PROSA

DONDE EL SOL NUNCA ES SOMBRA

 

Atrapados, cuántas veces. Atrapados, soñando con amaneceres imposibles en otros lugares del mundo, donde el sol nunca es sombra, y la vida se desborda en un torrente de versos cantados. Atrapados, en una voluntad férrea, —o sigilosa—, que nos engaña y no desvela sus trucos cuando quiere hacernos creer que las rosas son imitaciones de lo eterno —pero a la vez, frágil— que llega a ser un sentimiento. Nunca nos importaron las cantidades de arena que nuestros pies recogían en el largo recorrido, porque solo pensábamos en nuestro destino, y eso mitigaba tanto el cansancio, como el dolor. Pero un día, nos devolvieron a la realidad de las quejas, de las expectativas que no se cumplen, por más que intentemos retenerlas con bravas cuerdas de esperanza. Hay un retumbar seco en las palabras que hacen daño. Y no sé por qué, pero jamás llegamos a olvidarlas del todo. Atrapados, entre las líneas de un guión agonizante y tempestuoso, escritas en un lenguaje hace tiempo ya extinto. Atrapados, y lejanos a esos amaneceres imposibles, donde el sol nunca es sombra, donde su luz nunca muere.
—Lihem Ben Sayel.
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PROSA

ALGO DE ESPERANZA

La vida gira, envuelta en un torbellino de sensaciones atípicas, de las cosas que esperamos, que se nos hacen eternas. La vida continúa a pesar de todo, de ti y de mí, de las lunas que no vimos brillar en la noche más oscura. Los comienzos siempre fueron duros, incluso el comienzo de nuestro cambio. Quedan aquellos momentos en los que soñábamos con trastornar el mundo. Creíamos ser diferentes a los gatos que correteaban por las calles vacías, buscando algo de sentido a tan siquiera una de sus siete vidas. Y se nos cayeron las lágrimas al recordar que nuestra inocencia quedó atrás, demasiado atrás, como para poder volver y recuperarla donde la habíamos dejado. Pero así son las cosas, ¿qué más podemos hacer? Solo mirar al frente, con el puño en alto, y enfrentando lo que venga con lo que tengamos. Porque no hay tiempo para más quejas de las que ya hemos vertido en nuestro pequeño baúl secreto de inconformidades. Si nos queda algo de tiempo, si algo de esperanza aún atraviesa como puñal nuestro pecho, aferrémonos a ello como si de eso pendiera nuestra existencia. Porque cuando menospreciamos el valor de la paz, es donde realmente comienzan las guerras.

—Lihem Ben Sayel.

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PROSA

MI SUEÑO

 

 

Tengo un sueño: me imagino rodeada de estrellas, dando largos paseos por el espacio infinito, de su mano. Una densa capa de oscuridad se ilumina por el espectáculo vivo que reside en lo que nosotros llamamos “allá arriba”. No existe la gravedad, ni los pensamientos pesan tanto. Tampoco los errores ni los sinsabores. Simplemente floto, entre los cuerpos celestes, antiguos, lejanos y llenos de una luz pura y peligrosa. Es imposible no asombrarse. Es imposible no temerles. Sin embargo, nada deseo si no adentrarme más en aquello que desconozco profundamente. Sonreír, porque soy afortunada: nadie tiene estas vistas, nadie ha ido tan lejos. Nada puede hacerme daño. Todo es hermoso, y existe una perfecta armonía entre pasado y futuro. Todo ha ocurrido para mi bien. Por eso estoy aquí, ahora, donde debo estar. ¿El mañana? No lo sé. Pero tampoco tengo miedo. Porque en el centro de mi corazón tengo una fuerte impresión: la de que todo saldrá bien. Sé que algo más grande que mi vida está ocurriendo ahí fuera. Algo más trascendental que mis dudas y mis insatisfacciones está transcurriendo en el momento mismo en que escribo estas líneas. Y quiero sumarme a ello. Quiero alistarme en sus filas. Quiero hacer el bien. Le asestaré golpes mortales con las armas que tengo. Haré mi parte. Porque sé, muy dentro de mí, que el mal no durará para siempre. Y yo estaré allí cuando su imperio haya caído, para no volver jamás.

—Lihem Ben Sayel.

