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-LO QUE DEJÉ ATRÁS.

Quevedo ha cambiado.
Tengo la sensación de otras épocas y recuerdos que por más que intente forzarlos para “quedarse”, ya dejaron de ser hace mucho. Camino por las calles intentando sentirme parte, una más. Sin embargo es ineludible tener consciencia de que llevo lejos el tiempo suficiente como para saber que no lo soy. La familia está incompleta, los amigos están dispersos, los vecinos ya son otros, los recuerdos son sólo recuerdos. Quevedo siguió adelante sin mí, como a la vez yo seguí adelante sin Quevedo. Somos como dos amantes que saben que se amaron con locura y no pudieron dejar de amarse durante 17 años, pero que tras ese tiempo, las circunstancias empujaron a ambos lejos el uno del otro. Quedaron como amigos, eso sí, pero como amigos ingratos que siempre quieren escribir una carta y finalmente nunca encuentran ni el tiempo ni las ganas suficientes como para hacerlo.
He estado con mis abuelos, he caminado por las calles de mi infancia y adolescencia. He entrado a mi casa, la que dejé hace casi 12 años, y he sentido mi corazón derretirse frente a una realidad que antes fue mía y que ahora habitan personas que jamás sabrán lo que esas paredes significan para mí.
Es en ese momento cuando comprendo que mi lugar está donde Dios quiera que esté. Mi corazón estará compartido entre lo que fue y lo que es. Y quién sabe lo que vendrá. Soy ciudadana del mundo; pero peregrina al fin y al cabo. Mi destino final será muy distinto, y lo sé. Pero doy gracias a Dios por haberme permitido nacer en un pequeño lugar del mundo llamado Quevedo, en Ecuador. Porque es parte de mis orígenes. Sin embargo también doy gracias porque ahora encontré un lugar que también he hecho mío, en Tenerife, España, donde conocí a gente que amo, y en especial al hombre de mi vida. Creo que como inmigrante que soy, siempre tendré esa sensación de “estar fuera de lugar, de no encajar nunca del todo”, como dijera Edward Said en sus memorias. Y es natural, lo comprendo. Yo creo que a los inmigrantes a veces nos persigue ese complejo de no sentirnos con la autoridad de pisar las tierras lejanas a donde hayamos ido porque en el fondo sabemos que esa tierra, aunque nos haya acogido con agrado y cariño, no nos pertenece. Y así como afirma “La Negra” Mercedes, todo cambia“. Y es cierto, porque Quevedo ha cambiado.
Y yo he cambiado con él.

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25 pensamientos en “-LO QUE DEJÉ ATRÁS.

  1. Muy, pero que muy hermoso, te daré replica Quevediana, si vuestra merced me lo permite, pero os ruego encarecidamente que no mováis ese preciosos sentimiento a otro rincón del blog, sabed que aunque ni soy mudo ni sordo, si presento un grave trastorno que con el tiempo va a mas, padezco de despiste crónico severo retardado, una enfermedad terrible creedme. Os debo esa respuesta, no dudéis de ello, mientras, seguid escribiendo y pensando que en este país tan increíble, las gentes de bien siempre han sido muy bien recibidas, queridas y mimadas.

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  2. Me reconozco totalmente en tus palabras,..Yo nací y viví hasta los 19 años en Buenos Aires y desde entonces hasta ahora que ya cuento con la friolera de 49 😉 mi residencia ha sido Madrid. Aquí me casé, aquí nacieron mis hijos, aquí tengo mi vida y un inmenso amor a esta tierra, que es la tierra de mis orígenes. Pero en mi corazón quedan grabadas todas las vivencias de mi infancia y parte de mi juventud. Como diría Alejandro Sanz tengo el corazón partío, pero no porque duela, sino porque no puedo evitar tener que repartirlo entre estos dos países a los que tanto quiero,entre sus gentes y entre los recuerdos de uno y de otro…
    Encima has elegido a Mercedes Sosa, una paisana de increíble talento, así que…que te voy a decir…que me has hecho sentir esa añoranza que tú y yo sabemos 😉
    Un abrazo 🙂

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  3. Hermoso muy hermoso cada palabra tiene un sentimiento vivo…. poder regresar despues d tantos anos al lugar q te vio nacer a tu casa ver tu antiguo cuarto guaua sin duda algo muy fuerte y relato x ti es como poder vivirlo ….

