CARTAS, CARTAS PARA AMITH, by Najma Adarah, PROSA, REFLEXIONES

Cartas para Amith (1) «Alguien que vale la pena»

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‹Alguien que vale la pena›

 

Un joven Rabí dijo una vez que “nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos.” Ese mismo Rabí estuvo dispuesto a dar —y, finalmente dio— su vida por sus amigos; y también por aquellos quienes no le consideraban amigo, aún. Esta ha sido mi mayor enseñanza en cuanto a la amistad.

Siempre he estado intrigada en cuanto a la amistad. Siempre he pensado que es algo recíproco, que debe constar de dos partes poniendo su voluntad para que algo funcione. Si lo pienso con mi orgullo, mi alto sentido de la dignidad y mi lógica interpersonales, supongo que sí, que es cierto.

Sin embargo, estaba quedándome en la superficie de lo que es la “verdadera amistad” [ese concepto que, en muchas ocasiones, descalifiqué, y al cual llegué a quitarle todo tipo de credibilidad.] Porque si bien es cierto que lo “ideal” sería que ambas partes pusieran su mejor voluntad para que la relación funcionase, si uno de ellos dejara de hacerlo, de ninguna manera esto querría decir  que la otra persona deba verse obligada a hacer lo mismo.

Y es aquí donde entra ese amor que va más allá de la razón y la lógica, ese amor sincero, puro, honesto y sacrificado —aunque en ningún caso libre de imperfecciones— del cual hablaba aquel Rabí. De hecho, un discípulo suyo, escribió una carta aduciendo —en cuanto al amor— que éste es capaz de aguantarlo, creerlo, soportarlo y esperarlo todo. Que no es orgulloso ni egoísta, ni busca sólo su propio bienestar. Bueno, esa es la amistad. Porque no se puede ser amigo de verdad si no se ama de verdad.

Es bonito llegar a un punto en la vida en el que puedes decir que, al fin, sabes lo que es la verdadera amistad. Sabes lo que es poner tu vida por alguien. Y no, no necesariamente quiere decir “morir” por alguien. O al menos no en el sentido que la mayoría imaginamos. A veces, el amor por un amigo, te exigirá morir a ti mismo, a tus ideas, a tu orgullo, a tu vanidad, a tu lógica, a tus temores, a tus preguntas. Y simplemente lo harás, porque sabes que es de verdad. Dará igual lo que piense el otro. Dará igual, incluso, si no “valiese la pena”, si fuese un desperdicio de “amor”; una ofrenda excesiva y extravagante que “podría haberse usado para otra cosa”, —como dijeron de aquella mujer que rompió su frasco de alabastro a los pies de aquel mismo Rabí.

Dará igual, porque tú lo sabes. Y has estado dispuesto a pagar el precio. Y lo seguirás pagando sin recibir nada a cambio. Simplemente porque en algún día, de algún año, hiciste una promesa, y aunque has fallado a muchas otras, esa no la fallarás. Porque en la vida, a veces, tendremos oportunidades —pocas, pero determinantes— de poder amar  a nuestros amigos de la misma manera que aquel Rabí estuvo dispuesto a amar: poniendo nuestra vida, simplemente porque creemos que esa persona lo vale.

Firmado:

Najma Hadarah.

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CONFESIONES :o, PROSA

Carta 10: La danza de la vida.

En el transcurso de nuestra vida aprendemos —por bien o por mal— que las personas, incluso quienes han sido amigos, muchas veces caminarán a nuestro lado durante ciertas temporadas, mas difícilmente para siempre. Esto no es malo. Simplemente es verdad. Y lo grandioso radica en saber comprender las etapas que compartiremos con ellos, y asumir cuándo se han terminado.
Las relaciones interpersonales son como una danza: están en constante movimiento; y forman parte de la construcción de nuestro ser interior y, cómo no, de nuestro destino. Hoy por hoy, me he ido alejando —por inercia— de personas maravillosas, pero con quienes ahora mismo ya no compartimos el mismo camino. De la misma manera, otras personas se han alejado de mí por la misma razón. No es que el camino de uno sea mejor que el otro; son simplemente distintos.

