MUY PERSONAL

[FUIMOS JÓVENES]

cute_kids_playing_outsideFuimos jóvenes, que jugaban a no pensar en nada. Reíamos por todo. Creíamos en todo. El “estar allí” para el otro, constituía la norma más pura, el más grande de los mandamientos, porque, pasara lo que pasara, uno jamás abandona a sus amigos. Fuimos estrellas que se iluminaron por instantes fugaces; y sólo te queda el recuerdo, el poder decir: “sí, yo la vi, un día esa luz fue estrella, un día danzó para mí”. Fuimos las cartas que escribimos, los momentos compartidos, los secretos y los abrazos. Fuimos los detalles, la inocencia, la amistad. Y ahora me pregunto: ¿y qué de todo eso? ¿Existe acaso en el corazón algún baúl donde todo aquel tesoro pueda mantenerse a salvo? Y si todo eso fue tan hermoso, ¿por qué entonces sólo tengo ganas de llorar…? 

Lihem ben Sayel…

[The Making of: Fuimos jóvenes]

CONFESIONES :o, REFLEXIONES, VIVENCIAS

SERIE: CARTAS PERDIDAS (IV)

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En honor a esas decenas de cartas que he escrito y que jamás han llegado a su destino, ya sea por cobardía o por sensatez…

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Mentiría si no admito que te extraño; si no admito que aquello “breve pero intenso” fue algo más que inolvidable. Yo sí creo en las nuevas oportunidades. Creo en que las cosas pueden arreglarse. Creo que sí es posible dejar una puerta abierta y abandonar los complejos que talvez nos han estado reprimiendo. Puertas abiertas. Sí. Para que fluya lo nuevo y resurja lo viejo, aquellas conversaciones, aquellos anhelos, aquellos abrazos casi interminables. 

Yo también me lo pregunto muchas veces: ¿qué habría pasado si…?

Y es todo a veces tan sencillo pero tan complicado, que nos absorbe más el miedo absurdo que las ganas de volver. Así que, quién sabe, puede que este sea el momento de los momentos, la ocasión de las ocasiones, la oportunidad de las oportunidades. Porque en lo más profundo de mí, lo que en verdad deseo, es que volvamos a sonreír con sólo mirarnos, como sabiendo ya lo que pensábamos sin decir una sola palabra.

Somos diferentes. Sí, y mucho. Pero a la vez tenemos tanto en común…

Ojalá este sea nuestro tiempo.

Quiero que sea ‘nuestro tiempo’.

CONFESIONES :o, MUY PERSONAL, REFLEXIONES, VIVENCIAS

SERIE: CARTAS PERDIDAS (II)

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En honor a esas decenas de cartas que he escrito y que jamás han llegado a su destino, ya sea por cobardía o por sensatez…

#2

Bien… compartimos muchas cosas, eso sí es verdad. Me parece increíble recordar todo lo que significaste para mí, y que ahora no seas nada, absolutamente nada, ni una pequeña llama en una hoguera a punto de extinguirse. Nada. Creo que fue la primera situación verdaderamente traumática que tuve que confrontar con respecto a las relaciones. ¡Y vaya si me hiciste daño! Y sí, yo también te lo hice. Porque soy impulsiva, porque por aquel entonces primero sentía (y escribía), y después pensaba, y porque no me iba a quedar sentada viendo cómo sencillamente te arrancabas de mi pecho, como si no doliera, como si no te hubiera querido nunca, como si tus promesas y tus palabras no hubieran significado nada. Creo que eso fue lo peor: darme cuenta de que la gente que me quiere también puede ser capaz de romperme las promesas en la cara, y seguir con sus vidas como si nunca hubieses existido. Ajá, no has sido la primera persona que lo hace. Y me temo que no serás la última.

Pero ¿te das cuenta? Ya no soy esa niña que tenía dificultades para decir lo que pensaba. Ahora soy una mujer segura y contundente. Y mi contundencia también se olvidó de ti, como se olvidó de tantos otros episodios, los cuales decidí que no me amargarían la vida para siempre. ¿Y tú, dónde estás? ¿Estás bien? ¿Estás conforme con tu vida? Por que yo sí. Yo amo mi vida. Y ahora soy mejor, más fuerte, más sabia, más experimentada.

Y por eso te doy gracias. Porque tu insensatez me hizo crecer. Me hizo aprender más acerca de las personas.Acerca de mí misma. De hasta dónde soy capaz de soportar. Y también me permitió darme cuenta de una realidad: sí, te quise, pero tampoco lo suficiente como para recordarte con excesivo cariño.