 

PROSA, REFLEXIONES

FRAGILIDAD

 

En un mundo roto, la fragilidad se nos antoja una debilidad. Una condición en desventaja frente a la voracidad de una maldad atroz: un monstruo hambriento que no sacia nunca su hambre, un gigante impío que holla esperanzas y perfora inocencias. Mas, no todo está perdido. Existe un refugio para conservar la pureza humana, un lugar donde se lavan los corazones y se exhuman los sentimientos nobles. Ese lugar es el amor. Y no el amor utópico, ni siquiera el amor romántico. Es, más bien, un amor que actúa, que defiende, que pelea sin desmayar contra la injusticia y la prevaricación. Que no titubea en entregarlo todo, aunque se despoje de su gloria más absoluta. Ese amor preserva lo frágil, a pesar de los torrentes inmisericordes de vileza. Conserva en un frasco de bondad lo más preciado: la intención profunda de querer hacer el bien. No se rinde fácilmente frente a los obstáculos de perversidad ya recalcitrantes, mas persevera infinitamente para protegerla, incluso hasta la muerte. No te equivoques, la fragilidad no es anodina, ni se retrata en la inferioridad. Lo frágil es valioso. Exige un trato diferente, excelente, superior. Es como un niño recién nacido: poderoso, pero demanda atención. No menosprecies su tesoro, retenlo a consciencia, con fervor.

—Lihem Ben Sayel.

 

PROSA

Certeza

Sé muy poco de la vida, pero el día a día no me abruma. Tengo el corazón dividido entre pasado y futuro, mientras mi presente abarca un tiempo de abismo de silencio. Elaboro mis propias hazañas, aunque no siempre con tintes de épica. Mi naturaleza me arrastra, agresiva, hacia un lugar al cual no quiero volver. Mis secretos consisten en anhelos profundos que no han visto aún la luz. Creo, de hecho, que por eso les llaman secretos. En medio de las tormentas —nunca escasas, nunca previsibles—, una certeza se clava en mi alma, como un puñal de marfil: tu amor por mí. Y yo surcaría los bravos océanos de la desesperanza solo por alcanzarte con la yema de mis dedos, estirando al máximo mis posibilidades, mis torpes habilidades, mi pasión. Porque te has convertido en todo, más allá de todo; y por encima de lo razonable, lucharé por ti.

—Lihem Ben Sayel
PROSA

[PLUMA Y ESPADA]

Él está sufriendo, escondido en una especie de pozo, donde la luz ligeramente llega. Se conforma con el soplo liviano, —de una brisa— que recorre caminos antiguos, intransitables. Compuestos sólo de pura memoria. Sus manos se agitan hasta el infinito, mientras en su interior, se le consumen las fuerzas. Le gustaría arroparse con la calidez de un beso, pero eligió estar lejos de las sensaciones que exijan cualquier tipo de intercambio de emociones. Repasa con cuidado —con sumo cuidado— los cuadernos de su vida: sus logros, su legado. Ni siquiera esboza una sonrisa, porque las fuerzas, hoy, le están fallando. Pero su corazón se ha acelerado elegantemente, haciendo que un temblor extraño le recorra el cuerpo. Dice que no tiene miedo, que sólo aguarda a un final feliz. Pero él es un caballero revestido de una armadura resplandeciente: es honor. Y no se arrodillará ni aún ante la muerte. Él sabe que hoy he levantado una plegaria. Quizás la desprecia. Sin embargo, ha sido una plegaria intensa y pura. Solo espero que surta efecto, y que el cielo deje caer de sí, sobre él, esas gotas de vida que le devolverían los sueños de antaño. La soledad se ha vuelto su refugio, y el silencio sirve de fiel atalaya en su exilio particular. Pero él también sabe que estoy allí, detrás del velo, donde los pensamientos se unen con los sentimientos. Él se está muriendo, y me lo dice así… Como si a mí no me importara. Como si fuese a dejarlo morir. Pero en mi locura gritaré aún más alto, hasta que mis palabras rompan su silencio, y le exijan, con delicado tacto, volver hacia mí la mirada. “¿Acaso es así como quieres que termine? ¿Era así como lo habías imaginado…?” Toma papel y lápiz. Pluma y espada. Y haz lo que te dicte el corazón.

