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Buscar a Dios: ¿por qué a veces parece tan difícil?

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BUSCAR A DIOS:

¿POR QUÉ A VECES PARECE TAN DIFÍCIL?

Buscar a Dios es una tarea profunda, que, como cualquier otra tarea, requiere esfuerzo, concentración, ganas, disciplina y un mínimo de ilusión. Siempre me ha fascinado ese texto bíblico que reza: “Todo el que desee acercarse a Dios debe creer que él existe y que él recompensa a los que lo buscan con sinceridad.” (Hebreos 11:6. NTV). Me encanta la idea del Dios que recompensa a los que le buscan con sinceridad. Es simplemente un cuadro maravilloso. Aquí yo encuentro una enorme porción de ilusión.

Sin embargo, he recorrido este camino de búsqueda, con sus más y sus menos, y siempre dándome cuenta que, cuando espero que algo “realmente asombroso” ocurra, y no ocurre, me desanimo. A veces me he preguntado a mí misma ¿por qué busco a Dios? ¿Cuál es el tipo de recompensa que mi corazón de verdad anhela? Y claro, tengo que admitir que mi intención de búsqueda ha debido ser purificada una y otra vez, pues múltiples cosas enturbiaban su pureza.

Por otra parte, como ahora, estoy en un punto en el que le pregunto a Dios ¿qué más quieres de mí? ¿Qué más puedo hacer para intimar más profundamente contigo? ¿Qué especie de táctica o estrategia debo utilizar para sentir que realmente hay una profunda relación?

Los absolutismos no suelen ir conmigo. Quiero decir, yo puedo ser alguien que busque mucho a Dios, pero aún así no haber conseguido lo que busco. De hecho, ni siquiera me atrevo a decir que “busco mucho”. Qué osadía. Creo que tampoco puedo usar el “hago lo que puedo”. No. Creo que siempre se puede hacer más. A mí me gusta mostrarme honesta, y no me agrada aparentar una imagen. Eso es de tropiezo no solo para mí, sino también para los que me observan.

He estado buscando también una especie de afirmación en mi búsqueda, algo así como un “tranquila, estás en el buen camino. Solo insiste un poco más; no dejes de insistir”. No me preguntes porqué, pero la buscaba. Entonces, al no obtenerla, me vine un poco abajo. Creo que esto tiene su raíz en mi falta de fe: estoy acercándome a Dios pero, como es un terreno que me lleva a veces por sendas desconocidas, necesito oír que voy bien. ¡Pamplinas! No debería haber esperado nada eso. Volvemos a Hebreos 11:6, si me acerco, debo creer —firmemente y sin soslayo de duda— que Él existe, y que lo encontraré al final del camino. Eso debe ser suficiente. No debo distraerme con extras. No debo quitar mis ojos de Él, o me hundiré.

Entonces, supongo que Dios está atrayendo mi mirada hacia Él. Jesús es mi ejemplo, Jesús es mi estándar. Jesús buscó a Dios como hombre, como ser humano. Sí, sé que no tenía esposa o hijos, pero sí que tenía muchísimo trabajo. Y tenía unos discípulos con los que convivía. Era un personaje público y famoso que rara vez podía encontrar un espacio para estar solo. Eso bien se puede aplicar a las que somos madres, por ejemplo. De hecho, uno de los pesos extra que tenía Jesús en su caminar aquí en la tierra, era su llamado, su mismo cometido en sí: el día que inició su ministerio público, Él citó las siguientes palabras, en Lucas 4:18-19:

El Espíritu del Señor está sobre mí,Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos;A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor.

 Si tenemos una mínima comprensión de las Escrituras, y sabemos cómo se manifiesta el mal, entonces entenderemos lo que exige ese enunciado que Jesús pronunció sobre sí mismo. No sólo tendría que predicar un mensaje completamente rompedor y revolucionario para su época, sino que además tendría que acompañar ese mensaje con las demostraciones de poder pertinentes, ya que esa sería una de las señales de que Él era el verdadero Mesías prometido.

