CONFESIONES :o, PROSA

LOVESONG [3]: Apresúrate, Amado mío.

Se ha cumplido mi deseo, mi más ferviente deseo: mi Amado me ha escogido para entrar en sus cámaras de amor. Me ha llamado de la profundidad del desierto en el que me encontraba, y ha reclinado mi cabeza sobre su regazo. ¡Mi gozo ha sido cumplido! Me ha escogido para que esté con Él y le complazca. Y mi corazón se deleita en gran manera de que Él tenga en mí su contentamiento.

Él me ha escogido, pero no por mi belleza, sino por la suya. La belleza de su gracia —eterna y noble— ha cubierto la multitud de mis imperfecciones, y me ha elevado a la condición de la realeza. Ahora estoy sentada junto a Él en lugares de autoridad a los que nunca tuve acceso antes. ¡Ese es solo uno de los privilegios de nuestro romance tan intenso y real! Sin embargo, yo me sigo deleitando en tener su corazón. Ese es —y siempre será— mi mayor placer.

Me he embriagado de amor por Él, tanto como se embriaga el novio en el día de su boda, celebrando los amores de su amada. El gozo inexplicable que me embarga excede toda ansiedad y preocupación, y va más allá de todas las tormentas que se han cruzado en mi camino. Mi cabeza reposa en su regazo, ¿qué más necesita mi alma…?

Finalmente, Él me ha marcado como posesión suya. ¡Soy enteramente suya! Y así lo sabrá todo aquel que pose en mí sus ojos. ¿Quién osará interponerse entre mí y mi Amado? ¿Quién se atreverá a inmiscuirse en nuestro romance apasionado y de tan irreversible poder como la muerte? ¡Nadie! Pues nadie posee la suficiente fuerza como para desprenderme de sus brazos, ya que Él rodea mi cabeza con su brazo izquierdo, y me abraza fuertemente con su brazo derecho. Me siento tan segura en Él, que jamás correría a otro. En Él lo tengo todo, y aún lo que he perdido por llegar a sus brazos es menos que paja, comparado con el premio de ser su amada.

Solo te ruego, mi Amado, ¡ven, ven pronto! ¡Ven tan pronto como puedas! Y así consumaremos este amor que consumió hasta la última gota de sangre de tu cuerpo, y que ha consumido hasta la última fuerza de mi voluntad, ya que toda la he rendido a Ti. Ven, y desciende de las altas montañas con la velocidad del cervatillo, para así volverme a impregnar del aroma de tu presencia, de tus deliciosos aceites aromáticos que me envuelven, y así celebrar al fin nuestras bodas reales, con el vino de la victoria destilando por cada poro de nuestro ser. Mi ruego, mi súplica, es que esta espera no se haga demasiado larga, pues mi carne te anhela cada día más, y sufro por tu ausencia en lo profundo de mi ser que te llama y dice: ¡VEN, VEN PRONTO YESHUA ADONAI! 

Lihem Ben Sayel…

[Inspired by “Song of songs”, chapters 6-8.]

The end.

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CONFESIONES :o, PROSA

LOVESONG [2]: El secreto de la noche.

He probado el sabor de tu paladar, más dulce que la miel, que destila las palabras de vida por las cuales yo subsisto. Me he internado en lo profundo de tus cámaras, para hallarte a solas, donde ningunos otros ojos puedan posarse sobre nuestros encuentros de intimidad y comunión ferviente.

Me has pedido, en sueños, que corra hacia ti, y mi devoción hacia ti se ha exacerbado. Yo dormía, pero mi corazón palpitaba con la fuerza de un huracán porque mi subconsciente escuchó tu voz, y yo corrí tras ella, aunque para ello tuve que abandonar la calidez de mi cama, la seguridad de mis aposentos. Y cuando fui en pos de ti —porque me llamabas, y me decías “ven conmigo, amiga mía”— me encontré con lo más cruel de la nocturnidad. Estaba sola, y tenía frío. Hombres malvados me rodearon y me despojaron de mi honra.

La única pureza que tenía para ofrecerte fue mancillada en la noche más oscura de mi vida. Ellos me golpearon porque a sus ojos yo no valía nada. El velo con el que cubría mi rostro y lo guardaba para ti me fue arrebatado. Fui herida y tuve miedo. Sus palabras fueron dardos que menoscabaron mi integridad. Sus golpes fueron actos de crueldad que subyugaron mi dignidad. Me sentía completamente indefensa y tan pequeña como un grano de arena en el desierto.

