LETTERS TO MY BELOVED, PROSA

LOVE LETTER [2]: “Detrás del velo”

Un corazón libre. Libre. Una mente que se expande de aquí hasta los confines del universo que tanto admiro, que tanto amo. Un invierno que se acaba y una primavera que comienza. Un desierto que se vuelve oasis: la cuna de en quién me he convertido hoy por hoy. Una mariposa a quien no pudieron cortarle las alas, así que vuelo hacia un propósito sin misterios, porque tu presencia gloriosa alumbra el camino en el aire de mi destino. Un silencio que me hizo fuerte. Un abrazo que me derrumbó. Los poemas de la noche y las canciones de la madrugada, —nuestras canciones, nuestros poemas. Caminar contigo no fue mi elección: tú ya me habías escogido desde antes de que mis ojos experimentaran la luz del sol. Tus latidos me pertenecen: por eso los busco con afán desbordante. Fui ideada en el centro de tu corazón: por eso quiero volver allí desesperadamente. Ya no soy ciega, pues he logrado ver allá donde ni el tiempo existía. Detrás del velo se escondía mi tesoro. Y ahí, detrás del velo, es donde he puesto mi corazón.

—Lihem ben Sayel…

LETTERS TO MY BELOVED, PROSA

Todo. Nada.

Anoche, en la madrugada, nos encontramos tú y yo bajo el manto de estrellas; la noche. No había luna, solo las luces distractoras de las tímidas farolas. Nada, nada tenía la capacidad de opacar ese momento. Éramos tú y yo; y la nada; y el todo. Y mis pensamientos —revoloteando como las luciérnagas en un jardín olvidado. ¿Sigues ahí…? Lo sé, sé que sí. El que hizo todo esto es mi Amado, mi Creador, mi todo. Y te dije, una vez más, que me convertiría en nada para tener todo de ti. Te dije, una vez más, que pagaría cualquier precio —de sangre, de lágrimas o de alma— solo para tener tu corazón. Te dije que contaras conmigo para cuidar de aquello que más amas —y ahí recibí la señal de la estrella—. Ese fue tu “sí”. Y yo, impresionada una vez más por lo que hay entre tú y yo, sonrío, lloro. [Te amo.] Te lo dije ya, y te lo vuelvo a repetir: haré lo que sea [nada más me importa] por tener tu corazón. Todo tu corazón. Fuera de ti, nada deseo yo en la tierra.

—Lihem ben Sayel…

PERSONAL

¡Mi canal de Youtube!

¡Hola amigos! Les presento mi canal de Youtube. Aquí estaré subiendo videos míos hablando acerca de cosas profundas y otro tipo de reflexiones. Espero que puedan suscribirse: https://www.youtube.com/user/LihemBenSayel

¡Un fuerte abrazo!

Lihem Ben Sayel [Nejath L. Hidalgo]

LETTERS TO MY BELOVED, PROSA

Atada a tu Nombre.

Tu nombre es aceite derramado; aceite que sana, liberta y provee. Tu santo nombre, oh Jesús, son todos los suspiros de aquellos que te aman y te glorifican por ser quien eres, y no solo te buscan por lo que puedas ofrecer. La profundidad de tu nombre nadie la conoce, excepto Tú. Y no existe forma de soltarme de la fuerza de tu Nombre, de ese temblor que provoca en mi corazón cuando te invoco en los rincones tras la puerta. Jesús. Mi Jesús. Lo que daría por estar siempre aferrada a Ti. Por no soltarme ni un segundo. Por dejar que tu Espíritu devore mi carne y así ser una contigo más allá de estas crueles reglas naturales que nos separan. Jesús, Jesús… Siento la explosión de un volcán en mi pecho cuando en nuestros momentos más íntimos Tú pones tu mano sobre mi cabeza. No me puedo sostener en pie… no puedo. Mi rostro besa el suelo, mis lágrimas bañan la tierra. El tiempo no es más que un juego, porque tu eternidad entra en escena. Mi voluntad es doblegada. Mis quejas desaparecen. Mis inquietudes se esfuman ante la sola presencia de tu divinidad. Mi llanto incontrolable se convierte en el único diálogo que soy capaz de producir con mis labios, que destilan tu nombre, que suplican por más. Tu sagrado, pero no menos cercano nombre. Jesús, Jesús… Estoy atada a Ti. Atada a tu nombre. Atada por tu amor. Y por la belleza de saber que eres real, y que mis días a tu lado jamás tendrán un final.

