CONFESIONES :o, PROSA

MI PEOR ENEMIGO

Mi corazón es un conflicto constante; un campo de batalla fulgurante, cuyos cadáveres, a veces, no da tiempo a retirar. Mi corazón es tensión intermitente entre lo bueno y lo malo; entre la luz y la oscuridad. En ocasiones, me veo a mí misma alejarme de la orilla, y adentrarme en sus mordientes profundidades, para darme cuenta —demasiado tarde, ya— de que no debería estar allí. Otras veces, me siento atraída a recorrer sendas que ya conozco, y donde me conocen, —más que bien. Y no, tampoco debería estar allí. ¡Qué difícil es huir de las trampas maliciosas! Qué complicado me resulta ir contra mi propio corazón. Tengo sólo una salida, sólo una. Y si no me aferro a ella, volveré a estar atrapada en una alta torre de dimensiones considerables. O sumida en un pozo. Y no quiero ser quien fui. Sólo deseo que la ardiente luz del sol me ilumine en las tinieblas de mi impredecible naturaleza, y que me ayude a escapar de mi peor enemigo, que, indudablemente, soy yo.

—Lihem ben Sayel…

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CONFESIONES :o

Cosas personales: “Escribir una novela”

 El placer de releer.

Había olvidado lo que era tener un buen libro entre manos. No me malinterpreten: en los últimos cinco años he leído muchísimos libros, más que nunca en toda mi vida, pero ninguno de ficción. Ni novelas, ni cuentos, ni poesía… Ayer, sentí un impulso imposible de obviar. El único problema era que no tenía claro si romper esta “racha” con mi novela favorita (“Mil soles espléndidos”, de Khaled Hosseini), o con mi escritora favorita, Jhumpa Lahiri, y su “Intérprete del dolor”.

Finalmente, y no sin antes consultarlo con algunos allegados, me decanté por leer algo que me estremeciera. Y, sin duda, cualquier historia narrada al estilo oriental —en este caso, una historia afgana— contiene todos los ingredientes necesarios para lograr tal efecto. Soy amante ferviente de Afganistán y de las historias provenientes de allí. Al igual que disfruto muchísimo con las historias de familias bengalíes que me cuenta Jhumpa. Es un mundo totalmente lejano, ajeno, y, sin embargo, ellos me lo acercan a las palmas de las manos con tal solemnidad y encanto, que es imposible resistirse.


Misión: escribir una novela.

Hace unos días me vi, al fin, la película “Mujercitas” (2019). Obviamente, la película se introdujo en lo profundo de mis entrañas con un poder implacable. De todas las maravillosas escenas de la película, hay una en particular que me llevó a las lágrimas —y, créanme, no lloro fácilmente…—; me refiero a la escena final, precisamente cuando, con aire triunfalista, Jo March está presenciando cómo elaboran sus libros, y le dan la primera copia a ella. Por supuesto, ella se aferra a su libro como una madre a un hijo recién dado a luz. La emoción en su rostro es impecable. No dice una sola palabra con sus labios, pero lo dice todo con su expresión de satisfacción y de orgullo tras tanto batallar.

Honestamente, no me considero una “buena” escritora. Tengo tantas carencias al respecto, que podría escribir un libro sólo citándolas. Sin embargo, Dios puso en mí ese deseo, ese ímpetu de escribir. Lo puso Él, sí. Para algo, entonces, debe servir. Tengo mis reservas en lo que se refiere a “publicar”, primero, porque no sé si realmente creo que pudiese escribir algo que valiese la pena publicar. Y, segundo, porque mi idea de escribir es muy clásica, o sea, que no es mi intención sumergirme en ese mundo editorial tan depravado donde el escritor parece ser la pieza menos importante del juego. Al igual que Jo, sería incapaz de ceder mis derechos, y dejar que algo que yo escribí perteneciera a otra persona que no fuera yo.

En fin, que quiero escribir una novela. En realidad ya tengo una escrita, pero esa será de uso doméstico, para que la lean mis hijos (¡ojalá!) o alguien de mi entorno que quiera leerla. Aunque lo tengo un poco difícil, puesto que no estoy rodeada precisamente de amantes de la lectura (jaja…). También tengo varios relatos (¿o son cuentos..? No lo tengo muy claro, la verdad). Y, por supuesto, si hay algo que abunda en mis libretas, cuadernos y demás, es la poesía. Tengo un Blog exclusivamente dedicado a ello, aunque no muy actualizado por el factor tiempo.

