CONFESIONES :o, MUY PERSONAL, REFLEXIONES

“Nuestro nombre escrito en la pared” [Parte II]

Fui creciendo en mi vida cristiana a pesar de múltiples obstáculos. Siendo honesta, hubiera sido más fácil para mí dejar de seguir a Jesús, y hasta parece que habría tenido las excusas perfectas para hacerlo. Sin embargo, me sentí tal como Jesús dijo a sus discípulos: “ustedes no me eligieron así, sino que yo los elegía ustedes”. Me sentí así, escogida, elegida, predestinada. Me sentí rescatada de todo lo que me rodeaba, que bien podría haberme matado en múltiples maneras. Y, en efecto, las circunstancias que viví no me mataron. Pero me hirieron de muerte. Me costaría años y años sobre años poder recuperarme de un alma completamente quebrada y subyugada al miedo y la intimidación. En fin, de muchas sensaciones que prefiero no recordar. Es pasado.

En todo ese proceso de mi nueva pasión [Jesús], cuando hubiese preferido morir, y me sentía la persona más sola sobre la faz de la tierra, sentía la presencia de Espíritu Santo. ¡Wow! ¡Realmente no estaba sola! Ahí, junto con las lágrimas y las preguntas, junto con el dolor y las heridas, estaba Él. Él era ese abrazo. Ese amigo que lloraba conmigo. Ese que entendía mi dolor, y me pedía permiso para poder sanarlo.

Nuestra relación —como ocurre con nuestras relaciones con las personas, cuando pasamos juntas por terribles situaciones— se tornó más y más profunda. Había un halo de intimidad que me acompañaba siempre. Sin embargo, en algún momento perdimos la conexión. Y supongo que ocurrió cuando creía que, por estar en otra posición —de victoria— ya no le necesitaba tanto como antes.

Hacía cosas para Él, pero no necesariamente tenía una relación profunda con Él. Sin embargo, la anhelaba con todo mi corazón. Si me conoces un poco, sabrás que siempre he estado apasionada por Dios. DE eso no hay duda.

Pero… el hacer cosas para Él, en algún punto de mi vida, sustituyó al ESTAR con Él. El resultado de eso es que, por más que lo intentara, parecía que al dar un paso hacia delante daba dos hacia atrás. Mi relación no era constante, por lo tanto, tampoco podía ser muy profunda.

A finales de 2015, me desesperé. Me desesperé DE VERDAD. Y le dije: da igual lo que tenga hacer o dejar de hacer, ¡voy a tenerte! ¡Voy a perseguir tu corazón tan profundo como tenga que perseguirlo! Fue tan grande mi determinación, que, al entrar a 2016, mi vida giraba en torno a esto: PERSEGUIR EL CORAZÓN de Dios. Y, por ende, tener una relación más profunda con Espíritu Santo. CONOCERLE DE VERDAD. Porque en realidad ¡no lo conocía lo suficiente!

Estamos en 2019, y solo puedo decir que cada año, desde que tomé aquella determinación en 2015, ha sido mejor y mejor y mejor. De hecho, este año está siendo sencillamente perfecto. No solo celebro el nacimiento [en enero] de mi segunda hija, sino que, además, muchísimas de las cosas que me impedían seguir más profundo en mi relación con Espíritu Santo, desaparecieron. Estoy rodeada de profetas. Los tengo como amigos íntimos. Y con relación a ello, hoy me di cuenta que siempre he tenido amigos íntimos que son profetas. Este año, Dios ha confirmado muchas cosas en mi corazón por boca de sus profetas. ¡Y me prepararé en torno a ello!

No estoy donde quisiera estar aún, pero vaya si te digo que estoy en el camino correcto. Perseguir a Dios es lo que hago todo el día. Buscar su rostro es mi estilo de vida. Todo en mi vida gira en torno a ello. T O D O.

Cuando haya llegado al cumplimiento de mi destino, y vea muchas más cosas de las que jamás imaginé, y me pregunte: “pero, ¿cómo llegué hasta aquí…?”, leeré estas entradas, y lo recordaré: JUST BEING HERE, AT YOUR FEET. JUST BEING HERE, ON MY KNEES.

