CORAZÓN, NO ESTÉS MÁS TRISTE

20349611163_fd335b5b18_kCamino distraída hacia un destino incierto, hacia donde me lleve el viento; hacia donde me lleve el Amor. No puedo decir que conozco todos los senderos, pero admito que, si pudiera, recorrería cada uno de ellos. La sombra de las nubes me hace palidecer. Parece todo sombrío, parece todo tan frío… La soledad no es bienvenida cuando hay hambre en el corazón. Las fuentes de un alma viva sólo se cierran frente al temor. Temor a volar. Temor a entregar. Temor a abrir el interior; a exponernos al dolor. Porque duele cuando nos hieren. Y cuando nos hieren, sólo queremos olvidar. Pretendemos ser fuertes, cuando en verdad, sólo buscamos un hombro sobre el cual llorar. Camino, y sigo caminando… a pesar de que hay piedras que me hacen tropezar. Pero aún si tropiezo, comprenderé que no estoy sola. Así ha sido siempre. Y así, siempre será… Corazón, no estés más triste. Siempre habrá decepciones, pero también, felicidad. Y la felicidad profunda lo sana todo, porque cuando viene de lo profundo, ha sido gestada en la irrevocable paz.
—Lihem Ben Sayel.
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[CONFESIONES DE ALGUIEN SIMPLE Y COMÚN]

Soy común. La típica chica que ama los libros, y le apasiona escribir. Y sobre todo escribir poesía, porque es parte de mi respiración, mi mayor expresión del latir de mi corazón. Esa a la que, de forma inaudita, le enamora mirar a la luna, y descubrir con qué forma y color ésta la sorprenderá, una vez más. Soy tan común, que aún amo escribir cartas en algún momento especial, a alguien especial. A veces, incluso, me he atrevido a escribir a alguien desconocido, sólo por el placer de saber que a la otra persona le vendrá bien una palabra amable. Disfruto del verde de los árboles. De las florecillas silvestres junto al camino. Disfruto de los atardeceres violáceos, que me recuerdan al gran Artista de artistas. A Aquél que pinta algo diferente, sólo para mí. Disfruto de escribir en mis diarios [y tengo tantos…], sabiendo que, talvez, algún día, alguien los tomará y podrá leer mi vida, lo profundo de mi corazón. Y, créanme, soy tan simple, que no me asusta la idea. Oculto flores y pétalos de rosa secos en ellos, para recordar algunos episodios felices. Soy tan simple, que aún creo en el amor para siempre. Porque hay un Amor verdadero, eterno, que jamás morirá. Y yo lo experimento a cada segundo de mi existencia. Soy tan común, que sigo creyendo en la amistad, a pesar de que me han cerrado la puerta, y me han dejado sangrando al otro lado más de una vez. Soy tan común, que me emociono con las cosas sencillas de la vida: un abrazo, una palabra sincera que reconforta, un “te quiero” cuando lo he hecho mal. Amo la música y sus vibraciones en mi ser. Amo el arte. Perdono, aunque no me hayan pedido perdón. Amo, aunque se me haya negado el amor. Soy fiel, a pesar de las traiciones y los desplantes. Porque, hace un tiempo, decidí que la maldad o la imperfección de la gente no cambiaría mi esencia, mi nobleza. Mi virtud. No ha sido fácil, pero creo que, paso a paso, lo he ido consiguiendo. Soy tan simple, que el futuro no me asusta, pues creo que Alguien superior a mí tiene el control de todo, mientras habito confiadamente bajo sus alas. Creo en las oraciones hechas con fervor y sencillez. Creo en el bien, por encima de todos los males. Soy tan común, que hasta me atrevo a soñar… Soy tan simple, que bailaría —aún hoy— bajo la lluvia, descalza. Y atravesaría corriendo los verdes campos, sin importar quién mirase. Soy tan simple, que contemplar la felicidad de mis seres queridos es más valioso que cualquier tesoro. Y no me importa admitir que amo la ternura por encima de la frialdad. Sí, muchas cosas han cambiado. Y después de algunas etapas rotas y otros recuerdos oscuros, un alma nueva puede resurgir de las más profundas tinieblas, y ser alguien restaurado por un Amor que jamás se agota. Lo confieso: soy tan simple. Soy tan común.
Soy tan feliz…

 

Lihem Ben Sayel,

the princess of the Lord...

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BAJO LA LUZ DE UNA LUNA AMARILLA

Me conmueve mirarte sentado,
bajo la luz de una luna amarilla,
sosteniendo mi lánguida mano;
mi corazón, dejando de latir.
Mil recuerdos inundan nuestro espacio
albergando memorias antiguas,
cartas, versos, canciones, poesías…
un universo diseñado para los dos.
Si tus besos se tradujeran en palabras,
me dirían que siempre me has querido.
Y, si hablaran también tus lágrimas,
susurrarían un débil adiós.