—Lihem Ben Sayel…

 

CONFESIONES :o, PROSA

[SIN GRIETAS]

¿Es posible una vida sin secretos…? ¿Es posible una vida clara, transparente, como el agua cristalina del más puro de los arroyos de las altas montañas? ¿Es posible un sueño fugaz, donde no haya que esconderse? Donde la brisa repase nuestra alma y la atraviese de verdades. Integridad. Un suspiro no se parece a otro. Mi vida transcurre entre decisiones y decisiones, entre la lucha encarnizada de mis deseos. Mas, mi espíritu, anhela el bien. La bondad de un silbo apacible, que apacigüe una maldad ya por todos conocida. Hay quienes aman el desorden y el caos. Yo también estuve allí, pero no fue allí donde encontré el amor. Cuando Él me halló, mis ojos eran como cristales, frágiles de tanto dolor. Hoy, el dolor es diferente. Simplemente no lo inunda todo. ¿Es posible una vida sin grietas, donde la pureza sea un emblema más allá de lo que dictan estas corrientes de pensamiento tan absurdas, negadas y réprobas?
[Yo ya he estado allí.]
Prefiero las cuerdas de amor. La esclavitud voluntaria, que me liberta. El beso único que me ata a la vida. El susurro de una voz que no me quiera retener en lúgubres prisiones . La paz.
Y soy mujer de guerra… pero mis batallas ya son otras. La oscuridad no me domina, porque hay una Luz poderosa que me posee. Ese es Él, en toda su gloria y esplendor. Y no necesito nada más. Ni mis espacios vacíos podrían llenarse con otra sustancia menos noble. Porque todo, en comparación al Amor, es menos noble.
¿Es posible una vida más allá de las muertes a las que nos invitan a diario? Mi respuesta es sí.
Y así, soy feliz.
Lihem Ben Sayel…

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PROSA

ENCUENTROS CON LA SOLEDAD

La soledad engulle esperanzas, aplasta certezas, escupe temores. Pero también te revela secretos, te susurra sabiduría —que no hallarás en el tumulto. Silencia ruidos fútiles, y te presenta panoramas distintos a los que estás acostumbrado a apreciar. Te ayuda a pensar por ti mismo, aplacando las opiniones repetitivas de los sabiondos de turno. Te empuja a ir contra lo establecido, lo que destroza la creatividad, lo que mata los sueños. Te introduce a otros de sus simpatizantes: gente con la que puedes hablar, a veces, incluso, sin mediar palabra alguna. Porque los que se encariñan con esta clase de soledad, salen edificados de sus encuentros con ella. La soledad, amigo, se presenta ante ti como un espejo iluminado en el que puedes vislumbrar detalles acerca de ti mismo en los que no habías reparado antes. Aprendes a conocerte en soledad. Aprendes a callar. Aprendes a escuchar. Talvez nos hagan falta más encuentros con la soledad para descubrir, por fin, quiénes somos; y hacia dónde vamos.

—Lihem Ben Sayel

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PROSA

UN VIAJE HERMOSO

 

La vida es un viaje hermoso, cargado de experiencias inimaginables. Un sendero a alguna parte entre los sueños, las desilusiones y las delicadas sombras de un pasado que nos persigue al ritmo de un corredor de resistencia. Encontramos cartas de nuestra infancia, imágenes de letras en nuestro corazón, tatuadas en verso, prosa o historias fascinantes y envolventes, que nos arrancan una sonrisa inesperada, e incluso, a veces, una lágrima de añoranza y melancolía. La poesía está en nuestros labios, como un beso perpetuo pero encadenado a un dolor profundo, porque, esta vez, el ser amado se ha marchado antes de tiempo. Las emociones se disparan a raudales, y escogen diversos caminos de agua hacia rumbos inciertos. Y, luego, tomamos decisiones. Buscamos la paz, sin un límite, sin una restricción, sin una sentencia prohibitiva que divida nuestros sentidos entre lo que queremos, y entre lo que nos dicen que debemos querer. Un espacio vacío entre consciencia y peldaño, entre juego y rotundidad, entre cristales rotos y amargura, entre la luna y el té de manzana, entre el libro y la piedrecilla dorada. Y podríamos hablar durante horas [e incluso eternidades] acerca de las veces que se escondió el sol, y creíamos que no amanecería, pero de pronto sus rayos se deslizaron por el alféizar de nuestra ventana, y el llanto se tornó en una carcajada burlesca y reprensiva, porque sentíamos que nada ni nadie tenía el derecho a hacernos sentir como si el mundo se hubiese acabado. Y bailábamos hasta el amanecer, como poseídos por una sed de vida plausible y audaz, y se nos quitaban las ganas de morir ahogados en las penas y en las azules desdichas. El olor de tu pensamiento impregna el invierno de un aroma distinto, mientras esperas que el bus [o el taxi] pare a tu primera llamada. Tú, en esa ciudad tan grande. Yo, sintiéndome invisible frente a mis propios anhelos. Donde quiera que busques, puede que encuentres un papel amarillento, ya roto en las esquinas, que contengan mis líneas, escritas con mi puño y letra.

