[SIN GRIETAS]

¿Es posible una vida sin secretos…? ¿Es posible una vida clara, transparente, como el agua cristalina del más puro de los arroyos de las altas montañas? ¿Es posible un sueño fugaz, donde no haya que esconderse? Donde la brisa repase nuestra alma y la atraviese de verdades. Integridad. Un suspiro no se parece a otro. Mi vida transcurre entre decisiones y decisiones, entre la lucha encarnizada de mis deseos. Mas, mi espíritu, anhela el bien. La bondad de un silbo apacible, que apacigüe una maldad ya por todos conocida. Hay quienes aman el desorden y el caos. Yo también estuve allí, pero no fue allí donde encontré el amor. Cuando Él me halló, mis ojos eran como cristales, frágiles de tanto dolor. Hoy, el dolor es diferente. Simplemente no lo inunda todo. ¿Es posible una vida sin grietas, donde la pureza sea un emblema más allá de lo que dictan estas corrientes de pensamiento tan absurdas, negadas y réprobas?
[Yo ya he estado allí.]
Prefiero las cuerdas de amor. La esclavitud voluntaria, que me liberta. El beso único que me ata a la vida. El susurro de una voz que no me quiera retener en lúgubres prisiones . La paz.
Y soy mujer de guerra… pero mis batallas ya son otras. La oscuridad no me domina, porque hay una Luz poderosa que me posee. Ese es Él, en toda su gloria y esplendor. Y no necesito nada más. Ni mis espacios vacíos podrían llenarse con otra sustancia menos noble. Porque todo, en comparación al Amor, es menos noble.
¿Es posible una vida más allá de las muertes a las que nos invitan a diario? Mi respuesta es sí.
Y así, soy feliz.
Lihem Ben Sayel…

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10 cosas sobre mí [y una más]

Me fascina la historia de Hadassa (la reina Ester). Deberías leerla Canallathor, te gustaría. Está en la Biblia, con el mismo nombre. De eso va este video 😉

 


Estoy casada desde hace 7 años con mi mejor amigo, un hombre maravillosamente imperfecto que me comprende, me anima y me cuida muchísimo. Tengo un hermoso bebé de 9 meses. Soy una eterna adolescente. Descubrí la fuente de la juventud y sólo les dejé un poquito 😀 Soy despistada y nada práctica. Se me da fatal aparcar, aunque tenga un campo de fútbol. Puedo ser muy. muy payasa en privado.


En mi vida, voy a contracorriente. Para mí no existen las imposiciones. Me gusta elegir, sobre todo en cuestiones en las que los demás lo dan todo por sentado. Por ejemplo, elegí llegar virgen al matrimonio con 25 años. Sí, virgen. 😉 Elegí ser abstemia, no fumar, ni nada por el estilo. Elijo, también, pagar al mal con el bien. Elijo amar, perdonar y servir a las personas. Elijo no expresarme con un vocabulario soez. Elijo la pureza en un mundo mayormente corrompido por la perversidad. Elijo la paz.


Como algunos ya sabrán, creo en Dios. Me encanta la persona de Jesús. Por ende, amo leer la Biblia, sobre todo los evangelios, donde procuro conocer más de su increíble personalidad y cómo trataba a las personas, y la forma en que manejaba las situaciones más adversas. Es mi héroe. Procuro imitarle, aunque fallo en demasiados intentos. No me avergüenzo de mi fe, ni de los principios que promulgo: amor, bondad, humildad, honestidad, integridad, pureza, dominio propio, etcétera.


Soy polifacética. Toco la batería (con tacones, cabe recalcar), bailo hip-hop y varios estilos contemporáneos (he hecho varias coreografías). También, dados mis orígenes palestinos, tengo en las venas el ritmo de la darbuka, y desde niña hago la danza del vientre. Se me da bien cantar (me dicen), pero me aburre demasiado. Escribo poesía desde mis recuerdos más tempranos. Siempre estoy escribiendo todo tipo de cosas. Pero soy poeta, sin duda. Aunque amo la prosa, también. Me gustan los deportes, sobre todo fútbol y baloncesto. Me encanta practicar boxeo. Hice el acceso al Ejército, pero no llegué a entrar. Sería un buen general en el campo de batalla.


