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DURMIENDO SOLA

wonderful-oil-paintings-2No estoy acostumbrada, no, a ver pasar el tiempo en ausencia de ti. No me acostumbro a dormir sola. No me adapto a extrañarte. Me consumen las horas que pasan despacio, torturándome cual lazo alrededor de mi cuello. Es tan raro llegar y no encontrarte. Recorrer los rincones de nuestro espacio, como si mi mente estuviera en otra parte, mientras mi cuerpo te anhela con celo. No me acostumbro, no, a dormir sola. A no sentir tu cuerpo cerca del mío, a no recibir tus besos y tus amores. Si te tuviera cerca, ¿qué te diría? ¿Cuán largo sería nuestro abrazo? ¿Cuán intensos serían nuestros besos? No me acostumbro, no, a que estés tan lejos.

-Lihem ben Sayel

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11 pensamientos en “DURMIENDO SOLA

  1. El alejamiento temporal de la persona amada realza, acentúa el amor por obra de tu propia carencia: Estás sedienta y ansías el agua. Y eres feliz cuando de nuevo brota la vertiente.
    Esas ansias son las que refleja tu bello poema. Las comprendo y me encantan.
    Si el alejamiento es demasiado largo, o definitivo, hay dos caminos a seguir. Uno conduce hacia la idealización del ausente, la que puede adquirir tal magnitud, que si de veras vuelve, no lo reconoces. Te parece ahora agua turbia, no deseable.
    El otro, tal vez mejor, o por lo menos más práctico, te lleva hacia la quieta resignación y hacia el conocimiento de que el mundo está pleno de frescos manantiales.

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