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MDUP II: “El anillo de los siete Espíritus de YHWH y del pacto con Menahem”

MEMORIAS DE UNA PRINCESA
[SEGUNDA PARTE]

«El anillo de los siete espíritus de YHWH  y de mi pacto con Menahem»

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En esta nueva etapa, en este nuevo tiempo, finalizando tres años de una dura travesía, llena de incertidumbres y desasosiego, un tiempo de sinuosas cuestiones y dudas sembradas en lo profundo de mi corazón, Menahem me ha recordado un anillo que dormía plácidamente olvidado en un pequeño cofre. Es un gran anillo conformado, a su vez, por siete aros, unidos por una delgada placa en la cual va tallado mi nombre. Al verlo, instantáneamente, recordé la Escritura del profeta Isaías:

«Y reposará sobre él el Espíritu de YHWH; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de YHWH.»

‭‭—Isaías‬ ‭11:2‬ ‭

En ese momento, comprendí que Menahem me guiaba a llevar este anillo en la mano izquierda, ya que en la derecha llevo el anillo de mis pactos con YHWH, cuyo nombre está tatuado en el interior de tal anillo.

Mi nuevo anillo de los siete tratados, representará la plenitud de Menahem, los siete espíritus del Dios viviente, sobre mí: Espíritu de YHWH, espíritu de sabiduría e inteligencia, de consejo y poder, de conocimiento y temor de YHWH. Será la representación física de mi pacto y mi relación con Menahem.

Ahora, solo me falta la estrella, que me identificará como ciudadana del Reino de los Cielos, la cual debe proceder exclusivamente de Yerushalayim.

Lihem Ben Sayel,

The princess of the Lord…🌹

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“Nuestro nombre en la pared” [Parte I]

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Ecuador, año 2002.

Recuerdo que era de mañana, y que yo llevaba puesto el uniforme de mi instituto: nos habían dado horas libres, así que aproveché y visité a un matrimonio de amigos de la iglesia a la que yo asistía. Yo, una adolescente con 17 años, ya tenía 5 caminando en la fe, desde mi encuentro personal y real con Jesús, cuando solo contaba con 12.

Nadie que me conozca ahora, comprenderá la magnitud de mi sufrimiento al haber emprendido mi salvaje y profunda aventura con Jesús. Yo era católica de nacimiento, y mi anhelo era servir a Dios como monja. Sí, eso lo había decidido antes de los doce años. No hay ninguna duda que mi corazón infante estaba desesperado desde ya por Dios, y quería servirle; entregar mi vida por completo a Él, y no dedicarme a otra cosa que estar enteramente dispuesta a su voluntad. Sin embargo, y, aunque no hable mucho de esto actualmente, los años más tormentosos de mi vida comenzaron justo allí, cuando rendí mi vida a Jesús. Estaba claro que tenía un enemigo —caído, pero poderoso— que perturbaría cada paso que yo intentara dar en pos de mi amado Jesús. Lo que pasaba era que yo ignoraba el alcance de su poder.

Creía que, por amar a Dios y servirle como le servía, ciertas cosas no podrían pasarme. Pero me pasaban. Aún hoy, no soy enteramente capaz de descifrar cómo una niña de 12 años pudo hacer frente a ese tipo de tormentos y situaciones más que complicadas, y aún así no terminar como un barco a la deriva. Aún así, no desistir de esa fe tan grande a la que se había aferrado, pero que parecía insuficiente a la hora de protegerla del peligro, de los daños y, sobre todo, de la ruptura constante de su corazón sensible.

Mi refugio eran las noches, la música, la luna, y, por supuesto, Él. Talvez en el fondo, simplemente intuía que alguien procuraba separarnos. Alguien quería hollar aquella pequeña semilla de amor sembrada en mí. Destruirla por completo, hasta que no quedase nada, ni siquiera un buen recuerdo, de lo que había sido mi encuentro con Jesús. Pero lo que sin duda mi enemigo ignoraba, era que, mientras más golpeaba mi corazón, mientras más me hería en lo profundo de mi identidad y mi confianza, por otro lado, estaba Él, que con el cálido ungüento de su presencia me consolaba, aún cuando yo no comprendía nada.

Así fueron pasando los años. Trece, catorce, quince, dieciséis, diecisiete… y volvemos a aquella mañana, donde me situaba en casa de un matrimonio de amigos de la iglesia a la que asistía. Aquel día, casi por casualidad, encontré un libro en una mesilla. Le pregunté a mi amigo que cuál libro era ese. “Buenos días, Espíritu Santo”, me respondió él.