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  4. Con el tintineo de las copas, una tras otra, empezábamos a recuperar las ropas que perdidas en otros tiempos y lugares lejanos a conciencia o sin ella dejamos.
    Esa piel invisible para unos y palpable para el aventurado, estaba de memoria colmada de momentos complejos de la historia, de la que duele y de la que el bien consuele, pues en unas no había justas, las mas dolorosas y en otras que si las había, con sonrisas el gallo de mañana acontecía.
    Hoy a mis años en la reserva, nada me enerva mas, que vivir de mis gloriosos recuerdos, de las añoradas tierras en las que de niño, aún un poco desvalido, al vecino le quitaba el maíz, zanahorias y patatas para compartir con mis aguerridos compañeros en la brasa, de aquellas enormes fogatas, soñando cuando nuestras largas sombras veíamos moverse en las paredes, que ya éramos mayores.
    La melancolía y el anhelo de volver a vivir las experiencias, en aquel entrañable pueblo, a veces me desbocan la furia y el recelo, pero en otras, encuentro el consuelo de haber disfrutado de la hospitalidad de aquellos que me la brindaron en esta capital.
    Somos de donde pacemos, eso reza y dice el famoso dicho, ¡mas os juro que ahora mismo!, ¡el que pace no reza! y si hace falta ¡se come el bicho!, pero luego, al rato, mas tarde, repasando la frase, voy y me digo, ¡pero por Dios, si esto es un nicho!
    Y así es, porque viviendo del recuerdo no nos queda nada que vivir del futuro, pues solo miramos atrás, cuando debemos alzar la cabeza como chulo por Castilla, que es ancha, pero para mi no lo suficiente. Esta dichosa mente que se va y vuelve de repente, a traerme la tristeza y la añoranza cuando delante de mi tengo a Sancho Panza, y si no es él, ¡pardiez!, lo creo.
    Soñando así, luchando con el final y con el destino, tomo un café, otro, que no es hora del vino, ¿que será de Baco?, fiel compañero de todos y todas durante algunas temporadas, en las que en ocasiones de buenas andanzas, se nos antojaba abstemio. ¡Vaya toalla!, y en aquellos tiempos no estaba de moda el bocadillo de caballa, que el zurrón queso, pan y chorizo, si llevaba pero pescado,… para eso íbamos a otro lado.
    Y así que por hoy os dejo, encantadora y bella dama, lanzando para que os agarréis una dura rama, así podréis disfrutar de nuevo del viento, del frío y del amor intenso, pero para ello debéis recordar muy de lejos el pasado, y revivir el presente con fuerza, con ganas y si hace falta… ¡de repente!
    Espero haber obtenido al menos una sonrisa y si no procede, un tono mas acorde, algo tirando a tomate no quedaría mal, una pena, solo puedo soñar en estar presente cuando saquéis todo el extracto escondido dentro de este pequeño mensaje, plagado de pícara gracia y mucho coraje.

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  5. Me encanta esta reflexión y la forma tan sensible de exponerla, como muy bien dices nuestra tierra no es donde vivimos si no donde nacemos y están nuestras raíces. Yo no he sido inmigrante, pero si emigrante dentro de mi propio país y al igual que tú me sentía un extraño, hasta que no volví a mi tierra no se me quito ese sentimiento de rareza que padecía. Lo que si quiero que entiendas que no debes de sentirte diferente por ser una inmigrante en España dado que por ello ni eres menos Peruana, ni eres menos Española, si es cierto que la tierra tira y mucho supongo que has formado una familia aquí por lo que ahora tú corazón debe de estar dividido entre esta y aquella tierra que es mucho más de lo que sienten esos que un día emigraron o inmigraron desde sus países de orígenes y sus hijos o nietos se creen con derecho a odiar a todos los que no son de donde ellos son ahora olvidando de donde vienen sus raíces. Para nosotros los Españoles es un honor que personas como tú estén con nosotros enseñando sus culturas y sus costumbres. Gracias.

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    • ¡Muchísimas gracias amigo! La verdad es que me he sentido halagada por lo que expresas en tu comentario. Gracias por animarme. La verdad es que es una sensación extraña porque amo España, mi esposo es español, y en cierta forma me siento parte de este hermoso país. Sin embargo por otro lado hay una pequeña añoranza y ese sentir que explico, no sabes bien dónde perteneces en realidad. Pero si te digo algo, cuando volví de mis recientes vacaciones en Ecuador (soy ecuatoriana jeje) y pisé esta tierra, me sentí EN CASA. ¡Eso sí que fue maravilloso! Haber venido otra vez de mi país de origen, pero sentirme en casa en la tierra que me adoptó con tanto cariño. Una vez más gracias por tus palabras y por darme la bienvenida a esta hermosa tierra que también la siento mía 🙂 Un abrazo…

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