Pensé que no volvería a amar jamás. Pero el calor de tu voz me sedujo, y yo fui tras ella sin pensarlo. Porque, mi Amado, nada tiene más poder sobre mi corazón que el timbre de tu voz llamándome por mi nombre. ¡Soy como el débil metal atraído por el imán de tus palabras! Mi corazón es hielo que se derrite ante el fuego de tu mirada. Y cuando intenté resistirme, tu llamada se hizo aún más fuerte.

Cuando las doncellas de Jerusalén  me preguntaron <¿qué tiene de especial tu Amado que no puedes apartarte de Él ni aún en las frías madrugadas, ni aún a pesar de lo que has sufrido por ir tras su corazón?> Yo las mire, y sonreí —aún doliéndome mis recientes heridas—, y les dije: oh, doncellas, ustedes desconocen lo que mi Amado y yo hemos vivido en el secreto de la noche. He probado su fragancia de incienso, canela y mirra, y de todo tipo de especias aromáticas. ¡Eso no se olvida jamás!

Mi amado ha derramado sobre mí el aceite más puro, y ha hecho resplandecer mi rostro. Ha destilado su amor en forma de gotas de sangre solo para que yo pudiera sentirme otra vez amada, y a salvo. Sí, he sido herida. Sí, he sido golpeada. Sí, he sido mancillada por ir tras su corazón. Pero el recuerdo de la fragancia de su presencia lo ha impregnado todo en mí, aún mis temores y mis malas vivencias.

El sufrimiento que experimento cuando no estoy con Él, cuando no le siento cerca, es peor tormento que cualquier herida que me pudiese infringir el hombre. ¿Acaso no lo entendéis? ¿No habéis sentido algo así jamás…? Mi temor a perderle es mayor que mi temor a la violenta persecución de los que me odian.  Mi recompensa es ser bañada en el aceite fresco de su presencia, y oler tanto a Él, que mis aromas se escondan detrás del efecto omnipresente de su fragancia. Y ahí, mi gozo será completo. Ahí, mi corazón herido encontrará su tierno reposo, y los efectos reconfortantes de su perfecta sanidad.

Por eso, doncellas, amigas, dejen que continúe mi camino, dejen que siga las huellas de mi Amado, dejen que me adentre en las cámaras secretas de mi Rey, y dejen que Él y yo volvamos a recrear Edén, donde empezó todo, donde nuestro amor fue perfecto y sublime. Déjenme habitar en el secreto de la noche, porque ese es el lugar —el ambiente de eternidad— al cual pertenezco.

Lihem ben Sayel…

[Inspired by “Song of songs”, chapter 5.]

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CONFESIONES :o, PROSA

LOVESONG [1]: Enferma de amor.

Ven a mí, Amado mío, ven a encontrarme en el huerto de tus delicias. Ven tras el incienso y tras la mirra; tras los poemas escondidos en las flores de los verdes campos. He prometido seguirte hasta el final, en medio de los secos desiertos, y en medio de los valles pacíficos. Te seguiré, oh mi Amado, por el camino de los ríos formados por el monte Hermón. Te seguiré más allá de las altas montañas, en las cuales me escondo para encontrarme contigo.

Ven a mí, Amado mío, porque he dejado todo atrás para encontrarme contigo. He vendido todo cuanto tenía, me he deshecho de mis ganancias. Todo por cuanto trabajé, lo he puesto a tus pies, pues no es nada si lo comparo con la sublime experiencia de contemplar la hermosura de tu rostro, contemplarte de cerca.

Deja que me recueste, oh mi Amado, en tu regazo. Mi sueño es estar tan cerca de ti, que pueda oír los latidos de tu corazón. Déjame jugar con los mechones de tu cabello, y sentir en mi frente tu beso, y en mis mejillas la calidez de tu aliento mientras me hablas de los secretos de tu corazón, de los pensamientos de tu mente.

Soy impaciente; aquiétame. Soy impulsiva; contágiame con tu mansedumbre. Que tu bondad infinita se funda en mi interior y consuma mi maldad. Que tu sonrisa borre todas las heridas que me endurecieron y me desviaron de la senda de tu justicia. Que  el ardiente deseo que siento por abrazarte y ser una contigo jamás desaparezca, ni se disimule, ni se difumine con el paso del tiempo. Haré del tiempo mi aliado, pero no pienso soltarte. Me he aferrado tanto a ti, que si intentaras desprenderte de mí, me llevarías contigo.