Por lo tanto, Jesús, hecho hombre, tendría que buscar el tiempo para intimar con su Padre y dar la talla en esta enorme tarea. No creo que fuera fácil. No creo que lo tuviera fácil, aunque recurramos al hecho de que “no tenía familia” para sentir que el listón que deja Jesús es demasiado alto para ser cumplido. Que sí, que es alto, pero por encima de todo, nosotros tenemos al Espíritu Santo de Dios no solo sobre nosotros, ¡sino también morando dentro de nosotros! Él es nuestra principal ayuda. Pero claro, ¿le conocemos? ¿reconocemos al ayudador? ¿nos dejamos dirigir por Él…? Por otra parte, Jesús vino a enseñarnos cómo sería nuestra vida si camináramos en una perfecta comunión y armonía con nuestro Padre Celestial. Esto es asombroso y digno de imitar, además.

Las cosas de la vida nos engullen. Nos trastocan. Una tras otra recibimos oleadas tsunámicas de “cosas que hacer” que parece que no acaban nunca, incluso dentro de la iglesia. Y perdemos de vista el deleitarnos.

Créeme que nada de lo que escribo es una especie de juicio. No hablo desde una torre de marfil. Hablo desde mi propia experiencia. Me cuesta buscar a Dios con ilusión cuando atravieso algún episodio emocional, y más aún cuando —según yo— después de haber pasado un “tiempo razonable”, no veo algún tipo de cambio o avance. Sencillamente, deseo tirar la toalla. No quiero seguir buscando. Algo en mí parece susurrarme “es demasiado esfuerzo para tan poca recompensa”.

Pero, ahora mismo, mientras escribo esto, mientras dejo salir la frustración de la mejor forma que sé, mi “Ayudador”, el Espíritu Santo, comienza a cumplir su tarea. Si hay algo que merece toda la pena (y la vida, y el tiempo y el esfuerzo…) es buscar a Dios. Buscar y rebuscar, incluso con nuestras últimas fuerzas, porque simplemente Él lo vale. Porque hay testimonios, miles y millones de ellos que lo avalan. Y los hemos oído. Parece que no ocurre nada, que todo sigue igual, que nuestra búsqueda se tropieza con un techo de cristal (rayos, es justo así como me siento)… Pero llega el día, un glorioso día, en el que el cielo parecerá romperse, y las fuentes de la tierra habrán invocado a las fuentes del cielo. Y las lágrimas y la desesperación invertida en una búsqueda que a veces parecía no tener ningún impacto ni ningún resultado, habrá abierto los cielos de una vez y para siempre, así como el acto de obediencia de Cristo al bautizarse abrió los cielos sobre Él. Así como ese tiempo de ayuno, absteniéndose de todo en el desierto, le hizo volver “en el poder del Espíritu”. Así mismo se abrirán las fuentes del cielo para los que buscan, aún a pesar de sus frustraciones y a pesar de sus altos y bajos. ¡Sí! ¡Realmente lo creo!

“Aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas”Génesis 7:11b

Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas; todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.” Salmos 42:7

De todas las tareas —nobles y no tan nobles— que puedo hacer con mi vida, de todo aquello en lo que podría invertir mi tiempo, lo primero, siempre lo primero, será abandonarme en Él. Y, llegados a este punto, Él y yo sabemos que ya no es un decir, ni tampoco una frase vacía que no conllevará nada más que una falsa sensación de determinación. Ya he pasado por eso, pero no. Llegados a este punto, esta frase va aumentando en coherencia cada vez más. Va trazando líneas más definidas en mi ser. Y crea surcos cada vez más profundos, destinados en un futuro a albergar y reconducir las enromes torrentes de agua viva que se van a desatar en un tiempo fijado que yo desconozco, pero del que estoy cada día —y cada momento de búsqueda— más cerca.

