[CONFESIONES DE ALGUIEN SIMPLE Y COMÚN]

Soy común. La típica chica que ama los libros, y le apasiona escribir. Y sobre todo escribir poesía, porque es parte de mi respiración, mi mayor expresión del latir de mi corazón. Esa a la que, de forma inaudita, le enamora mirar a la luna, y descubrir con qué forma y color ésta la sorprenderá, una vez más. Soy tan común, que aún amo escribir cartas en algún momento especial, a alguien especial. A veces, incluso, me he atrevido a escribir a alguien desconocido, sólo por el placer de saber que a la otra persona le vendrá bien una palabra amable. Disfruto del verde de los árboles. De las florecillas silvestres junto al camino. Disfruto de los atardeceres violáceos, que me recuerdan al gran Artista de artistas. A Aquél que pinta algo diferente, sólo para mí. Disfruto de escribir en mis diarios [y tengo tantos…], sabiendo que, talvez, algún día, alguien los tomará y podrá leer mi vida, lo profundo de mi corazón. Y, créanme, soy tan simple, que no me asusta la idea. Oculto flores y pétalos de rosa secos en ellos, para recordar algunos episodios felices. Soy tan simple, que aún creo en el amor para siempre. Porque hay un Amor verdadero, eterno, que jamás morirá. Y yo lo experimento a cada segundo de mi existencia. Soy tan común, que sigo creyendo en la amistad, a pesar de que me han cerrado la puerta, y me han dejado sangrando al otro lado más de una vez. Soy tan común, que me emociono con las cosas sencillas de la vida: un abrazo, una palabra sincera que reconforta, un “te quiero” cuando lo he hecho mal. Amo la música y sus vibraciones en mi ser. Amo el arte. Perdono, aunque no me hayan pedido perdón. Amo, aunque se me haya negado el amor. Soy fiel, a pesar de las traiciones y los desplantes. Porque, hace un tiempo, decidí que la maldad o la imperfección de la gente no cambiaría mi esencia, mi nobleza. Mi virtud. No ha sido fácil, pero creo que, paso a paso, lo he ido consiguiendo. Soy tan simple, que el futuro no me asusta, pues creo que Alguien superior a mí tiene el control de todo, mientras habito confiadamente bajo sus alas. Creo en las oraciones hechas con fervor y sencillez. Creo en el bien, por encima de todos los males. Soy tan común, que hasta me atrevo a soñar… Soy tan simple, que bailaría —aún hoy— bajo la lluvia, descalza. Y atravesaría corriendo los verdes campos, sin importar quién mirase. Soy tan simple, que contemplar la felicidad de mis seres queridos es más valioso que cualquier tesoro. Y no me importa admitir que amo la ternura por encima de la frialdad. Sí, muchas cosas han cambiado. Y después de algunas etapas rotas y otros recuerdos oscuros, un alma nueva puede resurgir de las más profundas tinieblas, y ser alguien restaurado por un Amor que jamás se agota. Lo confieso: soy tan simple. Soy tan común.
Soy tan feliz…

 

Lihem Ben Sayel,

the princess of the Lord...

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Y se me simplificó la vida.

Todo empezó hace aproximadamente dos semanas, cuando tomé una decisión casi herética: me corté mi larga melena. [Gritos de espanto]. Tengo que decir que la tenía demasiado larga (no me la cortaba desde octubre), y, además, llevo muy mal el calor. Y al vivir en una isla (preciosa, eso sí) que además tiene el sol asegurado, pues no tenía más opciones. Si a esto le añades mi nueva vida de “mamá” y la enorme preferencia que tiene mi pequeño bebé de aferrarse a mi cabello cual Tarzán a las lianas, pues ya se pueden imaginar. Y así, sin más, me corté el cabello a la altura de los hombros. Vaya, todo un escándalo. Un año atrás, el sólo hecho de contemplar senda idea, habría sido un acto vandálico en toda regla.

Pero…¡sobreviví! Y ya no sólo que sobreviví. Sino que me gustó. Casi salté de alegría [tono irónico]. Al menos, el tema del calor había disminuído. Aunque mi hijo se sigue aferrando a mi cabellera.

Esperen, que esto no quiere decir que mantendré mi cabello en ese largo. Pienso dejármelo crecer (lo cual es casi involuntario, dada mi aversión a los salones de belleza, muy al contrario de lo que se pueden imaginar). Pero tengo la ventaja de que pasaré los peores meses del calor con una melena más resolutiva.

Y así, la vida se me ha simplificado. Lo cual no está nada mal. Puesto que cuando vi toda mi melena en manos de mi satisfecho verdugo, en ese mismo instante lo supe: una nueva “yo” había nacido.

