DONDE NO EXISTA EL MIEDO

En otra barca nos encontraremos, amor. Talvez, lejos del ruido insípido de las opiniones que nunca pedimos; talvez, cerca de cálidas aguas que nos abracen, más allá de la luna. Viajaremos en el tiempo, como los poemas de Gilgamesh. Y al final de todo, existirá el beso apropiado, la caricia temida, el susurro fugaz de nuestro eterno deseo. Y ¿quién sabe? Quizás en otros sueños, volvamos a estar juntos; allí, donde no exista el miedo.

—Lihem Ben Sayel

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«ESCRITURA Y MÚSICA»

Pipe_organBook_Piano_Old_442389«Entre silencios y sonidos se teje una vez más
el cálido poema que creó  al mundo.»

La furia de las palabras crece veloz, en mi sangre. Música; pienso, que no hay poema más hermoso, que el que se deletrea en las notas, en los arpegios, en las melodías que se confunden con risas, unas veces, y con lágrimas, otras tantas. Y cada canción nos cuenta algo: una congoja oculta por demasiado tiempo, una alegría explosiva y, en algunos casos, temeraria; la música nos describe la poesía directamente al corazón. Nos dibuja historias que jamás habíamos imaginado antes, pero, que de pronto, están allí, ocupando el sitio que les correspondía en nuestra memoria.

Escritura y música; el orden es irrelevante. Los sonidos nos construyen puentes con aquellos senderos escondidos a los que no sabíamos cómo acceder. Y, como no tomamos escarmiento de casi nada, volvemos a escuchar una y otra vez la misma canción, porque queremos escuchar una y otra vez el mismo poema roto y esquivo.

Me perdería en la música, tanto o más como ya me he perdido en la poesía, en la escritura del alma abierta y sin reservas. Me incrustaría en un instante para hacerme inmortal, y perseguir la eternidad que mi espíritu busca, porque sabe que a ella pertenece.

Y me atreveré a decir que jamás conoceré a la música en su plenitud, pero ella sí me conoce a mí. Es por eso que, flagrantemente, me persigue y me atrapa; conecta con mis sentidos y con la profundidad de mi interior, que se revuelve, presa de un poder mayor.

Talvez habito demasiado en la música y en las letras, talvez tanto, que he olvidado cómo escribir sin un sentimiento puro y genuino. Porque no quiero que mi escritura se torne jamás automática y perfecta. Simplemente quiero que tenga el poder de “hacer sentir”.

—Lihem Ben Sayel

 

Capítulo 4 ·HBUCDL· La espada del zafiro azul — Historias bajo un claro de luna

• Me gusta ambientar las entradas con música. Para disfrutarlo mejor, reproduce la canción. • ···HISTORIAS BAJO UN CLARO DE LUNA··· 4 ··· LA ESPADA DEL ZAFIRO AZUL ··· Recuerdo una escena nítidamente, como cuando tienes el sol a tus espaldas, y lo ilumina todo delante de ti. Recuerdo haberle visto con la mirada al […]

a través de Capítulo 4 ·HBUCDL· La espada del zafiro azul — Historias bajo un claro de luna

AQUÍ PUEDES ENCONTRAR LOS CAPÍTULOS ANTERIORES: Historias bajo un claro de luna

HONESTIDAD

No creo que la honestidad consista en decir lo primero que se nos cruce por la cabeza. Creo recordar que a eso se le llama insensatez. Me gusta pensar que la honestidad es la noble transparencia del alma, que, pudiendo engañar para salir bien de una situación, escoge ser fiel a sí mismo, a pesar de lo errático. Es valorar al otro, sabiendo que merece saber la verdad, porque la desea tanto como la deseamos nosotros. Así, la honestidad, se convierte en una virtud celestial que lo purifica todo, a pesar de todo.