Quiero escribir una novela. Aunque sea mínimamente buena. El otro día leí que “X” periodista de fútbol escribió un libro hablando de cómo había sido su experiencia tras pasar el COVID-19. No recuerdo ni la portada, ni el título (sin duda, porque son perfectamente olvidables). Lo que sí recuerdo es que pensé para mí misma (y para Twitter): caray, ahora cualquiera puede publicar un libro y con cualquier contenido.

Entonces, ¿por qué no intentarlo yo? No lo veo como un proyecto a mediano plazo, sino más bien a largo plazo, pero quiero producir, quiero escribir y quiero tener proyectos grandes y pequeños que pueda abrazar algún día, así como Jo March abrazó el suyo al final de la película.

The End.

—Lihem ben Sayel.

CONFESIONES :o, VIVENCIAS

Cosas personales: [Mi ilusionante normalidad], julio 2020.

Esta entrada será simple, sencilla. Pero es que estoy contenta conmigo misma. Me gusta mucho cuando, a pesar del paso de los años y a pesar de los cambios drásticos  en mi vida  —como la doble maternidad— sigo conservando cosas, rutinas, hábitos que son importantes para mí.

CARTAS:

Por ejemplo, en el último mes he escrito alrededor de 6 o 7 de mis cartas “especiales”, y aún tengo unas cuántas  más por hacer. Escribir cartas es una de las cosas que más me definen, desde que tengo uso de memoria. Claro que los tiempos han cambiado, y obviamente existen nuevas fórmulas de comunicación, pero me alegra tanto no haber perdido eso que tengo de las cartas. También me encanta recibirlas, claro, pero lástima que cada vez quedamos menos que las escriben.

FITNESS GIRL:

Por otra parte, también les cuento que he empezado a hacer ejercicio y a cuidarme estrictamente con la alimentación. Y pfff… ¡esto me hace sentir tan bien conmigo misma! Para mí, mi aspecto físico es importante. Cuando me cuido físicamente me siento que realmente estoy manteniendo un equilibrio entre mi espíritu, mi alma y mi cuerpo. [Bueno, la verdad es menos “espiritual”: simplemente me gusta verme y sentirme guapa.] Y como todas las cosas que tengo que hacer “para mí”, me toca hacerlo en la madrugada. Pero vaya si vale la pena…

LIBROS:

También me siento feliz de poder estar nadando entre mis libros. Soy una lectora simultánea: leo varios libros a la vez. Ahora mismo estoy leyendo tres o cuatro libros. Durante el día, voy tomando uno u otro y voy avanzando en la lectura. Sí, soy esa clase de lectora que no puede ser “fiel” sólo a un libro. Necesito más, y más, y más… Estoy a la espera de un muevo libro. Y ya tengo en mente cuál será el que compre el siguiente mes. Esto, tampoco lo puedo evitar.

BUSCAR A DIOS:

Los que ya me conocen desde hace un tiempo, saben lo importante que es Dios para mí, y que mi lugar preferido es su presencia, estar con Él, hablarle y escucharle. Y esto también lo estoy haciendo cada día, y amo hacerlo. De verdad. No hay nada mejor para mí. Todo lo demás puede esperar. Pero esto… ♥️

VIDEOS:

Como ya saben, hace unos meses empecé con un proyecto en mi canal de YouTube y demás redes sociales, en las que abordo temas de índole espiritual para mejorar la calidad de vida, literalmente. Con esto también estoy muy entusiasmada. Ahora mismo estoy en tiempo de preparación para una nueva serie de vídeos que saldrá en un par de semanas. Me resisto a entrar en el sistema de las RRSS, porque no quiero “habitar” allí, ni que sea allí donde encuentre mi alimento. Sólo aparezco por allí cuando tengo algo que ya se ha producido en mí y necesito compartirlo, y me ahorra, además, muchísimo tiempo. Lo aprovecho para todas estas cosas relevantes que he citado antes.


Bien, y para terminar esta entrada, sólo quiero rematar con algunos mensajes.

