POESÍA

[LIBERTAD]

Qué hermosa es la libertad… Vivir sin miedos, ni opresiones. Qué hermoso es recuperarse, renovarse. Restaurarse. Celebrar los momentos, las sensaciones, la poesía que trae cada amanecer consigo, y las canciones que se susurran en una noche plagada de brillantes estrellas. Caminar por allí, con una mochila cargada de certezas, disfrutando aún de las hojas que cayeron en otoño. Acariciar las flores silvestres, y tomar una para ponerla en medio de un libro. Respirar… hondo. Y sostener una sonrisa ligera; porque la libertad es hermosa. La libertad sincera.

-Lihem Ben Sayel…

“Si no tienes la libertad interior, ¿qué otra libertad esperas poder tener?”
-Arturo Graf.

POESÍA

[LA ARIDEZ YA PASÓ]

Mi visitaste en la sequía,
cuando yo no era más que aridez.
-Suelo estéril.-
Tu lluvia cayó sobre mí.
Me sumergiste en los torrentes
de aguas vivas y correntosas,
y tu río fluyó como cataratas.
Me cubriste con la fuerza de muchas aguas,
y de pronto, florecí.
Todo lo muerto en mí, fue vivificado;
y mis renuevos crecieron firmes,
hasta alturas insospechadas.
Reverdecí con el fluir de tu río,
y fui consolada en mi angustia,
con el bálsamo de tu presencia.
Mi corazón ya no está seco,
pues tu manantial fluye en él,
delicado y poderoso a la vez.
Canciones, en lugar de lamentos.
Danza, en lugar de agonía.
Gozo, en lugar de dolor.
He aquí, que la aridez ya pasó.
La esterilidad ha sido quebrantada.
Ahora habito en tus lugares de reposo.
Y la brisa de tu voz me guía
hacia el oasis que has preparado para mí.

 

-Lihem ben Sayel

 

 

POESÍA

[MI VIDA.]

Mi vida.
Mi vida ha sido un tropiezo,
como cuando el caminante
-exhausto y quejumbroso-,
transita un camino,
halla una piedra
y cae.
Mi vida
ha sido guijarro del río
que se desgasta, que se desgasta…
Y su final es algún día
simplemente desaparecer.
Mi vida,
ha sido una canción obligatoria,
un poema no inspirado,
un amor que jamás existió.
Ha sido, mi vida,
un golpe que no atizas,
un milagro que no llega,
y una tristeza que se eterniza.
Mi vida;
ha sido mi vida,
una sonrisa petrificada,
una lágrima que no se seca,
un lamento que no se calla.
Un corazón roto, es mi vida,
en medio de una situación desesperada.

 

-Lihem ben Sayel

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PROSA, VIVENCIAS DE UNA ESCRITORA

[MI CUADERNO DE POESÍA]

Fíjate, creo que nadie lo diría, -con lo extremadamente cuidadosa que soy con mis libros-, pero debo admitir que me ocurre algo especial y diferente con mis cuadernos de poesía. En ellos, se admiten manchas –porque la vida tiene esos episodios oscuros, que son como borrosas marcas de algo que, irremediablemente, no podemos negar que “estuvo allí”.  Se admiten tachones, sí, ¡y a veces muy mal intencionados! Porque, queramos o no, en ocasiones hay palabras que ocupan un lugar que pertenece a otra, y así mismo, también hay sentimientos que, una vez liberados, deben ser sustituidos por la razón, para no decaer en la demencia y la desesperación. En mis cuadernos de poesía se acepta la marca de mis labios, sí, como cuando estás en un bar, y la servilleta que usas es una evidencia del color de tu boca, porque la vida, así como la poesía –e incluso el amor-, es pasión llevada al límite: llega un momento donde no puedes retener lo que sientes, y, como mínimo, sólo por respeto a lo que estás sintiendo, debes plasmarlo en papel… También admito lágrimas negras: esas que derramamos las mujeres que estamos la mayor parte del día maquilladas, porque, ¿qué sería de nuestra alma sin las lágrimas, aquellas amigas que nos ayudan a limpiar nuestro interior, y a liberar esas sensaciones de tal complejidad que, a veces, ni siquiera podemos mencionar…? Mis cuadernos de poesía no deben ser perfectos, ni pulcros, ni mantener esa apariencia de “eterna juventud” que exijo a mis libros. Ellos deben envejecer conmigo.  Mis cuadernos de poesía y yo somos cómplices, tanto de mis errores, como de nobles gestos, puesto que no memorizo ninguno de mis versos, sin embargo, al leerlos, inmediatamente sabré a qué me refería al escribirlos. Pueden caerse. Pueden mancharse. Pueden registrar las marcas de mi pasión y de mis sufrimientos. Pueden tolerar perfectamente tanto el éxtasis como la monotonía. (¡E incluso, si la situación lo amerita, hasta pueden ser lanzados contra la pared!) Porque mis cuadernos de poesía, son el reflejo de la vida -mi vida- en sí misma…

-Lihem ben Sayel.

