«HISTORIAS BAJO UN CLARO DE LUNA»

CAPÍTULO 6 ·HBUCDL· UN LUGAR SEGURO

• Me gusta ambientar las entradas con música.

Para disfrutarlo mejor, reproduce la canción. •

···HISTORIAS BAJO UN CLARO DE LUNA···
 6
··· UN LUGAR SEGURO ···

 



THERON
Ella es prácticamente una niña, un suspiro en la madrugada que baña de rocío las rosas de un jardín de ensueño. Puedo proteger a una niña. Pero no puedo proteger sus sueños. Si ha de convertirse en reina, primero tendrá que desnudarse de sus temores. Tendrá que dejar de escudarse en sus carencias. Es prácticamente una niña, de mirada noble y justa. Pero la ambición no respeta nada. Y la matarán si no estoy atento. Podría dar mi vida por ella. Es mi deber. Pero jamás seremos amigos. Algo en su nerviosismo me hizo saber que se dejó impresionar por mí. No. Jamás seremos amigos.

—¡Theron! ¡Theron!

Una pequeña niña salió a recibir al joven guerrero mientras él  bajaba ágilmente de su caballo. Ambos se fundieron en un abrazo cálido y fuerte.

—¡Dana, mi Dana! ¡Cuánto te he echado de menos pequeña!

Theron pasó rápidamente del abrazo tierno a las cosquillas, haciendo reír a carcajadas a su pequeña hermana. A lo lejos, su madre, se asomaba por la puerta, apoyada en el marco, sonriente. La felicidad iluminaba su rostro. Su hijo había vuelto sano y salvo. Sus oraciones habían sido contestadas. Se secó rápidamente las manos con el delantal y llamó a sus dos hijos para que entraran, con el típico tono que usan las madres para imponer su autoridad moral.

Dana corrió hacia dentro de casa, pero Theron se detuvo, y miró hacia su derecha: le había parecido ver una sombra escabullirse por los matorrales. No, seguro me equivoco, pensó. Y finalmente entró en casa, aunque un poco tenso.

—Bueno, cuéntame, cómo van las cosas por palacio.

—Madre, ya sabes que no puedo hablar acerca de eso. El pato está delicioso.

Su madre, Ela, sonrió un poco avergonzada. Claro, claro, dijo un poco nerviosa.

—Hijo, yo solo quiero saber un poco más de tu vida. Tu padre hacía lo mismo que tú, y su padre antes que él. Sé que es el destino de los Evoryan-Grienne, luchar por honor y proteger el reino a toda costa. Pero a él lo perdí demasiado pronto, y ni siquiera sé dónde está su cuerpo. 

Ela tomó de la mano a su hijo, y le miró fijamente, con los ojos llenos de lágrimas contenidas, aunque Theron mantenía su mirada fija en el plato que tenía ante él.

—¿Es mucho pedir que me digas cómo te van las cosas? ¿Saber a dónde irás? Por lo menos así podría…

—Shhh, espera madre…

Theron se soltó rápidamente de la mano de su madre, e instintivamente puso su mano en la empuñadura de su espada. Mami, tengo miedo, replicó la pequeña Dana, casi susurrando. Su madre la tomó en su regazo y apretó la cabeza de la niña contra su pecho, mientras Theron se levantaba sigilosamente en dirección hacia la ventana del comedor. Movió su mano de arriba a abajo en señal de que se agacharan. Ellas se escondieron bajo la mesa. Theron vio a un hombre de espaldas en el horizonte, y junto a él, a una mujer cubierta con un velo escarlata.

Pero, ¿qué hacen aquí…?  Theron corrió velozmente hacia ellos montado en su caballo.

—Ramelek, señora… ¿qué ocurre?

—Date prisa, Ëvor, no hay tiempo que perder. Algo ha salido mal. Daferno ha convocado a todas las tropas de Gamesh y ha puesto precio a la cabeza de Sahar.

—Eso no puede ser posible, ¡las tropas solo pueden rendir su lealtad a los auténticos reyes de Gamesh!

—Lo sé, pero Daferno ha conseguido convencer a los generales de lo absurdo que es que una mujer gobierne sobre Gamesh, y además, ha puesto en entredicho que el rey me haya confiado su voluntad antes de morir.

Theron, visiblemente furioso y confuso, se apoyó en árbol que tenía más cerca, y resopló. —¿Qué haremos, pues?, preguntó a Ramelek.

—Debes llevar a Sahar a un lugar seguro. No podremos contra ellos. Ahora mismo, solo podemos pensar en proteger la vida de Sahar, la auténtica reina de Gamesh.

Theron, observó de soslayo a Sahar. —¿Tan fácil será nuestra rendición, señor? Los Evoryan-Grienne, mis hermanos de lucha, están esparcidos por los horizontes, pero si les convoco, acudirán a nuestra ayuda, y podríamos vencerlos.

—¿Y provocar con ello otra guerra, hijo? Le dijo Ramelek, posando su mano sobre su hombro. —Ya ha habido demasiadas pérdidas en estos últimos años Ëvor, uno de ellos, tu valiente padre, quien luchó fervientemente junto a nuestro amado rey Emérides, que ya duerme en paz junto a sus antepasados.

Sahar agachó la mirada. Se sentía avergonzada de saber que el padre de Theron habría muerto defendiendo a su propio padre, aunque comprendía que era el deber de los guerreros de la noble estirpe de los Evoryan-Grienne.

Theron suspiró, y miró hacia su casa. —Iré a despedirme, dadme un momento. Ramelek lo tomó del brazo y le dio una bolsa llena de monedas de oro.  —No sabemos cuándo haz de regresar. 

Theron asintió, y tomó la bolsa. Se alejó lentamente, como memorizando en cada paso las sensaciones y recuerdos maravillosos de su casa. Porque un guerrero, un Evoryan-Grienne, jamás sabe si es la última vez que recorre la entrada hacia su hogar, para abrazar a los suyos.


 

SAHAR
¿A dónde me llevará? No hemos sostenido nunca ningún tipo de conversación, y ahora emprenderemos un viaje hacia algún lugar que él y Ramelek consideren seguro. Eso solo puede significar algo: será un lugar lejano y remoto, donde podré pasar desapercibida. Me alejaré de todo lo que conozco, y de todo lo que amo. Aunque dudo que alguien pueda amarme aquí. A veces, simplemente me siento un estorbo. Un estorbo para mi tío, porque él desea ser rey. Un estorbo para Ramelek, que debe ocuparse de mí, como lo haría un padre. Un estorbo para ese guerrero, que debe alejarse de sus seres queridos por mi causa. ¿Qué clase de reina puede ser alguien que no siente la calidez del amor…? ¿Será que solo yo puedo intuir el fracaso que está por venir…? Aún así, pase lo que pase, solo puedo resignarme a un destino que soy incapaz de controlar con mis fuerzas y mi destreza. Me dejaré llevar. No tengo otra opción.

***Para ver los capítulos anteriores, entra en “Historias bajo un claro de luna” .

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