Lo empecé a leer mientras estuve con ellos un par de horas. Había llegado el momento de marcharme y, sencillamente, no podía desprenderme de aquellas cosas tan maravillosas y misteriosas que contaba Benny Hinn con respecto a ese “Dios” desconocido para mí, el Espíritu Santo. Hasta ese momento, creo que lo único que sabía/entendía del Espíritu Santo, era que por medio de Él había sido engendrado Jesús en el vientre de María. Nada más. Ni relación, ni intención de relacionarme.

Al terminar de leer aquel sorprendente libro, se abrió un nuevo panorama para mí con respecto a la persona del Espíritu Santo: no solo era una persona activa en la Trinidad, sino que, además Él quería relacionarse conmigo; quería ser “mi amigo”. Reconozco que a partir de ese momento, intenté con todas mis fuerzas hacerle lo más real posible en mi vida. Por ejemplo, le llamaba “Partner” (compañero, en inglés). Y además, teníamos nuestro rinconcito en la iglesia, en unas escaleras. Ahí iba yo y quedaba con Él como quien queda con su mejor amigo. Le “miraba”, le contaba lo generalmente malo que había sido mi día, o le relataba los sueños que quería cumplir más adelante, de su mano. Ahí, en ese rincón, en cierta ocasión rayé nuestro nombre en la pared con unas llaves. Era imperceptible para cualquier otra persona, ya que no se notaban demasiado las delgadísimas líneas que intentaban imitar letras. Pero ahí, en esa pared, decía: “E.S. y yo“. Era uno de nuestros pequeños secretos, como los que guardan para siempre los enamorados.

Incluso, antes de salir de mi país [algo que ocurrió pocos meses después de la lectura de ese libro], tomé una fotografía de esa pared. Una vez más, si viesen la foto, nadie podría notar nada. No obstante, allí estaba tatuado el inicio de un romance que tendría sus altos y sus bajos, pero que nunca dejaría de estar presente en cada instante de mi vida, aún cuando llegaría el momento en el que le daría la espalda en pos de otras cosas que ocupaban mi atención.

Continuará…

 

CONFESIONES :o, REFLEXIONES

La razón de mi “locura”

c4eb700fdb7ae9bd3dfe84b73dec9d6eLlevo varios minutos frente al ordenador sin saber realmente qué es lo que quiero expresar. Hoy es uno de esos días milagrosos en los que cuento con más tiempo de lo habitual, a estas horas. Estoy escuchando una sencilla oración convertida en canción, de Kim Walker-Smith, “Just be”, donde le dice a Dios “todo lo demás puede esperar, he venido a buscar tu rostro.” Y, ¿sabes qué?, la entiendo, la entiendo perfectamente. Sé que algunos de ustedes —talvez muchos— estén un poco cansados de mis publicaciones en este sentido. Talvez crean que soy “una pesada”, que estoy exagerando, o que simplemente esto es postureo, y nada más. PERO NO. ¡No lo es! No me sentía tan viva en mi fe, desde aquella madrugada del 30 de Enero de 1998, en el que tuve mi encuentro personal —radical, brutal— con Jesús. Recuerdo que, en ese entonces, sentí por primera vez “la presencia de Dios”, sí, justo en el instante en que dije “amén” al terminar de hacer la oración en la que recibía a Jesús como mi salvador y mi Señor. Lo recuerdo vívidamente, porque esa misma presencia es la que persigo día tras día. Pero también he pasado por temporadas en las que no la sentía. ¡Nefasto! Es como sería para un pez estar fuera del agua. Es adictiva su presencia, porque me indica nada más y nada menos que estoy conectada con Él. Con Dios.

Casi puedo esuchar los rumores: ¿qué le pasa a ella? ¿Por qué habla tanto del Espíritu Santo? ¿Con quién se está juntando? ¿Qué locura tiene ahora? ¡Oh, si supieran lo que estoy sintiendo! ¡Si supieran que todos los días, en cualquier momento del día, su presencia es tan fuerte sobre mí que solo puedo llorar!¡Estoy desesperada por Él! ¡Y no por más de Él, sino por TODO DE ÉL!

