REFLEXIONES, VIVENCIAS DE UNA ESCRITORA

SÉ TU MEJOR AMIGO

Fall-Maple-Leaf-Bicycle-Photography-300x187Nadie mejor que tú conocerá lo difícil que fue caminar por donde tú caminaste. Nadie mejor que tú entenderá lo complicado que fue tomar decisiones para poder seguir adelante. Nadie mejor que tú sabrá. Por eso, nadie más que tú se alegrará cuando finalmente llegues a la meta.
En los desafíos, sé tu primer oponente a batir.
En tus proyectos, sé tu mayor crítico.
En la vida, sé tu mejor amigo.

-Lihem ben Sayel

 

P.d.: hoy empecé el trayecto final para terminar mi novela.
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SENSIBILIDAD Y TERNURA

Para esta entrada escogí “Tu sei”, porque creo que pase lo que pase, jamás debes permitir que las malas experiencias manchen la pureza de tu ser. Vuelve siempre a la raíz, al origen, al principio de todo. Nunca pierdas la inocencia…. 🙂
Cuando miramos hacia atrás, hay muchas facetas en las que podemos reconocernos, sobre todo en la infancia. Y yo me recuerdo a mí misma como una niña alegre y tierna, muy tierna. No, nunca me gustó el rosa, y tampoco amaba los vestidos. Eso sí, escribía, leía e imaginaba todo el tiempo. Mi corazón era tierno y soñador. Puro e inocente. Claro… hasta que ocurren cosas que van tiñendo ese blanco impoluto con sendas manchas que te introducen dramáticamente en una realidad de la que no puedes huir. A los quince años -y a raíz de todas esas secuencias de sucesos- decidí ser *fuerte. Mis amigos en seguida notaron el cambio, pero en mi corazón no habría marcha atrás. Si había que vivir esta realidad, al menos evitaría a toda costa que me destrozara el corazón. Mi corazón se fue helando poco a poco, y cada vez más me costaba expresar mis emociones en público, sobre todo las que yo consideraba “emociones débiles”: llorar, abrazar, dejarme abrazar, palabras de comprensión, etc… Obviamente esto me hizo daño, porque alteró el proceso natural de mis emociones, sobre todo en relación con las personas que tenía cerca de mí. Llegué a creer que la gente prefiere a las personas que no se muestran tan vulnerables. Y pensé que así podría dar signos de “madurez emocional”, y cierto halo de independencia. Me volqué en mí misma, y olvidé cómo era hacer feliz a los demás.
Hasta que con la ayuda de Dios, se rompió esa jaula de cristal. Y poco a poco pude volver a conectar con mis emociones.
En pocos meses cumpliré treinta años, y si me dijesen que ahora mismo podría volver diez años atrás mi vida, no aceptaría esa oferta. Porque ahora, con veintinueve años soy mucho más feliz que hace diez años. Como siempre digo, todo lo que ha pasado en mi vida todo este tiempo, me ha traído a ser quien soy ahora: un ser humano más pleno, una mujer más segura, una persona cada día más capaz de expresar sus emociones más delicadas y profundas sin sentirse menos por ello. Aún estoy en el proceso, porque mi forma de ser introvertida y tímida quizás no es algo que me favorezca en este sentido. Pero desperté y resucité a mi ternura y a mi sensibilidad. Y ese es, quizás, el mayor logro de toda mi existencia hasta hoy. Por eso muchas veces, cuando tengo frente a mí a una persona áspera, distante, estática,  cáustica, reprimida o algo por  el estilo, siempre me pregunto qué fue lo que pasó en su caminar en la vida para convertirla en una persona así, y trato de verla no como el adulto corrosivo o emocionalmente bloqueado, sino como el niño o la niña inocente y pura que alguna vez fue, hasta que algo o alguien, persona o circunstancia, manchó su ser.
¿Puede cohabitar la fragilidad de una flor silvestre con los espinos de la vida? ¿Es sensato, incluso, exponernos a la ira o al desasosiego de los que aún no han encontrado su paz, y procuran violentar la nuestra? No lo sé… Sólo sé que, en todo caso, prefiero morir día a día como una persona noble, que vivir día a día como un ser insensible. Esta ha sido mi decisión desde hace bastante tiempo, y aunque ya he experimentado la fragilidad de la nobleza y la ternura, también he experimentado su fortaleza, porque he aprendido que los más “fuertes” no son aquellos que deciden no sentir para no ser dañados, sino los que, a pesar de los daños recibidos, deciden seguir adelante con sus sentimientos nobles.  Mi corazón se siente en paz. ¿Y acaso no es eso lo que todos buscamos…?
“Yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta…”
-Apóstol Pablo; carta a los filipenses.
Con cariño y desde mi corazón,
Amira Akhtar.
*fuerte: mi concepto de “fuerte” era más bien anular mis emociones a tal punto de que nada me inmutase, y si llegara al punto de inmutarme, al menos lograr que nadie lo note.
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-SIGUE INTENTÁNDOLO… :)

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“No lo sé, talvez debo seguirlo intentando”.
Esto lo escribí en mi diario en 1.999, hace 16 años, (yo tenía 14). Me parecía imposible ingresar al grupo de danza de mi iglesia. Creía que talvez eso no era para mí. Sin embargo, era lo que MÁS deseaba en ese momento. Algo en mí me impulsaba. Sabía que en “mi código” estaba la danza, muy a pesar de que mi timidez me bloqueara y me hiciera bailar “tiesa” cuando lo hacía en público. Años, muchos años después, me doy cuenta de que ese “no sé, talvez debo seguirlo intentando” fue lo que marcó la diferencia. ¿Lo grandioso? Es que lo tomé como mi filosofía de vida…

-Nejath L. Hidalgo

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