No desmayaré. No ahora. No hoy.

Tú, tampoco lo hagas.

—Lihem Ben Sayel.

No olvides darme tu opinión, así intercambiaremos impresiones y experiencias. Puedes escribirme también , si lo deseas, a mi email:

amira.lihembensayel@gmail.com

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«HASTA QUE EL TIEMPO DEJE DE EXISTIR»

Tantas personas en el mundo, tanto por hacer… Y estar a tu lado sigue siendo mi acción favorita del día. Me llenas, porque sólo tú tienes todo lo que yo necesito. Me comprendes como nadie más en este mundo tiene facultad para hacerlo. Cuando pienso que es el fin de mi vida, de la historia que se creó para mí, tú añades un espacio, y continúas con un renglón nuevo. No tienes memoria de mi maldad, a pesar de que en más de una vez te he traicionado. Pero me aferro a ti, aún a sabiendas que no soy la persona perfecta que me gustaría ser para ti, a fin de que no halles en mí motivo alguno para quejarte. De todos modos, sé que no esperas una persona perfecta, sino un corazón imperfecto que tenga la suficiente humildad para reconocer que no puede solo, que te necesita, tanto en los buenos como en los malos momentos. Los hilos de nuestra aventura ya llevan entretejiéndose muchos años, pero cada día descubro algo nuevo de ti, que no conocía, o  que se había quedado en el olvido. Jamás me prometiste que no habría tristeza. Jamás me dijiste que no habría lágrimas. Jamás me mentiste al respecto. Y a pesar del dolor, yo nunca he contemplado un camino fuera de ti, porque tu amor me tiene atada con cuerdas delicadas y amables. Mi sueño sería charlar contigo, distendidamente, sabiendo que jamás te avergonzaste de mí, ni de mi forma de ser. Más bien te deleitabas, viendo cómo me esforzaba en vivir como aquel ser único que habías recreado en tus pensamientos, con sus altos y bajos. A veces pienso que me pides cosas difíciles, porque son cosas que me harían ir más allá del concepto de amor condicional que puebla mi mente. En ocasiones lo logro; otras muchas, no. Pero lo sigo intentando, porque eres la única persona a quien realmente quiero imitar, y seguir. Estás más allá de todo concepto preconcebido, de todo dogma y teología. Eres un ser completo, complejo, y aún así, cercano. Poderoso. Soberano. Quisiera abrazarte hasta que el tiempo dejara de existir. Sentir tu aroma y el perfume de tu ropa. Sentir que, al abrazarte, mis enemigos sabrían que me protegerás de todo intento por destruirme. Tú me haces mejor persona. Me animas a dejar de mirarme a mí misma y mis problemas. Me animas a mirar más allá de los campos de trigo, donde está la verdadera necesidad de este mundo: el amor. Y me dices “ve, y dales de lo que yo te he dado”. Tu sonrisa me hace creer que, aunque encuentre resistencia y rechazo, estaré haciendo lo correcto, lo que esperas de mí, que de alguna forma no saldré perdiendo, aunque ellos me quieran hacer pensar que sí. Y me alejo de ti, corriendo, como un niño que sabe que al volver obtendrá la más dulce de las recompensas. Y mi gran consuelo, es saber que un día volveré a verte. Entonces, todas estas cosas, no serán más que recuerdos de una era lejana, donde estaba separada de ti.

