CONFESIONES :o, MUY PERSONAL, REFLEXIONES

ALGÚN DÍA, TODO CAMBIARÁ.

Caminaba yo por aquel salón oscuro, iluminado tan sólo por un par de lacónicas luces de colores. [Una canción de fondo se oía.] Justo minutos antes, algo hermoso había ocurrido: el amor sencillamente fluyó en aquel lugar. Lágrimas, abrazos, sonrisas, paz. Cuando despedí a mis jóvenes amigos, éstos comenzaron a abrazarse unos a otros. Yo simplemente me retiré al fondo del salón. Cerré los ojos. Y llegué al punto en que sentía que no podría sostenerme en pie. Quería llorar, y reír al mismo tiempo. Sentía fuego recorriendo mi cuerpo. [El deber estaba cumplido, y aquello me llenó de satisfacción]. Pero de pronto lo pensé: algún día, todo cambiará, -me dije. Miré a mi alrededor… me arrodillé, y empecé a sollozar. Me llevé las manos al rostro, cubriéndome de la mirada de algún rezagado que aún se hallara en aquel lugar. Normalmente no me gusta que me vean así. Entonces fue cuando de repente sentí un calor, un abrazo amistoso e intenso. Alguien, en medio de toda la algarabía, se había regresado de su camino; había pensado en mí. Yo respondí con otro abrazo. Aquella persona lloraba, y me decía cosas que brotaban de su corazón. Quise llorar una vez más, pero seguía conteniéndome. Hasta que ya no pude más… [¿Cuándo fue la última vez que alguien me había abrazado así… como si no importara el tiempo, como si sólo existiese ese momento, como si yo fuera una niña pequeña, que, de vez en cuando, también quiere descansar en el regazo de alguien realmente amoroso y preocupado?] No recuerdo un abrazo así en mucho, mucho, mucho tiempo… Fue un abrazo puro, honesto, sincero, amigo. No esa imitación barata de abrazo de dos segundos. Suelto el aire que retenía. Exhalo. Me dejo caer. Mis lágrimas también caen; y me aferro a esa persona con ternura y gratitud. Pasaron los minutos, más de los que puedo recordar. [Palabras de cariño, de comprensión, de consuelo]. Entonces lo supe: sí, ciertamente algún día todo cambiará. Algún día no seré tan joven, mi cuerpo no será tan ágil como hoy; mis deseos, y aún mis prioridades cambiarán. Quizás no esté siempre en el mismo lugar en que ahora estoy. Quizá algún día me vaya, o quizá sean ‘ellos’ los que se vayan. Pero mientras esté, y mientras ellos estén, y mientras siga aquí, donde estoy, lo daré todo. Porque talvez haya etapas que son para una vez en la vida, y luego ya no vuelven. Y es de eso de lo que tengo miedo: de estar pasando por etapas que ya no volverán. Y tengo miedo a echarlas tanto de menos, que no consiga ser feliz después. Pero talvez sea un espejismo, un engaño… porque talvez aún las mejores etapas estén por venir. Sólo que el miedo sigue ahí. Por lo pronto, hoy por hoy, sólo me importa cumplir mi propósito, porque sé que lo tengo, tal como reza la cabecera de este blog. He dejado personas y relaciones en el camino. Y unas, aunque están, ya no son lo que eran. Pero otras serán, otras vendrán. Y aunque no soy precisamente alguien fácil de llevar en las relaciones muy profundas, he prendido a identificar cuándo una persona me ama de verdad, y cuándo sólo le soy útil para un momento. Eso me facilita mucho las cosas. [No hay resentimiento, únicamente madurez de pensamiento y sentimientos, porque, rayos, aunque no lo parezca ni de broma -según yo-, voy a cumplir 30]. Tengo plena consciencia de lo que quiero: ayudar a los que me rodean a que lleguen a la meta. Hoy justo lo estaba pensando… y llegué a esta conclusión. ¿Por qué me identifico tanto con los maestros, o los generales, o los líderes, en cualquier historia? Porque quiero ser así: quiero ser alguien a quien los demás recuerden como esa persona que les ayudó en determinado momento a avanzar, esa persona que les desafió, les animó, les inspiró. [Quiero ser quien “salve al soldado Ryan”, aunque la vida se me vaya en ello.] Desde donde estoy veía la luna, pero la acabo de buscar, y resulta que ya se escondió. Así que quizás ya deba irme a la cama. [Si alguien te ama, si alguien quiere en verdad tu amistad, te lo va a demostrar. Estará allí. No se desvanecerá tras las cortinas de humo]. Yo amo a mis amigos. Vivo para mis amigos. Quiero estar siempre cerca de ellos. Esos son los jóvenes con los que trabajo. O mejor dicho, a los que sirvo. Jóvenes que me ven, y ven a ‘alguien’ en mí. No ven un título o una posición. Ven a ‘alguien’ quien es capaz de comprenderles. [Y vaya si les entiendo, después de todo lo que he vivido a esa edad]. Hoy doy GRACIAS por haber vivido ‘ese’ infierno, pues ahora puedo reconocerlo a leguas,  y rescatarles a ellos de allí. Sacarlos aún a rastras. Y le pedí a Dios y le dije: “por favor, hagas lo que hagas conmigo, permíteme estar siempre cerca de ellos…” No entiendo cómo hay gente que sencillamente se encierra en su mundo y le da la espalda a todo lo demás. Yo creía que era la persona más egoísta del mundo, pero ahora sé que no es así. Y para empezar, hay muchas clases de egoísmo. Y talvez la peor es ignorar las necesidades de los demás sólo porque tus preocupaciones son más importantes para ti. A mí me han dicho de todo: creída, egoísta, chula, vanidosa, superficial. Y hasta me lo llegué a creer. Y tuve grandes crisis personales pensando que era como ‘ellos’ decían que era. [O sintiéndome “indigna” únicamente porque tenía la “mala fortuna” de llamar la atención, aún sin desearlo.] Y permítanme que diga esto, pero, también comprendí que no es así. Me importo yo, sí. Pero también me importa la gente. Sobre todo los jóvenes, los adolescentes. Y además, también me di cuenta que los que decían eso de mí, primero, ni me conocían de verdad, y segundo, sólo juzgan por lo que ven, pero jamás se tomaron la molestia de indagar en mi corazón. Por eso me gusta tanto como soy: porque al verme, al oírme, piensan en seguida que pueden encasillarme. [Y luego, en secreto, yo me río de todos ellos, porque creen que ya saben quién soy, pero no tienen ni idea…]