Soy una amante de la belleza, la elegancia y la sofisticación en todo: en el caminar, en el escribir, en el hablar. No me gusta lo explícito. Prefiero lo sutil, como los velos de las mujeres de oriente, que invitan a imaginar su rostro. Amo la delicadeza, el tacto, la prudencia, y admiro mucho la inteligencia y la sabiduría. Hay una gran diferencia entre ambas, y suelo distinguirla.


No tolero la manipulación. Ni las dobleces. No soy pendenciera, más bien, analítica en exceso. Y eso me permite evaluar personas y situaciones, y tomar certeras decisiones en cuanto a ellas. Muchas veces me equivoco en mis juicios, y sufro mucho con la deslealtad y la indiscreción [cuando he vertido en alguien mi confianza, que para mí es sagrada]. Soy muy reservada con mi intimidad. Tímida, se podría decir. Me encanta sonreír, dar abrazos y escribir cartas.


Amo la música. Pero mentiría si digo que amo todos los estilos musicales. Me deleito en la música clásica, porque a veces las palabras estropean lo etéreo de mis sentimientos. Por ejemplo, detesto ese incordio, el reggaeton [he tenido que mirar en Google para ver bien cómo se escribe]. Me encanta la ópera y las bandas sonoras. Algunos pensarán mal de mí por esto, pero, comprendan, soy músico, y el reggaeton usa una base electrónica repetitiva en lugar de la batería. Tengo mis razones. [Por no hablar de sus maravillosas letras. El modo irónico es evidente.]


Soy una mujer de este siglo, pero con el alma en otras épocas. Todavía creo en el honor, por ejemplo. No sigo las modas. Nadie me dice cómo he de vestirme. Eso de vestir como todo el mundo, no va conmigo. Marco mi estilo y mis pautas. Me gusta ser exótica. Tengo el alma exótica.


Tengo una mezcla que amo: soy de origen ecuatoriano, palestino e italiano. Y, además, profeso un gran amor por la cultura judía, por Israel. Una gran contradicción en mi vida, tomando en cuenta que mi abuelo peleó contra Israel en la guerra, allá en el 1947. Pero, como ya he dicho, prefiero la paz a la guerra.


Soy una bibliófila empedernida. Mi sueño es tener una enorme biblioteca personal en mi casa. La estoy construyendo poco a poco. Así que no duden que el regalo perfecto para mí siempre será un buen libro. Ojo, nada comercial. Nada que salga anunciado en todas las librerías. Esos libros no suelen gustarme.


Transgresora de lo impuesto, escribo la número 11. Soy amante de la luna, y mi pieza más representativa es Moonlight, de Debussy. Hablo un poco de árabe. Mis mejores amigas suelen sobrepasarme mucho en edad. Me aburro un poco con las de mi misma edad. Soy romántica, apasionada y a veces visceral. Una mujer del desierto.


Siempre vuestra,

Lihem Ben Sayel…

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*Gracias a Canallathor por hacerme partícipe de esta dinámica.

