«HASTA QUE EL TIEMPO DEJE DE EXISTIR»

Tantas personas en el mundo, tanto por hacer… Y estar a tu lado sigue siendo mi acción favorita del día. Me llenas, porque sólo tú tienes todo lo que yo necesito. Me comprendes como nadie más en este mundo tiene facultad para hacerlo. Cuando pienso que es el fin de mi vida, de la historia que se creó para mí, tú añades un espacio, y continúas con un renglón nuevo. No tienes memoria de mi maldad, a pesar de que en más de una vez te he traicionado. Pero me aferro a ti, aún a sabiendas que no soy la persona perfecta que me gustaría ser para ti, a fin de que no halles en mí motivo alguno para quejarte. De todos modos, sé que no esperas una persona perfecta, sino un corazón imperfecto que tenga la suficiente humildad para reconocer que no puede solo, que te necesita, tanto en los buenos como en los malos momentos. Los hilos de nuestra aventura ya llevan entretejiéndose muchos años, pero cada día descubro algo nuevo de ti, que no conocía, o  que se había quedado en el olvido. Jamás me prometiste que no habría tristeza. Jamás me dijiste que no habría lágrimas. Jamás me mentiste al respecto. Y a pesar del dolor, yo nunca he contemplado un camino fuera de ti, porque tu amor me tiene atada con cuerdas delicadas y amables. Mi sueño sería charlar contigo, distendidamente, sabiendo que jamás te avergonzaste de mí, ni de mi forma de ser. Más bien te deleitabas, viendo cómo me esforzaba en vivir como aquel ser único que habías recreado en tus pensamientos, con sus altos y bajos. A veces pienso que me pides cosas difíciles, porque son cosas que me harían ir más allá del concepto de amor condicional que puebla mi mente. En ocasiones lo logro; otras muchas, no. Pero lo sigo intentando, porque eres la única persona a quien realmente quiero imitar, y seguir. Estás más allá de todo concepto preconcebido, de todo dogma y teología. Eres un ser completo, complejo, y aún así, cercano. Poderoso. Soberano. Quisiera abrazarte hasta que el tiempo dejara de existir. Sentir tu aroma y el perfume de tu ropa. Sentir que, al abrazarte, mis enemigos sabrían que me protegerás de todo intento por destruirme. Tú me haces mejor persona. Me animas a dejar de mirarme a mí misma y mis problemas. Me animas a mirar más allá de los campos de trigo, donde está la verdadera necesidad de este mundo: el amor. Y me dices “ve, y dales de lo que yo te he dado”. Tu sonrisa me hace creer que, aunque encuentre resistencia y rechazo, estaré haciendo lo correcto, lo que esperas de mí, que de alguna forma no saldré perdiendo, aunque ellos me quieran hacer pensar que sí. Y me alejo de ti, corriendo, como un niño que sabe que al volver obtendrá la más dulce de las recompensas. Y mi gran consuelo, es saber que un día volveré a verte. Entonces, todas estas cosas, no serán más que recuerdos de una era lejana, donde estaba separada de ti.

—Lihem Ben Sayel…

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INSTANTES

 

No viviré más vidas que una.

[Los tropiezos. El amor desenfadado. Las tazas de café. Voces.]

Tampoco tendré más tiempo que el presente.

[Arrepentimiento. Bondad. Calidez. Afecto.]

No estoy segura de haber aprovechado todo mi tiempo.

[Apatía. Desconcierto. Culpa. Ignorancia.]

Pero, vaya que he vivido…

[Libros. Poesía. Música. Baile. Cuadernos en blanco. Cartas.]

[Soledad. Temor. Daño. Renuncia.]

[Besos. Lágrimas. Plegarias.]

[Guerra. Paz.]

[Abrazos.]

[Silencios…]

Sólo entiendo que la eternidad es un campo en donde brotarán las semillas que hayamos sembrado. Porque no viviré más vidas que una. Porque no tendré otro instante como este.

 

—Lihem Ben Sayel…
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Otro instante como este…

 

 

Cosas personales [Noviembre, 2017]

Empiezo este reporte con una amable confesión: esta época del año es mi favorita, y la que más me entusiasma, sin duda. Sencillamente, logra envolverme con el clímax de la nostalgia; los pensamientos del final del año siempre se tiñen de introspección, y es fascinante.