—A lovesick disciple of Jesus.

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PROSA, REFLEXIONES

Carta 5: verdaderamente libres.

¿En qué consiste realmente ser libre…? Lo estoy aprendiendo aún. Con el tiempo, he desarrollado una terrible aversión por las certezas vacías, por las confesiones inocuas. La verdad nunca deja indiferente a nadie. La verdad, al igual que la libertad, siempre lo trastoca todo. Es capaz de hacer daño, mas no por placer, sino por la necesidad imperiosa de exponer los engaños, aunque duela. La verdad puede ser un jarro de agua fría, o una puñalada certera, si quieres. Pero jamás será un veneno sutil, o una serpiente que se escabulle en las sombras. Sin embargo, la ignorancia es un mal amo, uno que pretende subyugarte hasta lo más hondo, asegurándose de que nunca veas la luz. La auténtica luz. Desde luego, bajo la ignorancia, es posible que contentes a todos, puesto que la ignorancia es esclavitud, y los esclavos carecen de voluntad: su vida es agradar a otros. Pero si posees la verdad, —o, mejor dicho, si la Verdad te posee a ti—, se dispararán las probabilidades de trastornar el mundo. De cambiarlo todo a tu paso. Y de que no te cambien a ti. Este, amigos, es el poder de la verdad, de la cual fluye la libertad.

—Lihem Ben Sayel.

« y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.» 

—Jesús de Nazareth. 

CONFESIONES :o, MUY PERSONAL, REFLEXIONES

“Nuestro nombre escrito en la pared” [Parte II]

Fui creciendo en mi vida cristiana a pesar de múltiples obstáculos. Siendo honesta, hubiera sido más fácil para mí dejar de seguir a Jesús, y hasta parece que habría tenido las excusas perfectas para hacerlo. Sin embargo, me sentí tal como Jesús dijo a sus discípulos: “ustedes no me eligieron así, sino que yo los elegía ustedes”. Me sentí así, escogida, elegida, predestinada. Me sentí rescatada de todo lo que me rodeaba, que bien podría haberme matado en múltiples maneras. Y, en efecto, las circunstancias que viví no me mataron. Pero me hirieron de muerte. Me costaría años y años sobre años poder recuperarme de un alma completamente quebrada y subyugada al miedo y la intimidación. En fin, de muchas sensaciones que prefiero no recordar. Es pasado.

En todo ese proceso de mi nueva pasión [Jesús], cuando hubiese preferido morir, y me sentía la persona más sola sobre la faz de la tierra, sentía la presencia de Espíritu Santo. ¡Wow! ¡Realmente no estaba sola! Ahí, junto con las lágrimas y las preguntas, junto con el dolor y las heridas, estaba Él. Él era ese abrazo. Ese amigo que lloraba conmigo. Ese que entendía mi dolor, y me pedía permiso para poder sanarlo.

Nuestra relación —como ocurre con nuestras relaciones con las personas, cuando pasamos juntas por terribles situaciones— se tornó más y más profunda. Había un halo de intimidad que me acompañaba siempre. Sin embargo, en algún momento perdimos la conexión. Y supongo que ocurrió cuando creía que, por estar en otra posición —de victoria— ya no le necesitaba tanto como antes.

Hacía cosas para Él, pero no necesariamente tenía una relación profunda con Él. Sin embargo, la anhelaba con todo mi corazón. Si me conoces un poco, sabrás que siempre he estado apasionada por Dios. DE eso no hay duda.

Pero… el hacer cosas para Él, en algún punto de mi vida, sustituyó al ESTAR con Él. El resultado de eso es que, por más que lo intentara, parecía que al dar un paso hacia delante daba dos hacia atrás. Mi relación no era constante, por lo tanto, tampoco podía ser muy profunda.