1. Bartomeu y Setién, ¡váyanse ya!🤨😠😡

2. Si quieres que te escriba una carta, dímelo y lo hago. Me hace muchísima ilusión escribir cartas.☺️✍🏻📜

3. En verano me toca usar el cabello ondulado. 🥵

4. Un par de días atrás tuve una de mis crisis existenciales y fue maravillosa.🙃😂

5. No estoy muy activa en las RRSS ahora mismo porque necesito estar conectada en mi corazón con Dios, leer, meditar, y eso requiere todo el tiempo y la concentración posibles. Pero me pueden escribir para lo que necesiten. En un par de semanas, cuando tenga lista la nueva Serie Devocional, nos volvemos a ver por las redes.

Siempre vuestra,

Lihem Ben Sayel…

 

 

CONFESIONES :o

¿POR QUÉ USO UN PSEUDÓNIMO PARA ESCRIBIR?

 

Existen varios motivos por los cuales yo lo hago. El primero, es la evasión. Te evades de tu realidad y puedes escribir al margen de las etiquetas con las que personas o las circunstancias vividas te han ido catalogando. Puedes ser “tú”, pero de una forma mucho más libre. Mucho más.

Segundo, para una persona introvertida, como lo soy yo, un pseudónimo también es una especie de escondite: te mantienes a salvo, porque no firmas con tu nombre, sino con una especie de alter ego que no te juzga, y que, aunque se expone al juicio, sale bien parado, porque te hace de escudo. «¿Es realidad o es ficción…»? Funciona un poco como la pólvora, haciendo uso del despiste, permitiéndote otros movimientos al margen de las miradas.

Además, me parece extraordinariamente artístico, original y creativo buscar otro nombre, en mi caso, con un significado especial, para poder firmar tus escritos. No es que no me guste mi verdadero nombre, pero siempre he pensado que “Nejath” refleja una parte de mí, de quién soy, pero no mi totalidad.

“Nejath” es fuerza, es una mirada que no revela sus secretos y un andar seguro. Es, también, una fortaleza muchas veces impenetrable, una muralla firme que no vacila. Un escudo y, por qué no decirlo: una coraza. La “palestina justiciera” como bien me bautizó mi amiga alemana. Qué distante puedo llegar a ser…

“Lihem ben Sayel”, en cambio, es frágil, transparente, sensible y tierna. Es esa parte de mí que está justo detrás de la coraza: viva, apasionada por la vida, por la amistad. Es crédula y confiada, y pediría mil veces perdón si eso haría que alguien importante volviese a su vida. A veces, demasiado ingenua, piensa que la gente conserva su pureza, y le cuesta creer cuánto alguien puede llegar a cambiar, hasta el punto de ser irreconocible

Es la más fácil de herir y a quien le cuesta más recuperarse, cómo no. Puede estar llorando durante años por personas a las que echa de menos. Puede seguir dedicándoles pensamientos y escritos, simplemente porque sí. Y, realmente, creo que si no fuera por la coraza que debe usar, sufriría mucho más de lo recomendable. Y también cometería sendas estupideces en nombre de sus francas emociones. Lihem, en todo caso, es mi propio corazón, abierto.

Por eso, para personas como yo, talvez con una excesiva dosis de melancolía, de creatividad y de sensibilidad, el mundo ahí fuera se nos hace demasiado duro de vivir, y por eso necesitamos otro camino paralelo, algo que mitigue lo doloroso que es cuando te enfrentas a aquello que no puedes controlar. En la escritura simplemente tachamos lo que no nos gusta. Pero en la vida real…

Y por eso un pseudónimo. Por eso escribir. Por eso todo “esto”. Porque algunos de nosotros estamos realmente expuestos y nos cuesta recuperarnos después de grandes pérdidas o grandes daños, y necesitamos la terapia con la que Dios nos bendijo para seguir adelante. Para algunos, su terapia será hablar. Para otros, será lanzarse de un paracaídas… Whatever. Pero otros, nos escondemos detrás de alguien más fuerte para protegernos, y jugamos al gato y al ratón, esperando no ser atrapados jamás. Y mientras tanto, escribimos, a veces para reír, y otras tantas para llorar.

—LihemBenSayel…😉✍🏻📜📚🌙🕯🌹

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CONFESIONES :o, PERSONAL, VIVENCIAS

Cosas personales, junio 2020: “Poniéndome al día”

Creo, muy seriamente, que he perdido mi facultad de escribir sin retórica sobre mi vida, sobre mi día a día. Lo he intentado innumerables veces, pero siempre ocurre lo mismo: escribo, borro, escribo, borro… apago el ordenador. ¿Puede ser posible que una persona llegue a ser presa de su misma prosa, poesía o narrativa y se vea incapaz de salir de ella? No lo sé. Si alguien me lo puede explicar, lo agradezco.