Y para disipar vuestras dudas, sí, me estoy “juntando” con alguien, y cada vez me estoy juntando más: y es a la persona del Espíritu Santo. ¡Sí! Porque creía que lo conocía, pero no era cierto. Me había acomodado a una vida cristiana mediocre, y tenía justificaciones teológicas y bien razonadas para vivir así de engañada. Así que no puedo hacer otra cosa que hablar de aquello que busco y persigo, y de aquello en lo que pienso todo el tiempo. Pienso en el Espíritu Santo. Pienso en el corazón de Dios. Pienso en que anhelo desesperadamente ser discipulada por mi Señor Jesús a través del Espíritu de Dios que nos guía a toda verdad y nos revela lo que está por venir.

Me alegro por todos ustedes que están contentos con vuestras vidas cristianas. Me alegro por ustedes que, por hacer mil cosas dentro de la iglesia, ya creen que Le conocen. Me alegro por ustedes que, al ostentar sendos títulos eclesiásticos, ya piensan que “lo han logrado”. ¡De verdad, Dios sabe que me alegro! Pero hermanos y hermanas, ese no es mi caso. ¡Yo no estoy conforme! Y ahora mismo, no soy más que una ama de casa y mamá de dos bebés a los que tengo que cuidar todo el día. Mi situación actual me “limita” de estar haciendo las cosas que ustedes me veían hacer todo el tiempo —cosas que, seguramente, en su momento, volveré a hacer si así Dios lo quiere—.

Pero he decidido abrazar esta temporada como la abrazó David detrás de las ovejas, o como la abrazó Juan el bautista en el desierto. O Pablo, cuando se ocultó después de su encuentro sobrenatural con Jesús en Damasco. O incluso como Juan, desterrado en aquella terrible isla de Patmos. ¿Pero saben qué hay en común en estos ejemplos? Que todos, en medio de esas circunstancias, se encontraron con Jesús, y desarrollaron una profunda intimidad con Dios.

No estoy conforme. Y estoy desesperada. No descansaré hasta estar tan cerca del Señor, que pueda recostar mi cabeza en su regazo, impregnarme de su fragancia y juguetear con sus cabellos, incluso sentir con la yema de mis dedos el tacto de sus vestiduras. No descansaré hasta que su voz retumbe en mi pecho. No descansaré hasta que Él me mire de forma confidente, como quien mira a su mejor amigo o amiga.

En la canción de Kim —que sigue sonando sin parar—, hay otra línea que dice “nada quiero más, porque nada importa más, solo estar aquí a tus pies, solo estar aquí de rodillas. Aquí en tu presencia estoy completa. Jesús, eres todo lo que necesito”. 

Esta sencilla canción, acompañada al piano, resume toda mi vida. Todo lo que deseo, anhelo y persigo. Si no lo puedes entender, oraré para que lo entiendas, y llegues a sentirte tan desesperado como yo. Porque al final, Dios te lleva al desierto únicamente con el propósito de que puedas volver a la Fuente de Vida. Que puedas volver a Él. Y que, como dice Kim, estés tan enamorado y loco por su presencia, que realmente NADA quieras más —que estar con Él—, porque NADA te importa más.

Y si algo del precio que tengo que pagar por expresar cómo me siento, es vuestro rechazo o escepticismo, lo pagaré con mucho gusto.

¡El premio es demasiado grande!

[Risas estridentes, “yujus”, y saltos de alegría hasta el techo.]

LETTERS TO MY BELOVED, PROSA, REFLEXIONES

TÚ, QUE CONOCES MI CORAZÓN

 