POESÍA

[EN UN PARAJE DE ÁRBOLES.]

Quietos, en un paraje de árboles,
-y sus copas, y sus robustos troncos,
y el vaivén de sus hojas-.
Anonadados ante tanta belleza.
-Quietos-.
Te susurro unos versos que escribí
para ti, para cuando me besaras;
para cuando me tomaras de la mano, y
dijeras esas palabras que me conmueven
tanto, tanto.
-Quietos-. Y aunque el viento nos golpee
en la cara, el sol sigue su curso allá arriba.
Como un poema de Wyslawa,
como el saxo de Coltrane,
como el piano de Shostakovich;
quietos, hasta el atardecer.
Sofocados, porque el sol se está ocultando,
deslumbrados, porque la luna hace su aparición.
Y las estrellas, y las nubes -que se tornan naranjas-
nos dibujan un cuadro superior.
Quietos, mientras nos abrazamos,
mientras nos decimos -en silencio-
un adiós.

 

-Lihem ben Sayel.

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POESÍA

[EL CAMPO DE AMAPOLAS]

Qué hermoso eres, amor mío,

qué hermoso eres,

durmiendo plácidamente

bajo las sábanas de nuestro lecho.

Qué hermoso eres, con las manos

detrás de la cabeza,

mientras sueñas,

mientras duermes.

Algún día, sí, algún día,

pasearemos juntos por el campo de amapolas

bajo la dulce y noble calidez

de una luz que no se apaga.

Y apostados sobre la hierba

nos convertiremos en centinelas

de otros tiempos, donde la tristeza,

era sólo un mito infantil.

 

-Lihem ben Sayel

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POESÍA

[NO LLORO, AMIGA]

No, amiga, no estoy llorando.

No tengo necesidad de recostarme en tu hombro.

No pienses por un momento que necesito tu abrazo.

No, querida amiga, no estoy llorando.

Aunque deje escapar un leve sollozo,

aunque por dentro esté temblando.

Si me aferro a tu ropa, perdóname. 

Por mucho tiempo me he sentido sola.

Si me escondo en tu regazo, déjame.

Hay tantas cosas que prefiero ocultar.

Si escuchas un sonido extraño

como de cristales estallando contra el piso,

no te asustes, amiga, no te inquietes:

es mi corazón que una vez más se rompe,

aunque luego se junte, como siempre.

Si te hablo, escúchame en silencio.

Las palabras que dices, antes también las oí.

Y si ves que me alejo, no me detengas,

lo he hecho otras veces,

y siempre volví…

 

-Lihem ben Sayel

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POESÍA

[CENIZAS]

De un susurro evocado

tan lejano como el silencio

de las montañas que ocultan

la tenue luz del horizonte,

surgió el poema encantado

de un amor que sucumbe

ante las fulgurantes llamas

de dos tristes corazones.

Si me encuentras deambulando

con poesía entre los dedos

no me llames por mi nombre,

-no te diré que te quiero.

Porque así como las cenizas

son arrastradas por el viento,

así serán nuestros recuerdos

lacónicos mártires del tiempo.

 

-Lihem ben Sayel

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CONFESIONES :o, NI IDEA

[EL PODER DE LA SABIDURÍA]

La SABIDURÍA te enseña a dominar el arte del silencio: aprender a callar; aprender a que no siempre se debe “decir algo” sólo porque sí. La sabiduría te enseña a ser más congruente con lo que dices creer. Ya no te dejas llevar por las mareas emocionales que pueden arrastrarte a hacer cosas absurdas, e incluso destructivas. No reaccionas. Actúas. La opinión que tienes acerca de ti mismo [en tu fuero interior] resulta ser más importante que la que otros pueden verter acerca de ti. Después de todo, sólo tú te conoces en la intimidad. Llegas a un punto en el que no te hace falta demostrar algo para estar seguro de quién eres en la vida. Simplemente lo sabes. Y mucho menos te desgastas en fingir. Y es entonces, cuando la sabiduría te ha llevado a ese punto, que llegas a conocer la verdadera LIBERTAD.
 

Lihem ben Sayel.

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POESÍA

[NÚMERO 6: LA NIEVE Y EL BARRO.]

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Un día, se despertó el barro.

Y, a lo lejos, miró una montaña

vestida de blanco impoluto,

brillante, cual vivaz estrella.

El barro, maravillado,

contempló aquel espectáculo visual.

¿Podría ser que…?

¿Acaso es posible que…?

La simple idea era ridícula.

El barro, entonces, volviendo

a la cruda y poderosa realidad

concluyó que no sería posible.

La nieve seguiría siendo nieve.

Y él , seguiría siendo barro.

Qué amargo es el anhelo

cuando le secunda el rechazo.

Lihem ben Sayel