Para tales personas siempre habrá un lugar en el corazón, por todo lo que han representado. Sin embrago, he aprendido que el corazón no es estático, sino que se ensancha en vista de nuevos afectos que surgen, y son albergados con calidez y gran expectación sabiendo que queda, talvez, un buen trecho del camino para compartir.
En este año he tenido a nuevas personas con las cuales comparto mi nuevo caminar hacia aquello que es mi destino. Las viejas amistades son, a veces, como un baúl de recuerdos al cual uno se acerca de vez en cuando para saborear lo mucho que nos unió en ciertas épocas, aunque hoy en día ya se comparta poco, o prácticamente nada. Aún así, es hermoso. Yo lo valoro cual tesoro.
Por ejemplo, mi amiga más cercana este año, y con quien compartí muchísimas cosas, hace un año atrás no estaba en mi vida ni formaba parte de ella. De hecho, jamás habría imaginado que, en cierto punto, nuestros caminos se unirían. Sin embargo, con otras lindas amigas, aunque queda un gran cariño, los caminos se bifurcaron casi irremediablemente. Eso tampoco es malo. Es la vida, y nada más.

Mi conclusión es simple: debemos abrazar nuestras temporadas y estaciones en la vida, entendiendo —con total madurez y sabiduría— que la vida y las personas estamos en constante movimiento, puesto que día a día construimos nuestro destino único e irrepetible. Y esa singularidad implica, en el mayor de los casos que, muy pocos de los que estuvieron al principio, estarán también en el final. Por eso, valoro a los que tengo hoy.

Feliz año a todos, amados amigos.
Siempre vuestra,

Lihem Ben Sayel, the princess of the Lord... 🌹 

CONFESIONES :o

Lo hermoso —y arriesgado— de la vulnerabilidad.

Recojo gotas de tiempo que se deslizan por el cristal de mi ventana, cual lluvia en invierno, bajo los ojos de la noche cerrada. Ahí, apoyada en la mesa, con actitud de desgano, cosecho un poco de los recuerdos que sembré antes de que las primeras notas de melancolía   comenzaran a aparecer; antes del desvanecimiento de mi sonrisa desenfadada y presuntuosa. Los cuadernos frente a mí, me invitan —encarecidamente— a plasmar sentimientos más allá de letras y verbos correctamente conjugados. Pero yo declino tal invitación. Mi sombra se proyecta con enormidad en la pared del fondo, a causa de la lámpara de tenue luz que alumbra, a mis espaldas, una habitación vacía y fría, que solía ocupar la sensatez en mis mejores años. Ahora, solo hay sitio para el arrepentimiento: tanto que quise hacer, tanto que pude haber callado. ¿Quién nos acompaña en este viaje de altos y bajos, que es la vida? ¿Quién nos susurra al oído “todo estará bien” aún en la peor de las tormentas? ¿Quién nos seduce bajo las sábanas de la alegría, y nos sacude de los hombros la rigidez emocional, tan propia de aquellos que alguna vez fuimos heridos a profundidad? Somos más fuertes, porque tenemos cicatrices; y no morimos. Talvez, simplemente sea eso. Intuyo, pues, que quedarán muchas preguntas sin responder.

He tenido grandes decepciones en relaciones que consideraba importantes en mi vida. Me hice más fuerte a expensas de ese enorme dolor. Pero no por ello renuncio a lo hermoso y  a lo valiente de la vulnerabilidad. Es un riesgo, sí. Un riesgo de esos que no me gusta tomar. Pero lo necesito; o de lo contrario, me convertiré en aquellos que me dañaron. Y me lo he prometido a mí misma: no seré como ellos.

Por eso te pido, si te consideras mi amigo, o mi amiga, no me dejes caer. Créeme que me cuesta dar el primer paso, pero no por arrogancia, sino por miedo. Un miedo constante que me persigue; una pesadilla en la que me imagino a mí misma sonriendo y queriendo abrazar a la gente que me rodea, pero en la que ellos me miran de soslayo y me ignoran, dándome la espalda. Son consecuencias de heridas pasadas, que en lo profundo de mi corazón, aún necesitan ser rociadas con bálsamo. Y talvez mi amistad contigo sea ese bálsamo.