 

—Lihem Ben Sayel.

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TÚ, QUE CONOCES MI CORAZÓN

 

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Miro al cielo, este cielo estrellado, en esta noche que se presenta con tantos pensamientos inciertos. Mi corazón palpita despacio, con la parsimonia de una nube al viento. Y me pregunto: ¿estás allí? ¿Puedes oírme? Si alguien sabe lo que siento, ese eres tú. Si alguien puede medir la dimensión de mis profundas interrogantes, ese eres tú. Y por eso, sólo a ti he confiado mi corazón. Sí, tengo mis altos y mis bajos. A veces pueden desanimarme las circunstancias. Y la espera de tus promesas, en ocasiones, resulta una tortura insoportable. Pero, ¿a quién tengo, sino a ti? ¿A quién quiero, sino a ti? Nadie me llena como lo haces tú. Nada me satisface como tú. Y mi corazón va en pos de ti, como un niño desesperado que busca refugiarse en los brazos amorosos de su padre. A veces quisiera sentir tus brazos rodeándome. Quisiera ver tu rostro. Tu mirada bastaría para sanar mi interior. Tu sonrisa me proporcionaría la paz jamás soñada. Una palabra tuya, bastaría para fortalecerme. Por favor, te pido, no me olvides. No me deseches. No ahora, que he llegado hasta aquí contra viento y marea, porque mi vida, [tú lo sabes], ha sido una tempestad que sólo tú has podido contener. Tú, que conoces mi corazón, escudríñame. Cerciórate de que es cierto. Puedes entrar a cada habitación de mi alma. No me importa que veas lo peor de mí. Porque prefiero caer en tus manos, que en la de los que desean mi mal.
—Lihem Ben Sayel.
Salmo 63:1-8
Salmo de David, acerca de cuando estaba en el desierto de Judá.
Oh Dios, tú eres mi Dios;
    de todo corazón te busco.
Mi alma tiene sed de ti;
    todo mi cuerpo te anhela
en esta tierra reseca y agotada
    donde no hay agua.
Te he visto en tu santuario
    y he contemplado tu poder y tu gloria.
Tu amor inagotable es mejor que la vida misma,
    ¡cuánto te alabo!
Te alabaré mientras viva,
    a ti levantaré mis manos en oración.
Tú me satisfaces más que un suculento banquete;
    te alabaré con cánticos de alegría.
Recostado, me quedo despierto
    pensando y meditando en ti durante la noche.
Como eres mi ayudador,
    canto de alegría a la sombra de tus alas.
Me aferro a ti;
    tu fuerte mano derecha me mantiene seguro.
 

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PASADO

Rompí con el pasado.

A eso llamo libertad.

—Lihem Ben Sayel 


ESE ERES TÚ

Un camino allanado en el mar; luna llena que fabrica suspiros. Ese eres tú, amado mío: un rosal sin espinos, mi luz. Un poema escrito con besos. Fiel caricia al caer la tarde. Ese eres tú, amado mío: laberinto del cual no quiero salir. Pétalo azul, como el cielo que cubre. Mañana eterna que difumina mis sombras. Ese eres tú, amado mío: tierna sonrisa que repara el dolor. Hierba fresca en medio de la nada. Oasis perpetuo, río que fluye. Ese eres tú, amado mío: amor que rescata, caballero que no huye. Quiera Dios que hasta el fin de mis días, se propague lo nuestro, a pesar de los quebrantos. Y aquí estaré yo, amándote tanto, que hasta las estrellas tendrán celos de los dos.
—Lihem Ben Sayel.

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Y se me simplificó la vida.

Todo empezó hace aproximadamente dos semanas, cuando tomé una decisión casi herética: me corté mi larga melena. [Gritos de espanto]. Tengo que decir que la tenía demasiado larga (no me la cortaba desde octubre), y, además, llevo muy mal el calor. Y al vivir en una isla (preciosa, eso sí) que además tiene el sol asegurado, pues no tenía más opciones. Si a esto le añades mi nueva vida de “mamá” y la enorme preferencia que tiene mi pequeño bebé de aferrarse a mi cabello cual Tarzán a las lianas, pues ya se pueden imaginar. Y así, sin más, me corté el cabello a la altura de los hombros. Vaya, todo un escándalo. Un año atrás, el sólo hecho de contemplar senda idea, habría sido un acto vandálico en toda regla.