Con ese corte de cabello se cerró una etapa de mi vida, y empezó otra. Sí, ya sé que estoy añadiendo un tono excesivamente trascendental a un mero corte de cabello. Pero como ya les he mencionado antes, ese simple hecho es muy significativo en mi vida.

La muchacha sentimental y melodramática que merodeaba un día sí y al otro también en este blog, está moribunda, por una simple razón: ¡no me queda más energía para mantenerla viva! 😀 Entre mi vida marital y los [constantes, muy constantes ] requerimientos de mi bebé, las cosas han tomado un cariz mucho más fluido, y ya casi, —entre toma y toma, entre vómito y pañales, entre recoger la casa o salir a dar un paseo, etc…— no me queda mucho tiempo para divagar en minucias.

No diría que ha sido la maternidad la que me ha convertido en una “mujer”, pero sí diré que me ha llevado [forzosamente] a un nivel mucho más intenso de vida, donde la energía no se puede malgastar, donde las emociones deben canalizarse para alimentar a quien de verdad la demanda, donde quiero compartir con personas que quieran compartir conmigo. Así de sencillo.

Qué fácil lo veo todo ahora. No complicaciones. No problemas irresolutos. No. Yo ya tengo bastante, ¡y me gusta lo que tengo ahora! Con sus pros y sus contras, sí, me gusta. Y el día que quiera un poco más de sentimentalismo absurdo, bastará con ver algún episodio de Downton Abbey, o de Anne with an “e”. Y listo.

Este mes cumpliré 32 brillantes años. Y la mejor noticia que he podido recibir, es que mi amado abuelo estará de visita este mes, y podré compartir con él mi cumpleaños. (y la Presentación al Señor de mi bebé). Como siempre, mi actitud ante la vida es de gratitud por cumplir años, porque no le tengo miedo al tiempo [creo en la Eternidad, así que el tiempo en la tierra es de transición, mero trámite, peregrinaje] y respeto que pase a su ritmo, mientras me permita disfrutar cada segundo.

Me siento en la flor de mi juventud. Mi espíritu rejuvenece cada día. Y estoy dispuesta a seguir viviendo así: con ganas, con optimismo. Con fe.

Por cierto, he decidido escribir la secuela de mi novela. Sé que no soy docta novelista, pero lo hago por diversión, así que cero presiones. ¡Y a disfrutar! 😀 Me he planteado poner los capítulos de mi novela terminada semanalmente por aquí. No tengo intención de publicarla, así que no tendría inconveniente en hacerlo. Ya veremos.

Lihem ben Sayel
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Cosas personales, Abril 2017 (Parte I)

I

LECTURAS

Estoy especialmente feliz por el hecho de volver a poner ciertas cosas en orden en mi vida. No es muy fácil reorganizar las filas luego de la arrolladora experiencia de la maternidad. Sin embargo, luego de las primeras semanas, debo admitir que, en mi caso, las cosas se fueron poniendo más fáciles. Un maravilloso ejemplo es que ¡he vuelto a leer! Y no me costó mucho escoger el que sería el primer libro del 2017. Se trata de “La puerta”, [Magda Szabó]. En él, la autora relata su variopinta relación con su asistenta, Emerenc. Bueno… les digo yo que pocos libros que haya leído han provocado esas sensación tan profunda de “entrañamiento”. Esta historia me ha cautivado. Claro, ahora no puedo devorarme un libro en 2 días. Pero por lo menos he descubierto que, durante el día, tengo algunos momentos aprovechables para la lectura. Y eso me hace sentir muy bien. También he adquirido “Intérprete del dolor” [J. Lahiri], y hoy acabo de comprar “Un largo camino a casa” [S. Brierley]. Me estoy decantando por libros testimoniales. Con Szabó acabo de hacer un descubrimiento excepcional; por lo cual coleccionaré sus otras novelas. Me gusta su estilo. No he leído a nadie que ponga las comas tan bien puestas como ella. Así que es posible que los siguientes libros que compre sean los suyos. A no ser que me encapriche especialmente con alguno.  Lo que sí me tiene molesta es que, al comprarlo, no me di cuenta que era una edición de bolsillo. Obviamente no puedo permitir que uno de mis libros favoritos esté en versión de bolsillo. Me compraré la edición en tapa blanda (o mejor dicho, la pediré como regalo de cumpleaños),  y esta la regalaré a quien primero me la pida. Pronto publicaré mi nueva lista de libros, ya que mis gustos han variado un poco.

