PROSA

DONDE EL SOL NUNCA ES SOMBRA

 

Atrapados, cuántas veces. Atrapados, soñando con amaneceres imposibles en otros lugares del mundo, donde el sol nunca es sombra, y la vida se desborda en un torrente de versos cantados. Atrapados, en una voluntad férrea, —o sigilosa—, que nos engaña y no desvela sus trucos cuando quiere hacernos creer que las rosas son imitaciones de lo eterno —pero a la vez, frágil— que llega a ser un sentimiento. Nunca nos importaron las cantidades de arena que nuestros pies recogían en el largo recorrido, porque solo pensábamos en nuestro destino, y eso mitigaba tanto el cansancio, como el dolor. Pero un día, nos devolvieron a la realidad de las quejas, de las expectativas que no se cumplen, por más que intentemos retenerlas con bravas cuerdas de esperanza. Hay un retumbar seco en las palabras que hacen daño. Y no sé por qué, pero jamás llegamos a olvidarlas del todo. Atrapados, entre las líneas de un guión agonizante y tempestuoso, escritas en un lenguaje hace tiempo ya extinto. Atrapados, y lejanos a esos amaneceres imposibles, donde el sol nunca es sombra, donde su luz nunca muere.
—Lihem Ben Sayel.
MUY PERSONAL

EL REGALO DE LA CONFIANZA

Existen muchos regalos de valor incalculable en la vida. Hay otros que, sencillamente, son invaluables. Y la confianza sin duda es quizá el mayor de ellos. Hoy simplemente quiero agradecer -aunque de manera indirecta- a todas esas personas que ven en mí a alguien digna de confianza. Creo que ese es el título más honorable que pudiese  obtener jamás.
P.d.: esta entrada surge de distintos episodios acontecidos en este fin de semana, en los cuales varias personas se acercaron a mí para “contarme” sus cosas. Tenía el corazón rebosante de un sentido de responsabilidad, aliado con un agradecimiento profundo, anidado en la calidad de la confianza que la gente me proporciona. Eso, desde luego, significa mucho para mí.

“Cuando alguien te da su confianza, siempre te quedas en deuda con él.”

Truman Capote

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PERSONAL, VIVENCIAS, VIVENCIAS DE UNA ESCRITORA

-MI GRAN IMPULSORA. LA QUE HA CREÍDO EN MÍ.

*Esta es la última reseña de mis amigos. Ha sido para mí maravilloso poder ser bendecida con sus hermosas palabras. Todos y cada uno de los mensajes de mis amigos y amigas han tocado mi corazón, pero a esta última quiero presentarla: es una persona que Dios puso en mi camino como mi impulsora literaria. La honro, porque esta mujer ha creído en mis letras cuando yo estaba a punto de rendirme. Puedo decir que es de mis principales impulsoras, y le agradeceré siempre su compromiso conmigo y con mis letras. Y me atrevo a decir que si algo logro algún día, a ella le deberé mucho, mucho, porque ha creído en mí y me ha animado en esos momentos de sequía que los escritores conocemos bien. Por eso y por muchas cosas más, gracias, Sra. G. 😉 Bueno, y como somos amantes de la buena música, ahí te va esto:

Sin título

AAAFE

 ¿7 años? ¡Wow! 3 más y es una década. La verdad que no te llevo leyendo desde el principio, es más, no recuerdo exactamente desde cuando empecé a leer tu blog, lo que sí sé, es que me gusta leerte. Eres una escritora audaz, por atreverte a decir verdades sin temor a la crítica, por compartir tus sentimientos de una manera transparente a través de tus poemas y reflexiones.

Muchas veces me he sentido identificada con tus entradas, ya sea por que comparto plenamente tus reflexiones, o por que me mencionas sin mencionarme =) (gracias por ese anonimato).     Me has hecho viajar a reinos imaginarios y a épocas antiguas a través de tus historias; a pesar de esa fantasía, escribes con ideas firmes al recalcar valores y principios en desuso por la sociedad, pero vigentes en la moral. Con tu blog, me he emocionado, he meditado, he disfrutado tanto de buena música como de un buen rato de lectura.   Se ha hablado mucho acerca del poder de las palabras, ya sea a través de lo que decimos, o a través de lo que escribimos, y he aquí, se te ha concedido un gran don, cuando escribes tienes el poder de transformar vidas, mucha gente ha cambiado su estilo de vida por un libro que le impactó: de carnívoros a veganos, de empleados a empresarios, de inconversos a convertidos, etc.

Por tanto, el impacto de lo que dices a través de las letras es invaluable , por ello, no dejes de escribir, de influir, de transmitir y de publicar todo aquello que consideres digno de compartir. Gracias por estos años de relatos, reflexiones, poemas, música y confidencias . ¡No lo dejes!, sigue fluyendo, sigue creciendo, sigue evolucionando, sigue compartiendo y multiplicando ese hermoso talento otorgado.