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Miro al cielo, este cielo estrellado, en esta noche que se presenta con tantos pensamientos inciertos. Mi corazón palpita despacio, con la parsimonia de una nube al viento. Y me pregunto: ¿estás allí? ¿Puedes oírme? Si alguien sabe lo que siento, ese eres tú. Si alguien puede medir la dimensión de mis profundas interrogantes, ese eres tú. Y por eso, sólo a ti he confiado mi corazón. Sí, tengo mis altos y mis bajos. A veces pueden desanimarme las circunstancias. Y la espera de tus promesas, en ocasiones, resulta una tortura insoportable. Pero, ¿a quién tengo, sino a ti? ¿A quién quiero, sino a ti? Nadie me llena como lo haces tú. Nada me satisface como tú. Y mi corazón va en pos de ti, como un niño desesperado que busca refugiarse en los brazos amorosos de su padre. A veces quisiera sentir tus brazos rodeándome. Quisiera ver tu rostro. Tu mirada bastaría para sanar mi interior. Tu sonrisa me proporcionaría la paz jamás soñada. Una palabra tuya, bastaría para fortalecerme. Por favor, te pido, no me olvides. No me deseches. No ahora, que he llegado hasta aquí contra viento y marea, porque mi vida, [tú lo sabes], ha sido una tempestad que sólo tú has podido contener. Tú, que conoces mi corazón, escudríñame. Cerciórate de que es cierto. Puedes entrar a cada habitación de mi alma. No me importa que veas lo peor de mí. Porque prefiero caer en tus manos, que en la de los que desean mi mal.
—Lihem Ben Sayel.
Salmo 63:1-8
Salmo de David, acerca de cuando estaba en el desierto de Judá.
Oh Dios, tú eres mi Dios;
    de todo corazón te busco.
Mi alma tiene sed de ti;
    todo mi cuerpo te anhela
en esta tierra reseca y agotada
    donde no hay agua.
Te he visto en tu santuario
    y he contemplado tu poder y tu gloria.
Tu amor inagotable es mejor que la vida misma,
    ¡cuánto te alabo!
Te alabaré mientras viva,
    a ti levantaré mis manos en oración.
Tú me satisfaces más que un suculento banquete;
    te alabaré con cánticos de alegría.
Recostado, me quedo despierto
    pensando y meditando en ti durante la noche.
Como eres mi ayudador,
    canto de alegría a la sombra de tus alas.
Me aferro a ti;
    tu fuerte mano derecha me mantiene seguro.
 

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Mi despedida del mejor año de mi vida… hasta ahora.

Introducción.

¿Cómo se puede resumir un año, 365 días… tantas cosas vividas? Para ser honestos, no es nada sencillo. Pero lo intentaré, por amor a las memorias. No es por azar que este Blog lleva por nombre “Memorias…”.

I

El año empezó bien. Con las relaciones bien forjadas; con ganas. Pero, de un momento a otro, dio un vuelco (alrededor de febrero-marzo). Y, una relación que yo daba por consolidada, se derrumbó. Me decepcioné, sí, una vez más. Pero, en esta ocasión, decidí elevarme por encima de mis propias emociones, y buscar en lo profundo del espíritu.

II

Y así, casi por accidente, comencé mi intensa búsqueda de Dios. Algo que no consta sólo en dogmas, ni en responsabilidades, sino en DESEO. Sí, deseo en mayúsculas; porque si bien es cierto que antes la búsqueda de las profundidades de Dios estaban relacionadas con una especie de peso, o sentido del deber, esta vez se transformó en mi mayor -no, en mi único- deseo.

III

Entonces, todo cambió. Y una a una me fui deshaciendo de aquellas cosas a las que había aferrado. Se podría fácilmente decir que cambié de identidad. Claro que, antes de tal cambio, debes anularte por completo. Borrar todo rasgo antiguo. Soltarte de las riendas. Incluso romper aquellas bases en las que te habías levantado. ¡Y cuánto he amado ese cambio!

IV

Obviamente, al principio sentí vértigo. Si ya no era Nejath, la de los libros y la literatura, entonces ¿quién era? Si ya no era la que hacía esto o aquello, entonces, ¿en quién me había convertido? Y así fui como empecé desde cero, desde el principio de todo. Me sumergí en el Edén. Volví a pasear con Dios, sabiendo que, aún si volvía a comer del fruto -y fallarle-, Él seguiría teniendo un plan para traerme de regreso.

V

Y los meses fueron pasando… abril, mayo, junio… ¡Junio! Dos semanas antes de terminar el mes, comienzo a sentir extrañas señales en mi cuerpo que nunca antes había reconocido. «¿Será posible que…? No, no puede ser. Debe ser una falsa alarma.» Y así, entre mi ingenuidad y mi temor a equivocarme, me hice un test.

VI

Mi deseo era tener un hijo a los 30 años. Bien, pues me enteré de que estaba embarazada (de más de 3 semanas) el día antes de cumplir los 31. Eso me vale 🙂 . Desde allí, se sumó a mis meses de felicidad, un nuevo motivo para seguir adelante: mi hijo. ¡Y cómo me cambió eso por dentro! Supe enseguida que, a partir de entonces, mi vida jamás volvería a ser igual.

VII

Julio, agosto, septiembre, octubre, noviembre… y hasta aquí, 28 de diciembre. No, las cosas no me han resultado fáciles, ni idílicas. Sin embargo, existe una notable diferencia cuando la paz verdadera y el amor reinan en tu corazón. Se nota cuando tu tarea diaria es despojarte del orgullo y del egoísmo. Se nota cuando quieres “amar, servir y perdonar” como lo hiciera Jesús, vivo ejemplo del amor.