Este mes cumpliré 35 años, aunque en mi mente, no sé por qué, ya los tengo. Los números pares no son de mi total agrado. Me parecen débiles, mientras que los números impares me transmiten una fuerza descomunal. Creo que llevo todos mis 34 años pensando que tengo 35. Me gusta ese número. Aunque cuando pienso que solo quedan otros cinco para llegar a 40… ¡40! ¿Esto va en serio? ¡Si ayer tenía 23! Ok, tranquilos… muy al contrario de lo que pueda parecerles, no tengo ningún problema en cumplir años. De hecho, lo disfruto muchísimo, como una niña. Aunque ya no los puedo celebrar como antes, talvez [al menos solo de momento, eso lo tengo claro…]. Con hijos, algunas cosas se vuelven más sobrias, porque, si por mí fuera, reunía a mi banda de chicas y montaba una fiesta árabe de las mías de antaño y ahí sí que se celebraba por todo lo alto mi año más de vida, al ritmo de la darbuka y de la guapísima Nancy Ajram, y con mucho cous-cous de cordero para todo el barrio, y el tintineo de las moneditas incrustadas en los paños de danza árabe colocados en las caderas. Qué recuerdos, muy buenos, sí.

Ahora todo mi mundo se maneja introspectivamente, sobre todo en las madrugadas. Me he vuelto más pragmática, también. Aunque supongo que ese es uno de los efectos secundarios de ser mamá. Yo, la anti-práctica, la que es capaz de perder el autobús por no correr en la calle, la que da mil vueltas para luego darse cuenta de que el sitio estaba solo a dos pasos, la que prefiere aparcar a un kilómetro porque tiene más sitio en lugar de aparcar en un espacio reducido. Yo, la que pide mil recetas de cocina a familiares y amigas pero sabe perfectamente que no hará ninguna de ellas. Yo, la que prefiere quedarse en casa leyendo o escribiendo o escuchando música de Debussy [o de quien sea, clásica, claro] con tal de no tener que pasar por el tortuoso oficio de la conversación.

Ah, ¿no les había dicho lo mucho que me cuesta hablar? No es un tópico, créanme. Me cuesta de verdad. Soy malísima para la conversación de tú a tú. Ya amaba a Eva Green desde que la vi haciendo de la Princesa Sybilla en la maravillosa película “El Reino de los Cielos”, pero la amé muchísimo más cuando leí en una entrevista que ella confesaba que era tan tímida, que no iba a las fiestas para no tener que hablar de tú a tú con la gente. ¡Me sentí tan comprendida! Sé que quienes me conocen talvez jamás dirían eso de mí, pero la verdad es que con el tiempo uno va adquiriendo ciertos mecanismos de supervivencia social para no quedar como un ermitaño o asocial.

Con los años, eso se ha acentuado más, ya que por el estilo de vida que llevo ahora no tengo [prácticamente] vida social. Lo de “prácticamente” ha sido para no quedar tan mal, porque la verdad es que mi vida social es nula. Siendo sincera, mi vida social es el WhatsApp, el cual no soporto tampoco. No me malinterpreten, no es que no me guste hablar con la gente, lo que pasa es que el sistema de “te escribí ahora, lo leíste y debes responderme ahora” se me hace realmente pesado. Yo no puedo seguir ese ritmo, me es imposible. De hecho hoy, cierta persona se puso un poco pesada con ese tema, y no les digo la conclusión. Venga, sí se las digo: no le pienso a volver a escribir en la vida. Alguien que quiere mi amistad, debe comprender mi estilo de vida, mis prioridades y ocupaciones. Por eso valoro a las amigas que tengo ahora mismo: porque me comprenden de verdad, lo noto. Y eso para mí, en la amistad es lo más importante, ya que como amiga soy realmente atípica, rozando ser una especie de anti-amiga.

¿Qué culpa tengo yo de ser una persona introvertida? ¿Qué culpa tengo yo de disfrutar el petit-comité? ¿Qué culpa tengo yo de valorar el silencio, los momentos reflexivos y la introspección saludable? ¿Qué culpa tengo yo de amar los libros, la escritura y la música? No quiero decir que tengas que ser introvertido para disfrutar de estas cosas, pero la gran verdad es que estas son prácticas que se suelen llevar a cabo en la soledad.