Esta pasión me consume, ¡me consume tanto…! Mis huesos arden, mi piel te extraña, mi corazón late con fuerza cuando pronuncio tu nombre. Mis ojos lloran cuando te alejas. Mis manos, inquietas, se desesperan por tocarte, por alcanzarte, por aferrarse a tus pies y seguir tus huellas más allá del reino visible. Más allá de lo que mis mortales ojos alcanzan a contemplar con su incrédula esperanza.

¿Qué sombras son éstas que me persiguen…? Son siluetas del pasado las que quieren separarnos. En el momento en que te vi, me abalancé sobre ti y ellas desaparecieron. Su poder dejó de ser inminente y se redujo a cenizas. Siempre estuviste allí. Me abrazaste, lo sé. Tu consuelo fue el bálsamo que me impulsó a seguir. Siempre estuviste allí.

Agita mi interior y remueve los escombros. Repara las ruinas y reconstruye los cimientos. No me compares, Amado mío, no me compares con tus otros amores. Ni dejes que yo me compare con ellos. Vivamos nuestra propia historia. Si la muerte nos unió, no nos separará nada, ni siquiera la vida.

Lihem ben Sayel…

[Inspired by “Song of songs”, chapter 4.] 

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CONFESIONES :o, PROSA

Carta 10: La danza de la vida.

En el transcurso de nuestra vida aprendemos —por bien o por mal— que las personas, incluso quienes han sido amigos, muchas veces caminarán a nuestro lado durante ciertas temporadas, mas difícilmente para siempre. Esto no es malo. Simplemente es verdad. Y lo grandioso radica en saber comprender las etapas que compartiremos con ellos, y asumir cuándo se han terminado.
Las relaciones interpersonales son como una danza: están en constante movimiento; y forman parte de la construcción de nuestro ser interior y, cómo no, de nuestro destino. Hoy por hoy, me he ido alejando —por inercia— de personas maravillosas, pero con quienes ahora mismo ya no compartimos el mismo camino. De la misma manera, otras personas se han alejado de mí por la misma razón. No es que el camino de uno sea mejor que el otro; son simplemente distintos.

Para tales personas siempre habrá un lugar en el corazón, por todo lo que han representado. Sin embrago, he aprendido que el corazón no es estático, sino que se ensancha en vista de nuevos afectos que surgen, y son albergados con calidez y gran expectación sabiendo que queda, talvez, un buen trecho del camino para compartir.
En este año he tenido a nuevas personas con las cuales comparto mi nuevo caminar hacia aquello que es mi destino. Las viejas amistades son, a veces, como un baúl de recuerdos al cual uno se acerca de vez en cuando para saborear lo mucho que nos unió en ciertas épocas, aunque hoy en día ya se comparta poco, o prácticamente nada. Aún así, es hermoso. Yo lo valoro cual tesoro.
Por ejemplo, mi amiga más cercana este año, y con quien compartí muchísimas cosas, hace un año atrás no estaba en mi vida ni formaba parte de ella. De hecho, jamás habría imaginado que, en cierto punto, nuestros caminos se unirían. Sin embargo, con otras lindas amigas, aunque queda un gran cariño, los caminos se bifurcaron casi irremediablemente. Eso tampoco es malo. Es la vida, y nada más.

Mi conclusión es simple: debemos abrazar nuestras temporadas y estaciones en la vida, entendiendo —con total madurez y sabiduría— que la vida y las personas estamos en constante movimiento, puesto que día a día construimos nuestro destino único e irrepetible. Y esa singularidad implica, en el mayor de los casos que, muy pocos de los que estuvieron al principio, estarán también en el final. Por eso, valoro a los que tengo hoy.

Feliz año a todos, amados amigos.
Siempre vuestra,

Lihem Ben Sayel, the princess of the Lord... 🌹 

CONFESIONES :o, PROSA

Cosas personales, diciembre 2019.

Recuerdo las noches escuchando “Even so” de Paul Wilbur, una y otra vez. Normalmente, eso quería decir que había sido un pésimo día, y esa canción (mesiánica) tenía el abrumador poder de inyectarme la esperanza que me hacía falta. Me consolaba. Paul Wilbur es mi cantante favorito simplemente porque sus canciones y la profundidad de su voz me conecta con Jerusalén, Palestina, Israel… tierra de mis antepasados. La tierra de mi abuelo, con la que me siento entrañable e inevitablemente conectada. Esta música tiene la capacidad de devolverme al lugar al cual pertenezco. Y al cual siempre perteneceré. Jerusalén. Yerushalayim.

Es evidente que ya no dispongo del mismo tiempo que tenía antes para escribir. Dedico casi todo mi tiempo libre a la lectura de la Biblia y, sobre todo, a la búsqueda de Dios. Puedo decir que ahora mi vida gira en torno a ello, y como consecuencia, mis asuntos han experimentado cambios significativos para bien.