CAPÍTULO 5 •HBUCDL• EL JURAMENTO

• Me gusta ambientar las entradas con música. Para disfrutarlo mejor, reproduce la canción. • ···HISTORIAS BAJO UN CLARO DE LUNA··· 5 ··· EL JURAMENTO ··· Theron Evoryan-Grienne era un nombre muy evocador para un guerrero; demasiado romántico y señorial para alguien que habría manchado su espada con sangre en batallas que, yo qué sabré, […]

a través de CAPÍTULO 5 ·HBUCDL· EL JURAMENTO — Historias bajo un claro de luna

«HASTA QUE EL TIEMPO DEJE DE EXISTIR»

Tantas personas en el mundo, tanto por hacer… Y estar a tu lado sigue siendo mi acción favorita del día. Me llenas, porque sólo tú tienes todo lo que yo necesito. Me comprendes como nadie más en este mundo tiene facultad para hacerlo. Cuando pienso que es el fin de mi vida, de la historia que se creó para mí, tú añades un espacio, y continúas con un renglón nuevo. No tienes memoria de mi maldad, a pesar de que en más de una vez te he traicionado. Pero me aferro a ti, aún a sabiendas que no soy la persona perfecta que me gustaría ser para ti, a fin de que no halles en mí motivo alguno para quejarte. De todos modos, sé que no esperas una persona perfecta, sino un corazón imperfecto que tenga la suficiente humildad para reconocer que no puede solo, que te necesita, tanto en los buenos como en los malos momentos. Los hilos de nuestra aventura ya llevan entretejiéndose muchos años, pero cada día descubro algo nuevo de ti, que no conocía, o  que se había quedado en el olvido. Jamás me prometiste que no habría tristeza. Jamás me dijiste que no habría lágrimas. Jamás me mentiste al respecto. Y a pesar del dolor, yo nunca he contemplado un camino fuera de ti, porque tu amor me tiene atada con cuerdas delicadas y amables. Mi sueño sería charlar contigo, distendidamente, sabiendo que jamás te avergonzaste de mí, ni de mi forma de ser. Más bien te deleitabas, viendo cómo me esforzaba en vivir como aquel ser único que habías recreado en tus pensamientos, con sus altos y bajos. A veces pienso que me pides cosas difíciles, porque son cosas que me harían ir más allá del concepto de amor condicional que puebla mi mente. En ocasiones lo logro; otras muchas, no. Pero lo sigo intentando, porque eres la única persona a quien realmente quiero imitar, y seguir. Estás más allá de todo concepto preconcebido, de todo dogma y teología. Eres un ser completo, complejo, y aún así, cercano. Poderoso. Soberano. Quisiera abrazarte hasta que el tiempo dejara de existir. Sentir tu aroma y el perfume de tu ropa. Sentir que, al abrazarte, mis enemigos sabrían que me protegerás de todo intento por destruirme. Tú me haces mejor persona. Me animas a dejar de mirarme a mí misma y mis problemas. Me animas a mirar más allá de los campos de trigo, donde está la verdadera necesidad de este mundo: el amor. Y me dices “ve, y dales de lo que yo te he dado”. Tu sonrisa me hace creer que, aunque encuentre resistencia y rechazo, estaré haciendo lo correcto, lo que esperas de mí, que de alguna forma no saldré perdiendo, aunque ellos me quieran hacer pensar que sí. Y me alejo de ti, corriendo, como un niño que sabe que al volver obtendrá la más dulce de las recompensas. Y mi gran consuelo, es saber que un día volveré a verte. Entonces, todas estas cosas, no serán más que recuerdos de una era lejana, donde estaba separada de ti.

—Lihem Ben Sayel…

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INSTANTES

 

No viviré más vidas que una.

[Los tropiezos. El amor desenfadado. Las tazas de café. Voces.]

Tampoco tendré más tiempo que el presente.

[Arrepentimiento. Bondad. Calidez. Afecto.]

No estoy segura de haber aprovechado todo mi tiempo.

[Apatía. Desconcierto. Culpa. Ignorancia.]

Pero, vaya que he vivido…

[Libros. Poesía. Música. Baile. Cuadernos en blanco. Cartas.]

[Soledad. Temor. Daño. Renuncia.]

[Besos. Lágrimas. Plegarias.]

[Guerra. Paz.]

[Abrazos.]