Con todo mi cariño,

G.E. 

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LIBROS/LITERATURA, PROSA, REFLEXIONES, RELATO CORTO

AUNQUE TÚ NO LO SEPAS…

Para L.

David amaba el amanecer. Cada vez que podía, justo después de bostezar y estirarse, se ponía en pie y corría la cortina de su habitación para mirar aquella estrella de la mañana, aquel lucero brillante e insomne que incluso en ocasiones le sorprendía junto a la luna llena: y ese era el caso de ese día. Él al ver aquella imagen, instantáneamente sonrió, y una sensación de paz le recorrió desde las entrañas: ¿qué podía salir mal después de tal regalo del cielo?

A sus 31 años, y con la vida prácticamente resuelta, David no le temía a nada. Excepto a una cosa.

Aquel día, atravesó el pasillo que conducía a la cocina. Tenía sed, y le esperaba un largo día. Pero de pronto, justo antes de abrir la nevera, un gélido escalofrío se apoderó de su cuerpo. Él no entendía qué pasaba, pero sencillamente se quedó inmóvil.

El teléfono sonó.

-¿Sí, diga?

David salió corriendo.

Arrancó el coche con el pijama puesto. El corazón le latía a mil. No podía pensar, así que únicamente podía dejarse llevar por la inercia de la adrenalina que le invadió todos los sentidos. Iba a tanta velocidad por la carretera, que hasta en dos ocasiones realizó maniobras que podrían haberle costado caro. También recibió gestos de enfado de los conductores a los que sobrepasaba rozando el peligro mortal.

Al fin llegó a su destino.

-¿Rubén Arias? ¡¡La habitación de Rubén Arias!!

Una enfermera sabía exactamente a quién estaba buscando: era a aquel jovencito de 15 años que había llegado por urgencias con severos traumatismos craneoencefálicos a causa de un accidente de tráfico.

-Estaba en el coche de unos amigos que lo llevaban al instituto. Y al parecer el que conducía no tenía el carné. Se pasó un stop peligroso. 

-¿También están heridos?

El doctor se aclaró la garganta antes de responder.

-La policía los localizó hace poco. Intentaron huir.

Él no podía creer lo que oía. Se llevó el puño izquierdo a la boca y lo mordió hasta que sus labios gustaron su propia sangre. Las lágrimas de dolor e impotencia no dejaban de inundarle el rostro. Las palabras del doctor entraban y salían, pero rasgaban su alma al salir. David estaba absorto, mirando a través de la puerta de cristal a su enano, como le solía llamar.

-No podemos asegurarle nada, -le confesó el doctor con la indolencia propia de aquellos que se acostumbran a ver a la vida y a la muerta entrar y salir de aquel lugar.

David hizo guardia todo el día y toda la noche. Su hermano permanecía en estado de coma. David le suplicaba una y otra vez que no le dejara, que era todo lo que tenía. Le prometía que jamás volvería a dejarlo solo.

Los hermanos jamás conocieron a su padre. Y la madre simplemente desapareció dejándolos al cuidado de otros familiares, hasta que David se hizo mayor y huyó del infierno y la humillación constante a la que los sometían.

-Fui egoísta, pequeñajo, lo sé… -admitía David entre lágrimas, mientras besaba la mano inmóvil  de su hermano. -Perdóname, perdóname… -sentenciaba entre un mar de sollozos incontenibles.

Pasadas las horas, el amanecer comenzaba a hacerse notar, brillante y apoteósico, tal como lo describía David, quien no había podido dormir toda la noche ahogado en resentimiento y culpa, y albergando una intensa pero fugaz esperanza de que su hermanito volviese a abrir los ojos.

Casi mecánicamente se levantó y corrió ligeramente la cortina, acercándose lo más que podía para que los sutiles y apocados rayos del sol no inundasen la habitación. Ahí estaba la estrella, y ahí estaba la luna, plena y hermosa.

Rubén abrió los ojos. Miró a su hermano David de pie en la ventana. Sintió su mano derecha completamente empapada: David no había dejado de llorar junto a él. Rubén no podía hablar, pero de los ojos comenzaron a brotarle las lágrimas más cargadas de sentimientos que jamás habían salido de él. Desde su corazón, sonrió. No estaba solo. Su héroe estaba allí con él.

David, casi sin saber por qué, se volteó y vio a Rubén, quien había vuelto a cerrar los ojos. David caminó despacio hacia él, y vio su rostro bañado en lágrimas. Sus manos estaban frías. Ya no tenía pulso. Rubén había partido, dejando el corazón de su hermano hecho mil pedazos. Sin embargo él se había ido de este mundo con aquella sensación de saber que, en los últimos instantes de su vida, pudo experimentar el amor, el arrepentimiento y el perdón…

Vivir en el corazón de 
los que dejamos atrás 
no es morir. 


T. Campbell

 

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