Sigo sin ver la luna. Es hora de intentar dormir.

Algún día, todo cambiará. Pero mientras esté ‘aquí’, les aseguro que lo voy a disfrutar.

P.d.: infinitas gracias mi pequeña S. por ese abrazo… jamás lo voy a olvidar. Te amo con el corazón.

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Nejath Lizett Hidalgo Mahmud.

The Making-of: “Algún día, todo cambiará”.

CONFESIONES :o, REFLEXIONES

-UNA EXTRAÑA PERO PATENTE CUESTIÓN.

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Siempre en mi vida he disfrutado de todo tipo de amistades. Tal vez las que recuerdo con más cariño, son las de la etapa de la adolescencia, donde no sólo tuve amistades de mi edad, sino también varias personas adultas que, además de ejercer de mentores, hicieron el papel de amigos y amigas. Lo que recuerdo también con más claridad, es que si tenía dos citas a la vez con mis amigos jóvenes y mis amigos adultos, prefería indiscutiblemente estar con mis amigos adultos. La mayoría de las veces yo callaba y escuchaba -algo que no se me da nada mal-, y aprendía muchísimo. Obviamente muchas veces mis amigos más jóvenes no lo comprendían, aunque intentaba compensarles por otros medios, porque también les amaba.

Sin embargo, algo que también me ha llamado la atención hasta el día de hoy, es mi facilidad para empatizar casi de inmediato -no quiero ser poco modesta- con mis amistades masculinas, y mis continuas complicaciones, frustraciones, rarezas -etc- con las mujeres. He tenido amistades femeninas inquebrantables -como la de mi mejor amiga de toda la vida en mi país natal, con la cual en mi reciente visita descubrí que sigue habiendo la misma armonía y confianza-, sin embargo, hoy por hoy, las mujeres con las que realmente existe una complicidad genuina y que no me hace sentir incómoda son poquísimas en relación a los hombres con los que empatizo.

No sé si existe una explicación lógica, psicológica, antropológica o social para esto. Ni tampoco culpo a las mujeres con las que una y otra vez intento retomar una especie de “relación normal”. Simplemente me alegro de detenerme un poco en estas cuestiones, porque me divierten y me ayudan a conocerme.

Lo que está claro es que talvez las mujeres “como yo” -sea lo que sea que eso signifique- se sienten más libres y cómodas con una amistad masculina que con una femenina. De hecho, me casé con mi mejor amigo.

🙂

PROSA, REFLEXIONES

-AÚN CREO EN LAS PERSONAS…

(Play mientras lees…)

Con especial dedicatoria a TODOS mis amigos y amigas que leen este espacio. Algo especial nos une…¿por qué negarlo? Abrazos y mucho cariño 🙂

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No te conozco, pero sé que estás allí leyendo esto. Quizás estés en la parada del autobús esperando a que llegue, o en el salón de tu casa, en esos breves minutos en los que te detienes a descansar entre hora y hora; talvéz estés en clase, en medio de un atasco, o en un rincón del fin del mundo… yo qué sé. Sólo sé que estás.

Tú tampoco me conoces, no al menos como conocemos a nuestras parejas o a nuestros mejores amigos. Simplemente por algún destello del destino, ambos estamos compartiendo este momento. Desconocemos también nuestras actuales circunstancias. Yo no sé qué te pesa en el corazón, ni qué sueño persigues. Tampoco sé lo que  intentas olvidar, ni tampoco aquello a lo que te estás aferrando con toda la fuerza de tu ser.

Pero permíteme, aunque sea de esta manera, decirte que no estás solo, no estás sola… Yo tampoco lo estoy, porque te tengo a ti. Talvez nuestra fe sea distinta, talvez concibamos el mundo de forma opuesta, talvez nos cruzaríamos el uno delante del otro y ni tan siquiera levantaríamos la mirada, pero ésta es una oportunidad distinta: es la que tenemos de acercarnos más, de ser más cálidos y afectuosos. De ser humanos.

Seguramente algo nos une: puede que sean las ganas de leer lo que otros desconocidos escriben, puede que sea la pasión por el arte, la pasión por vivir, quizá incluso compartimos sueños, pero lo que sí tengo por seguro es que esto no es casualidad. ¿Qué te parece si unimos fuerzas? ¿Qué te parece si nos damos la oportunidad de luchar por un mundo mejor juntos?

Yo estoy aquí. Y de la forma que pueda, te daré lo mejor de mí. Cuentas conmigo. Sí, parecerá irreal, utópico o incluso absurdo. Pero soy de esas personas que aún tienen esperanza, que aún se despiertan por la mañana creyendo en algo bueno. Aún soy de esas personas que creen en otras personas…

Y hoy decido creer en ti.

🙂

“Si no se vive para los demás, la vida carece de sentido.”

Madre Teresa de Calcuta