Y la nostalgia se reirá de nosotros, porque el tiempo ha pasado.

Tan rápido.

Pero seguiré aquí, de alguna forma tangible o abstracta, según se preste la ocasión. Y volveremos a caminar frente a la playa, charlando y dejando vagar los sentimientos de una ingenuidad que ahora es memoria.

Porque, amigo, la vida es un viaje hermoso, y al final del mismo, nos encontraremos, algún día.

—Lihem Ben Sayel.

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CONFESIONES :o, LETTERS TO MY BELOVED, MUY PERSONAL, PROSA

«HASTA QUE EL TIEMPO DEJE DE EXISTIR»

Tantas personas en el mundo, tanto por hacer… Y estar a tu lado sigue siendo mi acción favorita del día. Me llenas, porque sólo tú tienes todo lo que yo necesito. Me comprendes como nadie más en este mundo tiene facultad para hacerlo. Cuando pienso que es el fin de mi vida, de la historia que se creó para mí, tú añades un espacio, y continúas con un renglón nuevo. No tienes memoria de mi maldad, a pesar de que en más de una vez te he traicionado. Pero me aferro a ti, aún a sabiendas que no soy la persona perfecta que me gustaría ser para ti, a fin de que no halles en mí motivo alguno para quejarte. De todos modos, sé que no esperas una persona perfecta, sino un corazón imperfecto que tenga la suficiente humildad para reconocer que no puede solo, que te necesita, tanto en los buenos como en los malos momentos. Los hilos de nuestra aventura ya llevan entretejiéndose muchos años, pero cada día descubro algo nuevo de ti, que no conocía, o  que se había quedado en el olvido. Jamás me prometiste que no habría tristeza. Jamás me dijiste que no habría lágrimas. Jamás me mentiste al respecto. Y a pesar del dolor, yo nunca he contemplado un camino fuera de ti, porque tu amor me tiene atada con cuerdas delicadas y amables. Mi sueño sería charlar contigo, distendidamente, sabiendo que jamás te avergonzaste de mí, ni de mi forma de ser. Más bien te deleitabas, viendo cómo me esforzaba en vivir como aquel ser único que habías recreado en tus pensamientos, con sus altos y bajos. A veces pienso que me pides cosas difíciles, porque son cosas que me harían ir más allá del concepto de amor condicional que puebla mi mente. En ocasiones lo logro; otras muchas, no. Pero lo sigo intentando, porque eres la única persona a quien realmente quiero imitar, y seguir. Estás más allá de todo concepto preconcebido, de todo dogma y teología. Eres un ser completo, complejo, y aún así, cercano. Poderoso. Soberano. Quisiera abrazarte hasta que el tiempo dejara de existir. Sentir tu aroma y el perfume de tu ropa. Sentir que, al abrazarte, mis enemigos sabrían que me protegerás de todo intento por destruirme. Tú me haces mejor persona. Me animas a dejar de mirarme a mí misma y mis problemas. Me animas a mirar más allá de los campos de trigo, donde está la verdadera necesidad de este mundo: el amor. Y me dices “ve, y dales de lo que yo te he dado”. Tu sonrisa me hace creer que, aunque encuentre resistencia y rechazo, estaré haciendo lo correcto, lo que esperas de mí, que de alguna forma no saldré perdiendo, aunque ellos me quieran hacer pensar que sí. Y me alejo de ti, corriendo, como un niño que sabe que al volver obtendrá la más dulce de las recompensas. Y mi gran consuelo, es saber que un día volveré a verte. Entonces, todas estas cosas, no serán más que recuerdos de una era lejana, donde estaba separada de ti.

—Lihem Ben Sayel…

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