Sé que estamos en unos tiempos en los que casi todo se ha vuelto demasiado superficial. Sé que nuestras vidas están demasiado saturadas como para añadirle componentes emotivos y casi dramáticos, pero, supongo, que esto iba de hacer raíces; no de mudarnos a conveniencia. Eso nos lo enseña la amistad. Eso, nos lo enseña el Amor.

Y, fíjate, no me importaría si piensas que esto es una súplica, aunque créeme si te digo que no es mi estilo. Simplemente es una invitación a que seamos reales, auténticos. A que nos importemos de verdad, y no solo en la imaginación.

Rayos, qué rabia me da. Estas son cosas que uno escribe pensando que hace lo correcto. En mi caso, estoy influenciada por el libro de Kim, en el que habla de ser vulnerables y no renunciar a ello pese a las consecuencias. ¡Esa es mi mayor prueba en las relaciones! Por eso, intentaré hacer este ejercicio. El perfecto amor, echa fuera el temor. Es la única manera. (¡Pero cuánto me cuesta!)

—L.B.S…

 

PROSA

UN VIAJE HERMOSO

 

La vida es un viaje hermoso, cargado de experiencias inimaginables. Un sendero a alguna parte entre los sueños, las desilusiones y las delicadas sombras de un pasado que nos persigue al ritmo de un corredor de resistencia. Encontramos cartas de nuestra infancia, imágenes de letras en nuestro corazón, tatuadas en verso, prosa o historias fascinantes y envolventes, que nos arrancan una sonrisa inesperada, e incluso, a veces, una lágrima de añoranza y melancolía. La poesía está en nuestros labios, como un beso perpetuo pero encadenado a un dolor profundo, porque, esta vez, el ser amado se ha marchado antes de tiempo. Las emociones se disparan a raudales, y escogen diversos caminos de agua hacia rumbos inciertos. Y, luego, tomamos decisiones. Buscamos la paz, sin un límite, sin una restricción, sin una sentencia prohibitiva que divida nuestros sentidos entre lo que queremos, y entre lo que nos dicen que debemos querer. Un espacio vacío entre consciencia y peldaño, entre juego y rotundidad, entre cristales rotos y amargura, entre la luna y el té de manzana, entre el libro y la piedrecilla dorada. Y podríamos hablar durante horas [e incluso eternidades] acerca de las veces que se escondió el sol, y creíamos que no amanecería, pero de pronto sus rayos se deslizaron por el alféizar de nuestra ventana, y el llanto se tornó en una carcajada burlesca y reprensiva, porque sentíamos que nada ni nadie tenía el derecho a hacernos sentir como si el mundo se hubiese acabado. Y bailábamos hasta el amanecer, como poseídos por una sed de vida plausible y audaz, y se nos quitaban las ganas de morir ahogados en las penas y en las azules desdichas. El olor de tu pensamiento impregna el invierno de un aroma distinto, mientras esperas que el bus [o el taxi] pare a tu primera llamada. Tú, en esa ciudad tan grande. Yo, sintiéndome invisible frente a mis propios anhelos. Donde quiera que busques, puede que encuentres un papel amarillento, ya roto en las esquinas, que contengan mis líneas, escritas con mi puño y letra.

Y la nostalgia se reirá de nosotros, porque el tiempo ha pasado.

Tan rápido.

Pero seguiré aquí, de alguna forma tangible o abstracta, según se preste la ocasión. Y volveremos a caminar frente a la playa, charlando y dejando vagar los sentimientos de una ingenuidad que ahora es memoria.

Porque, amigo, la vida es un viaje hermoso, y al final del mismo, nos encontraremos, algún día.

—Lihem Ben Sayel.

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CONFESIONES :o, REFLEXIONES

Treasure (II)

libro-y-flor«No sé si la amistad se busca. Más bien, pienso que se encuentra; así como quien camina divagando por el sendero de siempre, y de pronto halla, —escondida detrás de las frívolas miradas—, una florecilla junto al camino. La recoge, la admira, percibe su delicada fragancia; y desde entonces la lleva para siempre en medio de algún libro que ama.»

