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A MI PADRE

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[youtube http://www.youtube.com/watch?v=PNe59AD_K7Q]

Papi:

Cómo pasa el tiempo. Parece mentira que ya son 27 años desde que me escuchaste gritar por primera vez al nacer, desde la sala de espera del hospital junto a mi abuelo Sayel. Sí. 25 años. No son muchos (he de decir en mi defensa), pero son suficientes para darte el más favorable de los veredictos por ser el gran padre que eres.

Sólo te quería dar las gracias, y  en verdad estoy intentando con todas mis fuerzas no llorar. Los recuerdos que tengo junto a tu lado son memorables. Sé que hiciste lo mejor que pudiste. Sé que quisiste haber hecho más. Pero míranos ahora a tus tres hijos. Los tres somos felices. Los tres podemos decir con orgullo que tenemos un padre que siempre se ha esforzado y se ha sacrificado por nosotros. Podemos decir que nos dio el biberón, nos cocinó, nos cuidó en la enfermedad, nos trajo el pan a casa para comer, nos dio unos buenos estudios, una buena educación, nos dio amor, cariño, buenos consejos, nos dedicó tiempo, nos abrazó, nos sonrió.

Siempre has sido nuestro héroe. Siempre has sido el mejor para nosotros. Te admiramos. Te amamos. Gracias por haber hecho tantos esfuerzos sólo para darnos un futuro mejor. No creas que te he olvidado, aunque te echo de menos. Sé que no pasaba mucho tiempo en casa, sé que me lo decías siempre y no le daba tanta importancia. Ahora creo entenderte. Porque yo también te echo de menos.

¿Te acuerdas cuando esudiaba en la Escuela de Idiomas y tú me recogías? Comprábamos helado en el Mc Donald’s y luego estacionabas frente al mar, y ahí, comiendo ese helado, tuvimos tal vez nuestras mejores y más profundas conversaciones.

Recuerdo cuando trajiste a casa mi primera bicicleta. Yo era tan pequeña, que me faltaban dientes. Pero recuerdo ese día. Me sentí feliz. Papi me daba mi primera bicicleta. Recuerdo cuando me quedaba recostada en tu regazo viendo alguna película de acción los domingos. ¡Cuánto amaba ese tiempo! Estaba con mi padre. Nada me podía pasar.

Recuerdo, ja, cuando después de un largo día de clases en el primer año del instituto (cuando saltaron las alarmas, porque ya no estaría rodeada únicamente de niñitas en la escuelita, sino que ya empezaba mi contacto con los chicos jaja) y yo bajando por la loma y unos tipos me estaban tirando piedritas para llamar mi atención. ¡Cómo olvidarlo! Justo venías subiendo con el coche, y lo detuviste ahí, sin más, sin importar el tráfico, y saliste en mi defensa (con un calibre 38 en la mano jajaja). Así eres tú. Siempre protegiéndonos sin importar nada.

Siempre tan inteligente, tan diplomático, querido y respetado por tu propia familia e incluso por toda una ciudad. Reputado en tu profesión. Siempre abierto al diálogo, a la tolerancia. Reflexivo. Un maestro del buen discurso y un artista a la hora de escribir.

Siempre admiraré tu templanza y fortaleza. Que desde niño fuiste lo suficientemente maduro como para ayudar a tu madre y a tu hermano que te necesitaban. Desde niño ya fuiste grande. Tú no tuviste a tu padre y no imagino la gran falta que te hizo.

Y aunque siento dolor por ti, debo decir que gracias a Dios y al buen padre que eres yo nunca diré que me hizo falta un padre, sencillamente porque siempre, siempre, siempre lo tuve a mi lado. Muchas veces he llorado, aunque tú (ni casi nadie en el planeta) me hayan visto. He llorado y he deseado que estuvieras ahí para defenderme y protegerme o simplemente para abrazarme y decirme que soy tu “chiquitita”.  Pero ni aún los mejores padres pueden evitar el dolor y el sufrimiento de un hijo.

Pero aún me faltan dos recuerdos: un jueves 14 de Octubre 2010. Dimos un gran paseo. Algo que nunca olvidaré. Solos tú y yo (y dos horas de conducción cuando pudieron haber sido 45 minutos, gracias a mi poco conocimiento de cómo llegar). Pero fue memorable. Nuestro último paseo antes de casarme. Yo sólo di gracias por esas horas junto a ti.

Y el siguiente claro… el sábado 16 de octubre, cuando tú, orgulloso de lo que presentabas frente al altar, me entregaste a otra autoridad. Ahora otro hombre me protegerá. Otro hombre tarerá el alimento a casa. Otro hombre (por cierto, recomendado por ti 😉 ) será el que se encargue de mí. Pero,  ¿sabes qué? Tú siempre estarás ahí, lo sé. Siempre serás mi padre. Siempre serás mi silencioso protector. Porque una hija jamás deja de amar a su padre, y un padre jamás deja de velar por su hija.

Papi, quizás la vida nos separe. Yo no conozco mi futuro, ni controlo el tiempo. Pero aprovecharé cada momento junto a ti. Porque tú vales la pena. Porque eres mi padre, valiente, fuerte, esforzado, luchador, trabajador. Tus manos, tus dolores son tus propios testigos. Lo hiciste por nosotros, por tus hijos. Para mí, siempre serás el mejor.

Simplemente gracias, papi.

p.d1: mami, a ti también te voy a hacer uno, no te pongas celosa jajaja…

p.d.2: papi, aún tenemos pendiente ver nuestra peli “El padre de la novia”. Este jueves si quieres. Será un placer.

p.d.3: el jueves hagan ceviche, gracias… 🙂  Les amo a los dos. Y a Ramoncín y al Robertito. Siempre juntos.

 

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Un pensamiento en “A MI PADRE

  1. Robert Hidalgo (mi padre) en FB:

    Querida hija, tus palabras hacen que me sienta el padre más afortunado, es verdad…siento tu ausencia, por momentos me siento triste, pero a la vez me reconforta saberte casada y feliz junto a José. Y saber también que en tu vida está Jesucristo y que transitas por el camino adecuado del Ministerio, predicando a viva voz el evangelio!! te amo.. Tu padre

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