—Lihem Ben Sayel…

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CONFESIONES :o, MUY PERSONAL, PROSA

CORAZÓN, NO ESTÉS MÁS TRISTE

20349611163_fd335b5b18_kCamino distraída hacia un destino incierto, hacia donde me lleve el viento; hacia donde me lleve el Amor. No puedo decir que conozco todos los senderos, pero admito que, si pudiera, recorrería cada uno de ellos. La sombra de las nubes me hace palidecer. Parece todo sombrío, parece todo tan frío… La soledad no es bienvenida cuando hay hambre en el corazón. Las fuentes de un alma viva sólo se cierran frente al temor. Temor a volar. Temor a entregar. Temor a abrir el interior; a exponernos al dolor. Porque duele cuando nos hieren. Y cuando nos hieren, sólo queremos olvidar. Pretendemos ser fuertes, cuando en verdad, sólo buscamos un hombro sobre el cual llorar. Camino, y sigo caminando… a pesar de que hay piedras que me hacen tropezar. Pero aún si tropiezo, comprenderé que no estoy sola. Así ha sido siempre. Y así, siempre será… Corazón, no estés más triste. Siempre habrá decepciones, pero también, felicidad. Y la felicidad profunda lo sana todo, porque cuando viene de lo profundo, ha sido gestada en la irrevocable paz.
—Lihem Ben Sayel.
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—Isaac. 

Isaac es como un cachorrito. Es lo más tierno que han visto mis ojos. Aún actúa por su instinto de supervivencia en muchos aspectos, y es realmente divertido y hermoso contemplar algo tan puro e inocente. Talvez , lo que más llame la atención, es su profunda mirada. Tiene una sonrisa coqueta —con la que le salen a relucir sus dos hoyuelos—. Ya empieza a balbucear cosas como “angú”. Y mucha ropa ya le queda pequeña. Le encanta dormir en mis brazos. Y me sigue con la mirada cuando me alejo de él. Duerme y come mucho. Tiene la tez morena, como la mía. Pero se parece mucho a su padre (esto es lo que dice la gente). Disfruta muchísimo su momento de baño. Y hace lindos pucheritos cuando no lo cojo en brazos a tiempo. Le gusta mirar a su alrededor. Lo analiza todo. Tiene amenas conversaciones con sus “pajaritos”. Hace divertidas caritas cuando se está despertando. Es sociable y tranquilo. Nada asustadizo. Posee una gracia especial. Se despierta muy contento. Y a veces, cuando tiene sueño pero no quiere dormir, llora. Oro con él. Hago mi devocional con él. Como con él. Leo con él. Escribo con él. Bailo con él (oh sí, ya ha visto a “mami” bailar música árabe para relajarlo). Me agarra del cabello, y ya le he dicho que no me gusta eso. Tiene mucha complicidad con papi. No usa chupete y se alimenta de leche materna exclusivamente. Es un regalo del cielo. Y estoy realmente enamorada de mi principito. Amo a mi Isaac. Amo cómo me mira. Amo contemplarlo mientras duerme. Ah, y cuando digo su nombre, muchas veces pienso en Yitzhak Rabin, o Newton, o Asimov. Aún debo tocarle la darbuka. Y sentarme con él en la batería. Soy su madre. Pero espero también ser su amiga.

LbS…

CARTAS, MUY PERSONAL

«La princesa y su escuderito»

Recuerdo la primera vez que te vi. Yo estaba en la batería. Y mi amigo, —el poeta, entonces aún un adolescente, como tú— se acercó contigo hasta mí para presentarnos. Me viene a la mente tu cabello castaño, que caía con gracia a la altura de tus mejillas, tu sonrisa, tu menudez. Porque sí, en ese momento eras pequeño de estatura, —¿tendrías 12 años, quizás?—. Sin embargo, esa sonrisa tuya me dejaba vislumbrar un espíritu enorme. Lo que no supe en ese momento, es que te convertirías en mi “gran amiguito”. Y que ahora, aunque nuestras vidas han tomado rumbos diferentes, y a penas hablamos, debo decir que sigues estando en mi corazón. Hemos pasado por muchas cosas juntos: la novela de “Memorias de una princesa” (¿recuerdas cuando te dejaba el libro para que leyeras?), los “pretendientes”, la batería, la danza, Ofra Haza, Yerushalayim shel zahav, Rachamin, y, si mal no recuerdo, hasta llegamos a casarnos. [Risas]. ¿Sabes? Eres de esas personas a las que siempre recordaré con mucho cariño. Eres y serás por siempre mi “Amir“. Y siempre desearé tu bien. Que Dios bendiga todos tus proyectos, todo lo que emprendas. Y que nunca se sacie ese espíritu aventurero que te caracteriza. Creo que eres una gran persona y un gran amigo. Y tengo la sensación de que tu opinión siempre será valiosa para mí. Y jamás dudes que tu felicidad será siempre mi felicidad. 😉 Espero que nuestra amistad nunca deje de crecer. Cuentas conmigo.

