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SENSACIONES

Empiezo diciendo que hoy tuve una especie de lapsus brutus y olvidé mi edad. A consecuencia de ello (o no…) estoy en casa envenenándome con variados y deliciosos bombones. Pero qué más da; entonaré el mea culpa antes de dormir, y supongo que, aunque no será suficiente, al menos mi consciencia se quedará tranquila.

Estoy triste porque hace mucho que no escribo mi novela. No sé si ha sido por falta de motivación o sencillamente he estado muy liada. Incluso puede que hayan sido ambas. Cuando estoy triste, siento un fuerte deseo de llorar. Y como soy una melancólica perdida al más puro estilo Kafka o Shostakovich, debo hacer lo que manda la tradición: escuchar canciones tristes.

Eso sí, acabo de escribir poesía de esas que a todo el mundo gustan, para intentar animarme. Pero a veces lo que escribes no es lo que sientes, simplemente es lo que piensas. Pienso que lo correcto es mantener una línea de cordura lo suficientemente recta, como para no confundirte con lo que sientes… ni mucho menos confundir a los demás.

Lo voy a decir así: algunas de las personas que más apostaban por mí y  mis sueños se han ido desvaneciendo. Esas personas que me daban palabras de ánimo, o simplemente me hacían soñar con que algún día mi novela podría salir a la luz, o que tenía cierta validez como escritora, ya no están a mi lado. Sólo queda una persona (que en verdad, es de las recientes, no antigua; persona que ya he mencionado demasiadas veces aquí). Supongo que esta es la parte terrible de mi temperamento. En el fondo me da risa.

La carga se me hizo pesada, como a Frodo. ¿Sucumbiré a la tentación de abandonar…?

Hoy, escuchando cierta canción, recordé algo que escribí en otros tiempos:

<<En ese preciso instante Lihem se hallaba

frente a esos dos caminos:

sólo tenía que escoger.

Pero esta vez no habría vuelta atrás.>>

-Extracto de “Una estrella: dos caminos” (MDUP, Escritos antiguos)

Les dejo; los bombones me esperan.

the.princess.of.the.Lord

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3 pensamientos en “SENSACIONES

  1. ¡Tienes que estar oyendo! No vayas a llorar como nosotros porque tu muerte no es sino un pretexto para llorar por todos, por los que están viviendo. Una pared caída nos separa, sólo el cuerpo de Dios, sólo su cuerpo. 17. Me acostumbré a guardarte, a llevarte lo mismo que lleva uno su brazo, su cuerpo, su cabeza. No eras distinto a mí, ni eras lo mismo. Eras, cuando estoy triste, mi tristeza. Eras, cuando caía, eras mi abismo, cuando me levantaba, mi fortaleza. Eras brisa y sudor y cataclismo y eras el pan caliente sobre la mesa. Amputado de ti, a medias hecho hombre o sombra de ti, sólo tu hijo, desmantelada el alma, abierto el pecho, ofrezco a tu dolor un crucifijo: te doy un palo, una piedra, un helecho, mis hijos y mis días, y me aflijo.

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  2. Me acostumbré a guardarte, a llevarte lo mismo que lleva uno su brazo, su cuerpo, su cabeza. No eras distinto a mí, ni eras lo mismo. Eras, cuando estoy triste, mi tristeza.

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