Lihem Ben Sayel.
CONFESIONES :o, MUY PERSONAL

Treasure (I)

«Y lo que más valoro de la amistad, sigue siendo esa sinceridad. La lealtad en los momentos oscuros. El perdón cuando se haGold-coins-treasure-stacks fallado. El abrazo que nadie nota que hace falta. Cumplir las promesas que se hicieron en los tiempos de bonanza. Pero aprendes, con el paso de los días, que la amistad es tan imperfecta como esquiva. Tan sublime como dolorosa; cuando llega el abandono y la indiferencia.»
Lihem Ben Sayel.
REFLEXIONES

NOBLEZA

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Necesitamos ser más nobles…

CONFESIONES :o

CUESTIONES EXISTENCIALES

     Simplemente preguntas, que no son tan simples de responder:
  • ¿Por qué cuando pensamos en alguien nos cuesta decirle: pienso en ti? 
  • ¿Por qué cuesta tanto decirle a “esa” persona: te quiero?
  • ¿Por qué nos cuesta tanto desvelar nuestros sentimientos?

no esperes

Lihem ben Sayel

REFLEXIONES

RECOMENZANDO

Menos mal que siempre existe la posibilidad de recomenzar. Menos mal que, por muchos errores que hayamos cometido, podemos detenernos; recuperar el aliento. Replantearnos las cosas, y retomar el rumbo. Siempre, mientras estemos vivos. Porque cada día es una oportunidad para volver a hacer las cosas bien… Y, ¿qué sería de nosotros sin esas segundas oportunidades?

-Lihem ben Sayel

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[The Making-of: Recomenzando]

CONFESIONES :o, MUY PERSONAL, REFLEXIONES

ALGÚN DÍA, TODO CAMBIARÁ.

