MUY PERSONAL, TESTIMONIOS, VIVENCIAS

INMIGRANTE

 

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(pongo los dos videos por petición del público,

y pues, cada uno escuche la que más le guste…)

 

Ya me huele a Navidad. Los adornos, las luces en las casas, los turrones y los regalos que se empiezan a preparar. Algo se mueve en el ambiente siempre, en esta época. Algo especial. Pero esto es diferente a los recuerdos de mi niñez y de mi adolescencia. Me estoy sintiendo extraña. Casi una invasora.

Voy caminando por las calles del pequeño pueblo  isleño donde hago todo, menos dormir. Me fundo entre el asfalto y los semáforos. Entre las tiendas y el sonido de las bocinas. Entre lo que soy y lo que fui.

Escucho a los orientales hablar y reír. También veo a una pareja de marroquíes tomando a su pequeño hijo de la mano. Un grupo de chicos está reunido en una esquina: son latinos. Y fijándome en ellos, casi tropiezo con una anciana pero afable pareja de ingleses que dicen “sorry” mientras me sonríen amablemente.

Y ahí estoy yo. En medio de toda esa mezcla de culturas. Y empieza a divagar mi mente…

“¿Dónde está mi grupo de amigos? La esquina que yo frecuentaba está muy lejos de aquí. Por allá, por la Cordillera de Los Andes. Donde se escucha la música de los indígenas y de los que aún tienen esperanza de ver días mejores. Porque yo nací en un país donde sueñan al compás del bombo, el charango, la quena y el siku.

Mi gente habla quechua también. Y dependiendo de su región visten distintos y coloridos ropajes, que en algunos lugares son vitoreados, y en otros marginados. Nací en un país donde el Cóndor pasa, soberbio y protector. Vigilante de sus tierras. Orgulloso de su origen. Nací en el país donde Darwin vislumbró el origen de las especies. 

Nací en un país hermoso, donde el río Amazonas forma parte de nuestra sangre, por las guerras que hemos tenido que librar. Donde las playas se contonean al ritmo de la luna; donde el sol sí se puede alcanzar. Comemos el Yahuarlocro, encebollado de pescado, cebiche de camarón, caldo de bolas de verde, tortillas de yuca, colada morada, fritada, guatita y demás.

Sí. Ese es el lugar donde yo nací. Donde las amistades tienen la fama de ser para siempre, donde  “amistad” es una palabra de mucho valor. Vaya donde vaya, siempre será el lugar donde Dios decidió ponerme. El bendito lugar donde nací: Ecuador.

Pero yo estoy muy lejos de allí. Y no he vuelto, tras tantos años… Y no lo olvido. Porque amo ese lugar. Aunque Dios en sus insondables planes me llevó por otras sendas, a cruzar un océano entre los conquistados y los conquistadores, entre lo nuevo y lo viejo, entre el pasado y el presente de mi vida.”

Pero no tan rápido… Sigo caminando por las calles del pequeño pueblo isleño. En verdad, ¿de dónde soy? Por mi nombre y mi apellido, unos me dirían mora. Por el acento… (¿y mi acento, de dónde es mi acento…?).  Otros, simplemente me dicen latina o sudamericana. O… […]

De todos modos, eso no importa tanto. Soy INMIGRANTE. No soy de aquí, pero ahora mismo tampoco soy de allá. Soy una de esas tantas y tantas personas que vinieron arrastradas por una fuerza mayor, mayor aún a mis sueños, deseos y anhelos. Aún mayor a mi voluntad. Abandoné. Dejé atrás. Tantas cosas dejé atrás. Sería necia si dijera que no las echo de menos.   

Pero ahora tampoco soy capaz de irme de aquí, de donde estoy. Amo igual este lugar. Me ha dado tanto… ¿Podría ir a mi país de origen y sentirme en casa? Yo creo que no. Al igual que tampoco me siento en casa aquí. Pero es que, pensándolo bien, da igual dónde haya nacido, dónde esté viviendo, o hacia dónde pueda llevarme luego el destino.

Pues tampoco soy de este mundo. Y sí, es por eso que no hay lugar en el mundo donde pueda sentirme realmente “en casa”. Estoy pasando por aquí, como el cóndor, pero mi hogar es el cielo.

Y algún día, volveré…

 

“Nosotros tenemos nuestra patria en el cielo.”

San Pablo, Carta a los Filipenses 3:20

 

 

 

 

 

 Nejath Lizett Hidalgo Mahmud

 

MUY PERSONAL, PROSA, VIVENCIAS

MÚSICA

 

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¿Tendré que creer que siempre estuviste allí, encerrada en mis sentidos, parte de mi ser? Desde la voz de un Ser que me hablaba de destino y propósito, aún antes de yo llegar  a este lugar; hasta el latido de un corazón que me amaba, y que  escuchaba yo desde el vientre dulcemente  palpitar.

¿Cuál fue la primera melodía, el primer canto, la primera vez? ¿Cuándo tuve consciencia de que en mis pasos te vería siempre una y otra vez? Aún en tu silencio también te encuentro, pausada, retórica, llena de voluntad. Porque tú sí que sabes callar, y de repente, en tu silencio te das a notar aún más.

Le das sentido a cada historia; y tantas historias se han escrito por ti. Porque eres la musa, la reina de todas las cosas hermosas que se pueden hallar por aquí. ¿Quién no sucumbió a la pasión por tu causa? ¿O qué enamorado amante no derramó sendas lágrimas? Solo por oírte, por tener tu compañía. Porque junto a ti las noches no son tan frías.

 

 

He volado junto a ti. He llorado. He amado y he sido feliz. He soñado. Perdí tantas cosas que tú me ayudaste a recuperar. Escribí tantas historias que tú me contaste en la intimidad. Me hablas siempre que quieres. Ahí no existo yo. Solo importa escucharte, tiernamente o a viva voz.

El sonido del elegante violín, o del intimista saxofón que seduce. La arrogancia del trombón, o el piano que cambia lo amargo a dulce. El cello que embriaga con su fuerza, o la flauta que enternece con su delicadeza.  ¡Cómo no encontrarte hermosa, cómo no sentirte bella! Si aún en las palabras bailas cautelosa, y en los movimientos tu entrada celebras…

Solo quien te conoce tal vez pueda en verdad apreciarte, pero no hace falta conocerte del todo para que se pueda locamente amarte. Eres la luz de la oscuridad de los sueños. Pones fin a las tristezas o entonas el principio de algo etéreo. Da igual, yo te necesito. Quiero tenerte cerca. Así sabré que existo. Porque me acercas a todo cuando amo, y me apartas de todo cuanto temo.

 

  

¿Quién no recordó tiempos vividos con una sola nota, con solo un poco de ti? ¿Quién no revive  el pasado, o mantiene latente el olvido? Poesías y epopeyas, prosas y narraciones, las más bellas. Todas impregnadas de ti. Y las danzas, la alegría, todas las sonrisas, los besos y demás. Porque no es posible hastiarse de ti. Porque es imposible no querer más.

¿Cuál fue nuestra primera vez…? Seguramente, jamás podré saberlo. Porque tú, al igual que tu Creador, tienes un matiz eterno.

 

 

Lihem Ben Sayel,

 The Princess Of The Lord…