[Silencios…]

Sólo entiendo que la eternidad es un campo en donde brotarán las semillas que hayamos sembrado. Porque no viviré más vidas que una. Porque no tendré otro instante como este.

 

—Lihem Ben Sayel…
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Otro instante como este…

 

 

Cosas personales [Noviembre, 2017]

Empiezo este reporte con una amable confesión: esta época del año es mi favorita, y la que más me entusiasma, sin duda. Sencillamente, logra envolverme con el clímax de la nostalgia; los pensamientos del final del año siempre se tiñen de introspección, y es fascinante.

Y haciendo gala de ese ejercicio introspectivo que inunda los últimos dos meses del año, escribo esta entrada, no con una sensación de triunfo absolutista, pero tampoco de derrota. Y continuando con las confesiones, debo decir que, una de las etiquetas con las que podría catalogar este año, es la de caótico. Desde el mes de febrero, una secuencia de circunstancias han marcado mi vida. Me han hecho distinta.

Y no, no es para nada negativo. De hecho, creo que he subido un peldaño en madurez como mujer (sea lo que sea que eso signifique), y, además, me he hallado más a mí misma en medio de la turba constante que son mis pensamientos y emociones, muy inclinadas a la nostalgia propia de los poetas y artistas.

Hablando con un gran amigo mío escritor,  me dijo que no estaba escribiendo mucho por el simple hecho de que “estaba feliz”. Talvez a algunos de ustedes les suene exageradamente pesimista. No obstante, yo lo comprendí en seguida. [Qué maravilla ser comprendidos en la profundidad de nuestra aparente locura y caos.]

Algunas veces me he sentido cohibida en ser yo misma. Yo. La auténtica. La que tiene las emociones a flor de piel. La que es apasionada e intensa en lo que hace, dice y piensa. La que es sensible, y percibe la belleza de la vida,  del amor, del arte, de las cosas creadas y por crear por encima de los que me rodean. Esa. Esa que siente tener una locomotora en el pecho. Esa, impulsiva y salvaje, a veces. Esa que es capaz de permanecer inmóvil, de pie, aunque el mundo se le esté derrumbando encima. Esa que no se amilana. Esa que decide a quién seguir, a quién creer. Esa que cuestiona. Que no siente miedo [excepto por mi temor irracional a las alturas y a los murciélagos]. Esa a la que no le tiembla el pulso, ni desvía la mirada. Esa que es poesía y prosa, según la ocasión.

Así que decidí liberarme. [Quiero que esta frase esté aquí, solita, para que se vea y se entienda bien].

He comprendido algunas cosas más profundas acerca de mi fe. Acerca del Dios a quien amo y sirvo. He comprendido que a Él no lo puedes etiquetar en una idea, dogma, religión o filosofía. Que trasciende todo lo terrenal y humano. Y que, de esa misma forma, nos ha creado de una manera en la que, el único estado en el que nos sentimos cómodos, es siendo completamente libres. Libres de etiquetas y normas absurdas creadas por hombres para tener todo bajo control. 

Me está ayudando mucho un grupo de personas que encontré con mi misma fe, pero transgresores de la religiosidad; que hacen y dicen con enorme precisión muchas de las cosas que yo también pienso. Me alegra saber que hay personas como yo, sensibles al arte y la cultura, y apasionados por una fe verdadera.

No estoy hecha para obedecer un molde, para encajar. ¿Quién ha dicho que encajar es bueno…? Soy un espíritu libre, como dice una amada amiga. Siempre he tenido un toque desafiante bajo el velo introvertido de mi personalidad. Me gusta el misterio, y los secretos a descubrir.  Pero a mis 32 años, en vez de suponerme un problema, lo considero una enorme ventaja.

Amo a la gente, y quiero hacer el bien. Es mi meta en la vida: ser mejor persona para amar a las personas incondicionalmente. Y sólo Jesús me puede ayudar en esta tarea, porque Él lo logró.