A finales de 2015, me desesperé. Me desesperé DE VERDAD. Y le dije: da igual lo que tenga hacer o dejar de hacer, ¡voy a tenerte! ¡Voy a perseguir tu corazón tan profundo como tenga que perseguirlo! Fue tan grande mi determinación, que, al entrar a 2016, mi vida giraba en torno a esto: PERSEGUIR EL CORAZÓN de Dios. Y, por ende, tener una relación más profunda con Espíritu Santo. CONOCERLE DE VERDAD. Porque en realidad ¡no lo conocía lo suficiente!

Estamos en 2019, y solo puedo decir que cada año, desde que tomé aquella determinación en 2015, ha sido mejor y mejor y mejor. De hecho, este año está siendo sencillamente perfecto. No solo celebro el nacimiento [en enero] de mi segunda hija, sino que, además, muchísimas de las cosas que me impedían seguir más profundo en mi relación con Espíritu Santo, desaparecieron. Estoy rodeada de profetas. Los tengo como amigos íntimos. Y con relación a ello, hoy me di cuenta que siempre he tenido amigos íntimos que son profetas. Este año, Dios ha confirmado muchas cosas en mi corazón por boca de sus profetas. ¡Y me prepararé en torno a ello!

No estoy donde quisiera estar aún, pero vaya si te digo que estoy en el camino correcto. Perseguir a Dios es lo que hago todo el día. Buscar su rostro es mi estilo de vida. Todo en mi vida gira en torno a ello. T O D O.

Cuando haya llegado al cumplimiento de mi destino, y vea muchas más cosas de las que jamás imaginé, y me pregunte: “pero, ¿cómo llegué hasta aquí…?”, leeré estas entradas, y lo recordaré: JUST BEING HERE, AT YOUR FEET. JUST BEING HERE, ON MY KNEES.

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MDUP II: “El anillo de los siete Espíritus de YHWH y del pacto con Menahem”

MEMORIAS DE UNA PRINCESA
[SEGUNDA PARTE]

«El anillo de los siete espíritus de YHWH  y de mi pacto con Menahem»

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En esta nueva etapa, en este nuevo tiempo, finalizando tres años de una dura travesía, llena de incertidumbres y desasosiego, un tiempo de sinuosas cuestiones y dudas sembradas en lo profundo de mi corazón, Menahem me ha recordado un anillo que dormía plácidamente olvidado en un pequeño cofre. Es un gran anillo conformado, a su vez, por siete aros, unidos por una delgada placa en la cual va tallado mi nombre. Al verlo, instantáneamente, recordé la Escritura del profeta Isaías:

«Y reposará sobre él el Espíritu de YHWH; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de YHWH.»

‭‭—Isaías‬ ‭11:2‬ ‭

En ese momento, comprendí que Menahem me guiaba a llevar este anillo en la mano izquierda, ya que en la derecha llevo el anillo de mis pactos con YHWH, cuyo nombre está tatuado en el interior de tal anillo.

Mi nuevo anillo de los siete tratados, representará la plenitud de Menahem, los siete espíritus del Dios viviente, sobre mí: Espíritu de YHWH, espíritu de sabiduría e inteligencia, de consejo y poder, de conocimiento y temor de YHWH. Será la representación física de mi pacto y mi relación con Menahem.

Ahora, solo me falta la estrella, que me identificará como ciudadana del Reino de los Cielos, la cual debe proceder exclusivamente de Yerushalayim.

Lihem Ben Sayel,

The princess of the Lord…🌹

CONFESIONES :o, MUY PERSONAL, PROSA, VIVENCIAS

“Nuestro nombre en la pared” [Parte I]

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Ecuador, año 2002.

Recuerdo que era de mañana, y que yo llevaba puesto el uniforme de mi instituto: nos habían dado horas libres, así que aproveché y visité a un matrimonio de amigos de la iglesia a la que yo asistía. Yo, una adolescente con 17 años, ya tenía 5 caminando en la fe, desde mi encuentro personal y real con Jesús, cuando solo contaba con 12.