II

ESCRITURA 

También, para sorpresa mía, he podido apartar tiempo para escribir. Les voy a decir algo que nunca me había planteado hasta hoy, pero si me diesen a escoger si prefiero un buen libro o un cuaderno vacío y un bolígrafo, creo que me decantaría por lo segundo. Sí, estoy convencida de que sería así. Me gusta leer, pero más aún me gusta crear algo para leer, expresar mis propias emociones, aún bajo el riesgo de que no sean tomadas por “literatura”. Qué más da. Escribo a corazón abierto… y eso no hay ley que pueda regirlo.

III

ESPEJO

Me siento feliz con lo que veo en el espejo. No, sé que no soy perfecta físicamente. Y me encanta eso. Me gusta irradiar una fuerza interior que va más allá de la perfección física o del canon de belleza de moda. Creo que para cualquier ser humano (en especial para las mujeres recién dadas a luz, como yo)  es muy importante sentirse cómodos consigo mismo. Y yo puedo decir que me gusto. Me quiero y me acepto. Y eso, en cualquier caso, es una gran noticia.

IV

SALUDOS

Quiero saludar a algunas personas especiales que me han dicho últimamente que me continúan leyendo. Saludos a mi amiga Karime, que está en Alemania. Saludos también a Laura, que pronto me visita. Saludos a mi “Tito”, te quiero. Saludos a mi Verito, mi Amira. Saludos a mi Amir O. Saludos a mi amigo querido Samu. Y saludos a todos los que, anónimamente, me leen.

MENCIÓN Y REGALO ESPECIAL

Esto va para Hiara: me hizo muy feliz encontrarme con tu testimonio de amor hacia Jesús en medio de todo este océano de WordPress. Te obsequio una canción de una de mis cantantes cristianas favoritas. Un abrazo y bendiciones.

Siempre vuestra,
Lihem ben Sayel, 
the princess of the Lord…

Mi vida en imágenes (Abril, 2017) I

Esta es —oficialmente— mi “cara de mamá”.
Mamá e Isaac, 2 meses.

—Isaac. 

Isaac es como un cachorrito. Es lo más tierno que han visto mis ojos. Aún actúa por su instinto de supervivencia en muchos aspectos, y es realmente divertido y hermoso contemplar algo tan puro e inocente. Talvez , lo que más llame la atención, es su profunda mirada. Tiene una sonrisa coqueta —con la que le salen a relucir sus dos hoyuelos—. Ya empieza a balbucear cosas como “angú”. Y mucha ropa ya le queda pequeña. Le encanta dormir en mis brazos. Y me sigue con la mirada cuando me alejo de él. Duerme y come mucho. Tiene la tez morena, como la mía. Pero se parece mucho a su padre (esto es lo que dice la gente). Disfruta muchísimo su momento de baño. Y hace lindos pucheritos cuando no lo cojo en brazos a tiempo. Le gusta mirar a su alrededor. Lo analiza todo. Tiene amenas conversaciones con sus “pajaritos”. Hace divertidas caritas cuando se está despertando. Es sociable y tranquilo. Nada asustadizo. Posee una gracia especial. Se despierta muy contento. Y a veces, cuando tiene sueño pero no quiere dormir, llora. Oro con él. Hago mi devocional con él. Como con él. Leo con él. Escribo con él. Bailo con él (oh sí, ya ha visto a “mami” bailar música árabe para relajarlo). Me agarra del cabello, y ya le he dicho que no me gusta eso. Tiene mucha complicidad con papi. No usa chupete y se alimenta de leche materna exclusivamente. Es un regalo del cielo. Y estoy realmente enamorada de mi principito. Amo a mi Isaac. Amo cómo me mira. Amo contemplarlo mientras duerme. Ah, y cuando digo su nombre, muchas veces pienso en Yitzhak Rabin, o Newton, o Asimov. Aún debo tocarle la darbuka. Y sentarme con él en la batería. Soy su madre. Pero espero también ser su amiga.

LbS…

[Los ojos de los inocentes]

«Ahora es cuando sé que lo que empieza mal, normalmente, termina mal. Que el sol sale para justos e injustos. Y que las lágrimas también empañan los ojos de los inocentes; de aquellos que sufren las consecuencias de guerras que ellos no iniciaron. Y pagan los daños de errores que ellos no cometieron. Y esto último es, probablemente, lo más cruel de la vida misma. ¿Cuál será, entonces, su consuelo? ¿Tiene algún sabio respuesta para este misterio? Yo, en medio de mi propia agonía, busco desesperadamente ese consuelo. Una respuesta.»
—Hadassah Khan.
[Historias bajo un claro de luna]