Pero no me encasilles. No trates de hacer que encaje en un molde. Soy quien soy. Y si cambio, será para agradar al Dios en el que creo, no para que el sistema establecido se sienta cómodo conmigo. 

Por eso AMO  a la gente honesta. La gente honesta es humilde, porque es capaz de reconocer sus debilidades. Se hacen vulnerables al resto, y crecen en empatía, porque los demás pueden sentirse comprendidos y, por ende, aceptados.

Me siento desatada. Literalmente. Desatada de yugos mediocres y asustadizos. Y así como hiciere Sansón frente a los filisteos, en esta etapa de mi vida, derrumbo las columnas a las que me habían encadenado, para llegar a cumplir el propósito que está implícito en mí.

Qué maravilla es la LIBERTAD.

Nejath Lizett Hidalgo Mahmud (Lihem Ben Sayel)



 

 

 

 

 

CAOS

En lo profundo de mi caos, una pequeña y blanca luz lucha por entrar e iluminar los versos transgresores de mi alma velada. ¿Será que la dejo pasar? Las corrientes son fuertes, y me arrastran más allá de los límites que me había marcado la sensatez aprendida. Los diques de la sabiduría y la contención están por romperse: al parecer, se han desgastado con el paso del tiempo. Es posible que una sencilla mirada fuese capaz de detener el vendaval. Incluso, es posible que unas pocas palabras tuviesen el poder de encaminarlo todo, incluso mi memoria. Sin embargo, aquí estoy yo, inmóvil en medio de una especie de intersección bulliciosa, frenética y mecánica, donde la indiferencia hace mella en la opacidad —ya agravada— de mi entendimiento. Rehuyo de los razonamientos prescritos: existen cosas que no se pueden explicar. La lucha es constante y, yo, como soldado en la batalla que arrecia, empiezo a notar los signos de un agotamiento previsible. [¿Será que la dejo pasar?] Un sendero marcado. Un libro que habla acerca de la fe sencilla. Las hojas que crujen bajo mis pies confusos. Una certeza inamovible. Una taza de café que se quedó fría sobre la mesa. [Preguntas sin responder.] Una vehemencia. Una plegaria. Una decisión ya tomada. Un silencio agudo y mordaz.

[Es posible que unas pocas palabras tuviesen el poder de encaminarlo todo.]

—Lihem Ben Sayel.

 

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[Cosas personales, Octubre 2017] Parte 1

Hago un paréntesis de todo: de mis asuntos pendientes, de la mudanza definitiva que me espera en breve, de la actividad (últimamente más frenética) de mi día a día. E incluso, hago un paréntesis de la palabra “ejemplo”. Bendita palabra. Nos la repiten en la niñez y en la adolescencia hasta la saciedad. Y luego, de adultos, muchos nos lo tomamos a pecho, como si debiéramos ser ejemplo, y nada más. Y, al final de cuentas, “ser ejemplo” se suele resumir en guardar las apariencias, a vivir conforme a los códigos que están marcados. Y me pregunto ¿quién marca esos códigos? ¿Quién me metió en la cabeza que, si soy cristiana [o mejor dicho, si soy una “buena cristiana”] solo debo escribir textos espirituales y nunca nada más allá de eso?

Vaya, vaya.

Amo la poesía. La poesía es vida. Vida es amor, pero también traición. Felicidad, pero también dolor. Realización, pero también frustración. Bondad, pero también crueldad. Como cristiana que soy, yo he vivido cada uno de estos episodios [Y más que podría añadir…]. ¿Me vas a decir tú a mí que lo que escribo sólo será válido si lo escribo con tinta de color rosa?

No. No te equivoques. Si tú me dices que ser cristiano es sinónimo de una sonrisa permanente, de una felicidad inamovible y de una apariencia de optimismo y fortaleza inquebrantables, déjame decirte que yo vivo al otro lado de tu río.