También me gusta la amistad, pero no cualquier persona puede ser amigo o amiga. Yo admito que soy mala amiga, porque no soy la típica persona que intima al momento, y que te cuenta su vida y te hace partícipe de sus pensamientos y sucesos terribles o buenos. Me cuesta un universo. Pero me gusta disfrutar de las cosas que tengamos en común, y también disfruto escuchando a las personas. Creo que ese es un punto fuerte. Me gusta escuchar. Ojo, no he dicho hablar por teléfono, he dicho escuchar [o leer, que también se vale.] Porque, efectivamente señores, tampoco me gusta hablar por teléfono. Aunque ahora, no es tanto que no me guste, sino que es prácticamente imposible disponer de ese tiempo sin los gritos de ¡mamáaaa! de mis hijos de fondo.

Al final, creo que me gusta ser una mujer misteriosa. Me gusta que siempre quede algo por revelar. No sé, me parece más interesante.

Gracias al cielo por este pequeño rincón, que me acompaña ya desde 2007. Esto es mucho mejor que muchas otras cosas que están sobrevaloradas. Aunque he hecho la tarea: he ido a tomar café estas dos últimas semanas con dos grandes amigas. Así que no se preocupen, no estoy en camino de convertirme en una especie de monja ermitaña de convento europeo medieval. Es solo que a veces, no es tan fácil.

Ahora se acerca el cumpleaños de otra gran, gran amiga, y espero poder celebrarlo. Seguramente celebre el mío en compañía de un par de amigas, las más íntimas, y así seré muy feliz.

Qué lindo es ser aceptados como somos, aún con nuestras rarezas. Pero lo más importante siempre vendrá a ser aceptarnos a nosotros mismos, y darnos valor, aunque no seamos como los demás esperan que seamos. Aunque no vayamos con la corriente.

Au-revoir…

—Lihem, as usual.

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CONFESIONES :o, Lihem Ben Sayel

«Lihem y Yerushalayim»

Todos contamos con alguna particularidad en la historia de nuestras vidas. Creo que todos, sin excepciones, podríamos relatar algo que nos diferenciara del resto de los humanos, los que han nacido y los que están por nacer.

Mi intención aquí es la de expresar mi particularidad, talvez, la más llamativa. Si bien es cierto que nací en Ecuador, ya llevo en España los mismos años que viví en Ecuador. Es complicado sentir que perteneces a un solo lugar cuando ya llevas repartida el mismo tiempo en dos naciones, maravillosas, por cierto.

Sin embargo, -y que esto no suene a reniego- mi corazón, lo profundo de mi corazón, con quien realmente se identifica es con Oriente Medio. Para explicarles el por qué, primero tengo que empezar diciéndoles que mi abuelo materno -a quien amo con locura- es palestino. Cien por cien palestino. Mi amor y mi admiración hacia él y hacia lo que representa en mi vida es tan fuerte, que abracé una identidad palestina desde niña, sin sentirme inducida a ello. Simplemente, como dicen, la sangre llama a la sangre, y la tierra llama a sus hijos. En este sentido, siempre me he sentido una hija de Jerusalén. Digo “Jerusalén” y no Palestina, porque mi fascinación va en dirección hacia esa ciudad. Ciudad sagrada compartida por musulmanes, judíos y cristianos.

Curiosamente, yo soy nieta de un musulmán, pero soy cristiana, y estoy casada con un español (gallego) descendiente de judíos sefardíes. ¿No es esto una mezcla muy novelesca? No sé en qué me convierte esta mezcla. Pero esto es lo que soy. Por otro lado, y aunque no me siento orgullosa -para nada- de lo que voy a confesarles, tengo que admitir que durante un tiempo en mi vida, aborrecí a Israel. Fue, concretamente, en la época de la segunda Intifada con Yassir Arafat. Mi identidad palestina se acrecentó tanto, que me adueñé de un odio que no me pertenecía, y que, desde luego, no ayudaba a nadie. Solo empeoraba las cosas.

Luego renuncié a todo aquello y me propuse empezar un nuevo camino: el amor, la paz. A partir de allí, empezó algo así como un milagro: mi corazón empezó a latir con un amor profundo hacia Israel. Obviamente, ese amor hacia Israel no minimizó mi amor hacia Palestina, así como en ningún caso el amor a estas dos naciones representa un tipo de justificación a las barbaries que entre ellas puedan cometer.

