CONFESIONES :o

Cosas personales, abril 2019.

[Largo, largo suspiro…]

Digamos que solo tengo tiempo/ganas de escribir este post de esta manera. Así que, aquí voy:

Últimamente me he dado cuenta de que alguien revisa mis posts, mis blogs, casi que entrada por entrada. No tengo manera de saber quién es, aunque despertó mi curiosidad. Mientras no sea un plagio a mis escritos… está bien.

He leído muchos libros en el periodo de estos tres años, en los que me sumergí en una aventura sin igual: una búsqueda por tener mayor profundidad en mi relación con Dios y en vivir mi vida como una verdadera discípula de Jesús. Tuve que quitarme la etiqueta de “buena cristiana”, y sencillamente empezar de cero. Nunca he sido tan auténtica como ahora, cuando mi fe se basa única y específicamente en mi intimidad con Dios y todo lo que esto conlleva (impregnarme de su esencia y adoptar sus cualidades mientras me despojo de todo el orgullo, la vanidad y el egoísmo que puedo albergar). Suena como si me estuviera convirtiendo en una monja o algo por el estilo. No. Simplemente me cansé de las apariencias, de los fingimientos, de las pretensiones. ¡Quiero vivir una fe auténtica! Y eso solo pasa por las palabras de Jesús: si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Sí, vale, estoy obsesionada. Felizmente obsesionada.

Encontré a una persona con la que puedo hablar sin parar. ¡Yo, hablar sin parar! No soy amante de usar la palabra “amiga”, pero supongo que es eso. Aunque está tan apasionada por Dios como yo, y eso marca la diferencia. Somos dos apasionadas por Dios. Es una mujer de Dios tremenda, una profeta y además pastora. Es, después de mi esposo, posiblemente la persona que más esté pendiente de mí. La maternidad te aísla, esto es una realidad. Y donde muchas amigas han seguido con sus vidas, Dios puso en mi camino a esta mujer para estar a mi lado de una manera especial. Si me hubiesen dicho un par de años atrás que esta mujer sería mi amiga y vendría a mi casa, me habría reído a carcajadas. Y sí, nos reímos mucho cuando lo pensamos.

Por otra parte, llegó el tiempo de tomar decisiones. Decisiones crudas. Esas en las que intuyes y deseas que no haya vuelta atrás. Necesito romper con algo desgastado para comenzar algo nuevo, esperanzador. Les he hablado antes que estoy en busca de lo auténtico. Solo quiero lo auténtico. Y en estos últimos tres años me he dado cuenta que estoy mezclada con cosas que no lo son. Miro a mi alrededor y ya no me identifico con tales cosas. Tampoco con nadie. No quiero formar parte de ellas. No buscamos lo mismo. Es hora de partir  y salir en dirección a un nuevo destino vivo, auténtico y veraz. Eso pienso yo. Vamos a ver qué pasa. Donde hay esterilidad no puede nacer nada nuevo. Tampoco nada bueno. ¿Terminó un ciclo? Probablemente, sí.

Me compré el libro autobiográfico de Kim Walker-Smith, mi cantante favorita. Espero que no tarde mucho en llegar. Estoy tan ansiosa por leerlo que lo he comprado en inglés. Necesitaré el traductor para un par de palabras seguramente, pero valdrá el esfuerzo.

Ahora mismo estoy con dos libros, como siempre. Terminando uno, y comenzando otro. No he leído nada secular, aunque me ha apetecido e incluso he comprado algún libro. Pero bueno, esa es otra historia.

Y finalmente, he descubierto que no es que la familia sea lo más importante. Es que es lo más bonito.

—Lihem ben Sayel.

C237E21D-14C5-46BC-9F50-D7360659CF3F

 

 

