Inicio » VIVENCIAS » Al Sr. Prychyslyy :

Al Sr. Prychyslyy :

Querido Dimas,

He tenido grandes deseos de llamarte y de felicitarte personalmente (y de paso certificar que estás vivo, porque hace mucho que no sé nada de ti…), pero justo hoy, como un juego cruel del destino, he perdido mi móvil.

Otra vez será.

Así que aprovecho para dedicarte unas líneas, que en nuestro caso, son talvez incluso más placenteras. Pienso mucho en ti, y en el gran cariño que te tengo. Es muy posible que seamos dos de las personas más opuestas que puedan existir sobre todos los términos de la tierra, pero a la vez siento que nos une un vínculo hermoso de épocas vividas en el pasado, las cuales atesoro en mi corazón.

Recuerdo, por ejemplo, aquella fiesta en casa de la querida amiga alemana que tenemos en común, cuando posiblemente intercambiamos las primeras frases. También ese otro día en la iglesia cuando te dibujé en mi libreta una cara feliz deformada, pues creíste que era una flecha que señalaba algo que sencillamente no tenía sentido.

Y así, poco a poco, fuimos entablando una amistad un poco extraña. Extraña, digo, porque era muy única y especial. Tú eras la única persona en varios kilómetros a la redonda en mi vida con la cual se podía hablar de literatura (ojo, buena literatura), arte, e incluso cosas trascendentales, mientras le veíamos lo subjetivo a todo lo que se elevaba frente a nuestra mirada analítica, profunda y a veces utópica. Claro que había también tiempo para las vanalidades y las carcajadas libres y contagiosas.

Recuerdo perfectamente que ciertas conversaciones que mantuvimos me hicieron despertar de mi letargo espiritual. Sí, tú tenías 12 y yo tenía 19. Pero sencillamente habíamos conectado. Ambos teníamos carta blanca para hablar de cuanto quisiéramos el uno del otro. Y también había espacio para las confesiones y las percepciones que no podíamos compartir con cualquiera.

¿Aún conservas aquella carta que te escribí? Tengo mucha curiosidad.

Aún estoy esperando que llegues un día y me llames para tomar café en el mismo lugar de siempre, para así poder compartir lo que ha sido del uno y del otro, porque -lo admito- no sé exactamente el motivo, pero mi corazón te recuerda con mucho, mucho amor, a pesar de la distancia y las pocas tomas de contacto que tenemos en la actualidad.

Te advierto, si este cariño no se ha ido ahora, es posible que jamás se vaya.  Y eso es bueno, porque me parece bello creer que puedes sentir algo tan puro y especial por alguien que, aunque esté lejos y distante, sigues teniendo cerca en los pensamientos, en la memoria y el corazón.

Obviamente, no quiero terminar sin decirte que deseo que haya sido un buen día y que hayas podido disfrutarlo. Sé que tienes a tu alrededor gente que te ama muy sinceramente, pero jamás olvides pequeño Dimka, (sí, fastídiate) que mi cariño hacia ti está íntegro, intacto. Y ojalá sea pronto cuando vuelva a tener el placer de caminar a orillas de la playa contigo e intercambiar sorbos de nuestra vida como lo hicimos antaño.

Eres y siempre serás un trozo de mí, mi niño rubio y parlanchín que siempre tenía algo de qué hablar. ¡Y vaya si me gustaba escucharte!

Dicho todo esto, sólo me queda la esperanza de que el cariño sea mutuo.

Feliz cumpleaños, mi amigo y hermano.

Siempre tuya,

Nejath.

el-amanuense-libros-cafe

Anuncios

¡Gracias por tu comentario! Un abrazo.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s