Ana bahebak kathir, Amir…

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LETTERS TO MY BABY, MUY PERSONAL, PROSA

«Hijo mío, ha sido un honor…»

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Hijo mío, ha sido un honor tenerte en mi vientre: sentir tus movimientos, percibir tu compañía a cada instante de mi vida, desde el día en que supe que habitabas mi cuerpo. Hijo mío, sigue siendo un honor contener tu cuerpecito dentro de mí. Saberme bendecida y privilegiada con el inigualable don de la vida, el milagro más grande que, de seguro, experimentaré. Ha sido un honor ser el vehículo por el cual, un ser único e irrepetible, llegará a este mundo para ser inmortal. Tú nos has traído un gozo indescriptible. Has sido la risa celestial que resuena en nuestras almas. Eres la promesa de Dios encarnada en el cuerpecito de un varón. Y aún así, sé que no eres mío, que no me perteneces. Que te enseñaré a volar, pero que no te retendré para siempre en mi nido. Por eso, hijo mío, te repito que ha sido un honor. Y seguirá siendo un honor traerte al mundo, sostenerte en brazos, criarte y enseñarte a edificar los puentes que yo rompí; desafiarte a construir más alto de lo que lo hice yo; animarte a escalar las cimas que yo no alcancé a escalar, y ayudarte a romper las barreras que no logré atravesar. Sí. Me quedaré detrás de ti, por si te sientes tentado a retroceder. Y te volveré a empujar hacia la vida, hacia el propósito con el cual has sido enviado por Dios. Sé que existes, y que vienes desde más allá del cielo azul. Es un honor ser tu madre. Ahora sólo falta que veas la luz…

39 semanas… ❤

זה כבר כבוד, יצחק

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CONFESIONES :o, MUY PERSONAL

Lo aprendido, se queda.

[Un regalito para cerrar bien el año.]

Este año ha sido de muchos -e importantísimos- aprendizajes. De adentrarme en las profundidades. De renunciar. De amar de corazón -o al menos intentarlo un poco más. Este año han cambiado cosas; cosas que, , no volverán a ser iguales. A veces siento miedo, sólo a veces.

Pero la mayor parte del tiempo, el amor echa fuera todo ese temor a lo nuevo, a lo que desconozco, pero que se aproxima a una velocidad vertiginosa. A veces, aún lloro por las decepciones. Es normal. Soy humana, y de naturaleza sensible. Me he permitido serlo, después de todo.

Sigo prefiriendo callar. Guardarme ciertos secretos. Apuntalarlos en algún rincón de algún diario. Intento hablar. No resulta. Quizás ese tipo de desahogo no vaya conmigo. Quizás, en mi caso, mi ciclo de liberación sea el callar, reflexionar, escribir, y continuar. Prefiero que todo siga su curso. No estoy aferrada a nada, por lo tanto, nada puede encadenarme. Ni retenerme. En mi corazón no hay dolor, ni angustia, ni rencor. Sólo hay paz; sosiego. Soy libre.

Quizás, aunque muchas cosas hayan cambiado, preferiré mantenerme al margen del “gran escenario”. Y al margen de las espectaculares luces, para disfrutar -y darme cuenta- de los detalles más grandiosos, que pasan desapercibidos en un mundo donde las masas se mueven detrás de lo común y de lo efímero, sin reparar en las cosas realmente valiosas, que perdurarán en la eternidad.