Y haciendo gala de ese ejercicio introspectivo que inunda los últimos dos meses del año, escribo esta entrada, no con una sensación de triunfo absolutista, pero tampoco de derrota. Y continuando con las confesiones, debo decir que, una de las etiquetas con las que podría catalogar este año, es la de caótico. Desde el mes de febrero, una secuencia de circunstancias han marcado mi vida. Me han hecho distinta.

Y no, no es para nada negativo. De hecho, creo que he subido un peldaño en madurez como mujer (sea lo que sea que eso signifique), y, además, me he hallado más a mí misma en medio de la turba constante que son mis pensamientos y emociones, muy inclinadas a la nostalgia propia de los poetas y artistas.

Hablando con un gran amigo mío escritor,  me dijo que no estaba escribiendo mucho por el simple hecho de que “estaba feliz”. Talvez a algunos de ustedes les suene exageradamente pesimista. No obstante, yo lo comprendí en seguida. [Qué maravilla ser comprendidos en la profundidad de nuestra aparente locura y caos.]

Algunas veces me he sentido cohibida en ser yo misma. Yo. La auténtica. La que tiene las emociones a flor de piel. La que es apasionada e intensa en lo que hace, dice y piensa. La que es sensible, y percibe la belleza de la vida,  del amor, del arte, de las cosas creadas y por crear por encima de los que me rodean. Esa. Esa que siente tener una locomotora en el pecho. Esa, impulsiva y salvaje, a veces. Esa que es capaz de permanecer inmóvil, de pie, aunque el mundo se le esté derrumbando encima. Esa que no se amilana. Esa que decide a quién seguir, a quién creer. Esa que cuestiona. Que no siente miedo [excepto por mi temor irracional a las alturas y a los murciélagos]. Esa a la que no le tiembla el pulso, ni desvía la mirada. Esa que es poesía y prosa, según la ocasión.

Así que decidí liberarme. [Quiero que esta frase esté aquí, solita, para que se vea y se entienda bien].

He comprendido algunas cosas más profundas acerca de mi fe. Acerca del Dios a quien amo y sirvo. He comprendido que a Él no lo puedes etiquetar en una idea, dogma, religión o filosofía. Que trasciende todo lo terrenal y humano. Y que, de esa misma forma, nos ha creado de una manera en la que, el único estado en el que nos sentimos cómodos, es siendo completamente libres. Libres de etiquetas y normas absurdas creadas por hombres para tener todo bajo control. 

Me está ayudando mucho un grupo de personas que encontré con mi misma fe, pero transgresores de la religiosidad; que hacen y dicen con enorme precisión muchas de las cosas que yo también pienso. Me alegra saber que hay personas como yo, sensibles al arte y la cultura, y apasionados por una fe verdadera.

No estoy hecha para obedecer un molde, para encajar. ¿Quién ha dicho que encajar es bueno…? Soy un espíritu libre, como dice una amada amiga. Siempre he tenido un toque desafiante bajo el velo introvertido de mi personalidad. Me gusta el misterio, y los secretos a descubrir.  Pero a mis 32 años, en vez de suponerme un problema, lo considero una enorme ventaja.

Amo a la gente, y quiero hacer el bien. Es mi meta en la vida: ser mejor persona para amar a las personas incondicionalmente. Y sólo Jesús me puede ayudar en esta tarea, porque Él lo logró.

Pero no me encasilles. No trates de hacer que encaje en un molde. Soy quien soy. Y si cambio, será para agradar al Dios en el que creo, no para que el sistema establecido se sienta cómodo conmigo. 

Por eso AMO  a la gente honesta. La gente honesta es humilde, porque es capaz de reconocer sus debilidades. Se hacen vulnerables al resto, y crecen en empatía, porque los demás pueden sentirse comprendidos y, por ende, aceptados.

Me siento desatada. Literalmente. Desatada de yugos mediocres y asustadizos. Y así como hiciere Sansón frente a los filisteos, en esta etapa de mi vida, derrumbo las columnas a las que me habían encadenado, para llegar a cumplir el propósito que está implícito en mí.

Qué maravilla es la LIBERTAD.

