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POR MI HONOR

HONOR : 1. m. Cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo.

Algunas personas llevan una inscripción en su corazón: un código de honor. Normas y estatutos inviolables e intrínsecamente innegociables que marcan el sentido a nuestros actos y propósitos. Honor. Siempre me ha fascinado la idea. Sin embargo, me parece terrible pensar que hay gente que también comete actos espantosos en nombre del honor: matan y mueren por ello. Son capaces de transgredir el respeto a la vida y a la dignidad para limpiar aquel “honor” mancillado. No hace mucho, me encontré con la poesía de Nazik al Malaika, y en particular con un poema llamado: “Lavar la deshonra” (http://www.poesiaarabe.com/nazik_lava.htm) que retrata vivaz y cruelmente la realidad de muchas mujeres de oriente medio condenadas a un código de honor en el que carecen de participación alguna. Inmutables, nosotros en occidente, contemplamos la brutalidad, la violencia, la degeneración, la constante represalia. Las mujeres siempre son víctimas de la sospecha, de las tramas y de la moral más que cuestionable de hombres que juegan con ventaja en una sociedad que hiede de tanta injusticia. Pero esto no deja de ser aquí y allá. Sólo que por algún motivo nos llama más la atención aquello que está amparado por las leyes. Pero es igual de retrógrada matar a una mujer porque lo dicta la ley, que porque lo dicte el corazón,  los celos, o ve tú a saber qué cosas más.

Honor. La palabra y la idea no dejan de ser fascinantes, majestuosas e incluso ancestrales para nuestros tiempos. Pero yo también tengo mi código de honor, y se basa particularmente en la integridad, la honestidad, una vida sustentada en verdades absolutas, en principios morales y valores humanos. Mi código de honor se basa también en la confrontación de mis propios actos e intenciones: preciso saber por qué y para qué hago lo que hago. No me vale con hacer “algo bueno” si las intenciones de mi corazón no son puras y fiables, o no me llevan a mi destino. Soy leal a la lealtad, y soy fiel a mis convicciones, caminando con paso firme, aunque también he sido quebrantada por mis propias exigencias, y he sufrido el desgaste del estado permanente de alerta en que el que vives cuando tienes la responsabilidad de velar por las personas. Mi código de honor también me prohíbe hacer cualquier cosa para manipular circunstancias a mi favor, -lo cual además me parece algo repulsivo. Amo la transparencia, y por ese motivo no he tenido reparo en “confesarme” hasta el punto de admitir mis más terribles, profundos y escabrosos errores. No puedo concebir una vida intrigante ni deshonesta. Aunque también es cierto que esta característica mía me deja en evidencia más de lo que debería ser permitido para mí, quizás.

Por mi honor, lucharé y me desgastaré hasta la muerte por lo que creo, sabiendo que los pasos que doy están calculados para la victoria, una victoria que será ganada en base a la verdad y la pureza. Por mi honor, no saldrá de mi boca palabra falsa o lisonjera. No actuaré para alcanzar fama o reconocimiento humano, que perece. Por mi honor, no quebrantaré mis principios y mis valores simplemente por satisfacer mis apetitos, mi egoísmo o mi vanidad. Por mi honor no dudaré en decir la verdad y en actuar íntegramente en defensa del prójimo y de la virtud. Por mi honor, que sólo es mío, y que nadie puede cuidar sino yo.

Pienso en los buenos reyes de antaño, en un fiel guerrero, en un amigo, en el amor de una esposa, en un artista que no se vende. Y es que el honor evoca demasiadas figuras tan bellas, rozando la utopía, quizás, para un mundo que no está preparado ni moral ni espiritualmente para conceptos tan nobles y de tanta exigencia interior como lo es el del honor, porque te invita a ir contra la corriente, a ser voluntarioso y firme, a no quebrantar las sutiles leyes de la dignidad y de la integridad. Porque es la virtud intangible que sólo puede ser visible en los actos insignificantes a simple vista, pero que marcan la diferencia en el día a día.

Sin embargo, y talvez contra todo pronóstico, aún hay personas de honor. Y no hay mayor regalo y privilegio que conocer a alguna de ellas…

yom kippur

Lihem ben Sayel

Ambiciona honor, no honores.

Rabindranath Tagore

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