¡Amo a Palestina y amo a Israel! Pero sobre todo, amo a Jerusalén. Esta ciudad histórica, maravillosa, donde sé que la justicia finalmente reinará, poniendo fin a tantas eras de guerra.

Y este 14 de mayo, cómo no, fue una fecha especial: 72 años del nacimiento de Israel como nación. Felicidades, Israel.

Shalom, Yerushalayim.

—Lihem ben Sayel, amira al-Yerushalayim. 

No puedo dejar de adjuntar estos vídeos, para el recuerdo:

CONFESIONES :o

Carta 11: La mujer que soy.

Prometí que, después de ser madre, no saldría sin ponerme tacones [a no ser que la actividad lo requiriese…]. Prometí que el maquillaje seguiría siendo mi fiel aliado [la falta de sueño, las ojeras y el cansancio no perdonan.] Me prometí a mí misma seguir leyendo, seguir escribiendo, seguir meditando… Me aseguré de no que no me dejaría ir con mi aspecto, y que me vestiría de manera en que me sintiera guapa. ¿El peso? Pues controlado. Aunque no es fácil recuperarse después de dos embarazos prácticamente seguidos. Pero qué va, me dije, no pienso resignarme a ello. Por alguna razón [que llegué a descubrir] a muchas mamás recientes nos da por cortarnos el cabello bastante corto. Yo lo hice, claro, pero qué complicado se me hizo verme al espejo y no reconocerme. Gracias al cielo, ahora está largo, y vuelvo a ser yo.
Talvez algunos de ustedes [especialmente las mujeres] puedan pensar de mí que soy una superficial y vanidosa, y que lo más importante en la maternidad es tener a tus hijos, darles amor y ¿el resto? ¡El resto da igual, vaya, que acabas de protagonizar el milagro de la vida!
Lo siento, pero no. Ese discurso no va conmigo. Llámenme como quieran.

Antes de ser madre soy esposa, y antes de ser esposa soy mujer. Y no pienso vivir mi vida resignándome a los discursos condescendientes que te quieren hacer sentir mejor simplemente para que no te sientas culpable por haber dejado atrás la mujer que eras. Y no me sentiría culpable si no estuviese alcanzando mis promesas [¿o tal vez sí…] pero desde luego no pienso sentirme culpable por admitir que ME ALEGRO MUCHÍSIMO de estarlas cumpliendo.

Esto no es un ataque a las demás madres, porque cada una tiene sus circunstancias y prioridades, pero hoy quiero celebrar que me siento yo misma antes de ser madre y no me avergüenza decirlo.

En junio cumpliré 35 años [¡¡¡35!!!] ¿y saben por qué no me agobia ni me desmoraliza? Pues porque me siento bien conmigo misma y aspiro a irme sintiendo mejor a medida que los niños vayan creciendo y yo vaya disponiendo de más tiempo para mis propios proyectos personales.

Tenía que decirlo.

CONFESIONES :o

Lo más importante.

«Lo más importante no es lo que hayamos hecho, sino en quién nos estamos convirtiendo. »

—LihemBenSayel.

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CONFESIONES :o

El profundo lago de las inseguridades y los fríos glaciales de las temporadas complicadas.

¿Cuánto  tiempo es “mucho tiempo…”?

Hace mucho que no escribo de la forma que estoy escribiendo ahora mismo. Pero, dadas las circunstancias, creo que me vendrá bien. Estoy atravesando una temporada complicada: mi amado abuelo de 90 años está enfermo, he pasado una semana HORRIBLE con una muela de la que no quiero saber nada, y una serie de asuntos personales que para qué detallar… Pero aquí estoy. En mi lugar terapéutico. Bueno, el segundo lugar. El primero es la presencia de Dios.

Mi corazón es una lucha constante. Es una pelea fiera que debo ganar segundo a segundo. La melancolía que, en otros tiempos [no muy lejanos] fue mi mayor aliada para escribir, ahora es mi peor trampa. Porque la melancolía me centra en mí. Y ya viví demasiados años de mi vida centrada en mis sentimientos, emociones y percepciones. Talvez obtuve algunos buenos escritos, pero me desenfocaba rápidamente de lo eterno. Así fue como me dí cuenta de que no es compatible mirar hacia dentro y mirar hacia el cielo. [Colosenses 3].