PROSA

Hojas caídas y mariposas doradas

El pasado es un brillo antiguo, lejano. Un trago amargo que, a veces, bebemos simplemente para recordar que estuvimos vivos. Las ilusiones son trampas que se deslizan lentamente por el laberinto de nuestras emociones. Siempre traicioneras. Siempre inconsistentes. Luchamos día tras día para convertirnos en alguien que jamás seremos. Pero nos acaricia el miedo, y emprendemos la huida. Nunca antes nos pasó de esta forma; esto, —de estar muertos—, no era más que un juego. Jugábamos a morir, mientras vivíamos a solas, escondidos en un rellano, esperando que nadie nos encontrase. [Esperando a gritos que alguien nos encontrase, y nos explicara todo aquello que jamás comprendimos.] Y ahora, mientras los minutos se convierten en cadáveres del tiempo, nos angustiamos imaginando que siempre será así. Entonces es cuando tú y yo nos tomamos de la mano, y nos miramos, y nos juramos amor eterno. Porque al fin y al cabo, no tenemos a nadie más. No hay quien escuche, no hay quien respire. Lo que se ha derrumbado, no podrá jamás volver a ser reedificado. Pero tú y yo seguiremos construyendo nuestro espacio, nuestras lluvias y poemas, nuestras hojas caídas y nuestras mariposas doradas. Nuestro barro se unió ya hace algunos años, y el agua de las tempestades nos ha ido dando forma. Yo llevo tu marca; tú llevas la mía. Hasta que la muerte nos separe. Hasta que los cielos desaparezcan.

—Lihem ben Sayel.

1970224_2e558aa3

PROSA

No te marches, amor mío

No había voces, pero tampoco silencios. Había únicamente una preciosa e inquietante calma antes de la tempestad. Esa calma tan difícil de describir, casi como los sueños, que cuando recobras plena consciencia, ya no recuerdas muy bien los detalles, y solo te quedas con sensaciones. No había lágrimas, ni mucho menos sonrisas. Los rostros eran lacónicos e inmutables, como una roca de peñasco, como un susurro anodino, como una copa de vino vacía, como una huella de zapato en medio de la nada. Más allá de todo, las manos se entrecruzaron, y se intercambiaron miradas. Las palabras siguieron siendo mudas. Las muecas, inexistentes, como el viento que se atrapa en un frasco, del cual no hay prueba alguna de su presencia. Ninguna imagen. Nada a lo que aferrarse, más allá del latido de sus corazones. Así, se fraguó una despedida eterna, que se fue desvaneciendo. Y mientras más se alejaban sus rostros, más pequeñas se volvían sus figuras, hasta el punto de no poder distinguirse. Se bifurcaron sus caminos, como tantos muchos otros. Y al final, un balbuceo inenarrable salió de una boca suplicante [algo así como un “no te marches, amor mío“]. Pero ya era demasiado tarde. El tren, ya se había ido.

—Lihem Ben Sayel.

MUY PERSONAL

LO NUESTRO

Nuestro amor trasciende las apariencias. Va más allá de ese enfermizo postureo que, en la sociedad actual, parece tener más peso y relevancia que la verdad. Nuestro amor no está frente a las cámaras. Ni se basa en los selfies, ni en las fotografías de los lugares que recorremos juntos. Para qué engañarnos. Lo nuestro es verdadero. Y cuando algo tiene como fundamento la verdad, no hay por qué demostrarlo constantemente. Más bien, lo que se intenta demostrar con periodicidad son las mentiras, lo falso, en un pobre intento de realzar el sabor de algo insípido. Lo real sencillamente fluye. Se siente. Se vive. Se experimenta. Y, finalmente, se atesora. Se convierte en ese recuerdo que nos arranca una sonrisa mientras vamos conduciendo, o justo antes de cerrar los ojos al dormir. Porque es real. Y nada más. Documentar lo real es absurdo. Exponerlo —a expensas del escrutinio de los demás, a quienes les importa poco o nada nuestra vida— es un craso error. Es como seguir una moda. Y nosotros odiamos las modas. Por eso, tú y yo, con la sabiduría y la experiencia que nos va dando cada año vivido el uno junto al otro, vivimos lo nuestro para nosotros. Lo disfrutamos o lo sufrimos juntos; los dos. Porque hay cosas que no requieren más testigos que los mismos involucrados. Y este es nuestro caso. Por eso, lo nuestro es verdadero, real, puro, honesto, certero. Fiel.

—Lihem Ben Sayel.

*A Habibi, en nuestros 8 años y una semana de matrimonio. Ana bahebak kateer.