¿Mi gran recompensa? Escribir todo esto, teniendo la clara convicción de que jamás llegarás a leerlo…

CONFESIONES :o, MUY PERSONAL, PROSA, REFLEXIONES, TESTIMONIOS

SERIE: CARTAS PERDIDAS (I)

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En honor a esas decenas de cartas que he escrito y que jamás han llegado a su destino, ya sea por cobardía o por sensatez…

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(Play mientras lees…)

#1

Hola, cómo estás… quería tomarme este tiempo para decirte un par de cosas. Sí, ya sé que han pasado muchos años, y que quizá sea demasiado tarde, pero no podía pasar una noche más con esta sensación tan profunda ahogándome. 

Simplemente quería pedirte perdón:

Perdón por no haber comprendido tu amor por mí.

Perdón por haberte hecho sentir culpable más de una vez.

Perdón por haberte “castigado” con mi indiferencia en represalia al daño que nos hicimos en el pasado.

Perdón por no haberte demostrado con mis abrazos que ya el pasado estaba olvidado, que sólo nos quedaba seguir adelante sin más remordimientos.

Perdón por haber dejado pasar demasiado tiempo, demasiados silencios, demasiados momentos que sé que ya no volverán.

Por eso te escribo esto, porque quizá de algún modo u otro aún no sea demasiado tarde para mirarnos a los ojos, tomarnos de las manos y darnos ese abrazo que tanto he deseado, sobre todo en los minutos más oscuros de mi vida, cuando en silencio gritaba tu nombre para que vinieras a socorrerme, porque sabía que sólo tu presencia me ayudaría a sentirme protegida una vez más.

¿Tú qué crees, podríamos lograrlo…?

Sí, seguramente dirías que sí, y me apretarías contra tu pecho haciéndome sentir lo mucho que has esperado esta carta, este momento en tu vida.

Pero nunca he tenido tu valentía para decir las cosas tan de frente, ya sabes, las emociones no son mi fuerte, y llorar ante alguien sigue siendo para mí una especie de estigma de fragilidad. No sé por qué me vuelvo tan loca con esto, si de todas formas he aprendido a asimilar mi fragilidad, pero ya ves… hay cosas que siguen sin cambiar.

Ahora sé que todo podría ser distinto, todo podría ser tan bueno si yo te entregase esta carta y si rompiese a llorar de todas formas sin importarme demasiado desnudar mi alma.

Pero esta carta no llegará a su destino, una vez más.

Y así, seguiremos tan cerca pero tan lejos…

Nunca me ha gustado mi exceso de complejidad.

CONFESIONES :o, MÚSICA DE LA BUENA, MUY PERSONAL, VIVENCIAS

-LO QUE DEJÉ ATRÁS.

Quevedo ha cambiado.
Tengo la sensación de otras épocas y recuerdos que por más que intente forzarlos para “quedarse”, ya dejaron de ser hace mucho. Camino por las calles intentando sentirme parte, una más. Sin embargo es ineludible tener consciencia de que llevo lejos el tiempo suficiente como para saber que no lo soy. La familia está incompleta, los amigos están dispersos, los vecinos ya son otros, los recuerdos son sólo recuerdos. Quevedo siguió adelante sin mí, como a la vez yo seguí adelante sin Quevedo. Somos como dos amantes que saben que se amaron con locura y no pudieron dejar de amarse durante 17 años, pero que tras ese tiempo, las circunstancias empujaron a ambos lejos el uno del otro. Quedaron como amigos, eso sí, pero como amigos ingratos que siempre quieren escribir una carta y finalmente nunca encuentran ni el tiempo ni las ganas suficientes como para hacerlo.
He estado con mis abuelos, he caminado por las calles de mi infancia y adolescencia. He entrado a mi casa, la que dejé hace casi 12 años, y he sentido mi corazón derretirse frente a una realidad que antes fue mía y que ahora habitan personas que jamás sabrán lo que esas paredes significan para mí.
Es en ese momento cuando comprendo que mi lugar está donde Dios quiera que esté. Mi corazón estará compartido entre lo que fue y lo que es. Y quién sabe lo que vendrá. Soy ciudadana del mundo; pero peregrina al fin y al cabo. Mi destino final será muy distinto, y lo sé. Pero doy gracias a Dios por haberme permitido nacer en un pequeño lugar del mundo llamado Quevedo, en Ecuador. Porque es parte de mis orígenes. Sin embargo también doy gracias porque ahora encontré un lugar que también he hecho mío, en Tenerife, España, donde conocí a gente que amo, y en especial al hombre de mi vida. Creo que como inmigrante que soy, siempre tendré esa sensación de “estar fuera de lugar, de no encajar nunca del todo”, como dijera Edward Said en sus memorias. Y es natural, lo comprendo. Yo creo que a los inmigrantes a veces nos persigue ese complejo de no sentirnos con la autoridad de pisar las tierras lejanas a donde hayamos ido porque en el fondo sabemos que esa tierra, aunque nos haya acogido con agrado y cariño, no nos pertenece. Y así como afirma “La Negra” Mercedes, todo cambia“. Y es cierto, porque Quevedo ha cambiado.
Y yo he cambiado con él.

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