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[MI CREDO PARTICULAR.]

De una persona muy sabia, aprendí que, la búsqueda de Dios en la intimidad, no es ruidosa, ni ostentosa, ni procura notoriedad. De lo contrario, ya ha perdido su esencia —la intimidad. La búsqueda de Dios, es un secreto entre Él y su buscador, el cual luego, tarde o temprano, Dios se encarga de proclamar a toda Voz.

Ayer, yo estaba entrando al complejo donde vivo con un gran y hermoso ramo de rosas rojas. Cuando digo hermoso, y grande, es que era espectacularmente hermoso (y muuuuy grande…).  Las rosas rojas son mis flores favoritas.  Al verlo, una vecina, a la que yo nunca había visto, me dijo: Woww, qué bueno (es de Letonia, así que supongo que eso fue lo que pudo expresar en el poco castellano que sabe). Yo le di las gracias y le sonreí. A ver, yo estaba extremadamente feliz con mi ramo de rosas rojas. Pero algo se encendió en mi corazón, y al cabo de dos segundos, la llamé. Le pregunté si le gustaban las rosas. La respuesta era obvia. Se lo regalo, le dije. Ella no se lo creía. Pero yo insistí. Estuvo a punto de llorar. Luego continuamos hablando, y entre una y otra cosa, me dijo que jamás olvidaría este gesto. Me despedí de ella con un “I’m here  for anything you need.  God bless  you”, (estuvimos hablando en inglés).

Soy creyente; de las fervientes. De ninguna manera quiere decir que mi vida gira en torno a la perfección. Bien sabe Dios cuánto tengo que lidiar contra el egoísmo, la vanidad, el perfeccionismo, o el retraimiento social. –Entre, obviamente, otras  CIENTO OCHENTA Y NUEVE MIL cosas, que no pienso mencionar. La fe que vivo –porque desde luego que la vivo-, me ha enseñado a confiar, a esperar, a que no hay nada más hermoso que dar –en todo su maravilloso e infinito contexto-. No me avergüenzo de mi fe en lo absoluto. Al contrario, es un aliciente en mi vida. Qué digo. Es mi vida. Porque mi fe se basa única y exclusivamente en el amor. Y no el amor romántico, precisamente. Sino más bien ese amor de los evangelios que Jesús predicó, ese, también, que no nos resulta nada fácil. O al menos a mí, confieso. Porque amar, quiere decir muchísimas cosas,  las cuales me sería imposible abarcar, pero entre ellas, su significado es el pensar más allá de uno mismo. Pensar más allá de nuestro demandante ego, o de nuestro sobreactuado orgullo, o de nuestra insaciable vanidad.

Soy creyente. Y creo en Dios tanto como creo en que las más densas tinieblas se disipan a la más ínfima presencia de luz. Creo en Dios con todas mis fuerzas. Pero mi fe no es sólo creer. Puesto que todos pueden creer en algo con todas sus fuerzas, y aún así, dañarlo y destrozarlo todo a su paso. Mi fe, como he dicho, se basa en el amor. Amar. Un verbo tan mal usado en tantas ocasiones, que si realmente, cada vez que lo mencionáramos, lo practicáramos, las cosas serían muy diferentes. De hecho, yo sería muy diferente.

Soy consciente, como siempre, de mis infinitos errores. Siempre he vivido consciente de ellos. Y eso tampoco es la fe. Por eso, en estos últimos años, he tenido que reaprender la gracia de Dios sobre mi vida. Y esa gracia es mi máximo impulso. Aún cuando me he sentido en el pozo de la deseperación. Mi fe en Dios es más grande que mi temor a no llegar a ver los milagros que espero. Mi fe en Dios es superior a las decepciones que he afrontado en la vida.

Ha sido  el amor de Dios el que me enseñó a perdonar, así como yo he sido perdonada.

Ha sido el amor de Dios el que ha sanado –y sigue sanando– mis heridas.

Ha sido el amor de Dios el que ha quitado de mí la opresión que me asediaba.

Ha sido el amor de Dios el que me recuerda, día a día, que no debo mirar tanto hacia mi interior. Que no todo es gris.  Que hay un mundo maravilloso allí fuera. Que existen personas a las que, quizás sólo unas palabras de ánimo, o una sonrisa mía, o un abrazo, les puede ayudar en algo.

Experimento el amor de Dios cada día, y eso es lo más grande que un ser humano puede experimentar. De hecho, todos ustedes que leen esto, aunque no sean conscientes de ello, también experimentan el amor de Dios cada día. ¡Sí, Dios te ama! Es un hecho, no una leyenda. No hay forma de ganarse su amor. Te ama aunque no le ames. Te ama y punto.

¡Amo a Dios! Y vivo para Él, y Él me tiene mucha paciencia y mucha misericordia. Pero, aunque yo falle, no puedo alejarme de Él. No tengo a dónde más ir. De hecho, no quiero ir a ningún otro sitio. Quiero vivir siempre mostrando Su amor a los demás.

Trabajo en una iglesia principalmente con los jóvenes, y también con chicas adolescentes y niñas, a las que llamo con cariño “mi jardín”. Amo a los jóvenes. Amo ayudarles en todo. Amo reafirmar su fe. Amo impulsarlos hacia adelante. Amo enseñarles la palabra de Dios. Amo reafirmar su identidad y autoconfianza. ¡Amo verles crecer en su fe, y desarrollarse como personas, profesionales, etc…! Tengo 30 años, pero sé que aunque llegue a los 80, seguiré amando trabajar con los jóvenes. (Si me conocieras, comprenderías el porqué. Como dice mi hermano adolescente: “soy una chica guay” 😉 ) Nací para eso. Y aunque a veces tenga dudas y temores, o no me vea lo “suficientemente ejemplar” en todos los sentidos, sé que ya con eso, habré hecho que mi existencia aquí en la tierra haya valido la pena.

Y éste, es mi credo particular: CREO EN DIOS. CREO EN LA VERDAD. CREO EN EL AMOR. 

🙂

Lihem Ben Sayel…

the princess of the Lord.

 

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8 pensamientos en “[MI CREDO PARTICULAR.]

  1. Ese es el amor que todo lo puede, el que todos llevamos dentro y que nace de una chispa; del instante en el que piensas en lo bien que sienta regalar tus propias rosas, o tus letras, o asumir incluso un castigo salvando a otra persona. Ese amor no rebota, no esperas que vuelva envuelto en ningún parabién; es el amor total. La esencia. Nadie me va a enseñar qué es amor porque lo llevamos dentro, lo demás han sido siglos de meternos en rediles con doctrinas que expliquen todo ese mecanismo. Explican lo inexplicable, y si me enfrentan a otro alguien, al menos a mí, ya no me vale. Ninguna religión, jamás, ha contribuido a propagar la paz entre diferentes. Ninguna, y jamás. Eso es extensible a la mismísima expansión del universo, siempre será igual. Yo tengo algunos pecados, pero sé lo que es amor y nunca digo que es mío lo que llevo entre las manos. Reflexiones. A parte de esta reflexión, te digo que escribes cosas muy bonitas, te expresas con mucha elegancia. Un saludo.

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