Pero…¡sobreviví! Y ya no sólo que sobreviví. Sino que me gustó. Casi salté de alegría [tono irónico]. Al menos, el tema del calor había disminuído. Aunque mi hijo se sigue aferrando a mi cabellera.

Esperen, que esto no quiere decir que mantendré mi cabello en ese largo. Pienso dejármelo crecer (lo cual es casi involuntario, dada mi aversión a los salones de belleza, muy al contrario de lo que se pueden imaginar). Pero tengo la ventaja de que pasaré los peores meses del calor con una melena más resolutiva.

Y así, la vida se me ha simplificado. Lo cual no está nada mal. Puesto que cuando vi toda mi melena en manos de mi satisfecho verdugo, en ese mismo instante lo supe: una nueva “yo” había nacido.

Con ese corte de cabello se cerró una etapa de mi vida, y empezó otra. Sí, ya sé que estoy añadiendo un tono excesivamente trascendental a un mero corte de cabello. Pero como ya les he mencionado antes, ese simple hecho es muy significativo en mi vida.

La muchacha sentimental y melodramática que merodeaba un día sí y al otro también en este blog, está moribunda, por una simple razón: ¡no me queda más energía para mantenerla viva! 😀 Entre mi vida marital y los [constantes, muy constantes ] requerimientos de mi bebé, las cosas han tomado un cariz mucho más fluido, y ya casi, —entre toma y toma, entre vómito y pañales, entre recoger la casa o salir a dar un paseo, etc…— no me queda mucho tiempo para divagar en minucias.

No diría que ha sido la maternidad la que me ha convertido en una “mujer”, pero sí diré que me ha llevado [forzosamente] a un nivel mucho más intenso de vida, donde la energía no se puede malgastar, donde las emociones deben canalizarse para alimentar a quien de verdad la demanda, donde quiero compartir con personas que quieran compartir conmigo. Así de sencillo.

Qué fácil lo veo todo ahora. No complicaciones. No problemas irresolutos. No. Yo ya tengo bastante, ¡y me gusta lo que tengo ahora! Con sus pros y sus contras, sí, me gusta. Y el día que quiera un poco más de sentimentalismo absurdo, bastará con ver algún episodio de Downton Abbey, o de Anne with an “e”. Y listo.

Este mes cumpliré 32 brillantes años. Y la mejor noticia que he podido recibir, es que mi amado abuelo estará de visita este mes, y podré compartir con él mi cumpleaños. (y la Presentación al Señor de mi bebé). Como siempre, mi actitud ante la vida es de gratitud por cumplir años, porque no le tengo miedo al tiempo [creo en la Eternidad, así que el tiempo en la tierra es de transición, mero trámite, peregrinaje] y respeto que pase a su ritmo, mientras me permita disfrutar cada segundo.

Me siento en la flor de mi juventud. Mi espíritu rejuvenece cada día. Y estoy dispuesta a seguir viviendo así: con ganas, con optimismo. Con fe.

Por cierto, he decidido escribir la secuela de mi novela. Sé que no soy docta novelista, pero lo hago por diversión, así que cero presiones. ¡Y a disfrutar! 😀 Me he planteado poner los capítulos de mi novela terminada semanalmente por aquí. No tengo intención de publicarla, así que no tendría inconveniente en hacerlo. Ya veremos.

Lihem ben Sayel
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TE TRAIGO POEMAS

Amor. Amor intenso. Amor que me abre camino en las mañanas, dibujando a mi paso cálidas nubes de terciopelo. Amor. Amor de mi alma. Tu caricia es delicia temprana. Tus ausencias son eterno desazón. Amor. Te traigo poemas. Por si olvidas que mi corazón es tuyo; por si recuerdas en demasía cuánto te fallé. Amor, ¿y si nos tomamos de la mano…? ¿Y si dejamos atrás las condenas? Seremos, al fin, agentes libres del ayer.
—Lihem Ben Sayel.

 

 

CRECE

ws_Footprints_2560x1600Crece, amor mío. Crece. Aunque, creciendo, mi corazón sepa que estás un paso cada vez más lejos de mí. Crece. Alegría de mis días. Pues disfrutándote así, cada día, me dolerá menos verte partir.
—Lihem Ben Sayel

Al compás de varias noches 

Ningún espejo roto

refleja —eficaz— una imagen. 

Palabras. 

Oídos sordos,

a las mentiras que vienen y van.

Tú y yo,

y un par de otras cosas.

Los silencios que la voz esconde, 

son doctrinas sin dueño, ni pose;

dulces misterios por revelar.

Me acogeré al refugio de lo cierto,  

mientras no llueva en el país de las maravillas.

Nos amaremos.

Y al compás de varias noches, 

nos habremos bailado la vida.
—Lihem Ben Sayel.