CONFESIONES :o, MUY PERSONAL, PROSA

¿Por qué se acaban las cosas hermosas?

paper-3108236_960_720

Mi corazón se hace preguntas, en medio de las marcas que la luna le deja a la noche estrellada. Porque, cuando decimos que superamos algo, ¿a qué nos referimos, exactamente? ¿A que ese “algo” deja de dolernos, o deja de importarnos? No lo sé con exactitud. Qué bueno sería que algún sabio me concediera alguna respuesta, porque, a veces, mi corazón se confunde entre lo que debo soltar y lo que aún debo perseguir. Y a veces suelto. Otras persigo. Sin embargo, la pregunta que más cala en mi interior es: ¿por qué se acaban las cosas hermosas? ¿Quién las deja morir? ¿O es que acaso mueren ellas solas, porque, así como los árboles mudan sus hojas —dependiendo de la estación del año en la que estén—, las cosas en la vida también cambian de cuando en cuando? Y eso quizás se deba a que nos sea un recordatorio de lo pasajero que es todo aquí abajo, bajo el sol. Solo me queda aferrarme a una eternidad, en la que creo, y en la que se me promete que toda lágrima será enjugada, y que ya no habrá más sombras que oculten estos misterios ante mis ojos y ante las soledades de mi corazón. Allí, todo será paz. Todo será luz.

—Lihem Ben Sayel…

PROSA

El bosque encantado

Vives rozando el miedo, como si en el fondo te atrajera su angustia. Te alimentas de metáforas y fantasías, que se deslizan en un vacío etéreo. Invocas —a ciegas— recuerdos, que te prometiste una y otra vez que no volverías a tocar. Pero ahí estás, otra vez, sentada a la orilla de tus llantos, inclinada hacia las imágenes de tus antiguas memorias, dispuesta a cerrar los ojos por última vez. No te preocupa que la noche haya caído, porque con pocas cosas como la noche te has sentido tan cómoda y desahogada. Sin embargo, al día siguiente, te espera el sol para que le rindas cuentas. [Los días y las noches son ineludibles, al fin.] Te acompaña una gota de rocío que cayó sobre tu mejilla, en medio de una caminata sobre las nubes. Pero has soltado muchas cosas más. No llevas ningún equipaje, puesto que aún no sabes a dónde irás. Tu corazón brilla con luz propia, más allá de los sonrojos de tu rostro cuando piensas en las faltas cometidas. Tú también has sufrido improperios, pero de una forma u otra, aprendiste que es mejor desligarse de las cadenas de la amargura, antes de que seas consumida por sus olas de sangre. Vives rozando la culpa, como si en el fondo no quisieras librarte de ella, pero ha salido a tu encuentro el Libertador de tu alma, de ropas blancas y ojos de fuego. Sus heridas muestran lo que ha sido capaz de hacer por ti, solo por amor, y eso te quiebra por dentro. Porque eso es todo lo que necesitas para seguir respirando en el bosque encantado, donde desconoces los giros inesperados que traerá consigo el alba. Eso es todo lo que necesitas. Y será, finalmente,  todo lo que poseas.

Lihem Ben Sayel

8503b09283d6ba936f493bd9d9dcecbe

PROSA

EL ENCUENTRO

 

Contengo la respiración: jamás había visto algo tan hermoso. Su fuerza se prolonga  aún más allá de mis debilidades. Su sonrisa, me obliga a seguirle adonde va. De pronto, me doy cuenta de que mis pies no tocan el suelo; mis brazos parecen alas —ligeras y hermosas— extendiéndose en un temerario pero delicioso vuelo por encima de la nube de mis pensamientos —y de las opiniones, de los “no”; del dolor—. Se han caído pesadas cargas, y las cadenas se han roto, así, de repente. No consigo saber exactamente qué ocurre, pero una cosa sé: soy libre. Y jamás me habían amado de tal manera, haciéndome sentir que, a pesar de la multitud de mis defectos, yo soy mucho más que eso. Sus delicadas palabras consuelan. Sus abrazos me fortalecen hasta el punto de hacerme sentir invencible. Su mirada se clava como estaca en lo profundo de un corazón que antes solo conoció lo penetrante y macerante de las espinas. No hace falta articular frases pomposas, ni es necesario aferrarme a las cosas de antes para sentirme más segura en tierra. No. Prefiero volar junto a él. Porque de todas formas, fue él quien me enseñó el verdadero significado de lo que es vivir. A plenitud.

—Lihem Ben Sayel
PROSA

TESOROS ANTIGUOS

Busco un tesoro antiguo en las páginas de un libro sagrado. El silencio se vuelve mi sombra, y en mi amiga, la quietud. Una esperanza me sobreviene: ¿será que podré encontrarlo? Busco, en palabras secretas, descifrar un código de luz. En las horas que trascurren —tan lento—, me sumerjo en lo profundo de su ser. He habitado demasiado tiempo en la superficie, como para saber que no es allí donde quiero permanecer. Busco algo más que verdades, busco algo más que poesía. Busco una revelación certera que sea capaz de transformar por completo mi vida. Tanto busco, que me he convertido —y no me avergüenzo de ello— en una caza tesoros como los de aquellos lejanos tiempos. Busco la llave maestra que abra las puertas secretas de un conocimiento superior. Sí, he dejado muchas cosas atrás. Sí, aún seguiré despojándome de unas cuantas más. Pero no descansaré hasta que mis ojos se enceguezcan a causa del destello de su gloria, la gloria que desprenden los tesoros más valiosos. Aquellos que, finalmente, son los que terminan atrapándote a ti.