Nejath Lizett Hidalgo Mahmud (Lihem Ben Sayel)



 

 

 

 

 

A ÉL [شغف الصحراء]

c242f58a2dafa112dd8d5a1fcc4ef6fa--arabian-eyes-arabian-beautyEn la sombra rasgada de tu memoria me detengo, a orillas de ti, esperando tu risa en las esquinas de mi consciencia: el despertar sigiloso de nuestra historia. Se reanudan entre algodones los asuntos que dejamos a medias, entre ellos, un café a medio beber. Nos miramos —como se miran los enamorados las primeras veces—, desconcertados entre lo que observan y lo que esperan encontrar. Tú deslizas tus palabras de terciopelo, y a mí me parece que alguna especie de encantamiento me rodea. No te miento, mírame: me gustas. Observo los rasgos finos de tu rostro. Tus labios, tus ojos, tus pestañas. Tus brazos de acero. Tu pecho de hormigón. Y de pronto, sólo quiero sentirte plenamente, más allá de la noche, donde se oscurecen los caminos, como en el desierto, donde no existen las huellas a causa del viento. Como los guijarros, que se pulen entre ellos siendo suaves al tacto. Como el tiempo, que pasa, y ni juramentos ni ingenios lo detienen. No tengo dueño, y mi corazón no es presa de amo alguno. Pero escogería mil veces vivir en la prisión de nuestro amor: una pasión que se enciende. Una llama que arde.
—Lihem Ben Sayel.

CAOS

En lo profundo de mi caos, una pequeña y blanca luz lucha por entrar e iluminar los versos transgresores de mi alma velada. ¿Será que la dejo pasar? Las corrientes son fuertes, y me arrastran más allá de los límites que me había marcado la sensatez aprendida. Los diques de la sabiduría y la contención están por romperse: al parecer, se han desgastado con el paso del tiempo. Es posible que una sencilla mirada fuese capaz de detener el vendaval. Incluso, es posible que unas pocas palabras tuviesen el poder de encaminarlo todo, incluso mi memoria. Sin embargo, aquí estoy yo, inmóvil en medio de una especie de intersección bulliciosa, frenética y mecánica, donde la indiferencia hace mella en la opacidad —ya agravada— de mi entendimiento. Rehuyo de los razonamientos prescritos: existen cosas que no se pueden explicar. La lucha es constante y, yo, como soldado en la batalla que arrecia, empiezo a notar los signos de un agotamiento previsible. [¿Será que la dejo pasar?] Un sendero marcado. Un libro que habla acerca de la fe sencilla. Las hojas que crujen bajo mis pies confusos. Una certeza inamovible. Una taza de café que se quedó fría sobre la mesa. [Preguntas sin responder.] Una vehemencia. Una plegaria. Una decisión ya tomada. Un silencio agudo y mordaz.

[Es posible que unas pocas palabras tuviesen el poder de encaminarlo todo.]

—Lihem Ben Sayel.

 

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¿ERES FELIZ?

Te miro a los ojos y sostengo tus manos. Tienes miedo, porque sabes que no podrás mentirme, o en ese caso, lo sabré. ¿Eres feliz? te pregunto, buscando en tu alma una respuesta, que incluso tú mismo, pareces desconocer. Balbuceas; y rehuyes dando un paso hacia atrás, sin darte apenas cuenta. Pareces desconcertado, confuso. ¿Tan difícil es responder? Tus manos, ahora tensas, quieren desprenderse de las mías. Pero no las dejaré. Así que, para hacerles su estadía más cómoda, las acaricio con mis pulgares. Quizás así sepas que mi intención no es herirte, sino confrontarte con tu propia realidad. ¿Eres feliz? ¿Despiertas por las mañanas con una sonrisa en tu rostro, o el peso de los días ha carcomido tu esperanza? ¿Eres feliz? ¿Miras hacia el cielo azul, y simulas rozar las nubes con la yema de tus dedos, o la furia que llevas dentro te impide soñar con la luz del sol de espaldas? ¿Eres feliz? ¿Devuelves las sonrisas que encuentras a tu paso, nace en tu corazón un deseo espontáneo de bondad, o la maldad –que nos ha alcanzado a todos– ha recubierto las fibras de tu corazón, petrificándolas? ¿Eres feliz? ¿Te sumerges en los lagos, juegas con el tiempo, burlas a la amargura, le susurras al viento? ¿Cuentas las estrellas en el firmamento? ¿Tiendes la mano al necesitado, o tu indiferencia es ajena a los lamentos? ¿Gritarías que estás enamorado? ¿Abrazarías a alguien sin pensarlo?  ¿Tarareas la canción de la vida, rompes con carcajadas el silencio? ¿Tienes un hombro sobre el cual llorar, y un amigo con el cual reír? ¿Bailas al compás de las hojas de otoño? ¿O sólo fluyen quejas en tu caminar?

