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LIHEM BEN SAYEL, THE PRINCESS OF THE LORD.

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Nací entre libros, Barco de Vapor, editoriales de El Universo, entre diccionarios, Michael Ende, H. S. Andersen; nací entre Mozart, Debussy,  Beethoven, Tchaikovsky, Strauss.

Me enamoré de la literatura universal clásica, y de la noble e intensa poesía de Dolores Veintimilla de Galindo, Eloy Blanco, Neruda, Borges, Machado, Bécquer. Crecí entre Homero y La Ilíada, entre Julio Verne y Shakespeare.

Entendí mis raíces andinas y en sí la vida -o al menos gran parte de ella- entre las canciones de Mercedes Sosa, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Facundo Cabral. 

Nunca ninguna historia me conmoverá tanto como Ben-Hur, siendo mi filmografía predilecta, incluyendo su inolvidable banda sonora. Braveheart es una reseña de mí misma en muchas facciones, y al igual que el Último Mohicano y Gladiator, me mostraron la belleza del amor, el sacrificio, y lo inevitable de morir.

Comprendí que era distinta con Fayruz, Warda, y sintiendo el sonido de la darbuka hervir en mi sangre; he estado ligada desde la infancia al bellydance. Tengo raíces árabes, de Palestina, para ser exactos, aunque paradójicamente siento un profundo amor hacia Israel y la cultura y fe judías. Mi abuelo nació en la vieja Jerusalén.

Mi pensamiento global se activó con el conflicto árabe-israelí. Viví en la época de Yassir Arafat y Ariel Sharon. Sentí sus muertes. Me impactó la Madre Teresa, me enterneció Lady Di, me motivó Madiba. Me inspiró Jesús. 

Soy bibliófila, exbibliómana. Escritora compulsiva, en toda la extensión y sentido de la palabra. Exhalo poesía de la misma forma que respiro el aire. Poseo una frondosa imaginación, tan frondosa, que me es fácil perderme en sus bosques. Y, al contrario de lo que puedes pensar, oh lector, me presupone más un problema que una ventaja.

Me aburro fácilmente, lo cual es un acicate eficaz para buscar siempre una motivación constante, metas precisas en todos sus plazos. Me inspiro fácilmente si hay algo digno de ver, algo digno de oír y algo digno de oler, -luna, cielos estrellados, mis piezas clásicas favoritas, incienso y café.

Descubrí a Kafka y a Tolkien como grandes inspiradores de mi mejor literatura. Y mi fe ha sido desde siempre mi primera gran pasión, por encima de todo lo demás. Esto, desde luego, convierte a la Biblia en el libro en el cual se fundamentan mis convicciones, mi estilo de vida. Todo lo que soy.

Tengo detractores, pero así mismo gente que me ama entrañablemente. No suelo pasar desapercibida, ni tampoco soy fácil de olvidar. Mi temperamento me convierte en alguien reservado, pero con una férrea personalidad.

Suelen confundirse conmigo a primera vista, pensando que soy una expresión magnánime de la chulería, y una personificación de la creidez. Pero ni una cosa ni la otra. ¿Desde cuándo andar siempre con la espalda recta y caminar con refinamiento ha sido un sinónimo de petulancia? 

Doy un valor substancial a la inteligencia, la cultura, el sentido de la responsabilidad, del deber y del esfuerzo, la prudencia, la sabiduría, la humildad, la transparencia, la integridad, la lealtad y la discreción. Me gusta la gente con saber estar y con sentido de la elegancia, y preferiblemente que comparta mis intereses, pero esto es un añadido. 

Tengo cero tolerancia para el engaño y las dobleces. Y para la deslealtad. Soy muy exigente conmigo misma, aunque he aprendido a perdonarme con el paso de los años. Soy blanda, tan blanda y sensible, que hace daño. Y en más de una ocasión me construí muros y corazas para que no lleguen a mi corazón. He pagado un alto precio por esto. He llorado por ello lágrimas de soledad. Pero la satisfacción es tan grande, que no me arrepiento, excepto, claro,  cuando pude haberlo hecho mejor. Ya sabes, sin herir.

En cierta ocasión me denominé a mí misma como inalcanzable. En ese entonces, aún no comprendía la magnitud de tal definición. Hoy lo experimento, con notable repercusión.

Mientras escribo esto, confieso, me pregunto ¿a quién le puede importar? Jaja, y ¡me río! Sé que le importa a alguien, quién sabe. A alguien le importará. Hoy, o después de océanos de tiempo…

Si hay alguien que recuerde mi nombre después de mi partida -sí, soy así de melancólica y melodramática jaja-, si hay alguien que se jacte de haberme conocido realmente, sabrá entonces que la siguiente canción es parte de la banda sonora de mi vida, de hecho es, sin duda, el tema principal.

Siempre vuestra,

Lihem ben Sayel,

the princess of the Lord…

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=SKd0VII-l3A]
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6 pensamientos en “LIHEM BEN SAYEL, THE PRINCESS OF THE LORD.

  1. ¡Mi niña!!! Eres especial, diferente y a la vez tienes todos los atributos para que se te quiera de manera natural, me resulta fácil quererte 🙂

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  2. Eres única, especial, fuerte, sensible, dulce, con un corazón grande, noble, puro, sincero, siempre con una sonrisa en tus labios, sabía, digna de admirar, fiel amiga, dulce consejera, adora innata, con fluidez de palabras que endulza nuestra vida como la miel . Te amo gran amiga.

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