Nadie que me conozca ahora, comprenderá la magnitud de mi sufrimiento al haber emprendido mi salvaje y profunda aventura con Jesús. Yo era católica de nacimiento, y mi anhelo era servir a Dios como monja. Sí, eso lo había decidido antes de los doce años. No hay ninguna duda que mi corazón infante estaba desesperado desde ya por Dios, y quería servirle; entregar mi vida por completo a Él, y no dedicarme a otra cosa que estar enteramente dispuesta a su voluntad. Sin embargo, y, aunque no hable mucho de esto actualmente, los años más tormentosos de mi vida comenzaron justo allí, cuando rendí mi vida a Jesús. Estaba claro que tenía un enemigo —caído, pero poderoso— que perturbaría cada paso que yo intentara dar en pos de mi amado Jesús. Lo que pasaba era que yo ignoraba el alcance de su poder.

Creía que, por amar a Dios y servirle como le servía, ciertas cosas no podrían pasarme. Pero me pasaban. Aún hoy, no soy enteramente capaz de descifrar cómo una niña de 12 años pudo hacer frente a ese tipo de tormentos y situaciones más que complicadas, y aún así no terminar como un barco a la deriva. Aún así, no desistir de esa fe tan grande a la que se había aferrado, pero que parecía insuficiente a la hora de protegerla del peligro, de los daños y, sobre todo, de la ruptura constante de su corazón sensible.

Mi refugio eran las noches, la música, la luna, y, por supuesto, Él. Talvez en el fondo, simplemente intuía que alguien procuraba separarnos. Alguien quería hollar aquella pequeña semilla de amor sembrada en mí. Destruirla por completo, hasta que no quedase nada, ni siquiera un buen recuerdo, de lo que había sido mi encuentro con Jesús. Pero lo que sin duda mi enemigo ignoraba, era que, mientras más golpeaba mi corazón, mientras más me hería en lo profundo de mi identidad y mi confianza, por otro lado, estaba Él, que con el cálido ungüento de su presencia me consolaba, aún cuando yo no comprendía nada.

Así fueron pasando los años. Trece, catorce, quince, dieciséis, diecisiete… y volvemos a aquella mañana, donde me situaba en casa de un matrimonio de amigos de la iglesia a la que asistía. Aquel día, casi por casualidad, encontré un libro en una mesilla. Le pregunté a mi amigo que cuál libro era ese. “Buenos días, Espíritu Santo”, me respondió él.

Lo empecé a leer mientras estuve con ellos un par de horas. Había llegado el momento de marcharme y, sencillamente, no podía desprenderme de aquellas cosas tan maravillosas y misteriosas que contaba Benny Hinn con respecto a ese “Dios” desconocido para mí, el Espíritu Santo. Hasta ese momento, creo que lo único que sabía/entendía del Espíritu Santo, era que por medio de Él había sido engendrado Jesús en el vientre de María. Nada más. Ni relación, ni intención de relacionarme.

Al terminar de leer aquel sorprendente libro, se abrió un nuevo panorama para mí con respecto a la persona del Espíritu Santo: no solo era una persona activa en la Trinidad, sino que, además Él quería relacionarse conmigo; quería ser “mi amigo”. Reconozco que a partir de ese momento, intenté con todas mis fuerzas hacerle lo más real posible en mi vida. Por ejemplo, le llamaba “Partner” (compañero, en inglés). Y además, teníamos nuestro rinconcito en la iglesia, en unas escaleras. Ahí iba yo y quedaba con Él como quien queda con su mejor amigo. Le “miraba”, le contaba lo generalmente malo que había sido mi día, o le relataba los sueños que quería cumplir más adelante, de su mano. Ahí, en ese rincón, en cierta ocasión rayé nuestro nombre en la pared con unas llaves. Era imperceptible para cualquier otra persona, ya que no se notaban demasiado las delgadísimas líneas que intentaban imitar letras. Pero ahí, en esa pared, decía: “E.S. y yo“. Era uno de nuestros pequeños secretos, como los que guardan para siempre los enamorados.

Incluso, antes de salir de mi país [algo que ocurrió pocos meses después de la lectura de ese libro], tomé una fotografía de esa pared. Una vez más, si viesen la foto, nadie podría notar nada. No obstante, allí estaba tatuado el inicio de un romance que tendría sus altos y sus bajos, pero que nunca dejaría de estar presente en cada instante de mi vida, aún cuando llegaría el momento en el que le daría la espalda en pos de otras cosas que ocupaban mi atención.