VIII

Aún me estoy reconstruyendo. Aún debo dejar atrás facciones de mí a las que había aferrado como intrínsecas. Pues ahora sé que, con el enfoque correcto, puedes convertirte en alguien mejor; sí, sólo por medio del amor.

IX

Todos necesitamos su gracia y su favor. Así que todos estamos al mismo nivel. Nadie más grande. Nadie más pequeño. Todos igual de necesitados, ante su infinita misericordia y su gloria que se apresura a rescatarnos. Y cuando lo ves de este modo, comprendes la importancia de ser sencillo, de ser genuino y veraz.

X

No, no digo que lo haya alcanzado ya. Pero sé que estoy en la senda correcta. Me dejaré la vida en ello; pues si no ¿qué sentido tiene llamarme “cristiana”? He visto con mis propios ojos el dolor y la destrucción que producen el orgullo, el egoísmo, y el amor fingido. Y no quiero caer más en esa trampa. A la vez que siento lástima de los que deciden permanecer en ella.

XI

Sí, esperé cosas de personas a las que amaba, y de las que creía que me amaban. Me di cuenta de que la gente a veces te usa para sus propios intereses. Su ausencia y su indiferencia me demostraron una vez más que Dios es el único que jamás nos falla, y que Él es el único perfecto en amor. Amor. Esa palabra tan fascinante. Tan fácilmente usada. Esa palabra que necesito desesperadamente hacer realidad en mi vida, cada día…

XII

Hoy, estoy a punto de ser madre. Soy más madura y más desprendida. Más segura y más libre. Estoy más enamorada de mi familia, y soy menos amante de las cosas efímeras de este mundo. Sé que me quedan cosas por enmendar. Me encomiendo a Dios con ese propósito.

Conclusión.

Sí, a tres días de concluir, sigo afirmando que 2016 ha sido el mejor año de mi vida. Que Dios nos bendiga a todos. Que nos dé sabiduría para enfrentar el nuevo año que está por comenzar. Que, cuando miremos hacia atrás, podamos saber que estamos mejor de lo que estuvimos. Y que el AMOR reine en nuestros corazones y en nuestros hogares todos los días de nuestra vida. Recuerda que lo mejor, está por venir…

Siempre vuestra,

Lihem Ben Sayel ♥

the princess of the Lord...

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CONFESIONES :o, MATERNIDAD, VIVENCIAS

Cosas personales, Nov. 2016.

5182x3456-623353Noviembre es un mes hermoso. Y no quisiera que acabase este mes sin escribir algo por aquí. Sigo muy feliz con mi embarazo, y ya pronto cumpliré los 7 meses. Lo cual significa que falta cada vez menos para ver a nuestro pequeñín (¡a quien ya le pudimos ver el rostro gracias a las nuevas tecnologías!). 
Digamos también que ya me he despedido oficialmente de mis actividades. He delegado las que podía delegar. Y en verdad esto me da paz, porque ahora tengo sólo dos meses por delante (que se van muy rápido) para organizar mis asuntos alrededor del niño.
Gracias a Dios, todo va marchando bien. Y, muy al contrario de lo que se pueda pensar, tengo ganas de pasar por el parto. Creo que es una vivencia única, y lo que más me entusiasma es saber que ahí podré sostener a mi bebé por primera vez. Sueño día y noche con ese instante.
Sin duda, lo más hermoso que he experimentado en el embarazo, son esos momentos cuando interactúo con mi bebé. Cuando noto que está despierto, le hago una especie de “redoble” en la barriguita, y él responde una y otra vez a ese estímulo. A veces, ni siquiera hace falta que le haga el redoble: simplemente le digo “bebé”, y él da su patadita, respondiendo a mi voz.
¿Que si voy a echar de menos tenerlo siempre conmigo? Claro que sí. Pero el desafío no está en tener una vida contigo para siempre, sino en prepararlo para que pueda vivir por sí mismo lejos de ti, con los valores y principios que le has inculcado, lleno de amor y de hermosos recuerdos que le acompañarán para siempre.