—Lihem ben Sayel.
PROSA

DONDE EL SOL NUNCA ES SOMBRA

 

Atrapados, cuántas veces. Atrapados, soñando con amaneceres imposibles en otros lugares del mundo, donde el sol nunca es sombra, y la vida se desborda en un torrente de versos cantados. Atrapados, en una voluntad férrea, —o sigilosa—, que nos engaña y no desvela sus trucos cuando quiere hacernos creer que las rosas son imitaciones de lo eterno —pero a la vez, frágil— que llega a ser un sentimiento. Nunca nos importaron las cantidades de arena que nuestros pies recogían en el largo recorrido, porque solo pensábamos en nuestro destino, y eso mitigaba tanto el cansancio, como el dolor. Pero un día, nos devolvieron a la realidad de las quejas, de las expectativas que no se cumplen, por más que intentemos retenerlas con bravas cuerdas de esperanza. Hay un retumbar seco en las palabras que hacen daño. Y no sé por qué, pero jamás llegamos a olvidarlas del todo. Atrapados, entre las líneas de un guión agonizante y tempestuoso, escritas en un lenguaje hace tiempo ya extinto. Atrapados, y lejanos a esos amaneceres imposibles, donde el sol nunca es sombra, donde su luz nunca muere.
—Lihem Ben Sayel.
«HISTORIAS BAJO UN CLARO DE LUNA»

CAPÍTULO 6 ·HBUCDL· UN LUGAR SEGURO

• Me gusta ambientar las entradas con música.

Para disfrutarlo mejor, reproduce la canción. •

···HISTORIAS BAJO UN CLARO DE LUNA···
 6
··· UN LUGAR SEGURO ···

 



THERON
Ella es prácticamente una niña, un suspiro en la madrugada que baña de rocío las rosas de un jardín de ensueño. Puedo proteger a una niña. Pero no puedo proteger sus sueños. Si ha de convertirse en reina, primero tendrá que desnudarse de sus temores. Tendrá que dejar de escudarse en sus carencias. Es prácticamente una niña, de mirada noble y justa. Pero la ambición no respeta nada. Y la matarán si no estoy atento. Podría dar mi vida por ella. Es mi deber. Pero jamás seremos amigos. Algo en su nerviosismo me hizo saber que se dejó impresionar por mí. No. Jamás seremos amigos.

—¡Theron! ¡Theron!

Una pequeña niña salió a recibir al joven guerrero mientras él  bajaba ágilmente de su caballo. Ambos se fundieron en un abrazo cálido y fuerte.

—¡Dana, mi Dana! ¡Cuánto te he echado de menos pequeña!

Theron pasó rápidamente del abrazo tierno a las cosquillas, haciendo reír a carcajadas a su pequeña hermana. A lo lejos, su madre, se asomaba por la puerta, apoyada en el marco, sonriente. La felicidad iluminaba su rostro. Su hijo había vuelto sano y salvo. Sus oraciones habían sido contestadas. Se secó rápidamente las manos con el delantal y llamó a sus dos hijos para que entraran, con el típico tono que usan las madres para imponer su autoridad moral.

Dana corrió hacia dentro de casa, pero Theron se detuvo, y miró hacia su derecha: le había parecido ver una sombra escabullirse por los matorrales. No, seguro me equivoco, pensó. Y finalmente entró en casa, aunque un poco tenso.

—Bueno, cuéntame, cómo van las cosas por palacio.

—Madre, ya sabes que no puedo hablar acerca de eso. El pato está delicioso.

Su madre, Ela, sonrió un poco avergonzada. Claro, claro, dijo un poco nerviosa.

—Hijo, yo solo quiero saber un poco más de tu vida. Tu padre hacía lo mismo que tú, y su padre antes que él. Sé que es el destino de los Evoryan-Grienne, luchar por honor y proteger el reino a toda costa. Pero a él lo perdí demasiado pronto, y ni siquiera sé dónde está su cuerpo. 