Continuará…

 

CONFESIONES :o, REFLEXIONES

La razón de mi “locura”

c4eb700fdb7ae9bd3dfe84b73dec9d6eLlevo varios minutos frente al ordenador sin saber realmente qué es lo que quiero expresar. Hoy es uno de esos días milagrosos en los que cuento con más tiempo de lo habitual, a estas horas. Estoy escuchando una sencilla oración convertida en canción, de Kim Walker-Smith, “Just be”, donde le dice a Dios “todo lo demás puede esperar, he venido a buscar tu rostro.” Y, ¿sabes qué?, la entiendo, la entiendo perfectamente. Sé que algunos de ustedes —talvez muchos— estén un poco cansados de mis publicaciones en este sentido. Talvez crean que soy “una pesada”, que estoy exagerando, o que simplemente esto es postureo, y nada más. PERO NO. ¡No lo es! No me sentía tan viva en mi fe, desde aquella madrugada del 30 de Enero de 1998, en el que tuve mi encuentro personal —radical, brutal— con Jesús. Recuerdo que, en ese entonces, sentí por primera vez “la presencia de Dios”, sí, justo en el instante en que dije “amén” al terminar de hacer la oración en la que recibía a Jesús como mi salvador y mi Señor. Lo recuerdo vívidamente, porque esa misma presencia es la que persigo día tras día. Pero también he pasado por temporadas en las que no la sentía. ¡Nefasto! Es como sería para un pez estar fuera del agua. Es adictiva su presencia, porque me indica nada más y nada menos que estoy conectada con Él. Con Dios.

Casi puedo esuchar los rumores: ¿qué le pasa a ella? ¿Por qué habla tanto del Espíritu Santo? ¿Con quién se está juntando? ¿Qué locura tiene ahora? ¡Oh, si supieran lo que estoy sintiendo! ¡Si supieran que todos los días, en cualquier momento del día, su presencia es tan fuerte sobre mí que solo puedo llorar!¡Estoy desesperada por Él! ¡Y no por más de Él, sino por TODO DE ÉL!

Y para disipar vuestras dudas, sí, me estoy “juntando” con alguien, y cada vez me estoy juntando más: y es a la persona del Espíritu Santo. ¡Sí! Porque creía que lo conocía, pero no era cierto. Me había acomodado a una vida cristiana mediocre, y tenía justificaciones teológicas y bien razonadas para vivir así de engañada. Así que no puedo hacer otra cosa que hablar de aquello que busco y persigo, y de aquello en lo que pienso todo el tiempo. Pienso en el Espíritu Santo. Pienso en el corazón de Dios. Pienso en que anhelo desesperadamente ser discipulada por mi Señor Jesús a través del Espíritu de Dios que nos guía a toda verdad y nos revela lo que está por venir.

Me alegro por todos ustedes que están contentos con vuestras vidas cristianas. Me alegro por ustedes que, por hacer mil cosas dentro de la iglesia, ya creen que Le conocen. Me alegro por ustedes que, al ostentar sendos títulos eclesiásticos, ya piensan que “lo han logrado”. ¡De verdad, Dios sabe que me alegro! Pero hermanos y hermanas, ese no es mi caso. ¡Yo no estoy conforme! Y ahora mismo, no soy más que una ama de casa y mamá de dos bebés a los que tengo que cuidar todo el día. Mi situación actual me “limita” de estar haciendo las cosas que ustedes me veían hacer todo el tiempo —cosas que, seguramente, en su momento, volveré a hacer si así Dios lo quiere—.

Pero he decidido abrazar esta temporada como la abrazó David detrás de las ovejas, o como la abrazó Juan el bautista en el desierto. O Pablo, cuando se ocultó después de su encuentro sobrenatural con Jesús en Damasco. O incluso como Juan, desterrado en aquella terrible isla de Patmos. ¿Pero saben qué hay en común en estos ejemplos? Que todos, en medio de esas circunstancias, se encontraron con Jesús, y desarrollaron una profunda intimidad con Dios.

