayel, the princess of the Lord.

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