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UN DÍA CUALQUIERA

 

 

No han sido buenos días. He estado de muy mal humor -realmente pocos de ustedes conocen esto en mí, porque soy flemáticamente paciente y amante de la sonrisa amable y diplomática.

Ayer comencé a leer el tan afamado libro de Maha Akhtar, “La nieta de la Maharaní”. En realidad, prefiero el género novela en toda regla. Y ésta es una historia auto-biográfica.  Sin embargo, la vida de Maha me parece tan, pero tan interesante que es ineludible no leerla.

Hoy, un muchacho árabe se ha sentado a mi lado en el bus. Estaba visiblemente drogado. Al principio tuve miedo, porque “justo hoy” decidí sentarme detrás. Quería estar sola. Leyendo. Sola con mi mal humor.

En un breve intercambio de inglés arábico le expliqué que me gustaría seguir leyendo: “Sí claro, tómate tu tiempo”-dijo. “I would like to read alone…”, especifiqué yo. Después de disculparse, finalmente logré quedarme sola con mis pensamientos… y mi lectura.

Es un día maravilloso. Pienso: tengo ya el pasaporte con mi visado americano en casa, y me lo han concedido hasta el 2016. (Cada vez más cerca de mi sueño neoyorkino). Mi amigo Wilson estará contento.

No sé qué me depara ese viaje. Siento que una fuerza motriz me arrastra hacia allá. ¿Encontraré respuestas a preguntas muy profundas? No lo sé. En todo caso, a nadie nunca le vino mal una semana en Miami.

Quiero llorar, pero llorar con ganas. En los brazos de alguien. Desahogarme. Hablar. Pero eso nunca ocurre. ¿Es Dios quien me quiere solo para Él? Me está invitando con cierta obligación a pasar por su habitación y no merodear por otras recámaras. Entiendo de estas cosas. Sé que me quiere cautivar solo para Él. Me dejaré seducir.

Él conoce todas las cosas. Y yo quiero conocerle más a Él. Ya no quiero ser una princesa. Las princesas son atendidas, son aplaudidas, son ostentosas, arrogantes en su caminar, imponentes en su belleza. Yo solo quiero ser una sierva. ¿Cuánto me tomará quitarme ese título de encima? No lo sé.

Sigo buscando la verdad afanosamente.  Volcándome en las Escrituras como se vuelca un arqueólogo en la pieza recién encontrada, que cree que le puede revelar secretos escondidos que él precisa saber.

Es inútil. He intentado hacer cosas por mis fuerzas y he fracasado estrepitosamente. Aún me quedan grandes atisbos de esperanza e ilusión.  Me encanta mi vida. Es frenética. Nada metódica. Llena de recuerdos y de vivencias, a veces tristes, a veces dulces. Siempre contribuyentes de un propósito, el propósito de mi vida y de lo que hago aquí en esta tierra.

¿Que por qué escribo todo esto? Porque al inicio del día estaba de mal humor y decepcionada conmigo misma. Ahora, me siento mejor. Gracias a Dios y a gente maravillosa que me rodea, y que de solo pensar en ellas hacen que mis ojos se llenen de lágrimas de agradecimiento y felicidad. Hoy he desayunado con 4 personas de éstas. Qué tonta, de verdad voy a llorar.

Y necesito mi abrazo. Ese que me haga llorar.

Nejath Lizett

 

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