Pero no todo es perfecto, así que aún sigo esperando ciertos cambios en mi vida. Y la verdad es que sería aún más feliz si se produjeran rápido. Pero los humanos aprendemos muy pronto que las cosas rara vez van a nuestro ritmo. Así que hay cosas que anhelo con las que necesito ser paciente. Paciencia. Esa virtud.

Todos sabemos que diciembre es el mes del año que nos produce más melancolía. Y a los que ya de por sí somos melancólicos imagínense cómo nos “afecta” este hermoso mes. Esta hermosa temporada. Para empezar, no puedo creer que el próximo mes mi pequeña Noa ya vaya a cumplir su primer año. Realmente es increíble. Y en dos meses, mi primogénito Isaac, cumplirá tres años.

Mis hijos son el regalo más lindo que he recibido del cielo. Pero ya saben que no me gusta hablar mucho de mi faceta materna. Soy más bien celosa, y rara vez encuentro las palabras precisas para describir la que es una de las experiencias más grandiosas que experimenta una mujer. Así que pasamos a otro tema.

El pasado mes comencé una novela. Y la terminé en dos días, o algo así. Algo surrealista. Sí, he dicho que terminé una novela en un par de días. Me ahorraré la explicación. Solo me falta ultimar los detalles del desarrollo, pero todo lo demás (el bosquejo, el final, todo) ya lo tengo acabado. Ha sido una de las experiencias más sobrenaturales de mi vida. Son ese tipo de cosas  que me ocurren cuando hago ayunos y busco la presencia de Dios: me surgen ideas que sé que no se me hubieran ocurrido en la vida, pero Dios me las regala. Y son un precioso obsequio del cielo que valoro como el más grande de los tesoros. Me pasó hace unos años con mi relato “Aquello de leer bajo un árbol”, y me ha pasado este año con un par de canciones que he compuesto. [Sí, resulta que tenía una habilidad oculta para componer canciones que no había descubierto hasta este año.]

Tengo un nuevo grupo de amistad donde trabajo con adolescentes (mi campo favorito), y en los tres meses que llevamos ya somos 10 chicas, aunque sin duda se unirán muchas más. Es algo lindo. Amo el discipulado. Yo soy y seré siempre una discípula.

Mi cabello ya está en media melena, gracias a Dios. Aún le falta crecer un poco más para sentirme “yo”, pero ya me hace feliz verlo crecer detrás de mi espalda. No me lo vuelvo a cortar de esa manera jamás.

No sé si es demasiado atrevido decir que este año ha sido el mejor año de mi vida. No, no creo que sea demasiado atrevido. Ha sido el mejor año de mi vida.

Ha sido (está siendo) el mejor año de mi vida.

P.d.: disculpen que no escriba con la regularidad de antes, pero aunque realmente me encantaría escribir más por aquí, ahora mismo tengo mis prioridades e intereses muy definidos. Simplemente es por eso. El poco tiempo libre que tengo lo uso para cosas que considero superiores a esto, aunque sigo amando este pequeño rincón de sinceridad y creatividad.

Un fuerte abrazo a todos.

Siempre vuestra,

Lihem ben Sayel,

the princess of the Lord.

🌹

PROSA

Carta 9: el [profundo] cambio repentino.

A veces uno está muy quieto, muy solemne; tan en paz, que pareciera que está cerca la muerte. Pareciera que nada tiene demasiada importancia como para romper la armonía. O si nada fuese tan relevante como para llegar al punto de querer marcar distancias y esquivar besos, o aún peor, miradas.

A veces, uno está embriagado por algún tipo de sensación de satisfacción y cumplimiento, muy a pesar de que no se hayan alcanzado aún las metas. Piensas que, a fin de cuentas, no era tan importante llegar, como disfrutar de los días que te estaban llevando hacia allí. El camino. El recorrido. Todo eso.

A veces te preguntas quién eres, pero no porque lo hayas olvidado, sino simplemente porque eres alguien nuevo, y no sabes exactamente cómo fue que ocurrió, cómo fue que se desataron las cadenas y soltaste las alas, sin temor, sin complejos, para volar hacia un nuevo horizonte lleno de aventuras por vivir.

No quiero saber si es real, porque sé que lo es. Tampoco quiero indagar mucho —no vaya a ser que se termine el encantamiento. Así que solo daré las gracias, porque este cambio, sea lo que sea a lo que se deba, no solo me hace más feliz a mí, sino que también alcanza a lo que más amo. Y a lo que no tanto.