Ela tomó de la mano a su hijo, y le miró fijamente, con los ojos llenos de lágrimas contenidas, aunque Theron mantenía su mirada fija en el plato que tenía ante él.

—¿Es mucho pedir que me digas cómo te van las cosas? ¿Saber a dónde irás? Por lo menos así podría…

—Shhh, espera madre…

Theron se soltó rápidamente de la mano de su madre, e instintivamente puso su mano en la empuñadura de su espada. Mami, tengo miedo, replicó la pequeña Dana, casi susurrando. Su madre la tomó en su regazo y apretó la cabeza de la niña contra su pecho, mientras Theron se levantaba sigilosamente en dirección hacia la ventana del comedor. Movió su mano de arriba a abajo en señal de que se agacharan. Ellas se escondieron bajo la mesa. Theron vio a un hombre de espaldas en el horizonte, y junto a él, a una mujer cubierta con un velo escarlata.

Pero, ¿qué hacen aquí…?  Theron corrió velozmente hacia ellos montado en su caballo.

—Ramelek, señora… ¿qué ocurre?

—Date prisa, Ëvor, no hay tiempo que perder. Algo ha salido mal. Daferno ha convocado a todas las tropas de Gamesh y ha puesto precio a la cabeza de Sahar.

—Eso no puede ser posible, ¡las tropas solo pueden rendir su lealtad a los auténticos reyes de Gamesh!

—Lo sé, pero Daferno ha conseguido convencer a los generales de lo absurdo que es que una mujer gobierne sobre Gamesh, y además, ha puesto en entredicho que el rey me haya confiado su voluntad antes de morir.

Theron, visiblemente furioso y confuso, se apoyó en árbol que tenía más cerca, y resopló. —¿Qué haremos, pues?, preguntó a Ramelek.

—Debes llevar a Sahar a un lugar seguro. No podremos contra ellos. Ahora mismo, solo podemos pensar en proteger la vida de Sahar, la auténtica reina de Gamesh.

Theron, observó de soslayo a Sahar. —¿Tan fácil será nuestra rendición, señor? Los Evoryan-Grienne, mis hermanos de lucha, están esparcidos por los horizontes, pero si les convoco, acudirán a nuestra ayuda, y podríamos vencerlos.

—¿Y provocar con ello otra guerra, hijo? Le dijo Ramelek, posando su mano sobre su hombro. —Ya ha habido demasiadas pérdidas en estos últimos años Ëvor, uno de ellos, tu valiente padre, quien luchó fervientemente junto a nuestro amado rey Emérides, que ya duerme en paz junto a sus antepasados.

Sahar agachó la mirada. Se sentía avergonzada de saber que el padre de Theron habría muerto defendiendo a su propio padre, aunque comprendía que era el deber de los guerreros de la noble estirpe de los Evoryan-Grienne.

Theron suspiró, y miró hacia su casa. —Iré a despedirme, dadme un momento. Ramelek lo tomó del brazo y le dio una bolsa llena de monedas de oro.  —No sabemos cuándo haz de regresar. 

Theron asintió, y tomó la bolsa. Se alejó lentamente, como memorizando en cada paso las sensaciones y recuerdos maravillosos de su casa. Porque un guerrero, un Evoryan-Grienne, jamás sabe si es la última vez que recorre la entrada hacia su hogar, para abrazar a los suyos.


 

SAHAR
¿A dónde me llevará? No hemos sostenido nunca ningún tipo de conversación, y ahora emprenderemos un viaje hacia algún lugar que él y Ramelek consideren seguro. Eso solo puede significar algo: será un lugar lejano y remoto, donde podré pasar desapercibida. Me alejaré de todo lo que conozco, y de todo lo que amo. Aunque dudo que alguien pueda amarme aquí. A veces, simplemente me siento un estorbo. Un estorbo para mi tío, porque él desea ser rey. Un estorbo para Ramelek, que debe ocuparse de mí, como lo haría un padre. Un estorbo para ese guerrero, que debe alejarse de sus seres queridos por mi causa. ¿Qué clase de reina puede ser alguien que no siente la calidez del amor…? ¿Será que solo yo puedo intuir el fracaso que está por venir…? Aún así, pase lo que pase, solo puedo resignarme a un destino que soy incapaz de controlar con mis fuerzas y mi destreza. Me dejaré llevar. No tengo otra opción.

***Para ver los capítulos anteriores, entra en “Historias bajo un claro de luna” .