Ahora no escribo tanto como antes, por varias razones [falta de tiempo, por ejemplo.] Pero la auténtica verdad es que EVITO escribir. Sobre todo cuando las últimas semanas vienen siendo tan complicadas. No quiero sentarme frente al ordenador y, empapada de melancolía, volver a centrarme en mí. No. Ahora debo aprender a levantar la mirada hacia arriba. Ahí estará siempre la respuesta que necesite, y el refugio anhelado en medio de toda tormenta.

Algo que lamento de mí, es tener este desesperado deseo de hablar con alguien y desahogarme, pero sentirme tan y tan y tan insegura, y al final desistir de hacerlo. ¿Por qué? ¿Por qué tan insegura aquí en esta área? ¿Qué me cuesta decirle a alguien cercano a mí: hey, te necesito, necesito hablar contigo, me ocurre esto y esto…?

No, en serio, ¿POR QUÉ? (Es una pregunta retórica; en el fondo, conozco la respuesta.) Al final resultamos ser como un profundo lago de inseguridades, mientras los fríos glaciales de las temporadas difíciles nos congelan cada vez un poco más.

Normalmente, suelo terminar mis escritos con una perspectiva esperanzadora. Pero hoy estoy en stand by. Hoy, no quiero ser fuerte, ni maravillosa, ni sabia, ni digna. Hoy quiero ser débil. Tan débil, que solo pueda dejarme caer en los brazos de mi Padre (rayos, lo he vuelto a hacer…).

No es que HOY sea un día difícil. Es que la TEMPORADA está siendo difícil. Y aún así, este es el mejor momento de mi vida. Supongo que es perfectamente compatible, porque nosotros somos lo que somos, y no lo que nos pasa. No sé si me entendieron, pero yo sí me entendí.

Una chica insegura que tiene miedo de molestar al que escucha, mientras ella abre su corazón.

En fin, es curioso, todo lo es… y nunca dejará de serlo. Hoy no quiero ser fuerte. Quiero quebrarme, aunque sea por una noche.

—LihemBenSayel.

CONFESIONES :o, PROSA, RELATO CORTO

Que nunca te corten las alas.

Érase una vez una pequeña mariposa que volaba libremente por los más bellos jardines. Cierto día, un cuidador de mariposas la vio y la llevó a su jardín. Una vez allí, la pequeña mariposa fue creciendo, y mientras más crecía, más hermosas y coloridas eran sus alas.
Fue tanto así, que el cuidador decidió encerrarla en un bote de cristal para retenerla. “No vaya a ser que se dé cuenta de su hermosura, y decida marcharse”, pensó. Sin embargo, la mariposa —que ya no era tan pequeña— no se sentía feliz.

Ella sabía que su destino no se limitaba a estar encerrada en un bote de cristal, sino volar por todos los hermosos jardines, disfrutando de la fragancia de las flores y su dulce néctar. Pero pasó mucho tiempo, y la mariposa, que al principio volaba y se chocaba contra el cristal una y otra vez en un inútil esfuerzo por salir, se acostumbró a estar allí, encerrada, dentro de aquellos muros de vidrio. Y resignada, se posó en el fondo del cristal, y permaneció inmóvil, mientras se consumía de tristeza.

Mucho tiempo después, la mariposa escuchó una voz que la despertó de su profundo sueño. Esa voz provenía del viento.
La voz le preguntó: “¿qué haces ahí encerrada?”. La mariposa, desconfiada y un tanto confusa, respondió: “mi cuidador me encerró aquí, así que supongo que este debe ser mi destino.”
“¡Claro que no es tu destino! ¡Tú deberías estar volando en plena libertad!”, le dijo la voz.
“¿Volar? Ya ni siquiera recuerdo lo que es eso… Además, ¿acaso sabes tú más que mi cuidador? ¿Por qué piensas que estoy destinada a volar…?”, preguntó la hermosa mariposa, un tanto inquieta.
” Lo sé, porque Yo te creé”, le respondió la Voz. Y en ese momento, un viento recio sopló vida a la mariposa, y esta se volvió grande, tan grande, que rompió el bote de cristal, y echó a volar libremente…
“Ahora vé, y haz lo mismo con las otras mariposas que están encerradas, —le dijo la Voz. Sopla vida sobre ellas e incítalas a volar. Si te preguntan a dónde ir, diles que me sigan en el viento, y yo las dirigiré a hermosos jardines.”
Y así, la bella mariposa cumplió su destino… Y ayudó a otras a cumplir el suyo.

Un relato de LihemBenSayel.
✍️📜🕊️❤️