CURIOSIDADES…

  • Nuestros amigos en la iglesia le apodan “Fueguito”, porque el bebé está on fire.
  • Según las imágenes en 4D, se parece a mí. Yo tengo dudas. Su padre no.
  • Aún estamos pensando el nombre. De todas formas, no queremos decirlo hasta el parto. A ver si lo logramos jeje…
  • Por su comportamiento en mi vientre, creo que tiene una personalidad marcada, pero es amable (no me incomodan sus movimientos), y creo que en términos generales será tranquilo y noble.
  • A punto de cumplir los 7 meses, no tengo una de esas “enormes” barrigas, algo que agradezco. Todos me dicen que a partir de ahora es cuando crece más.
  • Seguiré en la piscina de embarazadas. Y mi mente ahora está en preparar mi casa a fondo, en comer bien y hacer ejercicio.
  • No ha sido un embarazo de antojos, ni de achaques. Achaques cero.
  • El embarazo me ha dado más energía y vitalidad, al contrario de lo que suele ocurrir.
  • Definiría mi embarazo como un “estado permanente de profunda felicidad”.
  • Siempre me había imaginado que tendría a ciertas personas cerca de mí en este momento de mi vida, pero no es como imaginé; Dios me puso a otras personas cerca.
  • Ahora sí que estoy más sensible jaja… Algo que no me pasó en los meses anteriores.
  • No voy a poner fotos de mi bebé en las redes sociales. Sólo si está con nosotros. Pero de él solo no. Hay muchas advertencias al respecto por parte de la Policía y demás organismos.

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Imagen de las 28 semanas.
Lihem ben Sayel… ❤

CONFESIONES :o, REFLEXIONES

El silencio en su presencia.

Nuestra vida es frenética: vivimos con la frustrante sensación de que nos falta tiempo. Creo que sabes de qué hablo. Una vida sin prisas, hoy en día, se traduce en una vida de lujo (algo que sólo unos pocos afortunados pueden permitirse); o, en último caso, en una vida infructífera. Así que, ¿cuándo hay tiempo para cerrar los ojos, recostar la cabeza, y simplemente callar —con total tranquilidad—?

Si existe un lugar perfecto para guardar silencio, esa es la presencia de Dios. Creo que el rey David no se equivocaba en darnos este amable consejo: «Quédate quieto en la presencia del Señory espera con paciencia a que él actúe.» 

Conozco a mucha gente a la que se le haría prácticamente imposible quedarse quietos: «hay mucho que hacer, debo hacer algo, si estoy quieto no produzco, me desespero, tengo que hablar, tengo que decir algo, me resulta incómodo el silencio…».

Sí. El Silencio nos resulta incómodo cuando estamos con un desconocido en un ascensor —de esos pequeñitos, que te obligan a estar a menos de un metro de distancia—, o también cuando estamos en un viaje largo junto a alguien que no conocemos de nada.

Pero no es así con Dios. Porque, ¿verdad que es distinto cuando estamos con nuestra pareja, o nuestro mejor amigo…? En estos casos, el silencio forma parte de nuestra comunicación relacional.

Si estamos acostumbrados a pasar tiempo con Él, si le conocemos, nos daremos cuenta que esos silencios dicen mucho, en realidad. Son silencios de consuelo, de “ya está, aquí puedes descansar, aquí nadie te exigirá nada…”. Son silencios que provocan paz. Porque estamos con Aquel que nos conoce mejor que nadie, y con quien nuestras barreras protectoras pueden caer sin temor a ser dañados. Pues sabemos que Él nos ama.

El mundo se detiene. El tiempo deja de correr. Y casi hasta podemos imaginarnos sentados junto a Él, recostando nuestra cabeza en su pecho, como pudo hacer Juan, el Amado. Tranquilos. Confiados. En reposo. Porque, a su debido tiempo, sea lo que sea que necesitemos, Él actuará a nuestro favor.

—Lihem Ben Sayel.
Guarda silencio ante el Señor,
    y espera en él con paciencia;
Rey David, Salmos 37:7a

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REFLEXIONES, VIVENCIAS

Mensajes del corazón [#2 Meditaciones y conclusiones.]

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#2 Meditaciones y conclusiones.