No estoy conforme. Y estoy desesperada. No descansaré hasta estar tan cerca del Señor, que pueda recostar mi cabeza en su regazo, impregnarme de su fragancia y juguetear con sus cabellos, incluso sentir con la yema de mis dedos el tacto de sus vestiduras. No descansaré hasta que su voz retumbe en mi pecho. No descansaré hasta que Él me mire de forma confidente, como quien mira a su mejor amigo o amiga.

En la canción de Kim —que sigue sonando sin parar—, hay otra línea que dice “nada quiero más, porque nada importa más, solo estar aquí a tus pies, solo estar aquí de rodillas. Aquí en tu presencia estoy completa. Jesús, eres todo lo que necesito”. 

Esta sencilla canción, acompañada al piano, resume toda mi vida. Todo lo que deseo, anhelo y persigo. Si no lo puedes entender, oraré para que lo entiendas, y llegues a sentirte tan desesperado como yo. Porque al final, Dios te lleva al desierto únicamente con el propósito de que puedas volver a la Fuente de Vida. Que puedas volver a Él. Y que, como dice Kim, estés tan enamorado y loco por su presencia, que realmente NADA quieras más —que estar con Él—, porque NADA te importa más.

Y si algo del precio que tengo que pagar por expresar cómo me siento, es vuestro rechazo o escepticismo, lo pagaré con mucho gusto.

¡El premio es demasiado grande!

[Risas estridentes, “yujus”, y saltos de alegría hasta el techo.]

LETTERS TO MY BELOVED, PROSA, REFLEXIONES

TÚ, QUE CONOCES MI CORAZÓN

 

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Miro al cielo, este cielo estrellado, en esta noche que se presenta con tantos pensamientos inciertos. Mi corazón palpita despacio, con la parsimonia de una nube al viento. Y me pregunto: ¿estás allí? ¿Puedes oírme? Si alguien sabe lo que siento, ese eres tú. Si alguien puede medir la dimensión de mis profundas interrogantes, ese eres tú. Y por eso, sólo a ti he confiado mi corazón. Sí, tengo mis altos y mis bajos. A veces pueden desanimarme las circunstancias. Y la espera de tus promesas, en ocasiones, resulta una tortura insoportable. Pero, ¿a quién tengo, sino a ti? ¿A quién quiero, sino a ti? Nadie me llena como lo haces tú. Nada me satisface como tú. Y mi corazón va en pos de ti, como un niño desesperado que busca refugiarse en los brazos amorosos de su padre. A veces quisiera sentir tus brazos rodeándome. Quisiera ver tu rostro. Tu mirada bastaría para sanar mi interior. Tu sonrisa me proporcionaría la paz jamás soñada. Una palabra tuya, bastaría para fortalecerme. Por favor, te pido, no me olvides. No me deseches. No ahora, que he llegado hasta aquí contra viento y marea, porque mi vida, [tú lo sabes], ha sido una tempestad que sólo tú has podido contener. Tú, que conoces mi corazón, escudríñame. Cerciórate de que es cierto. Puedes entrar a cada habitación de mi alma. No me importa que veas lo peor de mí. Porque prefiero caer en tus manos, que en la de los que desean mi mal.
—Lihem Ben Sayel.
Salmo 63:1-8
Salmo de David, acerca de cuando estaba en el desierto de Judá.
Oh Dios, tú eres mi Dios;
    de todo corazón te busco.
Mi alma tiene sed de ti;
    todo mi cuerpo te anhela
en esta tierra reseca y agotada
    donde no hay agua.
Te he visto en tu santuario
    y he contemplado tu poder y tu gloria.
Tu amor inagotable es mejor que la vida misma,
    ¡cuánto te alabo!
Te alabaré mientras viva,
    a ti levantaré mis manos en oración.
Tú me satisfaces más que un suculento banquete;
    te alabaré con cánticos de alegría.
Recostado, me quedo despierto
    pensando y meditando en ti durante la noche.
Como eres mi ayudador,
    canto de alegría a la sombra de tus alas.
Me aferro a ti;
    tu fuerte mano derecha me mantiene seguro.
 

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