Quizás aún prefiera callar. Pero mi corazón no está cerrado… al fin.

Feliz 2017.
Lihem Ben Sayel… 

♦Mira aquí mi nuevo poema: «He vencido». 

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Mi despedida del mejor año de mi vida… hasta ahora.

Introducción.

¿Cómo se puede resumir un año, 365 días… tantas cosas vividas? Para ser honestos, no es nada sencillo. Pero lo intentaré, por amor a las memorias. No es por azar que este Blog lleva por nombre “Memorias…”.

I

El año empezó bien. Con las relaciones bien forjadas; con ganas. Pero, de un momento a otro, dio un vuelco (alrededor de febrero-marzo). Y, una relación que yo daba por consolidada, se derrumbó. Me decepcioné, sí, una vez más. Pero, en esta ocasión, decidí elevarme por encima de mis propias emociones, y buscar en lo profundo del espíritu.

II

Y así, casi por accidente, comencé mi intensa búsqueda de Dios. Algo que no consta sólo en dogmas, ni en responsabilidades, sino en DESEO. Sí, deseo en mayúsculas; porque si bien es cierto que antes la búsqueda de las profundidades de Dios estaban relacionadas con una especie de peso, o sentido del deber, esta vez se transformó en mi mayor -no, en mi único- deseo.

III

Entonces, todo cambió. Y una a una me fui deshaciendo de aquellas cosas a las que había aferrado. Se podría fácilmente decir que cambié de identidad. Claro que, antes de tal cambio, debes anularte por completo. Borrar todo rasgo antiguo. Soltarte de las riendas. Incluso romper aquellas bases en las que te habías levantado. ¡Y cuánto he amado ese cambio!

IV

Obviamente, al principio sentí vértigo. Si ya no era Nejath, la de los libros y la literatura, entonces ¿quién era? Si ya no era la que hacía esto o aquello, entonces, ¿en quién me había convertido? Y así fui como empecé desde cero, desde el principio de todo. Me sumergí en el Edén. Volví a pasear con Dios, sabiendo que, aún si volvía a comer del fruto -y fallarle-, Él seguiría teniendo un plan para traerme de regreso.

V

Y los meses fueron pasando… abril, mayo, junio… ¡Junio! Dos semanas antes de terminar el mes, comienzo a sentir extrañas señales en mi cuerpo que nunca antes había reconocido. «¿Será posible que…? No, no puede ser. Debe ser una falsa alarma.» Y así, entre mi ingenuidad y mi temor a equivocarme, me hice un test.

VI

Mi deseo era tener un hijo a los 30 años. Bien, pues me enteré de que estaba embarazada (de más de 3 semanas) el día antes de cumplir los 31. Eso me vale 🙂 . Desde allí, se sumó a mis meses de felicidad, un nuevo motivo para seguir adelante: mi hijo. ¡Y cómo me cambió eso por dentro! Supe enseguida que, a partir de entonces, mi vida jamás volvería a ser igual.

VII

Julio, agosto, septiembre, octubre, noviembre… y hasta aquí, 28 de diciembre. No, las cosas no me han resultado fáciles, ni idílicas. Sin embargo, existe una notable diferencia cuando la paz verdadera y el amor reinan en tu corazón. Se nota cuando tu tarea diaria es despojarte del orgullo y del egoísmo. Se nota cuando quieres “amar, servir y perdonar” como lo hiciera Jesús, vivo ejemplo del amor.

VIII

Aún me estoy reconstruyendo. Aún debo dejar atrás facciones de mí a las que había aferrado como intrínsecas. Pues ahora sé que, con el enfoque correcto, puedes convertirte en alguien mejor; sí, sólo por medio del amor.

