POESÍA

Carta 1

Hoy recordé los viajes que antaño hicimos

de los cuales no tuvimos el detalle de regresar enteros.

Los libros que leíamos —recostados sobre la hierba muerta—

mientras se oía, a lo lejos, una queja proveniente de no sé dónde.

Reíamos como posesos, como niños excedidos en azúcares

pero sin padres demasiado próximos a ellos que pudieran regañarles. 

Así reíamos. Bien lo recuerdo.

Mi sombrero. Tu corbata. 

Las tazas de té a los lados de la manta, de colores vivos y engañosos,

como el sol que se escondía para dejarnos expuestos ante la luna,

llena y exquisita.

Me tomaste de la mano para prometerme

relojes sin tiempo,

orillas sin olas, 

vestidos sin hilos,

y noches sin sombra.

Yo me lo creía todo, como una paloma indefensa

o como un anciano decrépito que ya nada exige,

salvo la indiferencia.

Hoy recordé nuestros viajes.

¡Lástima que no volvimos enteros!

 

—Lihem Ben Sayel 

 

POESÍA

Oda al tiempo perdido

Allí, donde huyen las voces

y el silencio te atrapa

—como telaraña,

allí;

donde la suavidad de la seda es

mero espejismo.

Allí claudicó el tiempo;

se convirtió en gran abismo.

Las luciérnagas apagaron la Luz.

 

—Lihem Ben Sayel.

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POESÍA

MUJER AL OTRO LADO DEL MUNDO

Mujer al otro lado del mundo,

tus penas y mis penas

no son las mismas, no.

Por más que intento imaginar

a la orilla del sueño profundo

cómo será tu vida, cómo te las arreglarás,

yo no lo consigo, no.

Tú te despiertas en la incertidumbre

del hambre, del frío y las bombas,

de tus hijos gritando “mamá, mamá”.

No hay hombres en casa: todos muertos.

Ellos se rehusaron a capitular.

Pero tú, arrastrada en tu única dignidad,

humillada y mullida como el corazón de una flor rota

hallaste la fuerza en el palpitar de sus ojos,

porque los niños te miran, no quieren morir.

Recorres aldeas y pueblos fantasma

donde solo reina una estela de destrucción.

Nadie te da nada si no les brindas algo a cambio.

E incluso hasta a “eso” te ha llevado tu desesperación.

Atrás quedaron los años cuando al pasar te llamaban “dama”.

Poco queda de esa mujer; el resto, sencillamente murió.

No logro imaginarte al otro lado del mundo

suplicando al cielo un poco de consolación.

Lejana mujer, amiga y hermana,

tus penas y las mías

no son las mismas.

No.

 

—Lihem Ben Sayel.

POESÍA

[RESUCITARÁ]

Eres como un ramillete
de canciones secas
desgastadas
de lo mucho que se han entonado
en los parajes distantes
de recuerdos absurdos,
fugaces;
letales.
Nube arrancada del cielo con
silencios que rompen ocasos.
Nada resurge. Nadie respira.
Contémplalo todo una vez más.
Y en medio de la muerte
habrá poesía extinta.
En lo oscuro, la luz,
resucitará.

 

—Lihem Ben Sayel

 

POESÍA

RÉVOLUTION

Recorro en mil pedazos 

los silencios de tu risa,

la débil y díscola hazaña

de tus labios fragmentados.

Un tesoro que se esconde,

un recuerdo enlatado, que

resurge de un pasado

estancado en el horizonte.

Y cabalgo contra todo

pronóstico mal establecido,

pues de lugares donde había caído 

ya logré levantarme, entonces.

Y sin prisas ni temores, hoy

elijo la libertad. 

Porque de todas formas no me irá bien.

Porque de todas formas, no me va mal.

—Lihem Ben Sayel

POESÍA

CUESTIÓN DE TIEMPO

Sufro una pena constante
por haber perdido la vida.
Yo era tan bella, rozagante
como una amapola en flor.
Me miraban aquellos viajantes
admirados por tanta elegancia,
mi cabello, mis labios, mis danzas
eran cura para cualquier dolor.
Hasta que llegó la hora de todos
los que en esta vida nacimos,
donde la piel se agrieta y se arruga
el alma entera, y también el corazón.
¡Vieja, vieja! me gritan mozuelos
embriagados de años aún por vivir.
Jovencitas me miran con cierto desprecio
y piensan, vieja ¿cuándo vas a morir?
Cuestión de tiempo, ansiosos caminantes
para abandonar este tren que me atrapó
en rieles inciertos y amenazantes.
Cuestión de tiempo para decir adiós.

 

—Lihem Ben Sayel
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POESÍA

Requiem por una rosa.

Llevaba un misterio en los labios,
algo así como
un beso frío y antiguo.
Una rosa.
Una espina clavada,
en su profundo e hipnótico
mar.
El cielo está de luto,
gritaron ellos,
pensando que su lacónica voz
habría de oírse.
Mas, a su pena y angustia
cedieron;
y el sol no volvió a salir,
jamás.
Invitó la tierra a engullirse
[despacio]
mil recuerdos de tinta ocre.
Y cerró la tumba sus puertas;
para siempre, sus atardeceres.
No bailaron las danzas de luna,
ni aplaudieron su enorme belleza.
Desapareció su sonrisa de luces.
Y aquel misterio,
con ella,
se fue.

 

—Lihem Ben Sayel.

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POESÍA

ABRAZO EL SILENCIO.

Abrazo el silencio, la voz que calla.

El paso lento de las palabras vivas;

el susurro de un huracán en llamas.

Contente, no sueñes, no digas nada.

Las olas se rompen en mi interior.

Pero él siempre está… como firme roca,

puro,

y me ilumina más allá de la oscuridad.

¿El secreto? Sigue siendo buscarle,

donde sea que él se haya escondido.

Y, al encontrarle, me salvaré de la desdicha;

y engendraré, a su vez,

el dulce fruto de la paz.

 

—Lihem Ben Sayel.

 

POESÍA

BAJO LA LUZ DE UNA LUNA AMARILLA

Me conmueve mirarte sentado,
bajo la luz de una luna amarilla,
sosteniendo mi lánguida mano;
mi corazón, dejando de latir.
Mil recuerdos inundan nuestro espacio
albergando memorias antiguas,
cartas, versos, canciones, poesías…
un universo diseñado para los dos.
Si tus besos se tradujeran en palabras,
me dirían que siempre me has querido.
Y, si hablaran también tus lágrimas,
susurrarían un débil adiós.

 

—Lihem Ben Sayel.

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POESÍA

ESE ERES TÚ

Un camino allanado en el mar; luna llena que fabrica suspiros. Ese eres tú, amado mío: un rosal sin espinos, mi luz. Un poema escrito con besos. Fiel caricia al caer la tarde. Ese eres tú, amado mío: laberinto del cual no quiero salir. Pétalo azul, como el cielo que cubre. Mañana eterna que difumina mis sombras. Ese eres tú, amado mío: tierna sonrisa que repara el dolor. Hierba fresca en medio de la nada. Oasis perpetuo, río que fluye. Ese eres tú, amado mío: amor que rescata, caballero que no huye. Quiera Dios que hasta el fin de mis días, se propague lo nuestro, a pesar de los quebrantos. Y aquí estaré yo, amándote tanto, que hasta las estrellas tendrán celos de los dos.
—Lihem Ben Sayel.

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