¿Eres feliz?  

Vuelvo a preguntar.
Quizás me respondas.
Quizás, ya está de más… 

 

–Lihem Ben Sayel.

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DONDE NO EXISTA EL MIEDO

En otra barca nos encontraremos, amor. Talvez, lejos del ruido insípido de las opiniones que nunca pedimos; talvez, cerca de cálidas aguas que nos abracen, más allá de la luna. Viajaremos en el tiempo, como los poemas de Gilgamesh. Y al final de todo, existirá el beso apropiado, la caricia temida, el susurro fugaz de nuestro eterno deseo. Y ¿quién sabe? Quizás en otros sueños, volvamos a estar juntos; allí, donde no exista el miedo.

—Lihem Ben Sayel

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«ESCRITURA Y MÚSICA»

Pipe_organBook_Piano_Old_442389«Entre silencios y sonidos se teje una vez más
el cálido poema que creó  al mundo.»

La furia de las palabras crece veloz, en mi sangre. Música; pienso, que no hay poema más hermoso, que el que se deletrea en las notas, en los arpegios, en las melodías que se confunden con risas, unas veces, y con lágrimas, otras tantas. Y cada canción nos cuenta algo: una congoja oculta por demasiado tiempo, una alegría explosiva y, en algunos casos, temeraria; la música nos describe la poesía directamente al corazón. Nos dibuja historias que jamás habíamos imaginado antes, pero, que de pronto, están allí, ocupando el sitio que les correspondía en nuestra memoria.

Escritura y música; el orden es irrelevante. Los sonidos nos construyen puentes con aquellos senderos escondidos a los que no sabíamos cómo acceder. Y, como no tomamos escarmiento de casi nada, volvemos a escuchar una y otra vez la misma canción, porque queremos escuchar una y otra vez el mismo poema roto y esquivo.

Me perdería en la música, tanto o más como ya me he perdido en la poesía, en la escritura del alma abierta y sin reservas. Me incrustaría en un instante para hacerme inmortal, y perseguir la eternidad que mi espíritu busca, porque sabe que a ella pertenece.

Y me atreveré a decir que jamás conoceré a la música en su plenitud, pero ella sí me conoce a mí. Es por eso que, flagrantemente, me persigue y me atrapa; conecta con mis sentidos y con la profundidad de mi interior, que se revuelve, presa de un poder mayor.

Talvez habito demasiado en la música y en las letras, talvez tanto, que he olvidado cómo escribir sin un sentimiento puro y genuino. Porque no quiero que mi escritura se torne jamás automática y perfecta. Simplemente quiero que tenga el poder de “hacer sentir”.

—Lihem Ben Sayel

 

Capítulo 4 ·HBUCDL· La espada del zafiro azul — Historias bajo un claro de luna

• Me gusta ambientar las entradas con música. Para disfrutarlo mejor, reproduce la canción. • ···HISTORIAS BAJO UN CLARO DE LUNA··· 4 ··· LA ESPADA DEL ZAFIRO AZUL ··· Recuerdo una escena nítidamente, como cuando tienes el sol a tus espaldas, y lo ilumina todo delante de ti. Recuerdo haberle visto con la mirada al […]

a través de Capítulo 4 ·HBUCDL· La espada del zafiro azul — Historias bajo un claro de luna

AQUÍ PUEDES ENCONTRAR LOS CAPÍTULOS ANTERIORES: Historias bajo un claro de luna

HONESTIDAD

No creo que la honestidad consista en decir lo primero que se nos cruce por la cabeza. Creo recordar que a eso se le llama insensatez. Me gusta pensar que la honestidad es la noble transparencia del alma, que, pudiendo engañar para salir bien de una situación, escoge ser fiel a sí mismo, a pesar de lo errático. Es valorar al otro, sabiendo que merece saber la verdad, porque la desea tanto como la deseamos nosotros. Así, la honestidad, se convierte en una virtud celestial que lo purifica todo, a pesar de todo.

—Lihem Ben Sayel

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