IX

Todos necesitamos su gracia y su favor. Así que todos estamos al mismo nivel. Nadie más grande. Nadie más pequeño. Todos igual de necesitados, ante su infinita misericordia y su gloria que se apresura a rescatarnos. Y cuando lo ves de este modo, comprendes la importancia de ser sencillo, de ser genuino y veraz.

X

No, no digo que lo haya alcanzado ya. Pero sé que estoy en la senda correcta. Me dejaré la vida en ello; pues si no ¿qué sentido tiene llamarme “cristiana”? He visto con mis propios ojos el dolor y la destrucción que producen el orgullo, el egoísmo, y el amor fingido. Y no quiero caer más en esa trampa. A la vez que siento lástima de los que deciden permanecer en ella.

XI

Sí, esperé cosas de personas a las que amaba, y de las que creía que me amaban. Me di cuenta de que la gente a veces te usa para sus propios intereses. Su ausencia y su indiferencia me demostraron una vez más que Dios es el único que jamás nos falla, y que Él es el único perfecto en amor. Amor. Esa palabra tan fascinante. Tan fácilmente usada. Esa palabra que necesito desesperadamente hacer realidad en mi vida, cada día…

XII

Hoy, estoy a punto de ser madre. Soy más madura y más desprendida. Más segura y más libre. Estoy más enamorada de mi familia, y soy menos amante de las cosas efímeras de este mundo. Sé que me quedan cosas por enmendar. Me encomiendo a Dios con ese propósito.

Conclusión.

Sí, a tres días de concluir, sigo afirmando que 2016 ha sido el mejor año de mi vida. Que Dios nos bendiga a todos. Que nos dé sabiduría para enfrentar el nuevo año que está por comenzar. Que, cuando miremos hacia atrás, podamos saber que estamos mejor de lo que estuvimos. Y que el AMOR reine en nuestros corazones y en nuestros hogares todos los días de nuestra vida. Recuerda que lo mejor, está por venir…

Siempre vuestra,

Lihem Ben Sayel ♥

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Me pregunto…

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LETTER #3
Me pregunto si podré soportar la pureza de tu mirada cristalina. Si, al cruzar mis ojos con los tuyos, no sabrás ya todo de mí. Me pregunto si seré el motivo, de vez en cuando, de tu sonrisa. Si el sonido que emita tu garganta, hará mi corazón derretir. Me pregunto si, al sostener con mi meñique tus dóciles manecitas, no será un instante premonitorio del resto de nuestras vidas; de lo que habrá de venir. Porque te sostendré, te lo aseguro, a cada paso, —incluso cuando aún no seas capaz de darlos. Pues te enseñaré a caminar, pequeño mío, y más aún, te mostraré el camino. Acariciaré tu piel tanto como tus recuerdos, pues atesoraré tus momentos en lo profundo de mi interior. Eres dádiva que sólo puede venir del cielo. Eres vida que grita: “he venido a darle un nuevo significado al amor”. Me pregunto si, al tenerte en mis brazos, no estaré sosteniendo mi propio corazón. Porque ahora, que ya vienes a este mundo, aún no te he visto… pero mi vida ya cambió.

—Lihem Ben Sayel, la mujer más feliz de este mundo… 🙂

P.d.: Les comunico, amigos, que hoy recibí la hermosa noticia de que tendré un niño, tal como lo había soñado…

 

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CONFESIONES :o, MUY PERSONAL

Treasure (I)

«Y lo que más valoro de la amistad, sigue siendo esa sinceridad. La lealtad en los momentos oscuros. El perdón cuando se haGold-coins-treasure-stacks fallado. El abrazo que nadie nota que hace falta. Cumplir las promesas que se hicieron en los tiempos de bonanza. Pero aprendes, con el paso de los días, que la amistad es tan imperfecta como esquiva. Tan sublime como dolorosa; cuando llega el abandono y la indiferencia.»
Lihem Ben Sayel.