Caminaba yo por aquel salón oscuro, iluminado tan sólo por un par de lacónicas luces de colores. [Una canción de fondo se oía.] Justo minutos antes, algo hermoso había ocurrido: el amor sencillamente fluyó en aquel lugar. Lágrimas, abrazos, sonrisas, paz. Cuando despedí a mis jóvenes amigos, éstos comenzaron a abrazarse unos a otros. Yo simplemente me retiré al fondo del salón. Cerré los ojos. Y llegué al punto en que sentía que no podría sostenerme en pie. Quería llorar, y reír al mismo tiempo. Sentía fuego recorriendo mi cuerpo. [El deber estaba cumplido, y aquello me llenó de satisfacción]. Pero de pronto lo pensé: algún día, todo cambiará, -me dije. Miré a mi alrededor… me arrodillé, y empecé a sollozar. Me llevé las manos al rostro, cubriéndome de la mirada de algún rezagado que aún se hallara en aquel lugar. Normalmente no me gusta que me vean así. Entonces fue cuando de repente sentí un calor, un abrazo amistoso e intenso. Alguien, en medio de toda la algarabía, se había regresado de su camino; había pensado en mí. Yo respondí con otro abrazo. Aquella persona lloraba, y me decía cosas que brotaban de su corazón. Quise llorar una vez más, pero seguía conteniéndome. Hasta que ya no pude más… [¿Cuándo fue la última vez que alguien me había abrazado así… como si no importara el tiempo, como si sólo existiese ese momento, como si yo fuera una niña pequeña, que, de vez en cuando, también quiere descansar en el regazo de alguien realmente amoroso y preocupado?] No recuerdo un abrazo así en mucho, mucho, mucho tiempo… Fue un abrazo puro, honesto, sincero, amigo. No esa imitación barata de abrazo de dos segundos. Suelto el aire que retenía. Exhalo. Me dejo caer. Mis lágrimas también caen; y me aferro a esa persona con ternura y gratitud. Pasaron los minutos, más de los que puedo recordar. [Palabras de cariño, de comprensión, de consuelo]. Entonces lo supe: sí, ciertamente algún día todo cambiará. Algún día no seré tan joven, mi cuerpo no será tan ágil como hoy; mis deseos, y aún mis prioridades cambiarán. Quizás no esté siempre en el mismo lugar en que ahora estoy. Quizá algún día me vaya, o quizá sean ‘ellos’ los que se vayan. Pero mientras esté, y mientras ellos estén, y mientras siga aquí, donde estoy, lo daré todo. Porque talvez haya etapas que son para una vez en la vida, y luego ya no vuelven. Y es de eso de lo que tengo miedo: de estar pasando por etapas que ya no volverán. Y tengo miedo a echarlas tanto de menos, que no consiga ser feliz después. Pero talvez sea un espejismo, un engaño… porque talvez aún las mejores etapas estén por venir. Sólo que el miedo sigue ahí. Por lo pronto, hoy por hoy, sólo me importa cumplir mi propósito, porque sé que lo tengo, tal como reza la cabecera de este blog. He dejado personas y relaciones en el camino. Y unas, aunque están, ya no son lo que eran. Pero otras serán, otras vendrán. Y aunque no soy precisamente alguien fácil de llevar en las relaciones muy profundas, he prendido a identificar cuándo una persona me ama de verdad, y cuándo sólo le soy útil para un momento. Eso me facilita mucho las cosas. [No hay resentimiento, únicamente madurez de pensamiento y sentimientos, porque, rayos, aunque no lo parezca ni de broma -según yo-, voy a cumplir 30]. Tengo plena consciencia de lo que quiero: ayudar a los que me rodean a que lleguen a la meta. Hoy justo lo estaba pensando… y llegué a esta conclusión. ¿Por qué me identifico tanto con los maestros, o los generales, o los líderes, en cualquier historia? Porque quiero ser así: quiero ser alguien a quien los demás recuerden como esa persona que les ayudó en determinado momento a avanzar, esa persona que les desafió, les animó, les inspiró. [Quiero ser quien “salve al soldado Ryan”, aunque la vida se me vaya en ello.] Desde donde estoy veía la luna, pero la acabo de buscar, y resulta que ya se escondió. Así que quizás ya deba irme a la cama. [Si alguien te ama, si alguien quiere en verdad tu amistad, te lo va a demostrar. Estará allí. No se desvanecerá tras las cortinas de humo]. Yo amo a mis amigos. Vivo para mis amigos. Quiero estar siempre cerca de ellos. Esos son los jóvenes con los que trabajo. O mejor dicho, a los que sirvo. Jóvenes que me ven, y ven a ‘alguien’ en mí. No ven un título o una posición. Ven a ‘alguien’ quien es capaz de comprenderles. [Y vaya si les entiendo, después de todo lo que he vivido a esa edad]. Hoy doy GRACIAS por haber vivido ‘ese’ infierno, pues ahora puedo reconocerlo a leguas,  y rescatarles a ellos de allí. Sacarlos aún a rastras. Y le pedí a Dios y le dije: “por favor, hagas lo que hagas conmigo, permíteme estar siempre cerca de ellos…” No entiendo cómo hay gente que sencillamente se encierra en su mundo y le da la espalda a todo lo demás. Yo creía que era la persona más egoísta del mundo, pero ahora sé que no es así. Y para empezar, hay muchas clases de egoísmo. Y talvez la peor es ignorar las necesidades de los demás sólo porque tus preocupaciones son más importantes para ti. A mí me han dicho de todo: creída, egoísta, chula, vanidosa, superficial. Y hasta me lo llegué a creer. Y tuve grandes crisis personales pensando que era como ‘ellos’ decían que era. [O sintiéndome “indigna” únicamente porque tenía la “mala fortuna” de llamar la atención, aún sin desearlo.] Y permítanme que diga esto, pero, también comprendí que no es así. Me importo yo, sí. Pero también me importa la gente. Sobre todo los jóvenes, los adolescentes. Y además, también me di cuenta que los que decían eso de mí, primero, ni me conocían de verdad, y segundo, sólo juzgan por lo que ven, pero jamás se tomaron la molestia de indagar en mi corazón. Por eso me gusta tanto como soy: porque al verme, al oírme, piensan en seguida que pueden encasillarme. [Y luego, en secreto, yo me río de todos ellos, porque creen que ya saben quién soy, pero no tienen ni idea…]

Sigo sin ver la luna. Es hora de intentar dormir.

Algún día, todo cambiará. Pero mientras esté ‘aquí’, les aseguro que lo voy a disfrutar.

P.d.: infinitas gracias mi pequeña S. por ese abrazo… jamás lo voy a olvidar. Te amo con el corazón.

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Nejath Lizett Hidalgo Mahmud.

The Making-of: “Algún día, todo cambiará”.