—Carácter. (Escrito el 23 de octubre, 2016)

En las personas, no admiro los dones espirituales que poseen. Esos son regalos, obsequios de Dios. Tampoco admiro los talentos, porque esos son habilidades que se pueden desarrollar (con distintas finalidades e intenciones). Pero lo que sí admiro, es el carácter. Porque eso no se recibe en una oración, ni se consigue yendo a un Súper Congreso, ni se obtiene de un día para otro. Tampoco es directamente proporcional al “cargo de liderazgo” que poseas, ni a un título eclesiástico. El carácter se trabaja día a día, decidiendo morir al ego (eso que tantas cosas estropea en el Reino de Dios). Se consigue decidiendo ser mansos y humildes de corazón, como Jesús. A esas, son las personas a las que admiro secretamente, porque me recuerdan a Jesús. Trabajemos más por tener el carácter de Cristo. Y hagamos menos por “hacernos notar.”

—Morir. (Escrito el 11 de agosto, 2016)

Cuando vas madurando, te das cuenta de que ya no necesitas explicarte tanto, ni demostrar permanentemente algo. Agradarás a unos más que a otros. Lo asumes. No te importa. Aceptas las críticas tanto como los elogios, ya que los puedes mantener a ambos al mismo nivel. Y esto es algo que me fascina de Jesús: que tuvo claro desde el principio que “gloria de hombres” no recibiría, porque ésta es, muchas veces, un mero espejismo que pronto se desvanece. Y eso se llama “estar muerto al yo”. Porque te determinas a que haya sólo una pasión que mueva tu vida, y entonces lo demás se hace fácilmente desechable. Y la paz que sientes dentro, sobrepasa todo entendimiento.
«Así es, todo lo demás no vale nada cuando se le compara con el infinito valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a él, he desechado todo lo demás y lo considero basura a fin de ganar a Cristo» (Filipenses 3:8)

—Búsqueda. (Escrito el 4 de junio, 2016)

… Y así llegó el día en el que me cansé de buscar a Dios intensamente sólo en momentos “puntuales” (predicaciones, retiros, dificultades, etc…) Y me pregunté: ¿qué pasaría si empiezo a buscarle cada día con todo mi corazón, como si cada día estuviera desesperada por su presencia? ¿Qué pasaría si sustituyo todo aquello que no me edifica (aunque lo ame) por aquello que me acerca más a Dios? ¿Qué pasaría si renuncio a mis planes y adopto el propósito de Dios en su totalidad? ¿Qué pasaría si en lugar de éxito y reconocimiento, busco impregnarme del carácter de Cristo? Resultado: ¡la mejor época de mi vida cristiana! Te invito a probar.

—Éxito. (Escrito el 30 de mayo, 2016)

Si haces algo “en el nombre de Dios”, hazlo por amor, no por sobresalir. En tus relaciones con los demás, no sólo se trata de “enseñarles” tu punto de vista; ante todo se trata de saber escuchar. ¿Realizar grandes obras, o procurar el carácter de Jesús? Siempre podrás hacer obras sin tener Su carácter. Pero alguien con el carácter de Jesús, obrará conforme al Espíritu. ¿Éxito? Éxito es saber que hiciste la perfecta voluntad de Dios. Que moriste a ti mismo, y a tus deseos egoístas. Y viviste para amar, servir y perdonar como Jesús.

—Lihem Ben Sayel.

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REFLEXIONES

Mensajes del corazón [#1 Madrugadas.]


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#1 Madrugadas.

Esta es una canción que amo mucho.

Me despierto en las madrugadas. A veces porque tengo hambre (!!!). Otras, por los movimientos de mi bebé; entonces, salgo de la habitación y voy a jugar con él. Pero mis momentos favoritos en estas madrugadas (que ya anuncian una nueva etapa para mí), son mis conversaciones con Dios.

Hablamos de todo, créeme. Río con Él, y, muy a menudo, también lloro, experimentando así aquello tan hermoso y profundo a lo que llamamos “quebrantamiento”.

Las cosas espirituales, pueden ser entendidas sólo por aquellos que caminan en el Espíritu. De otra forma, son tan difíciles de explicar y comprender, como cuando mi hermano menor me habla de Física, y pretende que comparta su entusiasmo por una fórmula que no sé ni para qué sirve. (Saludos Tito).

Ahora, estoy enfocada en un hermoso consejo de Jesús:

…«y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;»
‭‭S. Mateo‬ ‭11:29‬ 

Esto me habla de carácter. De la esencia del ser. Estoy fascinada con esta escritura, y ocupa mi mente y mi corazón ahora mismo. Admiro a Jesús en toda su plenitud, y mi deseo mayor e insustituible, es ser como Él.

—Lihem Ben Sayel.

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