—Lihem Ben Sayel.

PROSA

Carta 8: Las arenas del tiempo.

Como antídoto del desaliento me abracé a tu esperanza: el infalible ancla que me ayudaba a fondear en las aguas profundas de la quietud. Reconocí en tus palabras el ungüento que, aplicado con delicadeza y precisión, surtía efectos poderosos en mi alma; en mi corazón. Quién diría que las tazas rotas y los poemas tachados se convertirían en tesoro muy preciado del baúl secreto de mis memorias. Quién diría que el olor de tu perfume sería mi puerto seguro, mi lugar de paz. Y es que cuando te abrazo, el mundo se detiene, y la llaga ya no duele. El grito se transforma en susurro, y la obligación en placer. Ahora, nos toca ser fuertes, como el soldado que, cuando arrecia la batalla, recobra el valor viendo en el horizonte el rostro de algún ser amado, para no olvidar que es por algo mayor que sí mismo por lo que lucha. Y ese algo, cómo no, permanece atado al amor. Para siempre. Hasta que dure la noche y el día. Hasta que se disuelvan las arenas del tiempo en las manos de los astros que componen el universo; nuestra historia, y la de todos.

—Lihem Ben Sayel.

 

PROSA

Carta 6: Noche estrellada en el silencio de la madrugada.

Pareciera que estás solo, en medio del caos que resultan ser los sentimientos cuando los mezclas con ilusiones rotas. Pareciera que, por más que grites, nadie puede escucharte. Estás demasiado lejos, has caído muy bajo; y el corazón, hecho pedazos, clama por libertad. Por un respiro sobrenatural que te permita apoyar las manos en las rodillas, antes de continuar hacia donde quiera que vayas. Pareciera que ves espaldas donde quisieras ver rostros. Pareciera que ningún esfuerzo ha valido la pena, que sigues igual: sigues siendo tú. Y, por algún motivo errante e insospechado, eso no es nada bueno. Pero abres la ventana y miras hacia el cielo, a la noche plagada de estrellas, que tiritan como saludándote, como extendiendo sus manos para abrazarte. Ese abrazo eres Tú, mi Amado Eterno. Ese universo ahí fuera eres Tú. El respiro que buscaba. Entonces, la calidez de tu luz me devuelve la esperanza. Me devuelve la vida; y me dibuja una sonrisa.

—LihemBenSayel.

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PROSA, REFLEXIONES

Carta 5: verdaderamente libres.

¿En qué consiste realmente ser libre…? Lo estoy aprendiendo aún. Con el tiempo, he desarrollado una terrible aversión por las certezas vacías, por las confesiones inocuas. La verdad nunca deja indiferente a nadie. La verdad, al igual que la libertad, siempre lo trastoca todo. Es capaz de hacer daño, mas no por placer, sino por la necesidad imperiosa de exponer los engaños, aunque duela. La verdad puede ser un jarro de agua fría, o una puñalada certera, si quieres. Pero jamás será un veneno sutil, o una serpiente que se escabulle en las sombras. Sin embargo, la ignorancia es un mal amo, uno que pretende subyugarte hasta lo más hondo, asegurándose de que nunca veas la luz. La auténtica luz. Desde luego, bajo la ignorancia, es posible que contentes a todos, puesto que la ignorancia es esclavitud, y los esclavos carecen de voluntad: su vida es agradar a otros. Pero si posees la verdad, —o, mejor dicho, si la Verdad te posee a ti—, se dispararán las probabilidades de trastornar el mundo. De cambiarlo todo a tu paso. Y de que no te cambien a ti. Este, amigos, es el poder de la verdad, de la cual fluye la libertad.

—Lihem Ben Sayel.

« y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.» 

—Jesús de Nazareth. 

PROSA

Carta 4: La noche perfecta.

Es de madrugada. Y yo despierta, escribiendo, cómo no. Pero es que hace muchísimo que no vivía una noche como esta, donde la luna está llena, y se asoma por mi ventana, con prepotencia y melancolía. Estoy en una casa enorme, preciosa, la casa de los abuelos, donde toda la familia se reúne.  Está llena de espejos, y yo pienso que, definitivamente, podría ser muy feliz aquí, —sí, entre otras cosas, por los espejos. Esta noche es perfecta: yo, muy lejos de la rutina, bañada por la luz de la luna; de fondo, los grillos, algún ladrido. Y a lo lejos, un bosque frondoso, con inimaginables tonalidades de verde, por el que atraviesa un río helado. Qué bella es Noia. Qué bella es Galicia. 

—Lihem Ben Sayel.

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