He sufrido. He querido tirar la toalla. Me he cansado. Me he hastiado. Me he sentido engañada, defraudada, y obviamente también he defraudado. [Esto último es terrible, porque con el tiempo he descubierto que algunas personas en verdad tenían altas expectativas en su relación conmigo]. Así que, claro que también he defraudado. Pero aquí me tienes. No voy de víctima. Simplemente “lo acepto”. Acepto mi falta de aptitud para ciertas cosas. Algunas las intento cambiar. Otras… lo siento, pero otras no me apetece cambiarlas. Me gusta así como están.

No quiero ser perfecta. No me interesa que pienses que lo soy. No procuro que me veas y digas ¡oh, qué mujer, qué ejemplo! Oh, please… No. Tengo muchos, muchos defectos. Y, aunque suene mal, con algunos me gusta convivir. Por ejemplo, me gusta ser un ente solitario. Me gusta. No me quieras meter en todas las verbenas porque no lo haré ni aunque me ofrezcas oro y diamantes. Pero, ¡me encanta tener charlas personales! Me gusta quedar con una o dos personas y hablar de todo lo que se pueda hablar. ¿Qué tiene eso de malo?

Otro ejemplo. Tengo bastante seguridad en mí misma. No me refiero a belleza o a estilismo, ni siquiera a intelectualidad o esas cosas que envanecen fácilmente. Soy común y corriente, pero bastante segura. Muchos lo confunden con arrogancia o chulería ¿Y qué? A mí, personalmente, no me importa. Menosprecio abiertamente la opinión de los comunes que no me conocen y, en el fondo, tampoco les interesa conocerme. Y pueden tomarlo con azúcar, o como quieran 🙂 Estoy tranquila.

Mi medida es Cristo. Y deseo tener su corazón de amor hacia las personas. Confieso que aún no tengo ni el porcentaje mínimo de su amor [decir lo contrario sería una vanidad y, además, una mentira]. Pero quiero amar a las personas como Él las ama. No quiero que las personas se sientan juzgadas por mí, sino amadas. Quiero que vean a una amiga cercana, no a una huraña. Y créanme, que por mi naturaleza solitaria, soy tentada a ello a cada segundo, pero quiero ser más como Jesús en este aspecto [y en todos, vaya].

He tenido que pasar por varias situaciones para madurar. Han sido malas experiencias, pero he obtenido ganancia de ellas. Me han venido más que bien. Ahora no tengo apego emocional con nadie, excepto mi familia más cercana. Realmente, esto es bueno para mí, ya que soy muy apasionada en las relaciones. Me siento una mujer madura, y eso, amigos, es todo un logro.

Estoy disfrutando de mi vida, con sus altos y sus bajos. La perfección puede ser bastante aburrida y previsible. Mientras que la imperfección me hace ser dependiente del Amor, de la gracia y de la misericordia. Y es genial.

Poco a poco estoy desmontando mis propias trabas y derribando los listones que nadie me puso, sino yo misma. Ahora puedo caminar sosegadamente debajo de esos listones sin sentirme inferior. Al fin de cuentas, yo estaba siendo una especie de nodriza malvada o cruel institutriz conmigo misma. Pues eso se acabó. Y doy gracias de haberme dado cuenta a los 30…

Esta es la primera parte. Luego seguimos la charla virtual.

Siempre vuestra,

Lihem Ben Sayel… 🌹

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[A LA POESÍA…]

Les invito a pasarse por mi blog de poesía. Y, por favor, si tienes un blog de poesía, déjame tu enlace en el comentario. Me gustaría visitarlo.