—Lihem Ben Sayel

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[Cosas personales, Octubre 2017] Parte 1

Hago un paréntesis de todo: de mis asuntos pendientes, de la mudanza definitiva que me espera en breve, de la actividad (últimamente más frenética) de mi día a día. E incluso, hago un paréntesis de la palabra “ejemplo”. Bendita palabra. Nos la repiten en la niñez y en la adolescencia hasta la saciedad. Y luego, de adultos, muchos nos lo tomamos a pecho, como si debiéramos ser ejemplo, y nada más. Y, al final de cuentas, “ser ejemplo” se suele resumir en guardar las apariencias, a vivir conforme a los códigos que están marcados. Y me pregunto ¿quién marca esos códigos? ¿Quién me metió en la cabeza que, si soy cristiana [o mejor dicho, si soy una “buena cristiana”] solo debo escribir textos espirituales y nunca nada más allá de eso?

Vaya, vaya.

Amo la poesía. La poesía es vida. Vida es amor, pero también traición. Felicidad, pero también dolor. Realización, pero también frustración. Bondad, pero también crueldad. Como cristiana que soy, yo he vivido cada uno de estos episodios [Y más que podría añadir…]. ¿Me vas a decir tú a mí que lo que escribo sólo será válido si lo escribo con tinta de color rosa?

No. No te equivoques. Si tú me dices que ser cristiano es sinónimo de una sonrisa permanente, de una felicidad inamovible y de una apariencia de optimismo y fortaleza inquebrantables, déjame decirte que yo vivo al otro lado de tu río.

He sufrido. He querido tirar la toalla. Me he cansado. Me he hastiado. Me he sentido engañada, defraudada, y obviamente también he defraudado. [Esto último es terrible, porque con el tiempo he descubierto que algunas personas en verdad tenían altas expectativas en su relación conmigo]. Así que, claro que también he defraudado. Pero aquí me tienes. No voy de víctima. Simplemente “lo acepto”. Acepto mi falta de aptitud para ciertas cosas. Algunas las intento cambiar. Otras… lo siento, pero otras no me apetece cambiarlas. Me gusta así como están.

No quiero ser perfecta. No me interesa que pienses que lo soy. No procuro que me veas y digas ¡oh, qué mujer, qué ejemplo! Oh, please… No. Tengo muchos, muchos defectos. Y, aunque suene mal, con algunos me gusta convivir. Por ejemplo, me gusta ser un ente solitario. Me gusta. No me quieras meter en todas las verbenas porque no lo haré ni aunque me ofrezcas oro y diamantes. Pero, ¡me encanta tener charlas personales! Me gusta quedar con una o dos personas y hablar de todo lo que se pueda hablar. ¿Qué tiene eso de malo?

Otro ejemplo. Tengo bastante seguridad en mí misma. No me refiero a belleza o a estilismo, ni siquiera a intelectualidad o esas cosas que envanecen fácilmente. Soy común y corriente, pero bastante segura. Muchos lo confunden con arrogancia o chulería ¿Y qué? A mí, personalmente, no me importa. Menosprecio abiertamente la opinión de los comunes que no me conocen y, en el fondo, tampoco les interesa conocerme. Y pueden tomarlo con azúcar, o como quieran 🙂 Estoy tranquila.

Mi medida es Cristo. Y deseo tener su corazón de amor hacia las personas. Confieso que aún no tengo ni el porcentaje mínimo de su amor [decir lo contrario sería una vanidad y, además, una mentira]. Pero quiero amar a las personas como Él las ama. No quiero que las personas se sientan juzgadas por mí, sino amadas. Quiero que vean a una amiga cercana, no a una huraña. Y créanme, que por mi naturaleza solitaria, soy tentada a ello a cada segundo, pero quiero ser más como Jesús en este aspecto [y en todos, vaya].

He tenido que pasar por varias situaciones para madurar. Han sido malas experiencias, pero he obtenido ganancia de ellas. Me han venido más que bien. Ahora no tengo apego emocional con nadie, excepto mi familia más cercana. Realmente, esto es bueno para mí, ya que soy muy apasionada en las relaciones. Me siento una mujer madura, y eso, amigos, es todo un logro.

Estoy disfrutando de mi vida, con sus altos y sus bajos. La perfección puede ser bastante aburrida y previsible. Mientras que la imperfección me hace ser dependiente del Amor, de la gracia y de la misericordia. Y es genial.

Poco a poco estoy desmontando mis propias trabas y derribando los listones que nadie me puso, sino yo misma. Ahora puedo caminar sosegadamente debajo de esos listones sin sentirme inferior. Al fin de cuentas, yo estaba siendo una especie de nodriza malvada o cruel institutriz conmigo misma. Pues eso se acabó. Y doy gracias de haberme dado cuenta a los 30…

Esta es la primera parte. Luego seguimos la charla virtual.

