RÉVOLUTION

Recorro en mil pedazos 

los silencios de tu risa,

la débil y díscola hazaña

de tus labios fragmentados.

Un tesoro que se esconde,

un recuerdo enlatado, que

resurge de un pasado

estancado en el horizonte.

Y cabalgo contra todo

pronóstico mal establecido,

pues de lugares donde había caído 

ya logré levantarme, entonces.

Y sin prisas ni temores, hoy

elijo la libertad. 

Porque de todas formas no me irá bien.

Porque de todas formas, no me va mal.

—Lihem Ben Sayel

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CUESTIÓN DE TIEMPO

Sufro una pena constante
por haber perdido la vida.
Yo era tan bella, rozagante
como una amapola en flor.
Me miraban aquellos viajantes
admirados por tanta elegancia,
mi cabello, mis labios, mis danzas
eran cura para cualquier dolor.
Hasta que llegó la hora de todos
los que en esta vida nacimos,
donde la piel se agrieta y se arruga
el alma entera, y también el corazón.
¡Vieja, vieja! me gritan mozuelos
embriagados de años aún por vivir.
Jovencitas me miran con cierto desprecio
y piensan, vieja ¿cuándo vas a morir?
Cuestión de tiempo, ansiosos caminantes
para abandonar este tren que me atrapó
en rieles inciertos y amenazantes.
Cuestión de tiempo para decir adiós.

 

—Lihem Ben Sayel
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Requiem por una rosa.

Llevaba un misterio en los labios,
algo así como
un beso frío y antiguo.
Una rosa.
Una espina clavada,
en su profundo e hipnótico
mar.
El cielo está de luto,
gritaron ellos,
pensando que su lacónica voz
habría de oírse.
Mas, a su pena y angustia
cedieron;
y el sol no volvió a salir,
jamás.
Invitó la tierra a engullirse
[despacio]
mil recuerdos de tinta ocre.
Y cerró la tumba sus puertas;
para siempre, sus atardeceres.
No bailaron las danzas de luna,
ni aplaudieron su enorme belleza.
Desapareció su sonrisa de luces.
Y aquel misterio,
con ella,
se fue.

 

—Lihem Ben Sayel.

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ABRAZO EL SILENCIO.

Abrazo el silencio, la voz que calla.

El paso lento de las palabras vivas;

el susurro de un huracán en llamas.

Contente, no sueñes, no digas nada.

Las olas se rompen en mi interior.

Pero él siempre está… como firme roca,

puro,

y me ilumina más allá de la oscuridad.

¿El secreto? Sigue siendo buscarle,

donde sea que él se haya escondido.

Y, al encontrarle, me salvaré de la desdicha;

y engendraré, a su vez,

el dulce fruto de la paz.

 

—Lihem Ben Sayel.

 

BAJO LA LUZ DE UNA LUNA AMARILLA

Me conmueve mirarte sentado,
bajo la luz de una luna amarilla,
sosteniendo mi lánguida mano;
mi corazón, dejando de latir.
Mil recuerdos inundan nuestro espacio
albergando memorias antiguas,
cartas, versos, canciones, poesías…
un universo diseñado para los dos.
Si tus besos se tradujeran en palabras,
me dirían que siempre me has querido.
Y, si hablaran también tus lágrimas,
susurrarían un débil adiós.

 

—Lihem Ben Sayel.

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ESE ERES TÚ

Un camino allanado en el mar; luna llena que fabrica suspiros. Ese eres tú, amado mío: un rosal sin espinos, mi luz. Un poema escrito con besos. Fiel caricia al caer la tarde. Ese eres tú, amado mío: laberinto del cual no quiero salir. Pétalo azul, como el cielo que cubre. Mañana eterna que difumina mis sombras. Ese eres tú, amado mío: tierna sonrisa que repara el dolor. Hierba fresca en medio de la nada. Oasis perpetuo, río que fluye. Ese eres tú, amado mío: amor que rescata, caballero que no huye. Quiera Dios que hasta el fin de mis días, se propague lo nuestro, a pesar de los quebrantos. Y aquí estaré yo, amándote tanto, que hasta las estrellas tendrán celos de los dos.
—Lihem Ben Sayel.

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TE TRAIGO POEMAS

Amor. Amor intenso. Amor que me abre camino en las mañanas, dibujando a mi paso cálidas nubes de terciopelo. Amor. Amor de mi alma. Tu caricia es delicia temprana. Tus ausencias son eterno desazón. Amor. Te traigo poemas. Por si olvidas que mi corazón es tuyo; por si recuerdas en demasía cuánto te fallé. Amor, ¿y si nos tomamos de la mano…? ¿Y si dejamos atrás las condenas? Seremos, al fin, agentes libres del ayer.
—Lihem Ben Sayel.

 

 

Al compás de varias noches 

Ningún espejo roto

refleja —eficaz— una imagen. 

Palabras. 

Oídos sordos,

a las mentiras que vienen y van.

Tú y yo,

y un par de otras cosas.

Los silencios que la voz esconde, 

son doctrinas sin dueño, ni pose;

dulces misterios por revelar.

Me acogeré al refugio de lo cierto,  

mientras no llueva en el país de las maravillas.

Nos amaremos.

Y al compás de varias noches, 

nos habremos bailado la vida.
—Lihem Ben Sayel.

Quiéreme.

Quiéreme cuando el sol se esconda,
y no haya más estrellas centelleantes que admirar.
Quiéreme cuando se posen las sombras,
—esas que pueden mi mente sesgar.
Quiéreme mientras yo pueda mirarte;
y quiéreme aún más,
cuando me cueste escucharte.
Quiéreme, con el pasar de los días,
que van perdiendo su encanto,
y van ganando en lamentos.
Quiéreme, hasta el fin de los tiempos:
hasta que la luz de mis sueños
ya no me haga volar.
Quiéreme debajo de las olas
que me arrastran y sofocan;
hasta el fondo mismo del mar.
Quiéreme en mitad de zozobras,
entre penas y glorias,
contra toda crueldad.
Quiéreme con los ojos abiertos.
Y, por favor, no los cierres…
Sólo mantente despierto.

—Lihem ben Sayel.

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Serene couple hugging on truck at beach

 

 

EXISTENCIA.

La vida es tierna, como un brote de hierba;
y frágil, como la niebla,
—que surge de la nada, y así mismo, a la nada se va—.
Y, entre verso y verso,
¿cuál vida vivimos?
¿La que hiere, la que besa;
o la que ama hasta morir?
No alcanzaré todos mis ideales.
No bordearé los umbrales de la excelencia.
Pero, sin duda, en detrimento de todos mis males,
lucharé por los motivos de mi existencia.
Lihem Ben Sayel.

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