Mujer del Desierto

Amamos la poesía, porque no nos cuenta las cosas directamente. Nos susurra pequeños secretos, cuyas profundidades tendremos que buscar diligentemente,  como quien busca un apetecible tesoro. Amamos que lean nuestra poesía, porque ellos jamás sabrán la verdad. ¿Estará triste? ¿Estará feliz? ¿Qué pensamientos anidarán en su mente? ¿Cuáles son sus sentimientos escondidos? Amamos la poesía porque no nos da muchos detalles, mas sin embargo, nos lo explica todo al mismo tiempo. Amamos la poesía porque no todos la aman, y porque se vuelve exclusivamente nuestra. Y ella está allí, en las alegrías, pero ante todo en las penas, -porque nadie mejor que ella para entender tristezas. Está en los amores, en los vacíos y en los porqués. ¿Y qué de las fortalezas? La poesía también las comprende. Al igual que al temor, y las sensaciones que recorren nuestro cuerpo. Y yo te amo, si tú amas la poesía, porque entonces…

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Una sincera y humilde opinión acerca de WordPress y del contenido que encuentro a menudo.

Créanme, que la siguiente entrada es, totalmente, sin ánimo alguno de ofender. Pero desde hace mucho tiempo, tengo la necesidad de escribir acerca de “esto”. Llevo prácticamente una década en WordPress, y he amado este blog con un amor especial, porque en él he impregnado gran parte de mi creatividad, y de mis sentimientos y pensamientos más personales.

He conocido a Bloggers con un gran estilo personal, el cual obviamente, me ha llamado más la atención que aquellos Blogs con temáticas, talvez, más triviales. No les ocultaré que soy una amante de la poesía, y de la palabra bien escrita. Admiro la elegancia en las letras, y, aunque no he leído todo lo que me gustaría decir que he leído, mis gustos literarios se inclinan en esa dirección.

Como siempre he dicho, llegó un momento en el que descubrí que, más que la historia en sí, lo que me atrapaba era el estilo y la magia al escribir. Es por eso que he rechazado innumerables lecturas con argumentos espectaculares y rimbombantes, ante la sorpresa de otros compañeros lectores.

Bien, a lo que voy.

El punto es este: he notado que, desde hace un tiempo acá, a mí parecer [y siempre bajo mi gusto literario] se ha bajado un poco el listón en WordPress. Antes, me da la impresión, uno podía encontrar un poco más de esfuerzo en la elaboración de las poesías, relatos y otros escritos.

Y como les dije al principio, esto no es para lapidar a nadie: yo soy madre de un bebé de siete meses, y apenas me queda tiempo para esforzarme por aquí… Así que me incluyo. Pero sigo a muchísimos blogs [2.207 sitios exactamente] y, lamentablemente he de confesar que de esa exorbitante cantidad de sitios que sigo, son contados con los dedos de una mano aquellos que realmente me atrapan en sus líneas. Aunque también estoy consciente de que es imposible revisarlos todos… (al menos en mi caso particular). Tranquilos, que imagino que a muchos de ustedes también les ocurrirá lo mismo con mi Blog, así que no se lo tomen a personal, por favor.

Lo que pretendo es lo siguiente: aquellos quienes realmente AMEN las letras, tanto como lo hago yo, podemos esforzarnos un poco más en esperar más tiempo en hacer una publicación, pero hacerla con calidad. O, sea cual sea la temática de nuestro Blog, podemos hacerlo un poco más desde el corazón, para que quien visite nuestro espacio, pueda impregnarse de nuestra esencia. Yo no soy profesional, y creo que nunca lo seré. No considero tener la calidad mínima de aquellos escritores a quienes admiro. Pero sí puedo discernir las letras que llegan al corazón, y que se han bordado despacio en el lienzo, para que, palabra a palabra, vayan calando hondo.

Y como a mí me encanta leerles, les pido que, si han leído esta entrada, y creen que vuestros sitios son de esos que podrían atraparme con sus líneas, me lo digan. O talvez, vuestro sitio no tiene mucho que ver con las letras, sino con otra temática, pero conocen otros Blogs que me puedan recomendar. ¡Me ayudaría mucho!

Con sincero cariño, humildad [y honestidad].