Siempre vuestra,

Lihem Ben Sayel… 🌹

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RÉVOLUTION

Recorro en mil pedazos 

los silencios de tu risa,

la débil y díscola hazaña

de tus labios fragmentados.

Un tesoro que se esconde,

un recuerdo enlatado, que

resurge de un pasado

estancado en el horizonte.

Y cabalgo contra todo

pronóstico mal establecido,

pues de lugares donde había caído 

ya logré levantarme, entonces.

Y sin prisas ni temores, hoy

elijo la libertad. 

Porque de todas formas no me irá bien.

Porque de todas formas, no me va mal.

—Lihem Ben Sayel

CUESTIÓN DE TIEMPO

Sufro una pena constante
por haber perdido la vida.
Yo era tan bella, rozagante
como una amapola en flor.
Me miraban aquellos viajantes
admirados por tanta elegancia,
mi cabello, mis labios, mis danzas
eran cura para cualquier dolor.
Hasta que llegó la hora de todos
los que en esta vida nacimos,
donde la piel se agrieta y se arruga
el alma entera, y también el corazón.
¡Vieja, vieja! me gritan mozuelos
embriagados de años aún por vivir.
Jovencitas me miran con cierto desprecio
y piensan, vieja ¿cuándo vas a morir?
Cuestión de tiempo, ansiosos caminantes
para abandonar este tren que me atrapó
en rieles inciertos y amenazantes.
Cuestión de tiempo para decir adiós.

 

—Lihem Ben Sayel
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LA LEALTAD

¿Qué es la lealtad? ¿Una gran mentira de la emoción efervescente? ¿Un paseo por la memoria escrita tumblr_static_minimalistic_pen_moleskine_pencils_solitario_cuaderno_notebook_simple_desktop_1920x1200_wallpaper-290668de los antiguos? Un soplo en el rostro herido. Una palabra vacía. Un llanto minúsculo, escondido tras la sombra de una utopía. El sol que se cayó en el pozo, y que, al intentar rescatarlo, sólo se hundió más.
—Lihem Ben Sayel

Requiem por una rosa.

Llevaba un misterio en los labios,
algo así como
un beso frío y antiguo.
Una rosa.
Una espina clavada,
en su profundo e hipnótico
mar.
El cielo está de luto,
gritaron ellos,
pensando que su lacónica voz
habría de oírse.
Mas, a su pena y angustia
cedieron;
y el sol no volvió a salir,
jamás.
Invitó la tierra a engullirse
[despacio]
mil recuerdos de tinta ocre.
Y cerró la tumba sus puertas;
para siempre, sus atardeceres.
No bailaron las danzas de luna,
ni aplaudieron su enorme belleza.
Desapareció su sonrisa de luces.
Y aquel misterio,
con ella,
se fue.

 

—Lihem Ben Sayel.

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[A LA POESÍA…]

Les invito a pasarse por mi blog de poesía. Y, por favor, si tienes un blog de poesía, déjame tu enlace en el comentario. Me gustaría visitarlo.

Mujer del Desierto

Amamos la poesía, porque no nos cuenta las cosas directamente. Nos susurra pequeños secretos, cuyas profundidades tendremos que buscar diligentemente,  como quien busca un apetecible tesoro. Amamos que lean nuestra poesía, porque ellos jamás sabrán la verdad. ¿Estará triste? ¿Estará feliz? ¿Qué pensamientos anidarán en su mente? ¿Cuáles son sus sentimientos escondidos? Amamos la poesía porque no nos da muchos detalles, mas sin embargo, nos lo explica todo al mismo tiempo. Amamos la poesía porque no todos la aman, y porque se vuelve exclusivamente nuestra. Y ella está allí, en las alegrías, pero ante todo en las penas, -porque nadie mejor que ella para entender tristezas. Está en los amores, en los vacíos y en los porqués. ¿Y qué de las fortalezas? La poesía también las comprende. Al igual que al temor, y las sensaciones que recorren nuestro cuerpo. Y yo te amo, si tú amas la poesía, porque entonces…

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